Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo 1: Una hora moribunda

La nieve llenaba el aire; espesa y rápidamente se acumulaba sobre la ciudad dormida, casi como si estuviera tratando de mantenerla segura. Una manta de plumas para sofocar  la maldad que alguien estaba decidido a dejar suelta.

Era la segunda semana de enero, una época en que la nieve no es poco común, y sin embargo, no se trataba de una nevada ordinaria. En una colina sobre la ciudad, un niño estaba  de pie con los brazos abiertos, como si se estuviera preparando para alzar el vuelo. Cuando el viento golpeaba  su cuerpo, las nubes de nieve hinchaban sus anchas mangas y continuaba su camino bajo la capa verde que llevaba. Tancred Torsson podía convocar la lluvia, el viento, el trueno y el relámpago, pero esta era la primera vez que se atrevía con la nieve. ¿Y por qué habría de estar aquí, en la oscuridad de la noche, llamando a  la nieve? Debido a que tres gatos habían subido al alféizar de su ventana y le habían despertado con sus llamadas. Deslizando una capa sobre el pijama, Tancred se había precipitado hacia la oscuridad.

Los gatos se reunieron con él en la puerta principal de su casa, y mientras sus padres dormían en su habitación (los tormentosos ronquidos de su padre se podían escuchar por toda la casa), él había seguido a las tres brillantes criaturas por un callejón oscuro hasta una ventosa colina desde la cual podía ver las luces de la ciudad parpadeando debajo de él. Una vez allí, los gatos miraron fijamente a Tancred hasta que le hicieron comprender sus deseos.

Tancred no tenía el don de la comprensión de los animales, pero al ser un descendiente del Rey Rojo, podía, a veces, seguir la esencia de sus maullidos — ¿Nieve?— preguntó. — ¿Es eso lo que queréis?

Unos fuertes ronroneos salieron de los gatos, sus voces se mezclaban   musicalmente  —Nunca antes lo he hechoTancred rascó su espeso pelo rubio —Pero, bueno, voy a intentarlo— Los gatos ronronearon de satisfacción. Mientras Tancred se preparaba para realizar su trabajo, los gatos corrieron colina abajo en dirección a la ciudad. El primer gato era del color de una puesta de sol cobriza, el segundo como una llama anaranjada y el tercero parecía una estrella. Trotaron con ligereza por los callejones, a través de los jardines y sobre murallas de piedra y vallas, su patas apenas dejaban marca en la nieve fresca. Los altos edificios de la ciudad estaban empezando a desaparecer en un velo de silencio blanco. Aquella era una hora como ninguna otra. Un momento en el que los vivos estaban tan silenciosos como los muertos. Una hora moribunda.

Los gatos corrieron por la calle Filbert. Casi habían llegado a su destino cuando un coche apareció, moviéndose lentamente por la calle en su dirección. Se detuvo fuera del   número doce y tres figuras salieron a trompicones. Un hombre, una mujer y un niño. Gruñendo y exclamando en aquella tormenta de nieve repentina, soltaron bolsas y maletas en la acera.

—Llegamos  justo a tiempodijo la mujer— Otros diez minutos  y hubiera sido demasiado fuerte para el coche—. Subió los escalones hasta la puerta principal.

— ¡Menuda bienvenida!— murmuró el hombre. —Mejor nos volvemos a Hong Kong— Soltó una risa ronca y cerró la puerta del coche.

El niño subió dos maletas por las escaleras, luego se volvió, como si sintiera que algo lo observaba. Miró al otro lado de la calle y vio a los tres gatos —Son las Llamas— dijoFrente a la casa de Charlie. Me pregunto qué querrán.

—No te quedes ahí, Benjamín— dijo su madreEntra.

Benjamín la ignoró— ¡Hola, Llamas!— saludó en voz baja— Soy yo, Benjamín. Estoy de vuelta— Un rugido gutural salió de los gatos. Un gruñido de bienvenida que también tenía una nota de queja. "Ya era hora", parecían decir.

—Nos vemos pronto— dijo Benjamín  mientras su madre  tiraba de él y de las maletas a través de la puerta.

Los gatos vieron cerrarse la puerta. Cuando se encendieron las luces en el interior del número doce,  centraron su atención en la casa que estaba detrás de ellos. En frente de la casa se encontraba un castaño sin hojas, y rápidamente se subieron a una ancha rama que colgaba frente a una de las ventanas oscuras. Sentados en una fila, los gatos empezaron a cantar.

Al otro lado de la ventana, Charlie Bone se agitó en sus sueños. Alguien estaba llamándole. ¿Ha sido un sueño? Sus ojos se abrieron. Un sonido conocido llegó flotando a través de la ventana. ¿Llamas?— murmuró. Ahora estaba completamente despierto. Saltó de la cama,  apartó las cortinas y abrió la ventana.

La visión de tres criaturas brillantes, veladas por la nieve,  dejó sin  aliento a Charlie. Cuando consiguió convencerse a sí mismo de que no estaba soñando, preguntó—Aries, Leo, Sagitario, ¿sois realmente vosotros?

No se molestaron en contestar. Con unos suaves golpes aterrizaron en la alfombra, seguidos de una nube de nieve. Charlie cerró la ventana.

Será mejor que vengáis abajosusurró. —Es una noche ideal para una taza de leche caliente y tal vez una rebanada de pavo—. Echó un vistazo a la cama que había al otro lado de la habitación, donde un muchacho dormía, con su pelo tan blanco como la almohada. Los gatos siguieron a Charlie sin hacer ningún ruido mientras este se deslizaba con sumo cuidado escaleras abajo. En la cocina, calentó una olla de leche y la vertió en tres platos. Los ronroneos, profundos y encantados, llenaron la habitación mientras los gatos lamían la leche. En cuanto se la acabaron, Charlie dejó rebanadas de pavo en los platos vacíos. Los copos de nieve giraban frente la ventana de la cocina, desprovista de cortina, parpadeando debido al haz de luz de la lámpara de la cocina.

Hay algo diferente en esa nieve— observó Charlie. — ¿Debo sumar dos y dos y adivinar por qué habéis venido?— Observó a los gatos limpiarse vigorosamente. —Cumplí doce años la semana pasada ¿donde estabais entonces? Las fiestas no os deben interesar mucho ¿no?

Leo, el gato naranja, detuvo su aseo y devolvió la mirada de Charlie.  No muchos gatos podrían  mirarte a los ojos de esa manera.  La  mirada de Leo ardía con el conocimiento, la fiereza y los recuerdos con los que la mayoría de los mortales sólo podía soñar. Leo tenia novecientos años de edad,  al igual que sus hermanos. Aries y Sagitario añadieron ahora  su intensa mirada a la de Leo. Charlie tuvo la impresión de que querían decirle algo. Tendría que despertar al niño que estaba  arriba si quería entender lo que los gatos estaban tratando de decirle.

Tres pares de ojos de oro siguieron a Charlie fuera de la habitación. Todavía podía sentirlos en su espalda mientras subía las escaleras. — ¡Billy! ¡Billy, despierta!— Charlie sacudió suavemente el hombro del chico de pelo blanco.

— ¿Qué? ¿Qué pasa?Billy abrió sus redondos ojos color rubí.
  
— ¡Ssh! Las Llamas están aquí. Quiero que vengas a hablar con ellos.

Billy bostezó. Oh. Está bien— Pero al intentar levantarse, se cayó de la cama, todavía no estaba completamente despierto. —Tienes que ser silencioso— le advirtió Charlie —O la abuela Bone nos escuchará—  Billy asintió con la cabeza y buscó sus  gafas.

Billy tenía ocho años de edad y era una cabeza más bajo que Charlie. Podía comunicarse con los animales, pero sólo si estos se lo permitían. Siempre le había tenido un poco de miedo a Las Llamas. Ellas sabían cuando estaba mintiendo.

—Vamos— susurró Charlie con urgencia. 

Tengo que encontrar mis gafas— dijo Billy, —O me caeré. Ah. Aquí están—. Se las colocó sobre la nariz y se deslizó detrás de Charlie.
  
Los gatos observaron a los dos chicos entrar en la cocina. Tres pares de orejas se movieron hacia Billy cuando este se sentó; con las piernas cruzadas ante la estufa, los gatos estaban limpios y alertas. Charlie cerró la puerta y se tendió al lado del niño pequeño.

Vamos, habla— dijo Charlie. Un sonido salió de la garganta de Billy: un maullido suave y cadencioso. “¿Tenéis noticias para  nosotros?
  
Aries respondió con un gruñido que crecía en intensidad cuanto más tiempo lo sostenía. Los otros gatos se unieron a el y Charlie se preguntó si Billy podría entender  la  información del coro de maullidos y lamentos que  venían de tres voces diferentes. Billy no profirió sonido alguno. Con sus brazos escondidos dentro de sus piernas cruzadas y su barbilla reposando en sus manos apretadas, escuchaba atentamente. Charlie miraba ansiosamente la puerta. No se atrevía a silenciar a los gatos, pero le preocupaba que la abuela Bone pudiera escuchar los maullidos.

Billy frunció el ceño mientras los gatos siguieron con sus voces cadenciosas y ansiosas. Cuando, por fin, su discurso hubo terminado, los ojos de Billy estaban muy abiertos a causa de la alarma. Se volvió hacia Charlie. —Es una advertencia. 

— ¿Una advertencia?— preguntó Charlie. — ¿Qué tipo de advertencia?

—Aries dice que algo podría despertar si no pueden impedir…impedir... eh... que otra cosa sea encontrada. Y Sagitario dice que si eso ocurre, tú debes estar alerta,  Charlie. 

— ¿Alerta? Pero, ¿qué se supone que debo vigilar?

Billy vaciló. —A una mujer - Creo que a tu...— La siguiente palabra se atascó en su  garganta. 

¿Mi qué?— Exigió Charlie.

—A tu  madre.

Mi...— Charlie miró fijamente a Billy y luego a los gatos. ¿Por qué?— Su voz sonó ronca a causa del temor. ¿Alguien va a hacerla desaparecercomo a mi padre?

Billy preguntó a los gatos y Leo respondió con un maullido  de disculpa.  —Leo dice que desearía poder decir algo más tradujo Billy. —Él te ayudará a vigilar— Leo dio varios maullidos fuertes. —Dice que si  la sombra se ha movidoentonces sabrás que ha sido liberado.

— ¿Qué es lo que se habrá liberado?suplicó Charlie, tirando de su indómito cabello. — ¿No podéis ser un poco más específicos?

En ese momento se abrió la puerta y una voz dijo — ¿Habrá alguien que amablemente apague esa luz?Charlie se levantó de un salto para darle al interruptor, y tan pronto como la lámpara sobre la mesa se hubo apagado, apareció un hombre alto con una bata de baño rojo. Paton tenía en la mano una vela encendida en un candelero de bronce. —Veo que tienes visitantes—. El  tío abuelo de Charlie asintió con la cabeza en dirección a los gatos. Buenos días, Llamas.

Los gatos maullaron un saludo y  Charlie dijo — ¿Es realmente por la mañana?

—Es casi la una de la mañanadijo el tío Paton, que no parecía en absoluto sorprendido de ver abajo a Charlie y a Billy a una hora tan temprana. —Tengo hambre—. Cruzó la habitación y abrió la nevera. Detecto un aire de misterio. ¿Qué ha pasado?

Las Llamas han venido para avisarme— le explicó Charlie a su tío —Acerca de mamá.

— ¿Tu madre?— El tío Paton se apartó de la nevera con el ceño fruncido. ¿Has dicho tu madre?

—Sí.

—Y algo acerca de una sombra— añadió Billy.

El tío Paton dejo el  candelabro. —Quiero saber más— dijo.  

—Billy, dile a los gatos que se expliquen— suplicó Charlie. —Pregúntales qué es la sombra—. Pero los gatos estaban ansiosos por marcharse. Se estiraron y salieron   corriendo hacia la puerta.

— ¡Esperad!— dijo Charlie. —No nos habéis hablado de la sombra—. Aries maulló y  Leo arañó la puerta. Charlie no tenía más remedio que abrirla. Y entonces los gatos estarían fuera y saltando por el pasillo. ¿Qué sombra?— susurró Charlie con fiereza mientras seguía a los gatos. Sagitario gruñó. Charlie no podía decir si era una respuesta  o una demanda

Deja que se vayan, Charlie— Billy corrió a abrir la puerta principal. —Tienen que ir a otra parte, y rápido. Para ver si encuentran la cosa.

Con un repentino coro de maullidos, las Llamas se precipitaron por la puerta y de pronto, ya  estaban lejos de la calle, tres llamas brillantes tragadas por el remolino de nieve. —No nos lo han explicado— se quejó Charlie. Ahora nunca lo sabremos.

—Lo han hecho—dijo Billy. —Ellos....— empezó a decir el pequeño niño albino.

Antes de que pudiera decir nada más, una voz desde lo alto de la escalera gritó:   — ¿Qué significa  todo  esto?—. La abuela Bone era una visión desagradable en la mejor de las situaciones, y después de la media noche no era precisamente una de esas situaciones ideales, por lo que se veía lo peor de ella. Su delgada figura estaba envuelta en un albornoz peludo, gris, y sus grandes pies se encontraban embutidos en unas zapatillas de lana verde. Una larga cola de caballo blanca colgaba sobre su hombro, y su rostro cetrino tenía manchas de crema blanca por todos lados.

Hola, abuela— dijo Charlie, intentando mejorar la situación

No seas insolente— A la abuela Bone no le gustaba la gente que estaba alegre por la noche. ¿Por qué no estás en la cama?

Teníamos hambre.

—Basura— Para ella, todo lo que Charlie decía era una mentira. —He escuchado gatos—. Empezó a bajar las escaleras.

—Estaban fueraabuela— dijo Charlie rápidamente.

La abuela se detuvo y se quedó mirando por el tragaluz de cristal que había encima de la puerta principal. ¿Qué tipo de nieve es esa? No parece normal—. Tenía razón. Había algo diferente en los  giros de los copos de nieve, pero Charlie no podía decir lo que era.

Es fría, blanca y húmeda— dijo el tío Paton, saliendo de la cocina. ¿Qué más necesitas?

— ¡Tú!gruñó la abuela Bone. ¿Por qué no enviaste a los chicos de vuelta a la cama?

Porque tenían hambrerespondió su hermano con un tono de superioridad. Vete a la cama, Grizelda.

No me des órdenes.

—Haz lo que quieras— Paton volvió a entrar a la cocina. Por un momento, la abuela Bone se mantuvo en las escaleras, mirando hacia Charlie.

Voy a buscar un vaso de agua, abuela, y luego nos iremos directamente a la cama—  Charlie miró a Billy. Lo haremos, ¿verdad, Billy?

Oh, sí— Para un huérfano como Billy, las extrañas  peleas de la familia de Charlie eran fascinantes. El niño asintió enfáticamente mientras miraba a la abuela Bone y agregó —Lo prometoDe la abuela Bone salió un sonido inclasificable lleno de duda y se fue arrastrando los pies escaleras arriba.

Charlie llamó a Billy a la cocina de nuevo y le preguntó en un susurro: — ¿Qué han dicho ellas, Billy? Las Llamas. Acerca de la sombra.

—Sólo  dijeron  una palabra respondió  Billy—No sé lo que es, era algo así como “hark”.

— ¿Hark?— repitió el tío Paton— Significa “escuchad” en galés.

—Pues a mí me daba la impresión de que era el nombre de alguien.

Eso apenas es un sustantivo, querido muchacho El tío Paton  mordió un trozo de queso cheddar. —Se trata más bien de una orden. Tal vez has oído mal.

—No lo hice— dijo Billy  gravemente.

En aquel momento, los tres gatos ya habían cruzado la ciudad y pisaban suavemente sobre la nieve que golpeaba con fuerza contra las paredes de la Academia Bloor.   Pasaron las dos torres que estaban a ambos lados de los escalones de la entrada  y continuaron su camino a lo largo del edificio,  hasta llegar al final, donde un alto muro de piedra comenzaba. La hiedra había echado raíces en las antiguas piedras, los gatos  subieron por la enredadera y se dejaron caer en un campo cubierto de nieve.

En el otro extremo del campo, se vislumbraban las paredes rojo oscuro del castillo en ruinas.  Los gatos se volvieron más cautelosos. Se pasearon cuidadosamente a través del blanco campo, sus oídos atentos a cualquier sonido que pudiera salir de la ruina. Y entonces, oyeron el grito.

—Sé lo que estáis haciendo— gritó una voz de mujer. —Pero no me podéis parar, idiotas. ¿Pensabais que la nieve me lo impediría? Por supuesto, me ha ralentizado, pero nunca me detendrá.

Los gatos se acercaron. A través del gran arco en el castillo, pudieron ver una figura oscura, doblada por la mitad, con los brazos cubiertos de nieve hasta los codos. La figura se balanceaba de un lado a otro, tirando, estirando y gimiendo a causa del esfuerzo.  Con un repentino y profundo gemido, una gran piedra plana se alzó hasta quedar en posición vertical, pero volvió a caer en la nieve.
La mujer paró un momento y buscó a tientas  en la tierra. Con un grito de triunfo,  levantó  algo y lo sostuvo en el helado aire, con las manos rotas y sangrantes  por la lucha. — ¡Mío! ¡Es mío!

Un pequeño temblor atravesó la tierra, un movimiento imperceptible para los humanos pero suficiente para enviar un pequeño escalofrío de miedo a través de todas las criaturas de la región. Las aves se despertaron y gritaron, pequeños roedores corrían frenéticos, desesperados por su seguridad, y el lúgubre aullido de los perros era transportado por el amargo aire. Con sus ojos brillando por la alarma, los gatos observaron a la mujer salir trastabillando de la ruina. El dobladillo de su abrigo negro pesaba a causa de la nieve y su lámpara se balanceaba violentamente a causa del viento congelado. Llegó hasta una puerta en el gran edificio gris que era la Academia Bloor y desapareció. Unos pocos minutos después una brillante luz apareció en una de las ventanas más altas. Los gatos miraron la ventana temiéndose lo peor. La mujer estaba de pie delante de un retrato enmarcado en oro del Rey Rojo,  su lámpara iluminaba la gruesa y agrietada pintura.

—Lo tengosusurró.  La mujer no se estaba dirigiendo al rey.  Con la mano libre sacó  un objeto de entre los pliegues de su abrigo. A primera vista parecía un círculo imperfecto de metal oxidado, de no más de quince centímetros de diámetro.  Lo sostuvo con unas gruesas pinzas. El rey miraba el exterior de su retrato con sus ojos oscuros y magnéticos. Un círculo de oro brillaba en su pelo negro y su capa roja parecía terciopelo de verdad.

A medida que la mujer giraba el  círculo de metal, este atrapaba  los rayos de la lámpara, y un repentino destello, brillante, iluminó la pintura.  Una sombra se podía ver detrás del hombro del rey. Poco a poco, la sombra empezó a definirse, su contorno era  cada vez más nítido y brillante....

—Despierta, mi señor— instó la mujer en una voz cargada de nostalgia. —He encontrado el Espejo de Amoret.

La sombra se movió lentamente. Se deslizaba por detrás del rey y se movía hacia adelante, más y más cerca.

La mujer dio un grito de éxtasis. Suspiró y se tambaleó, su lámpara giró, el círculo brillaba, y la luz en la pintura bailaba y relampagueaba.  Una repentina y atronadora  explosión provocó que el retrato se estrellase contra el suelo y que la mujer gritara.

Una sombra surgió del marco y se acercó a ella.

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