Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo 4: Castigo para Charlie

Charlie tenía suerte de tener un amigo como Lysander Sage. Lysander siempre terminaba sus deberes rápido y ese día, tan pronto como terminó su trabajo, se dedicó a descifrar el enigma de Manfred.
Cuando Charlie salía del Salón del Rey, Lysander le agarró del brazo. “Creo que ya sé dónde está la oficina de Manfred” le susurró. “Vamos a los dormitorios y te lo explico.”
Billy Raven se había deslizado hacia ellos. “¿Puedo ir con vosotros?” le preguntó a Charlie.
“Billy Raven, quiero hablar contigo” Manfred estaba parado en la puerta del Salón del Rey, mirando a los tres niños.
Billy se encogió de hombros con resignación y caminó de vuelta hacia Manfred.
“Pobre niño” dijo Lysander en voz baja. Empezó a explicar cómo había descifrado el enigma de Manfred.
“Empecé por el final” dijo ““Trompetas, máscaras y pinceles” debe referirse a los símbolos que hay sobre nuestros guardarropas. Así que la oficina de Manfred está antes de llegar a los guardarropas. Si está “en el camino hacia la música” entonces debe estar en algún sitio de ese largo pasadizo que hay hacia la Torre de Música, eso está “debajo” del “ala” oeste, ¿lo pillas?”
“Mm” dijo Charlie “¿Pero qué hay de las palabras “Estoy detrás de las palabras”?” preguntó.
“Las palabras están en los libros” dijo Lysander “Supongo que si encuentras un mueble con libros en el pasillo, la oficina de Manfred se encontrará detrás de ella. Las estanterías son a menudo puertas hacia habitaciones secretas.”
“¡Vaya! Ya sé dónde está. Vi una estantería de libros allí abajo. ¡Brillante! ¡Gracias!”
“De nada, espero que te ayude.”
Habían llegado a los primeros dormitorios y empezaron a mirar las listas de nombres que se encontraban pegadas en cada puerta. Lysander descubrió que todavía compartía cuarto con Tancred, y para alivio de Charlie, vio que su nombre estaba en la misma lista que el de Fidelio. El nombre de Billy estaba al final.
Fidelio ya estaba deshaciendo su maleta. Había guardado una cama para Charlie. El dormitorio era prácticamente igual al del año pasado. Seis estrechas camas dispuestas a lo largo de una sombría habitación, con una única luz colgando en el centro.
Charlie empujó rápidamente todas sus posesiones en el armario que estaba al lado de la cama y colgó su capa en una percha. “Voy a intentar encontrar la oficina de Manfred” le dijo a Fidelio. “¿Puedes cubrirme cuando el ama venga?”
“Le diré que estás en el cuarto de baño” le dijo Fidelio. “Buena suerte.”
Charlie estaba a mitad de camino del vestíbulo cuando se encontró con un emocionado Billy Raven viniendo desde la otra dirección.
“He sido adoptado. Manfred me lo acaba de decir”.
“¡Eso es genial!” gritó Charlie.
El pequeño chico se tocó su blanco pelo. “Me pregunto por qué me quieren. Quiero decir, podrían haber elegido algún chico con aspecto agradable, alguien diferente.”
“¿Quiénes son?” Preguntó Charlie, repentinamente preocupado por Billy.
“Se llaman Señor y señora De Grey, son un poco más mayores de lo que había esperado, Manfred me ha enseñado una foto. Pero dijo que eran muy buenos y agradables. Y tienen una casa adorable. Tendré mi propia habitación con todo lo que quiera, me dijo que incluso tendría una televisión. Imagina, mi propia televisión.”
A Charlie le hubiera  gustado ver la foto de los Grey. Quizás sería capaz de saber un poco más sobre ellos si escuchaba sus voces. “¿Te dio Manfred la foto?” preguntó.
Billy negó con la cabeza.
“Bueno, son grandes noticias Billy.”
Charlie iba a continuar su camino cuando Billy le preguntó “¿Has traído la varita a la escuela?”
“Sí, yo…” Charlie se interrumpió. “¿Por qué lo quieres saber?”
“Es que acabo de pensar, ya sabes, que estaría bien que la tuvieras contigo – para protegerte ¿La guardas en el armario que está al lado de la cama?”
“No” Charlie guardaba su preciosa varita bajo su colchón, pero no se lo iba a decir a Billy. Ya había dicho suficiente.
“No, es demasiado larga para el armario” dijo Billy “¿La tienes bajo el colchón?”
Charlie se sentía incómodo ¿Estaría Billy espiando todavía para los Bloor? “Me tengo que ir, Billy” dijo rápidamente “Tengo que entregar mis líneas en la oficina de Manfred. Nos vemos luego.”
Charlie se dio prisa. Toda la actividad del colegio se había desplazado a los dormitorios, y en el gran vestíbulo enlosado resonaban los pasos solitarios de Charlie. Por segunda vez en el día abrió la antigua puerta de la Torre de Música. Se introdujo en el oscuro pasaje y examinó las paredes de piedra. A mitad de camino, en su derecha, vio un pequeño hueco. Charlie se arrastró en la oscuridad hasta que encontró un conjunto de estanterías grises con libros de aspecto serio.
“Hmm ¿Entonces, eres una puerta?” Charlie empujó un lado de la estantería, luego el otro. Nada se movió. A lo mejor  no era una puerta entera. Uno por uno, Charlie comenzó a retirar los libros, buscando un mando o una palanca para abrir la supuesta puerta. Pero no había nada.
“¿Qué estás haciendo?”
Charlie se sobresaltó. Una figura con una capa púrpura se deslizó hacia él “¿Porqué estas aquí?” Preguntó Tantalus Ebony.
“Estaba buscando la oficina de Manfred” tartamudeó Charlie.
“Ya veo” El señor Ebony le dirigió a Charlie una mirada de odio tan abrumadora, que Charlie tuvo que dar un paso atrás, mareado por el shock. Una mezcla de olores sofocantes llenaron sus fosas nasales: el aire viciado, velas de cera, cosas podridas, el moho y el hollín.
“Haces bien asustándote, Bone” dijo el profesor fríamente “Eres un niño muy molesto, ¿o no pequeño diablillo?”
Antes de que Charlie pudiese responder la expresión del hombre pareció disolverse, y una serie de expresiones cruzaron su cara de palo. Por una fracción de segundo, Charlie sintió que detrás de la máscara en continuo cambio, alguien le miraba con infinita ternura. Sin embargo, estaba seguro de que lo había imaginado cuando la mirada de de altiva indiferencia volvió a la cara del profesor.
“Buscabas la oficina” Mr. Ebony presionó un nudo de la madera en lo alto de la estantería. Inmediatamente se abrió hacia un lado revelando el oscuro interior de una pequeña oficina.
“Gracias” dijo nervioso Charlie al entrar.
“Te dejo con ello, Toodle-oo” La extraordinaria voz del profesor cambió completamente, ondeó sus largos dedos y se fue corriendo tatareando una canción familiar.
Charlie miró alrededor de la habitación. Estaba muy sucia. Una fotografía de un joven señor Bloor  con un niño pequeño y una mujer de pelo negro colgaba sobre la repisa de la chimenea. Manfred y sus padres. Bajo la ventana había un escritorio con una silla de cuero regulable de cara al patio. Charlie avanzó hasta el escritorio y puso sus líneas en un montón de papeles. Estaba a punto de volver cuando algo capto su mirada. Un pequeño dibujo de un caballo yacía junto a los papeles. Charlie la recogió. Había otras fotografías de esqueletos de caballos debajo.
En este punto, Charlie debería haber dejado la habitación, pero se fijo en un paquete de fotografías al final del escritorio. Charlie no era la clase de chico que se va cuando ve algo interesante. Y a él siempre le interesaban las fotografías. Mientras levantaba cuidadosamente el paquete no escuchó un deslizamiento detrás de él.
Las fotos fueron decepcionantes. Solo había dos personas en ellas: un hombre y una mujer. Ambos de mediana edad en un lugar cualquiera. El hombre tenía el pelo delgado y llevaba gafas; la mujer tenía una cara redondeada con el pelo corto y recto y sus dientes eran muy largos. En todas las fotografías ella estaba sonriendo. No, sonriendo no, decidió Charlie. Era más bien como si ella estuviese ocultando algo invisible entre sus dientes.
En muchas de las fotografías la pareja estaban sentadas de lado a lado del sofá, pero había dos tomadas en el jardín y dos más en una cocina. Charlie estaba escrutando la cocina aparentemente vacía cuando repentinamente oyó a la mujer hablar.
Sonríe, Usher. Queremos traer al niño con facilidad.
No me gustan los niños. La voz del hombre era ligeramente nasal. Nunca lo han hecho.
Vendrá dentro de poco.
¿Por cuánto tiempo?
Hasta que haga lo que ellos quieran. Tienes que usar tu talento— ya sabes – impedirle que se vaya.
¿Talento? Dijo el hombre con voz quejumbrosa. Qué remedio…
Charlie oyó unas pisadas. Rápidamente devolvió las fotos al paquete y las colocó de vuelta al final del escritorio. Pero cuando volvió a la puerta se dio cuenta de que estaba atascado. No había palancas, cerraduras o pestillos. Estaba atrapado.
Charlie golpeó la puerta  “¡Hola! ¿Hay alguien ahí? Soy yo, Charlie Bone.”
No hubo respuesta.
Charlie golpeó de nuevo “¿Mr. Ebony está usted ahí? ¿Manfred?”
Charlie continuó golpeando y llamando durante varios minutos hasta que se dio por vencido. Comenzaba a oscurecer. Charlie se sentó en la silla y pensó en las fotografías. De repente, una idea le vino a la mente, eran los nuevos padres de Billy Raven. Él siempre había querido tener unos buenos padres y un hogar real ¿Cómo podía Charlie contarle la verdad?
Sentado en la penumbra, luchando con este dilema, las luces del otro lado del patio se fueron apagando una a una hasta dejar a Charlie en la más completa oscuridad. Se abrió camino por la habitación buscando a tientas un interruptor de luz. No parecía haber alguno. Empujó la puerta y golpeó y llamó pero nadie vino. El reloj de la catedral dio las nueve. Charlie se sentó en el suelo y dormitó.
Un sonido en el patio le hizo levantarse. ¡Clop! ¡Clop! ¡Clop! Charlie agitó su cabeza adormilada. Cascos. Había un caballo en el patio. Charlie se puso en pie. Podía ver justo detrás del rectángulo de luz de la ventana, pero era imposible ver nada más allá, en la hierba.
El reloj de la catedral dio las diez y las pisadas se desvanecieron. Charlie estaba a punto de gritar de nuevo cuando la puerta se abrió y un rayo de luz le bañó la cara.
“¿Qué diablos estás haciendo aquí?”
Charlie reconoció la profunda voz del Doctor Bloor. “Vine para entregarle a Manfred unas líneas, señor, y entonces la puerta se cerró.”
“¿Y cómo entraste?”
“El señor Ebony me dejó entrar, señor.”
“¿Eso hizo?”
“Sí señor” Charlie rogó para que el Doctor Bloor apartara aquella brillante luz de sus ojos.
“Bueno, estás castigado Charlie Bone. Te quedarás en el colegio una noche extra. Ahora vuelve a tu dormitorio.”
El Doctor Bloor sacó a Charlie de la habitación y le dio un empujón con dirección al pasillo. Charlie ya casi había llegado a su habitación cuando el ama apareció por una esquina y le cogió del hombro.
“¡Ouch!” gritó Charlie “Si pensabas ponerme un castigo, no te molestes. Ya tengo uno.”
Charlie podía oír a Lucretia Yewbeam rechinando los dientes. “No hables hasta que te lo diga. ¿Dónde has estado?”
“Atrapado en la oficina de Manfred” dijo Charlie con un suspiro. “Me dijo que tenía que entregarle mis líneas.”
“¿Líneas?, ¿en el primer día del semestre? No tienes remedio. No puedo creer que seamos familia.”
“Yo tampoco” masculló Charlie.
“¿Qué has dicho?
“Dije, perdóname por ser tu familia.”
“Vete a la cama” gruñó su tía abuela Lucretia.
A la mañana siguiente, en su camino hacia el desayuno, Charlie le contó a Fidelio todo lo que había sucedido la noche anterior. Su amigo escuchó con atención hasta que Charlie empezó a hablar sobre las fotografías.
“Así que has estado escuchando otra vez” dijo Fidelio irónicamente.
“No pude evitarlo” admitió Charlie “Eran una pareja desagradable, Fido. Pero… ¿cómo se lo puedo decir a Billy?”
“Será mejor que pensemos que estabas equivocado y que esos no eran los Greys.”
Los dos chicos entraron en la cafetería y se sentaron en sus sitios en la mesa de música.
“Lo del caballo es interesante” dijo Fidelio mientras untaba mantequilla en una tostada.
Billy Raven levantó la vista desde su tazón de cereales “¿Has dicho caballo?”
“Luego te lo contamos Billy” dijo Charlie “A propósito, tengo castigo este fin de semana, así que te haré compañía.”
“Mis nuevos padres vendrán a recogerme el sábado” dijo Billy.
“¿Tan pronto?”
“¡Tendré mi propia casa!” Billy dio saltitos de emoción en su silla “¡Yujuuu!”
Charlie sonrió levemente. No quería acabar con la esperanza de Billy, pero estaba seguro que las adopciones de verdad no pasaban de esa manera. ¿Cómo habían conseguido los Bloors salirse con la suya? Ellos mantenían a los niños escondidos de sus familiares, movían a los huérfanos sin que ellos pudieran opinar nada, incluso hacían desaparecer padres.
“¡Charlie!” Fidelio le dio un codazo “Si no quieres tu desayuno me lo comeré yo.”
Charlie se metió una cucharada de cereales en la boca tan rápido como pudo “¿Supongo que no tienes  ganas de pasar un día de castigo conmigo?” le preguntó a su amigo.
Fidelio parecía avergonzado. “Lo siento pero no puedo. He prometido que tocaría en la banda de mi hermano en la mañana del sábado.”
“Por lo menos puede que vea a los padres de Billy Raven. Eso puede ser interesante” dijo Charlie.
Durante el primer recreo, Charlie vio a Emma y Olivia corriendo por el patio.
“¡Oye, vosotras dos!” gritó Charlie mientras jadeaba tras las chicas. “Estáis, eh… ¿ocupadas este sábado?”
“¡Tienda de libros!” dijo Emma “Es el día con más trabajo de mi tía Julia.”
“¿Tienes un castigo otra vez, Charlie?” le preguntó Olivia, reduciendo su velocidad.
“Sí. Entonces, ¿estarás ocupada?”
Olivia paró de correr y Emma frenó a su lado.
“¿Entonces?” preguntó Charlie, respirando profundamente.
“De hecho” dijo Olivia solemnemente “Probablemente el sábado será el día más importante de toda mi vida.”
“Definitivamente” aseguró Emma.
“Voy a hacer una audición para una película. Es una película realmente importante. Hay por lo menos tres grandes estrellas en ella, y voy a ser la hija de Tom Winston, o al menos espero serlo.”
“¿Tom Winston?” preguntó Charlie.
“No me digas que nunca has oído hablar de Tom Winston” dijo Olivia mientras fruncía el ceño. “¡Es una GRAN estrella!”
“Oh, vale. Bueno, buena suerte entonces.” Dijo Charlie “¡Hey, quizás te vuelves famosa, Livvy!”
“Está destinada a serlo” dijo lealmente Emma.
“Quizás” añadió Olivia con una sonrisa rebosante de confianza.
“¿Y hablarás con nosotros aunque seas famosa?” preguntó Charlie.
“¿Tú qué crees?” La sonrisa de Olivia se hizo más grande.
El cuerno de caza sonó y Charlie no pudo responder la pregunta de Olivia, porque las dos chicas se giraron y corrieron hacia la puerta mucho antes que él. Charlie llegó a la conclusión de que ellas debían de haber estado entrenando durante las vacaciones.
“¿Sabes una cosa?” dijo Charlie mientras entraba en el guardarropa “Olivia Vertigo va a ser una estrella del cine.”
Fidelio estaba sentado en un banco, cambiándose los zapatos. “¿Cómo es eso?” preguntó, dejando a un lado una de sus zapatillas de deporte.
Varios niños observaron a Charlie, y Gwyneth Howells, la arpista, dijo “Olivia Vertigo piensa que es tan brillante.”
“Pero ella es brillante” dijo Rosie Stubs amablemente “Digo, seguramente terminará siendo famosa.”
Gwyneth le dirigió a su mejor amiga una mirada fulminante, y Rosie añadió “Oh, venga Gwyn, debes admitir que es una actriz fantástica.”
“Va a hacer una audición el sábado” le contó Charlie. “Va a actuar en una película enorme. Va a ser la hija de Tom Winston.”
“Si consigue el papel” dijo Gwyneth con un suspiro.
“Lo conseguirá” dijo Fidelio “No hay ninguna duda.”
Pronto, el colegio entero estaba hablando de la inminente fama de Olivia Vertigo. Y Olivia empezó a desear haber mantenido su audición en secreto.
De alguna manera, Charlie se las arregló para no meterse en líos el resto de la semana, y cuando llegó el viernes, se encontró con que no le desagradaba tanto la idea de pasar una noche extra en la escuela. Bajó al recibidor principal para desearle a Olivia buena suerte antes de que se fuera, pero ella ni se lo agradeció.
“Ojalá no se lo hubieras dicho a tanta gente” le increpó “Da mala suerte” y ella se alejó sin mirar atrás.
“Está nerviosa” le explicó Emma. “Lamento que estés castigado, nos veremos el domingo, ¿vale?”
“En el Café de las Mascotas a las dos en punto” dijo Charlie.
“Allí estaré” Emma corrió detrás de Olivia, con sus largos rizos rubios rebotando contra su capa.
Un olor familiar asaltó a Charlie cuando entró en el dormitorio y no le sorprendió ver al perro de la Cocinera, Bendito, sentado frente a los pies de la cama de Billy. En aquel momento, el viejo perro parecía más deprimido de lo normal. Charlie asumió que la causa era su edad y su mala salud (Bendito estaba extremadamente gordo), pero Billy le corrigió rápidamente.
“Está triste” dijo Billy, quien estaba intentado empaquetar sus cosas en una maleta de aspecto maltrecho. “En parte porque he sido adoptado, pero mayormente porque ha visto una cosa terrible.”
“¿Oh?” Charlie se sentó en la cama que estaba al lado de Billy “¿Qué vio?”
Billy observó a Bendito, quien soltó una serie de gruñidos similares a un zumbido.
“Es difícil de explicar. Continuó pensando que he entendido mal y que quiere decir algo diferente, pero entonces dice, “¡Verdad!, ¡Verdad! Caballo volando a través del muro’’
“¿Qué?” Charlie alzó la mirada.
Billy dejó de empaquetar y se sentó en su cama “Él dice que estaba en lo alto de la casa en una habitación muy, muy larga. Manfred estaba ahí, y el viejo señor Ezequiel, y tus tres tías abuelas, Charlie. Él dice que había cosas en una mesa: piel y cosas de metal y… unos huesos muy, muy viejos.”
A Charlie se le erizó el pelo. “¿Qué tipo de huesos?”
“Huesos de caballo.”
Súbitamente, Bendito dio un agudo ladrido.
“Dice que los huesos se convirtieron en un caballo” Billy hablaba muy despacio, como esperando que Charlie le parara. Pero Charlie solo podía escuchar, boquiabierto.
“Dos de tus tías abuelas le hicieron cosas a los objetos que habían en la mesa” continuó Billy, “y el señor Ezequiel tenía una lata que hacía rayos. Hubo una gran explosión y un montón de humo, y un caballo saltó de la mesa y atravesó el muro.”
“¿Qué pretenden con todo esto? No sabía que mis tías podían hacer cosas como esas.”
“Eran tres, recuerda. Manfred y el señor Ezequiel también. Quizás eso los hizo más poderosos” Billy frunció el ceño y sacudió la cabeza. “Debe de haber sido el caballo que yo vi en el cielo.”
Charlie se dio cuenta de que esta extraña conversación explicaba mucho: la imágenes en el escritorio de Manfred, por ejemplo; la presencia fantasmal en el jardín; y el sonido de cascos que oyó Charlie en el patio. “¿Pero cuál es la finalidad de todo esto?” murmuró.
Billy se encogió de hombros “Quizás nunca lo sabremos”
“Oh, creo que sí. De hecho, puedes apostar tu vida en ello.”
“Si pudiera ver al caballo, podría hablar con él” dijo Billy.
“Quizás puedas hablar con él de todas formas” sugirió Charlie.
Billy miró fijamente a Charlie a través de los gruesos cristales de sus gafas redondas. “Sí” dijo pensativamente. Saltó de la cama y reanudó su equipaje. La pequeña pila de ropa que descansaba en la cama ocupaba solo la mitad de la enorme maleta.
“No tengo nada más. Esto es todo.” Billy cerró la maleta y la bajó hasta el suelo.
“¿Nada más?” Charlie estaba consternado. ¿Dónde estaban los juguetes de Billy, los libros, los juegos, las zapatillas y su ropa de fin de semana? En su casa, el armario de la habitación de Charlie estaba hasta arriba de cosas. ¿Eso era todo lo que Billy poseía en el mundo?
“Hay algo más” Billy tiró de una bolsa de plástico que se encontraba en el armario al lado de su cama y la vació en esta. Junto con los cinco libros que la Cocinera le había regalado, había un paquete de cartas, un pequeño osito con una sola oreja y algo envuelto en un papel amarillento.
“Los Bloors solían darme comida como regalo” dijo Billy mientras desenvolvía con cuidado el papel amarillento “así que muchas de mis posesiones ya han sido comidas.” Billy sonrió tímidamente. “Pero yo guardo esto” Quitó la última hoja que quedaba, revelando cuatro velas blancas “Las encontré en la alacena de mi tía antes de ser enviado a los Bloors. Su perro me contó que las velas venían con una tarta de cumpleaños, pero ella nunca las puso en la tarta, y nunca he sabido quién me las envió.”
Charlie observó las cuatro pequeñas velas que se encontraban en la mano de Billy. Parecía como si cada una de ellas hubieran sido hechas con plumas enroscadas. Los delicados filamentos de cera en espiral alrededor de la vela las hacían parecer misteriosas y mágicas.
“Nunca las encendí” dijo Billy suavemente.
“Puedo verlo” Charlie entrecerró sus ojos y se acercó más a las velas “Me pregunto quién las habrá enviado.”
“Ojalá lo supiera.” Billy las envolvió cuidadosamente y las guardó en su bolsillo.
Fue una suerte que las guardase, porque en el minuto siguiente, Lucretia Yewbeam entró en el dormitorio y comenzó a examinar el equipaje de Billy.
“Esto es un desastre,” dijo tirándolo todo al suelo. “Guarda tus ropas apropiadamente Billy Raven. Tus nuevos padres no aceptarán un equipaje tan desastroso como ese.”
“¿Quiénes son los nuevos padres de Billy?” preguntó Charlie.
“No es de tu incumbencia” le espetó su tía abuela.
“Pero es de incumbencia para Billy” argumentó Charlie. “Él solo sabe sus nombres, no de donde son, o si tienen más familia, o si viven…”
“Tú no necesitas saber esas cosas” dijo el ama. “Billy lo sabrá pronto. Ahora péinate el pelo antes de cenar, chico. Parece como si te acabaras de levantar.”
Charlie dio un gruñido de enfado. Seguramente Lucretia había adivinado que se le había olvidado empacar su cepillo de pelo.
Cuando el ama se fue, Charlie ayudó a Billy a empaquetar otra vez las cosas en su maleta. No se veía mucho mejor que la primera vez que lo guardaron todo.
“Lo tendremos que hacer” dijo Billy alegremente “Solo piénsalo, ¡tengo un hogar al que ir!”
Charlie se preguntó si el pequeño chico estaba tan feliz como parecía. Es noche Billy se revolvió en su cama. Comprensible, empezar una nueva vida con unos padres desconocidos no solía ocurrir todos los días.