Charlie se
encontró súbitamente entre Tancred y Lysander.
Su presencia fue muy bienvenida.
—Mantente
fuera de esto, Torsson— farfulló Asa a
través de bocanadas de aire frío —Ni
siquiera tienes una mascota.
—Bueno, pero
yo sí— le gritó Lysander.
—Nosotros
queremos saber qué ha hecho con nuestros animales— chilló Dorcas, aferrándose
al robusto brazo de Bragger Braine.
— ¡Dínoslo!—
gritaron Idith e Inez por encima de los lamentos del viento. — ¡Dínoslo!
¡Dínoslo! ¡Dínoslo!
Charlie se
tapó los oídos, podía sentir los ojos de las gemelas sobre él. Lysander y Tancred también experimentaron la
fuerza de sus ojos negros. Los tres
dieron un paso atrás, y luego otro. Para no ser menos, Tancred intentó otro
truco. Un repentino torrente de lluvia cayó sobre la gente que gritaba, empapándoles hasta los
huesos. Jadeando por la sorpresa, la banda comenzó a dispersarse, dejando solos
a los niños dotados formando en una firme línea. Asa, Joshua, Dorcas y las
gemelas; el pelo chorreando, las ropas empapadas y los rostros brillando por el
agua; los niños fulminaron con la mirada a Charlie, quien no podía dejar de
sonreír.
Sin previo
aviso, Joshua Tilpin se lanzó directamente sobre Charlie.
Cogido por
sorpresa, Charlie cayó al suelo con Joshua encima de él, los dos chicos rodaron
por la hierba mojada. Decidiendo que el
tamaño de Charlie le daba una clara
ventaja, Tancred y Lysander permitieron que la pelea continuara. Joshua era un chico tan esmirriado que no
parecía tener ninguna posibilidad de vencer a su amigo. Los otros, sin embargo, estaban convencidos de que el don de
Joshua le daría la fuerza que necesitaba
para derrotar realmente a Charlie Bone.
— ¡Dínoslo! Dínoslo,
Charlie Bone— gritaban— ¿Dónde están los animales?
—No lo sé.
Charlie consiguió
darle un puñetazo al enclenque hombro de
Joshua. Tres chicos más llegaron a la
escena: Gabriel, sin aliento y mordiéndose el puño; Fidelio, pronunciando las palabras:
— ¿Qué está
pasando?—y Billy, quien se abrió paso a empellones entre los dos y se balanceó
ansiosamente de un pie a otro.
Luchar
contra Joshua era como tener una tonelada de ladrillos encima. “¿Cómo puede un
niño tan pequeño pesar tanto?” se preguntó Charlie. El niño golpeaba la espalda de su adversario, le
tiraba de sus delgados brazos y le pateaba con sus piernas como ramas, Joshua
parecía absorber toda su energía. Cuando se puso sobre el pecho de Charlie, el
niño sintió como si un enorme muro lo aplastara, expulsando la vida fuera de
él. Luchó por recobrar el aliento, sus manos arañaron el aire, y luego, con un
gran esfuerzo, cerró su puño y
golpeó la cara de Joshua.
— ¡Ay!— los
gritos de Joshua eran sobrenaturales. El niño rodó lejos de Charlie,
agarrándose la nariz. Charlie se puso en pie. Sintió cinco manos dándole palmaditas
en la espalda y casi cayó de bruces otra vez.
Lysander lanzó
un grito de victoria. — ¡Bien hecho, Charlie!
—Lameculos
de la pequeña rata, pedid perdón— agregó
Tancred.
Joshua
estaba todavía en el suelo, lloriqueando miserablemente. Dorcas le ayudó a
levantarse, el niño se quedó mirando a Charlie mientras se limpiaba la nariz
ensangrentada. —Un día, te venceré, Charlie Bone— gruñó. Su tono estaba lleno
de amenaza, pero se le veía tan patético, que Fidelio se echó a reír.
— ¿CÓMO TE
ATREVES?— nadie se había dado cuenta de
que la señorita Chrystal venía dando
zancadas. — ¡Tú, Fidelio, de todas las
personas! ¿Cómo te atreves a reírte de un niño herido?— Se volvió hacia los
demás — ¿Qué ha pasado aquí?
Todo el
mundo empezó a gritar a la vez. Un lado le echaba la culpa a Charlie, mientras que el otro negaba que el niño
hubiera hecho nada malo. La señorita Chrystal levantó la mano —Asa, tú eres un
monitor. ¿Por qué no paraste la pelea?—Asa
quedó momentáneamente perplejo.
Al final
dijo —Lo intenté, pero estos chicos— indicó a Dorcas y las gemelas —querían saber por qué estos chicos— señaló a
Charlie y a sus amigos —habían conseguido recuperar a sus animales. Todo el mundo piensa, señorita, que Charlie
Bone tiene algo que ver con todas esas mascotas desaparecidas.
La señorita
Chrystal se dio la vuelta y miró fríamente a Charlie. — ¿Tienes algo que ver
con las desapariciones?— Charlie se
sorprendió por la expresión en la cara normalmente bonita de la señorita
Chrystal. Parecía fría y rencorosa. Sus pálidos ojos azules estaban entrecerrados
y la boca bien formada se había convertido en una línea delgada y dura.
—Yo no tengo
nada que ver con que los animales vayan o vengan — afirmó Charlie.
La señorita Chrystal lo miró fijamente durante
unos momentos más y luego se marchó sin decir nada más. Curiosamente, Joshua
corrió tras ella. Agarrando su brazo, gritó —Estoy herido. Usted tiene que
hacer algo.
La señorita
Chrystal se detuvo y le habló en voz baja. Charlie no pudo escuchar cada
palabra, pero le pareció oír que decía —Contrólate, Josh. Recuerda quienes
somos.
El brazo de
Joshua cayó a un lado y bajó la mirada, mordiéndose el labio.
El
cuerno sonó, marcando el final del recreo,
y, mientras todos iban hacia la puerta, Charlie vio a la señorita
Chrystal acariciar el pelo de Joshua. La
mujer levantó la vista y descubrió a Charlie mirándola. Esta vez su expresión era de odio absoluto.
—Primer
asalto para ti, Charlie— dijo Fidelio mientras entraban en el vestíbulo — ¡Bien hecho!
Algo le
decía a Charlie que vendrías muchos más asaltos, y de ninguna manera tenía la certeza
de que iba a ganar el siguiente.
Mientras
tanto, la madre de Charlie estaba en aquel mismo momento ayudando a la señora
Gunn a limpiar su caótica cocina. Pese al
desastre y la confusión, Amy decidió que
era un lugar muy reconfortante. La
señora Gunn se había convertido en alguien muy cercano a ella, tal vez su única
amiga, y Amy aparecía a menudo para verla después del trabajo.
Amy cogió
una guitarra que estaba en un precario equilibrio sobre una decena de variadas
tazas, las cuales estaban en la mesa de la cocina. Dejó la guitarra de pie
junto a un contrabajo apoyado en la
despensa. Luego se inclinó sobre un
cuchillo y lo sostuvo junto con otros tres cuchillos, dos cucharas sucias, y el
corazón de una manzana.
—No sé cómo
lo haces, Chloe— Amy dejó caer los
cubiertos en un fregadero ya repleto de platos. —Ocho niños cuyos restos hay
que limpiar. Para cuando terminas ya han vuelto para tomar el té, y tienes que
empezar todo de nuevo.
—Fidelio no—
la señora Gunn sacudió los cereales de tres de las sillas — Recuerda que está
en la Academia. Y Félix está muy lejos ahora, con su banda, por lo que sólo
quedan seis— la mujer retiró una flauta
y tres libros de música de la encimera y los metió en la lavadora.
— ¿Estarán a salvo ahí dentro?— preguntó Amy con
ansiedad.
—Tan seguros
como si estuvieran en una caja fuerte— dijo Chloe —Pudding está dentro y me avisará
antes de que ponga la lavadora.
Una gran gata gris saltó de la lavadora.
—Oh, bueno—
dijo Chloe alegremente —Vamos a tomarnos un café.
Amy limpió
una gota de mantequilla de una de las sillas y se sentó. Chloe cantaba mientras
llenaba la cafetera, la mujer cantaba la mayor parte del tiempo, también lo
hacia su marido, un profesor de música en la escuela local. Todos y cada uno de
sus hijos era músico, pero Fidelio era la estrella. Un genio musical. Chloe
sabía que su cuarto hijo llegaría lejos.
Al otro lado
de la ventana de la cocina, se podía ver una hilera de hierbas verdes, brotando
de sus macetas de terracota. Por
desgracia, la hierba que Amy había venido a
buscar, había desaparecido.
— ¿Quién se
habrá llevado la verbena?— se preguntó Amy, sorbiendo su café.
—No tengo
idea— dijo Chloe —Seguía allí dos noches atrás, utilicé algo en una
ensalada. Lo siento mucho, Amy. ¿Qué vas
a hacer ahora? No puedes dejar a tu madre en la bañera indefinidamente.
Amy dio un
suspiro de desesperación —Oh, Chloe. No sé qué hacer.
—Creo que
deberías ir a ver al gerente de Kingdom's.
Si alguien manipuló los langostinos, la tienda es responsable.
—Ellos dicen
que no.
—Entonces
llama a la policía— añadió Chloe.
—No puedo,
¿no ves que es…que es un hechizo? El
doctor Tanaka dijo lo mismo. La policía no puede hacer frente a los hechizos.
Amy vació su
taza —Será mejor que me vaya, Chloe. No me gusta dejar sola a Maisie durante
demasiado tiempo. Mi madre podría derretirse, y se asustará si se despierta y
se encuentra sola.
—Especialmente
si esa suegra tuya está al acecho— dijo
Chloe con gravedad.
Amy tenía la
intención de volver directamente a su casa y, sin embargo, cuando se encontró
caminando por la calle Mayor, algo hizo que se volviera y dirigiera su mirada a
un espléndido edificio que se encontraba al otro lado de la calle. A cada lado
de la entrada se alzaba una columna de mármol verde, y cada una de las noventa
y nueve ventanas estaban brillantemente iluminadas con una suave luz que le decía
al mundo que en la habitación que había más allá de la ventana guardaba tesoros con los que la mayoría de la gente solo podía
soñar. Amy cruzó la calle y se introdujo en el espacio que había entre las
Columnas.
Mármol verde
y dorado se arremolinaba por encima de su cabeza y bajo sus pies. Dos porteros
con abrigos verdes y brillantes sombreros de copa estaban a cada lado de una reluciente
puerta de roble. Sus dedos embutidos en
unos guantes blancos se apoyaban ligeramente
en los grandes tiradores de bronce de la puerta.
— ¿Va a
entrar, señora?— preguntó uno de los porteros con voz aburrida.
—Sí, voy— dijo
Amy con decisión.
Estaba
obligado a abrir la puerta. Amy se adentró en el edificio, solo había estado
dos veces en el interior de Kingdom´s. Una vez, hacía ya mucho tiempo, con su marido.
Fue allí donde Lyell había gastado un mes de salario completo en el anillo de
diamantes que Amy seguía llevando en el dedo anular de su mano izquierda. Unas lágrimas
inesperadas asomaron en sus ojos, la mujer las apartó rápidamente.
Mirara a
donde mirara, lo único que veía era mostradores cubiertos de terciopelo que exhibían
exquisitas joyas, pañuelos de seda, extravagantes aceites envasados, cremas y
perfumes. Tarjetas escritas a mano con
nombres de los que Amy nunca había oído hablar, precios en los que ella no se
atrevía a pensar; la mujer se asomó tímidamente sobre de cajas de cuero, botellas de colores,
brillantes latas y bolsas de terciopelo. Los candelabros colgaban a baja altura
sobre cada mostrador, proyectando una brillante luz sobre los objetos exhibidos
abajo, mientras que los encargados estaban en las sombras. Solo se veían de vez en cuando un par de
manos pálidas, asomando por encima de los
mostradores. Amy se preguntó si los encargados habían sido especialmente
escogidos por sus manos.
La mujer decidió
acercarse a las manos que se ocupaban de la joyería. Después de todo, ella
llevaba un anillo que estuvo situado una vez en ese mismo mostrador. Inclinada
debajo del candelabro, alzó la mirada hacia el rostro sombrío de alguien rubio,
que parecía muy severo.
—Soy la
señora Bone— dijo Amy —y me gustaría ver al gerente.
— ¿Por qué?—
preguntó la persona rubia.
—Hemos
tenido un caso de intoxicación alimentaria.
—La sección
de comida está en el sótano— la expresión de la encargada no cambió.
—Lo sé, pero
quiero ver al gerente— insistió Amy.
La rubia
suspiró, cogió un receptor discretamente cubierto de terciopelo, y apretó un
botón.
—Tengo aquí
a una señora que quiere ver al gerente— dijo con un irritante tono de superior.
Amy no podía
ver las doce cámaras de seguridad situadas en la oscuridad, en el lejano techo.
La mujer no las oyó girar
inteligentemente para centrarse en ella. Pero, de repente, se encontró atrapada
en un intenso rayo de luz que provenía de algún lugar en lo alto.
— ¡Oh!— exclamo
Amy — ¿Qué sucede?
La encargada
no respondió, seguía hablando por el teléfono cubierto de terciopelo. Amy no
sabía que estaba siendo vigilada en doce monitores distintos por alguien en la
planta superior. La mujer no era consciente de que incluso vestida con su
abrigo raído, sin maquillaje o el pelo bien peinado, todavía era hermosa.
—El dueño
quiere verla— la encargada rubia colocó el teléfono de nuevo en el mostrador.
— ¿El dueño?
No tenía ni idea de que vivía aquí. Solo quería hablar con el gerente.
—Planta
superior— replicó la encargada. —El ascensor está ahí— la mujer rubia señaló
una luz distante.
—Gracias—
Amy empezó a desear no haber entrado en Kingdom's. ¿Qué podía hacer una persona,
después de todo? No podían romper hechizos. Al menos, por supuesto, que hubiera
algún hechicero escondido en alguna parte... ¿en el piso de arriba?
Amy llegó
hasta el ascensor y pulsó el botón. La
puerta se abrió y ella entró en una pequeña habitación con las paredes
cubiertas de espejos, suelo de mármol y el techo decorado con pájaros de
oro. Los pájaros parecían extraordinariamente reales — dejando
de lado la pintura dorada.
Amy se bajó
en el último piso. El suelo ahora era muy distinto, se encontraba de pie, hundida
casi hasta los tobillos en pieles de color negro. Qué tipo de pieles eran, no lo
podía adivinar. Una puerta se abrió a su derecha y un hombre salió de ella;
era, con diferencia, el hombre más guapo que Amy había visto en su vida. La
mujer se acarició el pelo nerviosamente, arregló su abrigo y miró sus zapatos
desaliñados.
El hombre
guiñó suavemente un ojo — ¿La señora Bone?—
Tenía el pelo castaño de un color que, de alguna manera, parecía de oro. Su
rostro estaba bronceado y sus ojos eran de un verde oliva profundo.
—Sí, es correcto,
soy la señora Bone — dijo Amy tímidamente. El hombre se inclinó y, majestuosamente, le indicó con el brazo que entrara
en su oficina. Amy se abrió paso entre las pieles negras y entró en un cuarto
alfombrado, esta vez, de piel blanca.
—Oh— dijo
ella, mirando hacia abajo — ¿Cómo...?
—Har...
ejem... Hart Noble— el hombre le tomó la mano y se inclinó sobre ella como un
animal hambriento —La alfombra es de oso polar.
Amy se quedó
sin aliento —Pero yo pensaba...
—Por favor,
tome asiento— Hart le quitó gentilmente el abrigo. Amy se sentó en el borde de
un sofá que parecía estar cubierto de… ¿podría ser piel de pony?
—Cuénteme sus
problemas— el hombre se sentó a su lado. Llevaba una camisa de seda blanca y un
chaleco que debía ser de piel de foca.
Mientras que
Amy le hablaba de la congelación de Maisie y el langostino sospechoso, Hart le
tomó la mano y la miró a los ojos. La mujer sentía que se estaba ahogando en
una piscina de color verde oscuro. Al finalizar la historia, Hart se levantó y
sacó dos copas de champagne de una tabla de marfil al fondo de la sala.
Amy tomó un
sorbo de su copa y miró a su alrededor. La habitación estaba completamente forrada
con espejos, y cada pieza de mobiliario parecía haber sido hecha de un animal. Colmillos,
huesos, pieles, plumas y más pieles. Si hubiera escuchado con mucha atención,
podría haber escuchado sus gritos. Pero Amy estaba cayendo bajo un hechizo. Le
sirvieron una segunda copa de champaña.
Cuando Amy miró su reflejo, vio a alguien que apenas reconoció: una
mujer hermosa con el pelo brillante y los ojos chispeantes, incluso el viejo
jersey rosa parecía nuevo.
Hart le
trajo un plato de entremeses cubiertos por un glaseado picante. Amy los devoró,
gimiendo con deleite. Cuando el hombre le dijo que estaban hechos de carne de
águila, ella ni se inmutó. La convenció para que le hablara de su vida, y Amy
se encontró recordando cosas que había olvidado durante años. La madre de Charlie no se percató de la caída
del sol tras las ventanas, y solo se dio cuenta de cuánto tiempo había estado
hablando cuando se encontró sentada a la luz de las velas.
—Dios mío, debe
ser tarde— Amy se levantó, más bien
vacilante.
Hart le
ayudó a ponerse el abrigo y la acompañó hasta el ascensor —Adieu— dijo
él, soplando elegantemente un beso. Amy caminó a través de la tienda como si
estuviera en un sueño. En el exterior,
la acera brillaba de escarcha.
—Precioso—
dijo ella en voz alta —Estoy caminando sobre las estrellas.
—
¿Estrellas?— preguntó una anciana, que pasaba cerca —Es un frío tremendo, eso
es lo que es. Usted ha sido hechizada.
Cuando Amy
llegó a su casa, fue directamente a su habitación y se quitó el anillo de
diamantes.
Una punzada
de dolor provocó que Charlie hiciera una
mueca.
— ¿Qué pasa?,
¿comiste demasiado rápido?— bromeó Fidelio.
Estaban
sentados en el comedor después del almuerzo. Todos los demás se habían ido, a
excepción de Billy, quien en ese momento le estaba entregando furtivamente
Rembrandt a la Cocinera.
—Creo que mi
madre lo llamaría indigestión— dijo Charlie, frotándose el pecho. Pero no
estaba seguro de lo que era. Y no sabia por qué, cuando el dolor se hubo ido, se
sintió como si algo precioso se hubiera perdido.
—Bendito sigue
aquí— dijo Charlie con evasivas.
—Por
supuesto que sí. Me aseguré de ello. A pesar de todo, está muerto de miedo a
causa de algo.
—No creo que
Charlie pueda decirnos nada— dijo Fidelio —Ni siquiera yo lo sé.
—No
exactamente— dijo Charlie.
—Bueno, ten cuidado,
cariño mío. Se están gestando problemas. Más te vale encontrar una respuesta
para los Bloor, o te lo sacaran a la fuerza de una manera muy desagradable— la
Cocinera volvió a su cocina con una mano sobre el gran bolsillo de su delantal
—Está bien, te conseguiré algo para cenar en un minuto— le dijo al bolsillo mientras
desaparecía por la puerta de la cocina.
El problema
que se estaba gestando explotó después
de la cena. En lugar de despedir a los
niños cuando terminaron de comer, el doctor Bloor aplaudió con fuerza para
pedir silencio y comenzó a caminar sobre la plataforma en la que se encontraba la
mesa de los profesores.
Desde las
tres largas mesas del comedor, trescientos niños y niñas observaron al director
con su capa negra, la cabeza gacha y las
manos entrelazadas detrás de la espalda. Era un hombre grande con un bigote gris cuidadosamente recortado y
el cabello del color del acero muy corto. Hoy, su rostro lucía un suave color
rojo, casi rosa. Cuándo finalmente se detuvo, se quedó mirando a los niños de
la mesa de drama, justo en frente de él.
—Todos
vosotros sois conscientes de la enorme catástrofe que ha afectado a esta
ciudad, ¿verdad?—puso una mano detrás de su oreja — ¿Qué habéis dicho?
— ¡Sí, señor!—
gritaron los niños con capas de color
púrpura.
El doctor
Bloor caminó hacia su derecha hasta llegar al centro de la plataforma. —Y vosotros ¿qué decís?— le preguntó a los niños de la
mesa de arte.
— ¡Sí,
señor!— gritaron los niños de verde.
El doctor Bloor
dio varios pasos más a la derecha. Ahora estaba de pie delante de Charlie, quien
había sido el último en llegar y se había visto obligado a sentarse en uno de
los lugares de mala suerte, justo debajo de la mesa de los profesores. Fidelio estaba
frente a él.
— ¿Y qué hay
de ti?— la tez rosada del doctor Bloor se ensombreció. — ¿Has oído hablar de
los problemas de la ciudad?— se quedó mirando fijamente a Charlie.
A Charlie le
pareció que la pregunta era personal y le preguntó: — ¿Se refiere a los
animales, señor?
—Por
supuesto que me refiero a los animales— el doctor Bloor dio un pequeño salto de
furia. —Muchacho estúpido.
—En ese
caso, sí, señor— dijo Charlie.
Los demás
niños de la mesa de música repitieron: — ¡Sí, señor!
Entonces, el
director dijo algo muy sorprendente —Es, por supuesto, una catástrofe cuando
nuestras queridas mascotas desaparecen. Esto es especialmente preocupante para
las personas mayores cuyos animales se han convertido en sus únicos
compañeros. No obstante, —el doctor Bloor
cruzó la plataforma —sucede, algunas veces, y no se puede evitar.
Charlie
estaba perplejo. ¿El director sabía lo que había causado que los animales
escaparan? Desde luego, no parecía sorprendido por su desaparición. De repente,
el doctor Bloor se dio la vuelta y retrocedió hasta pararse frente a Charlie.
—Pero es
imperdonable que alguien encuentre un animal doméstico, o dos, que pertenecen a
sus amigos, y no le diga a nadie dónde los encontró—el director levanto el
mentón y miró a Charlie— ¿Dónde encontraste las mascotas, Charlie Bone? El
consejo de la ciudad quiere saber. ¿Dónde encontraste el perro, el pato, el
loro, los conejos y jerbos, y la serpiente que pertenece a mi abuelo?
—Me los encontré,
señor... deambulando— dijo Charlie.
—
¡LEVÁNTATE, MUCHACHO!—Charlie se levantó —Voy a repetir la pregunta— dijo el
doctor Bloor — ¿Dónde encontraste a los animales?
Charlie
apretó los dientes —Podría traer de vuelta a la serpiente, señor, si lo desea.
—Nosotros no
queremos a la serpiente. Ahora es un ser débil, según lo que se dice por ahí—
el doctor Bloor golpeó el suelo con el
pie — ¡Y NO CAMBIES EL TEMA!
—No, señor—
Charlie apartó la mirada del rostro enrojecido del enojado director —Quizás los animales simplemente vagarán
hasta encontrar su hogar, señor, como los que yo encontré.
—Bueno, si
no lo hacen, Charlie Bone, — el doctor Bloor se acercó más a él —si no lo
hacen, hay una habitación en el ático donde se puede mantener a un niño hasta
que diga la verdad.
—Sí, señor—
dijo Charlie con voz ahogada.
— ¡TODOS
FUERA!— rugió el director. Trescientos niños se pusieron de pie y comenzaron a
apilar los platos sucios.
— ¿Qué vas a
hacer?— Fidelio le preguntó a Charlie mientras
buscaban la manera de salir del comedor.
—No lo sé—
dijo Charlie —Voy a tener que reflexionar sobre ello mientras hago la tarea. Eso
solo si se me ocurre algo. Esta noche va a ser especialmente desagradable.
Pero no fue
tan malo como Charlie había temido. Quizás Joshua y Dorcas habían disfrutado
tanto de la reprimenda del director, que consideraron que Charlie había recibido
todo lo que se merecía, por el momento. Charlie parecía estar trabajando duro
en su proyecto de historia, pero sus pensamientos estaban muy lejos. ¿Cómo podía
traer a todos los animales de vuelta? ¿Y
cómo podría descongelar a Maisie? Cuando pensó en Maisie, yaciendo tan inmóvil
en la bañera, se puso a temblar. Y entonces la horrible sensación de que había
perdido algo precioso poco a poco lo abrumó.
Después de los
deberes, Charlie caminó de vuelta al dormitorio con la cabeza en las nubes. Alguien le dio un codazo y se dio cuenta de
que Gabriel estaba caminando a su lado —Gracias por recuperar mis jerbos,
Charlie— dijo Gabriel en voz baja —No voy a preguntarte dónde los has
encontrado.
–Eso está
bien—Charlie se sintió mejor al ver la cara alegre de Gabriel —Los dejé en el
Café de las Mascotas. Puedes ir a recogerlos el fin de semana.
—Genial ¿Crees
que serás capaz de conseguir que los demás vuelvan?
Charlie dio
un gran suspiro — ¿Cómo podré, Gabe? Piensa en ello. Casi todas las aves de la ciudad, cada rata, ratón,
rana, sapo, perro, gato, lo que sea, se ha escapado. ¿Cómo puedo recuperarlos a
todos sin…sin…?
— ¿Decirle a
los demás dónde están?— completó Gabriel —Veo
tu problema.
A Charlie no
molestó que la mitad de los chicos de su dormitorio no quisieran hablar con él,
tenía demasiadas cosas en la mente.
Mucho tiempo después de que apagaran las luces, el niño seguía
despierto; y cuando estuvo seguro que
todos los demás estaban durmiendo, se acercó de puntillas a la ventana y abrió
las cortinas, apenas lo suficiente para
permitir que un rayo de luz de luna entrara en la habitación.
Charlie se
metió bajo las sábanas y esperó. ¿Podría encontrarlo Naren? Ojala pudiera enviar un mensaje, porque él realmente quería
hablar con ella. Charlie casi había perdido la esperanza cuando unas diminutas
sombras negras comenzaron a caer sobre el alféizar y en la habitación. Charlie
las observó arrastrarse sobre su cama y hasta la pared. Por fin llegaron al
dosel y pudo leer las palabras: “¿Cómo estás, Charlie?”
—Estoy en
problemas— susurró Charlie —Tengo que traer a los animales de vuelta a la
ciudad, Naren, y pronto, o me encerrarán.
Las pequeñas
sombras rápidamente se reorganizaron, y Charlie se sorprendió al leer: “Están
en camino. Mañana todas las criaturas perdidas estarán de regreso en la ciudad.”
— ¿Cómo?—
preguntó Charlie.
“Tres
gatos brillantes aparecieron; gatos mágicos. Tendrías que haberlos visto,
Charlie. Se sentaron en nuestro patio y los
atrajeron con unas voces tan fuertes y hermosas, todos los animales se reunieron alrededor de
ellos y les siguieron fuera de nuestro jardín. ¡Fue todo un espectáculo:
pájaros en el aire, criaturas corriendo, peleándose saltando…!”
Un chillido
repentino estalló en el dormitorio. Charlie
susurró —Adiós— y las palabras empezaron a desvanecerse.
— ¿Qué era eso?— gritó Rupe Small —Era horrible— a estas alturas la habitación
entera estaba despierta —La pared estaba cubierta de… cosas, animales o algo
así— dijo Rupe—Charlie Bone estaba
hablando con eso.
— ¡Urgh!
¿Qué? ¡Qué asco! ¡De verdad Charlie Bone!— se escuchó por todo el dormitorio.
—Cállate y
vete a dormir— dijo Fidelio —Estabas teniendo una pesadilla, Rupe.
— ¡NO LO
ESTABA!
La puerta se
abrió y la alta sombra de Lucretia Yewbeam atravesó la habitación. La mujer
encendió la luz — ¿Qué está pasando?— exigió saber.
Rupe señaló
a Charlie —Había sombras por toda la pared y él estaba hablando con eso— los
ojos del ama de llaves se estrecharon.
— ¿Qué eran,
estas cosas?
—Nada,
señora—respondió Charlie.
—Yo las
vi—dijo Bragger Braine —Desaparecieron cuando Charlie les susurró.
—Eran solo
moscas— mintió Charlie —No sé de dónde vienen.
—No mientas—
dijo su tía abuela —No hay moscas. Es invierno, están todas muertas.
A esto,
Charlie no pudo encontrar ninguna respuesta. El ama de llaves caminó hacia la
cama de Charlie y lo miró fijamente —Siempre eres tú, ¿no es así? Manteniendo a
los demás despiertos, perturbando su sueño. No sé lo que estabas haciendo y no
me importa realmente. Es un arresto para ti, Charlie Bone. Pasarás la mitad de tu fin de semana en la
academia.
—Pero no
puedo— protestó Charlie —Mi abuela está enferma.
—Tu abuela
está perfectamente bien— dijo el ama, alejándose.
—No, tu
hermana no. No es la abuela Bone. Me refiero a Maisie, mi otra abuela.
–Oh, ella—
dijo el ama descuidadamente — ¿Qué le pasa?
—Ella ha... c-cogido un catarro— tartamudeó
Charlie.
— ¿Un catarro? Eso no es una cuestión de vida
o muerte. Vete a dormir.
El ama de llaves apagó la luz y cerró la puerta.
Mientras Charlie se deslizaba bajo las sábanas, oyó algo que hizo que su
corazón saltara. Un búho ululaba, y luego otro. “Están regresando” pensó, y al
final se fue quedando dormido.
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