Bueno, queridos lectores, me enorgullece anunciaros que hemos terminado el 4º libro de la saga Medianoche para Charlie Bone, Charlie Bone y el Castillo de los Espejos. Hemos tardado casi un año en lograrlo y subir todos los capítulos al blog, pero la satisfacción de haberlo conseguido merece el esfuerzo.
Esperamos que hayáis disfrutado con el libro y perdón por los errores de traducción, esperamos no haber cometido demasiados. Añado además que ya tenemos en nuestro poder las siguientes entregas (todas las entregas) y que enseguida nos pondremos a traducir el 5º libro, cuyo título os adelantamos: Charlie Bone y el Rey Oculto.
Si alguno de vosotros desea el libro entero de Charlie Bone y el Castillo de los Espejos en un documento de Word, que no dude en pedirlo y dejar su dirección de correo electrónico para que podamos mandárselo.
Saludos!!
Un día nos despertamos y nos dimos cuenta de que necesitábamos saber el final de esos libros que nos acompañaron durante la infancia. Buscando vimos que no existían en español, por eso decidimos traducirlos y compartirlos con vosotros.
Charlie Bone & El Castillo de los Espejos
Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Capítulo 21: El relato de los capturados.
En la mañana del sábado, Paton Yewbeam se sentó su coche
fuera del hospital de la ciudad. Era un oscuro día tormentoso, pero no tenía
nada que ver con Tancred Torsson, quien en aquel momento estaba viendo un partido
de fútbol por la tele con su amigo Lysander.
Paton llevaba sus oscuras gafas como era usual en él, pero
un artículo en el periódico hizo que se sobresaltara tan violentamente que las
gafas se deslizaron por su nariz y cayeron en su regazo. Paton estaba leyendo
sobre un sitio que él había conocido cuando era pequeño, un sitio que recordaba
con horror.
Esto era lo que leía:
“Unas felices
celebraciones se desarrollaron ayer en la villa de Yorwynde, ya que en la
mañana del jueves, el director Tantalus Wright y el cartero Vincent Ebony
entraron en sus hogares después de una ausencia de tres semanas. En sus
narraciones, ambos hombres nos contaban que habían estado capturados en el
Castillo Yewbeam, un lugar conocido por su truculento pasado.
Los dos hombres
habían vivido en un estado de semiinconsciencia, incapaces de moverse o hablar.
Ambos confesaron que sintieron como si sus mentes hubieran sido usadas.
Experimentaron extraños sueños en los que estaban rodeados por niños con capas
de diferentes colores.”
“¡Oh dios!” Paton acercó aún más el periódico a su cara.
“El señor Wright dijo
que parecía que se habían mantenido en un estado de animación suspensa y, por
lo tanto, no sufrían la falta de comida o de agua. También dijo que se podían
escuchar pasos sobre ellos. Una o dos veces, una voz gritaba, y a veces había
un zumbido melodioso. Estaba convencido de que hay un tercer prisionero en el
edificio.
En la mañana del
jueves, el señor Ebony y el señor Wright fueron inexplicablemente liberados.
‘Simplemente nos llegó’ dijo el señor Ebony ‘Podíamos movernos, podíamos
hablar. Llegamos hasta la puerta y luego estuvimos fuera. En cualquier caso, no
sé si el otro hombre salió.’
La policía ha
realizado una concienzuda búsqueda por el castillo, pero nadie ha sido encontrado.”
Paton bajó el periódico. “¡Oh
dios!” repitió.
Dentro del hospital, Charlie, Billy, Fidelio, Emma y Olivia
se dirigían hacia la sala en la que Gabriel se estaba recuperando.
“¿Cinco niños?” dijo la enfermera con tono de duda “No, son
demasiados. Tres como mucho.”
“Nosotras esperaremos fuera, ¿verdad Liv?” dijo Emma.
“Por supuesto” respondió su amiga. “En cualquier caso, no
estoy segura de que quiera ver a un montón de chicos enfermos.” Ya casi parecía
ella misma con una falda de terciopelo naranja, una camiseta plateada y el pelo
discretamente teñido de rosa.
“Entonces entremos” le dijo Charlie a los dos niños.
Gabriel estaba sentado, pero lucía delgado y demacrado.
Sonrió un tanto débil pero encantado cuando vio a sus amigos entrar, los tres
niños se acercaron a la cama. Fidelio era el que estaba más relajado. “¿Qué tal
estás?” le preguntó, agarrando las manos blancas de Gabriel.
Charlie solo sonrió. Los hospitales le ponían nervioso,
estaban demasiado limpios, demasiado ordenados y demasiado silenciosos.
Billy estaba teniendo problemas con sus bolsillos. Desde el
momento en el que había sido liberado de la Academia Bloor el viernes, no había
parado de insistir para que fueran a recoger a Rembrandt al Café de las
Mascotas. Charlie le había dicho que escondiera bien a la rata, o la
encontrarían en la sopa de la abuela Bone. Así que Billy tenía una rata en un
bolsillo y un jerbo en el otro.
El jerbo había sido idea de la señora Silk. Pensó que
ayudaría a la recuperación de Gabriel. “A él le encantaría saber qué es lo que
dice su jerbo” le dijo a Billy.
Billy se acercó aún más a la cama de Gabriel y puso en jerbo
en la increíblemente blanca sábana del chico.
“¡Rita!” exclamó Gabriel, alzando el jerbo hasta su mejilla.
“¡Te quiero Rita!”
Rita lanzó un montón de chillidos.
“Dime lo que está diciendo Billy” le rogó Gabriel.
Billy estaba en un apuro ya que Rita parecía estar jurando.
Entre otras cosas, estaba diciendo “¿Dónde estoy? ¿Quién me ha metido en este
lío?”
“Dice que ella también te quiere” dijo Billy.
“Oh Rita, ¡eres el mejor jerbo en el mundo!” exclamó
Gabriel.
Hubo un súbito grito proveniente del niño de la cama de al
lado. “¡Enfermera!, ¡tiene una rata! ¡Hay una rata aquí dentro!”
“¿QUÉ?” dijo una
voz muy severa.
Billy cogió a Rita y los tres chicos salieron corriendo de
la sala, mientras los gritos de “¡Rata!” “Son unos bichos desagradables”
“¿Dónde? ¡Yo quiero verla!” los seguían por el pasillo.
Pero más alto que todos los gritos, era el sonido de la risa
de Gabriel.
Capítulo 20: El guerrero
El tío Paton dijo que sería muy estúpido usar la casa de la
calle Filbert para un encuentro y que la librería Ingledew era bastante mejor.
El nuevo talento de Olivia debía mantenerse en secreto. Nadie pensaría que era
raro o inusual que entrara en la tienda de libros. Emma era su amiga y solían
pasar los fines de semana juntas.
En la tarde del sábado, Charlie y el tío Paton se dirigieron
a la librería. La abuela Bone no les prestó atención. Ya tenían la partida
ganada, pensó. Charlie y sus problemáticos amigos ya habían aprendido la
lección, Billy Raven estaba bajo el poder de los Bloor de nuevo y Charlie
estaba bajo el suyo – más o menos.
Fidelio insistió en estar dentro del plan, y cuando Charlie
y su tío entraron en la acogedora habitación trasera de la señorita Ingledew,
Fidelio ya estaba ahí, sentado en el sofá entre las dos chicas. Charlie se
sentó al lado de Olivia apretándose como pudo y
el tío Pato se adueñó de uno de los grandes sillones. La señorita Ingledew
entró con un plato de galletas y se sentó en el reposabrazos del sillón de
Paton.
El encuentro empezó.
“El tiempo es el aspecto más importante de este plan” dijo
el tío Paton. “¿Tienes todo claro, Olivia?”
Olivia dijo “Mi reloj nunca se equivoca” y alzó su muñeca
para que todo el mundo pudiera admirar su gran reloj plateado con su moderna
pantalla.
“Muy bonito” remarcó el tío Paton “siempre y cuando puedas
consultarlo en el momento adecuado.”
“Sí” dijo Olivia dócilmente.
“Y ahora tienes que estar completamente segura de la
posición de todo el mundo en el Salón del Rey. Charlie, describe como suele
lucir la habitación usualmente cuando estáis todos haciendo vuestros deberes.”
Charlie describió la posición de todo el mundo como mejor
pudo.
“Depende de ti y de Emma asegurarte de que todos están en
sus puestos correctos, para que Olivia pueda visualizarlos” dijo el tío Paton severamente.
“¿Está bien?”
“Bien” dijeron Charlie y Emma.
El tío Paton continuó explicando
la siguiente parte del plan. Una hora después, el encuentro se acabó. Felix
Gunn llegó para llevarse a Fidelio a casa, mientras Charlie y el tío Paton
caminaban de vuelta a la calle Filbert. Olivia iba a quedarse a dormir con
Emma. Necesitaba estudiar alguno de los libros de historia de la señorita
Ingledew.
“Espero que los Bloor no adivinen
lo que estamos haciendo” dijo Charlie mientras su tío y él subían los escalones
del número nueve.
“Charlie,
nunca lo adivinarán” dijo Charlie confiadamente “Ni en un millón de años.”
Charlie encontraba muy difícil
actuar de una manera normal el lunes. El pavoneo emocionado de Fidelio le ponía
nervioso. “Se supone que debemos lucir deprimidos” le dijo a su amigo.
“Tú quizás” dijo Fidelio. “Pero yo
no soy una de las víctimas dotadas. En cualquier caso, yo siempre actúo así.”
Había una persona a la que Charlie
tenía que alertar. Lysander no había estado en el encuentro, pero Charlie
sentía que tenía que avisarle sobre lo qué quizás iba a pasar.
Desgraciadamente, no pudo hablar a solas con Lysander hasta después de la cena
cuando estaban subiendo las escaleras hasta el Salón del Rey. Charlie tiró los
libros de los brazos de Lysander deliberadamente y dejaron de subir.
“¿Qué te ha llevado a hacer eso, so
torpe?” gruñó irónicamente Lysander, mientras se agachaba para recoger los
libros.
Charlie se inclinó junto a él para
ayudarle. “Tenía que advertirte” le susurró.
“¿Advertirme?”
“¡Shhhh!” le silenció Charlie.
“Algo le va a pasar a Joshua en unos minutos. Tancred se va a asustar bastante
de él, pero no es real, ¿está bien? Es solo una ilusión.”
“¿Qué…?” empezó Lysander.
“¿Os vais a mover o voy a tener
que pasar por encima de vosotros?” Dorcas Loom los observó desde el fondo de la
escalera.
“Tranquila, Dorc” dijo Lysander
alzando sus libros.
Los dos chicos terminaron de subir
las escaleras seguidos por Dorcas, quien estaba resoplando como una máquina de
vapor.
Charlie le echó un rápido vistazo
al Salón del Rey antes de sentarse. Se quedó muy aliviado al descubrir que todo
el mundo estaba en los sitios que le había descrito a Olivia. La cara de Asa
estaba cubierta con moratones, notó.
Charlie miró a Emma, que estaba al
lado suyo, pero ella reusó a hacer contacto visual. Probablemente no se
atrevía. Ahora todo dependía de Olivia.
El reloj sonó, como siempre hacía.
El Rey Rojo los observó desde su retrato, como siempre hacía, y – era la
imaginación de Charlie, ¿o los ojos del rey estaban más brillantes esa noche?,
¿y había un brillo extra en su corona?
“El rey no puede ayudarte, Bone”
le ladró Manfred.
Charlie bajó la mirada. Asa soltó
una risilla malévola y Joshua le sonrió a Tancred. Una fuerte lluvia cayó en el
libro abierto de Charlie, y luego otra. Tiró su libro, alejándolo y un charco
se formó en la mesa delante de él. Charlie lo limpió con la manga de su jersey.
Lysander dijo “¡Para ya Tanc!” y se
vio recompensado con una ráfaga de aire que le lanzó sus papeles a la cara.
Vamos Olivia, pensó Charlie. ¡Hazlo
ahora!
El bolígrafo de Emma empezó a gotear.
La tinta se derramó por una página escrita con su preciosa y limpia letra.
Tenía tinta en las manos, en su capa y en su cara. Idith e Inez tenían su
mirada fija en ella.
Emma les devolvió la mirada.
“¡Para ya!” gritó.
Dorcas empezó a reírse y le dio un
codazo a Joshua. Súbitamente, se apartó de él. Charlie vio una gran araña negra
arrastrarse por lo alto de la cabeza de Joshua. Otra más reptó sobre su hombro.
Tancred se puso de pie gritando. Corrió hacia la puerta mientras Manfred
gritaba “Torsson, ¿te has vuelto loco?”
La sonrisa de Joshua empezó a
desaparecer. Sus dos mangas estaban cubiertas con arañas. Se puso de pie e
intentó sacudírselas de encima, pero todo el mundo había visto las arañas. El
Salón del Rey se vio lleno de gritos y todo el mundo corrió hacia la puerta. Joshua
tropezó y las gemelas corrieron sobre él mientras el niño yacía gimiendo en el
suelo. Un poderoso viento atravesó la habitación mientras los dedos temblorosos
de Tancred luchaban contra el pestillo de la puerta. Al final, las puertas se
abrieron y nueve niños se abalanzaron al pasillo.
Manfred intentó mantener la
compostura, pero al final incluso él se vio inmerso en el pánico.
Tancred estaba ahora completamente
fuera de control. El viento y la lluvia recorrían el edificio, los truenos
retumbaban sobre sus cabezas y los rayos atravesaban las ventanas. Los deberes
se terminaron mientras el personal de la Academia corría con trapos, fregonas y
cubos.
Cuando terminó, Charlie corrió a
toda velocidad hasta el comedor. La habitación estaba a oscuras, pero a lo
lejos, pudo escuchar un profundo redoble. El suelo del comedor estaba estremeciéndose;
las sillas y las mesas se deslizaban por el suelo chocando unos contra otros. Y
luego, hubo silencio.
Charlie estaba a punto de entrar
en la cocina cuando la Cocinera emergió, sujetando una vela.
“¿Eres tú, Charlie?” preguntó
mientras observaba la oscuridad.
“Sí, Cocinera. ¿Eres tú verdad?”
“Por supuesto. No sé cómo lo has
hecho, Charlie, pero el equilibrio ha vuelto. Mi suelo está perfecto y recto.”
“Vaya. Esas son buenas noticias.”
“¿Verdad que sí?”
“Perdóname Cocinera, pero hay algo
que tengo que descubrir.”
“Adelante, ¡bendito seas!”
En la cumbre de la conmoción, un
fuerte estruendo proveniente de las puertas principales pudo ser escuchado.
El señor Weedon, confundido por el
caos, se olvidó de todo y abrió las puertas. Una alta figura entró en el
recibidor.
“Quiero ver al señor Ezekiel
Bloor” demandó el extraño.
“No puede hacer eso” dijo el señor
Weedon gritó más alto que el viento. “Está prohibido.”
“No sea estúpido” el tío Paton
pasó sobre Weedon y se dirigió hacia la puerta del ala oeste.
Olivia, asomándose en el recibidor desde el guardarropa morado, consultó
su reloj.
Ezekiel y el doctor Bloor estaban
disfrutando un una copa de oporto en la habitación en la que Billy Raven se
había visto forzado a firmar el juramento. Los dos hombres ignoraban lo que
estaba pasando ya que no escuchaban el ruido que retumbaba por toda la
academia. Estaban sentados cerca de la ventana, en la que se veía una magnífica
puesta de sol. Al otro lado de la larga mesa, la cabeza blanca de Billy Raven
estaba inclinada sobre sus deberes.
El doctor Bloor se puso de pie
mientras Paton atravesaba la puerta. “¿Qué demonios estás haciendo aquí,
Yewbeam?” rugió el director.
“He traído unos documentos para
que los firmes” dijo Paton.
“¿Documentos?” chilló Ezekiel.
“¿Qué documentos?”
“Conciernen a Billy Raven. Quiero
que le des permiso para pasar los fines de semana dónde y con quién él quiera.”
“Estás loco” se burló el doctor
Bloor.
“No del todo” Paton colocó dos
papeles delante de ellos. “Firmar aquí y aquí” señaló al fondo de los dos
documentos.
“¿Y qué te hace pensar que
firmaré?” dijo el doctor Bloor, empujando los papeles lejos de él.
Paton acarició su barbilla.
“Doctor Bloor, su abuelo hizo recientemente un pequeño experimento.”
Una sombra cruzó el rostro de
Ezekiel, este se relamió sus labios.
“¿Y qué pasa con eso?” preguntó el
director.
“Pensé que le gustaría saber que
fue todo un éxito – excepto por un pequeño detalle. La criatura – por llamarla
de alguna manera – está ahora bajo mi control.”
“¿Qué? ¿Cómo…?” Ezekiel intentó
levantarse de la silla.
“¡Pruébalo!” ordenó el doctor
Bloor.
“Muy bien” Paton abrió la puerta.
No había ninguna duda de que la
imaginación de Olivia era realmente maravillosa. Enmarcado por los bordes de la
puerta, había un enorme caballo de guerra negro. Alzando su gran cabeza, dio un
aterrador bramido y empezó a entrar en la habitación. El guerrero que iba
encima suyo tuvo que agachar la cabeza para pasar por la puerta. Cuando se
volvió a alzar, Ezekiel Bloor se desplomó hacia delante en un desmayo mortal.
Paton observó al caballero con
armadura con admiración. Llevaba un gran yelmo plateado con una asombrosa
visera y la parte inferior de su cara estaba cubierta con una espesa barba
negra. Sus bastas mejillas estaban cubiertas con sangre, mientras que su traje era
una brillante cota de malla. En su mano no llevaba una elegante espada, sino
una enorme y muy sangrienta hacha.
“¡HAAAAAA!” rugió el terrible guerrero, alzando su arma.
Billy emitió un chillido de
terror, pero Paton, girándolo rápidamente, le guiñó el ojo.
El doctor Bloor, a punto de perder
la conciencia, preguntó débilmente “¿Dónde tengo que firmar?”
Paton, sorprendido por la
velocidad a la que se desarrollaban los eventos, sacó un bolígrafo y lo sujetó
firmemente entre los dedos temblorosos del doctor Bloor. “Mejor firma dos
veces. Tu abuelo parece estar fuera de batalla.”
Con el rostro más blanco que una hoja de papel,
el director se las arregló para firmar ambos documentos antes de dejar caer el
bolígrafo y colapsar sobre la mesa.
“¡Ouch!” dijo Paton al ver que la
cabeza del doctor Bloor golpeaba contra la mesa. “Gracias príncipe, ¡puedes
irte ahora!” Se despidió agitando la mano a la horrible aparición y el guerrero
y su caballo desaparecieron gentilmente.
“¿Qué…qué ha sido eso?” tartamudeó
Billy.
“Un ilusión” susurró Paton. Palmeó
la cabeza de Billy. “Nos vemos el viernes, Billy.”
Charlie estaba sentado en el
recibidor cuando su tío volvió del ala oeste. Paton alzó los papeles sobre su
cabeza. “Todo ha salido a la perfección” declaró triunfantemente “Ha
funcionado.”
“¡Hurra!” exclamó Charlie haciendo
caso omiso de las reglas. Después de todo, había tanto ruido en el edificio,
¿que quién se daría cuenta de unas pocas palabras dichas en el recibidor?
“Tengo que encontrar a Billy y contarle las buenas noticias.”
“Ya las sabe, querido niño. Ya las
sabe” dijo el tío Paton.
Capítulo 19: El talento de Olivia
Felix Gunn fue despedido de la Academia Bloor. A pesar de
ello, se las arregló para relatarles los siniestros eventos de la captura de
Billy a Fidelio y a Charlie antes de irse.
En la mitad de la noche, un lobo – o algo parecido a uno –
había saltado por la ventana abierta de una de las habitaciones. Los chicos
Gunn no se asustaban fácilmente, de hecho, eran valientes y formaban un grupo
audaz. Atacaron a la bestia con todo lo que tenían a mano. Cellos, atriles,
baquetas, e incluso un cuerno francés había sido utilizado para golpear la horrible
criatura, que les gruñía y se arrastraba.
Pero para cuando el señor y la señora Gunn habían acudido al
rescate de sus hijos, Billy Raven había salido huyendo por la puerta principal
– derecho a los brazos de Manfred Bloor.
“Lo sacaron fuera” dijo Fidelio “como a un pobre conejo.”
Tan pronto como habló Fidelio, apareció Manfred en el umbral
de la puerta del guardarropa azul, en la que Felix había relatado su espeluznante
historia.
“Felix Gunn, has sido despedido” dijo Manfred fríamente.
“Lo sé” Felix hizo un pequeño saludo. “Adiós chicos. Y buena
suerte, la necesitaréis.” Cogió su guitarra y cruzó el recibidor hasta llegar a
donde estaba el señor Weedon, quien se había visto obligado a abrir el cerrojo
las pesadas puertas.
“Vosotros dos, cerrar esas bocas, o se os meterán moscas
dentro” gruñó Manfred. “Iros a vuestras clases.”
Charlie y Fidelio obedecieron sin rechistar.
Billy no apareció por el
colegio. No fue visto hasta la tarde del viernes, cuando todo el mundo salía
apresuradamente para coger los autobuses del colegio. Charlie levantó la mirada
cuando pasaba al lado de la escalera, y ahí estaba, una pequeña figura de pie
en una sombra en la parte más alejada del rellano. Charlie alzó su mano, pero
antes de que Billy pudiera responder, Manfred empujó a Charlie por la puerta.
Cuando Charlie llegó a casa, la fiesta del té del viernes ya
estaba en marcha. La abuela Bone estaba ausente, así que la atmósfera era
considerablemente más relajada que la de la semana anterior. De todas formas,
Charlie vio al tío Paton mirando ligeramente pensativo entre bocado y bocado de
su helado de pistacho. Al final, su tío le explicó que había ido a ver a Alice
Angel. Cuando escuchó la narración del valiente sacrificio del señor Crowquill,
se había afligido extremadamente. Había cerrado su tienda, puesto su casa a la
venta y se estaba preparando para dejar la ciudad para siempre aquel fin de
semana.
“¡Pero no puede irse!” gritó Charlie, con una cucharada
llena de helado a medio camino hacia su boca. “Ella es la única que sabe cómo
salvarnos.”
“Me atrevería a decir que tú sabes a lo que te refieres pero
nosotros no” dijo el tío Paton secamente.
Charlie se había guardado los acontecimientos de aquella
horrible semana para disfrutar aquel momento, pero ahora se dio cuenta de que
tendría que explicarse.
Cuando la familia de Charlie escuchó la captura de Billy, la
deserción de Tancred y la habitación destrozada de la Cocinera, apartaron los
restos de la deliciosa comida de ellos, declarando que su apetito se había
evaporado.
Maisie pensaba que Charlie debía dejar la Academia
inmediatamente. Amy no para de murmurar “No, no, no, es demasiado.” El tío
Paton se puso de pie y caminó por la cocina, golpeando el puño de su mano
izquierda en la palma de su mano derecha. De pronto, se giró y dijo “¿Qué te
hace creer que Alice Angel puede ayudar?”
“Sabe sobre el don de alguien” dijo Charlie “Alguien que
quizás sea capaz de volver a dejar las cosas como estaban antes.”
“¿Quién?” demandó Paton.
“Creo que es Olivia, pero no estoy completamente seguro”
replicó Charlie.
“Entonces descúbrelo querido niño” ordenó Paton. “Mañana, lo
primero, o Alice estará fuera de tu alcance. ¿Qué planes tienes?”
Charlie admitió que no tenía ninguno.
“Humm” el tío Paton volvió a andar. Empezó a dictar instrucciones
mientras estaba en movimiento. “Esto es lo que debes hacer, Charlie. Mañana por
la mañana te encontrarás con Emma en la tienda de libros. Juntos, iréis a
visitar a la amiga de Emma, Olivia, y persuadiréis para que os acompañe a la
casa de Alice. Está a un tiro de piedra de la casa de los Vertigo según tengo
entendido.”
“¿Qué hay de Judía Corredora?” dijo Amy “Charlie siempre le
saca a dar un paseo los fines de semana.”
“Le diré al chico de los Gunn que lo haga” dijo el tío
Paton. “Llamaré a los Gunn después de que haya arreglado las cosas con Julia –
la señorita Ingledew. ¿Está todo claro, Charlie?”
Charlie asintió, luego bostezó. “Estoy listo para mañana.”
“¡Una polilla!” gritó Maisie, golpeando fuertemente el
hombro de Charlie.
“¡NO!” exclamaron Charlie y el tío Paton al unísono.
“Cielos” la mano de Maisie paró y cayó en su costado
“Menudos gritos por una polilla tan pequeña.”
“Es mi varita” dijo Charlie tranquilamente.
“Vaya, que boba soy, tendría que habérmelo imaginado” dijo
Maisie enrabietada. “¿Por qué no puede solucionar tus problemas, Charlie? Eso
es lo que se supone que hacen las varitas, ¿no?”
“Sí que me ayuda” Charlie se quitó gentilmente la polilla de
su hombro. “Pero no de una manera obvia. Tiene que escogerlo.”
“Perdóname por preguntar algo
tan tonto” dijo Maisie con una sonrisa.
En la mañana del sábado, Fidelio y Judía Corredora
aparecieron en el número nueve de la calle Filbert.
“No creo que esto estuviera en el plan del tío Paton” se dijo
Charlie mientras Fidelio y Judía Corredora entraban en la cocina.
Maisie estaba encantada de ver a su viejo amigo Judía. Se le
dio rápidamente una comida de restos, mientras Charlie y Fidelio comían huevos
duros.
La abuela Bone bajó las escaleras justo cuando los tres
estaban abandonando la casa. “No ese perro otra vez” gritó.
Judía Corredora se lanzó sobre los tobillos de la Abuela
Bone, y hubo una indignada pelea antes de que Charlie se las arreglara para
sacar al inmenso perrazo amarillo por la puerta delantera.
Emma estaba esperando a Charlie en la tienda de libros, así
que al menos esa parte del plan había salido como lo planearon. Pero por qué
Fidelio y Judía Corredora iban a unirse a ellos en su paseo hasta la casa de Olivia,
Charlie no estaba seguro.
“Somos el equipo de apoyo” dijo Fidelio antes de que Charlie
pudiera platear sus dudas “Y Judía Corredora puede oler todas las bestias
peludas y acechantes que nos espíen.”
Cuando los tres niños y el perro llegaron a la casa de
Olivia, la señora Vertigo lucía muy ansiosa. “Nunca hemos tenido un animal tan
grande en nuestra casa” dijo.
“Se portará bien, mamá” gritó Olivia desde lo alto de las
escaleras. “Déjale entrar.”
“Si tú lo dices Liv” la señora Vertigo se mantuvo en la
puerta mientras el grupo entraba en la casa y subía las escaleras hasta la
habitación de Olivia. Estaba bastante desordenada. La cama de Olivia, el suelo
y las sillas estaban cubiertos con ropas, zapatos, sobreros, cuentas y pelucas
de varios colores.
“Me he rendido con todas estas cosas” declaró Olivia. “Lo
voy a dar todo.”
“No puedes” dijo Charlie, rodeando una pila de ropas
coloridas. “Tú no eres tú – sin todos tus… tus…”
“¿Disfraces?” sugirió Fidelio.
“Ya no quiero ir disfrazada más” dijo Olivia “No soy una
actriz.”
“¡Claro que lo eres!” insistió Emma.
Olivia se encogió de hombros “¿Por qué estáis aquí chicos?”
Sus cuatro visitantes se sentaron en la cama y Charlie
explicó la situación en la Academia y porqué necesitaban saber si Olivia estaba
dotada.
Olivia se sentó en una silla y escuchó impávida a Charlie.
Solo cuando describió la desesperada situación de Billy Raven notó que su
expresión se suavizó y sintió un destello de esperanza.
“¿No podrías visitar simplemente a Alice Angel?” urgió
Charlie “¿Antes de que abandone la ciudad?”
“No te haría daño solo verla, Liv” dijo Emma.
Olivia frunció el ceño. Se puso de pie y miró por la
ventana. “Podría saltar por la muralla” dijo.
Antes de que tuviera tiempo para cambiar de opinión, los
otros la llevaron escaleras abajo y fuera al jardín. Olivia y Charlie subieron
la pared mientras Emma, Fidelio y Judía Corredora esperaban en el jardín de los
Vertigo.
Charlie llamó en la puerta trasera de Alice, pero no hubo
respuesta alguna. Miró por las ventanas, todas las habitaciones del piso de abajo
parecían estar vacías. Olivia fue a la parte de delante de la casa y llamó con
la campana. Nadie respondió en la puerta. Notó un cartel de SE VENDE en la puerta del jardín y
corrió de vuelta hasta Charlie.
“¡Se ha ido!” gritó Olivia. “Ahora nunca lo sabré.”
“Para un momento Liv, no puede haberse ido” Charlie estaba
mirando a través de una ventana que había a un lado de la casa. “Puedo ver dos
maletas en el salón. Y un chubasquero en el respaldo de una silla.”
“Así que todavía está en la ciudad, ¿pero dónde?” Olivia
ahora parecía estar desesperada por encontrar a Alice Angel. Corrió de vuelta a
la pared con Charlie detrás de ella y ambos treparon de vuelta al otro lado.
“¿Y bien?” dijo Fidelio mientras Judía Corredora ladraba
entusiásticamente.
“No está ahí” dijo Charlie.
“¿Cómo vamos a encontrarla?” Olivia retorció sus manos
dramáticamente.
“Su tienda ha sido cerrada, así que no estará ahí” dijo
Charlie.
“Tenemos que peinar la ciudad” dijo Fidelio.
“Es demasiado grande” objetó Charlie. “Podríamos buscarla durante
días y nunca la encontraríamos.”
“Creo que yo puedo ayudar” dijo Emma tranquilamente. “¿Cuál
es el aspecto de Alice Angel?”
Todos miraron a Emma y Olivia dijo, “Tiene un montón de pelo
blanco y es muy guapa.”
Charlie tuvo una inspiración y añadió, “Puede que lleve
algunas flores, blancas.”
“Me hago una idea” dijo Emma. “Ahora, ¿os importaría iros
adentro? Porque no me gusta hacer lo que voy a hacer en público.” Bajó la
mirada hasta sus dedos vendados. “Creo que Joshua hizo que Tancred dañara mis
dedos a propósito.”
“Para que no pudieras volar” Olivia estaba preocupada. “No
te hagas daño a ti misma, Em. Si es demasiado doloroso – simplemente no lo
hagas. Puedes caerte.”
Emma se despidió agitando la mano “Estaré bien.”
Entraron dentro de la casa y se
colocaron detrás de las ventanas francesas, intentando no mirar hacia el patio,
pero era imposible no echar un vistazo ocasional. Emma estaba escondida por un
arbusto, y solo cuando vieron a un pequeño pájaro marrón volar a través del
manzano supieron que estaba de camino. Vieron cómo se perdía el pequeño pájaro
en el cielo y Olivia dijo “Ahí va, si hay alguien que puede encontrar a Alice
Angel, esa es Emma Tolly.”
El borde de las alas de Emma le estaba empezando a dar
problemas. Aleteó llena de incertidumbre sobre la calle Filbert y finalmente
recuperó el equilibrio cuando planeó hacia una nube sobre la catedral. Tomando
ventaja de las cálidas temperaturas del otoño, voló a través de la ciudad
observándola con sus agudos ojos de pájaro y tomando cada detalle de los
ocupados ciudadanos caminando, deambulando y corriendo bajo ella. Incluso voló
sobre la Academia Bloor y la ruina. Vio a Billy Raven caminando por el patio
con Bendito detrás de él y le habría gustado parar y hablar con él, pero el
tiempo era escaso.
El pájaro, Emma, estaba a punto de alejarse volando de la
ruina cuando vio algo que hizo que perdiera la concentración, y empezó a caer
hacia la tierra.
En lo profundo de la ruina, unas altas murallas cubiertas de
hiedra rodeaban un verde patio secreto. En el centro había un árbol con las
hojas de un rojo brillante. Un sonido provenía del árbol, un tipo de música que
Emma nunca había escuchado. Aterrizando en una pared, vio a un caballo blanco pastando
al lado del árbol. Emma no tuvo ninguna dudad de que el árbol y caballo se
pertenecían el uno al otro y que eran parte de un mundo diferente al suyo.
El caballo levantó la mirada y vio al pájaro. “Niña” dijo.
“Mi niña.”
“Vuelo” dijo Emma.
“Que la suerte vaya contigo” dijo el caballo. Una suerte de
esperanza alzó a Emma hacia el cielo. Sus alas ya no le dolían más y se sentía
profundamente feliz. Con renovada energía continuó buscando por la ciudad,
hasta que llegó al parque al final de la calle Filbert. Bajo ella, una mujer de
pelo blanco se sentaba sola en un banco. Su cabeza estaba inclinada sobre un
ramo de flores blancas que había en su regazo.
Emma dio un agudo grito y la mujer levantó la vista. Tenía
un bello pero triste rostro. Emma giró y voló de vuelta hasta el jardín de
Olivia. Sus tres amigos todavía estaban detrás de la ventana cuando ella corrió
por el camino, niña otra vez, gritando “¡La he encontrado, la he encontrado!
Está en el parque.”
Los cuatro niños y el perro corrieron hacia el parque,
atravesaron las puertas y aceleraron por el césped hasta el banco en el que
Alice Angel estaba sentada sola. Cuando vio a Olivia, la cara triste de Alice
se transformó con una sonrisa. “Olivia, ¿has venido a despedirte?”
“He venido a pedirte perdón” espetó Olivia. “Lo siento
tanto, por todo, por no creerte y porque tu amigo se haya ido.”
Alice se llevó las flores blancas a su rostro y aspiró su
aroma. “Quería poner estas en su lápida, pero por supuesto, no tiene una. Pobre
Christopher.”
“Lo siento tanto, tanto” gimió Olivia, llena de
remordimiento.
“Has venido a verme, no es demasiado tarde” Alice se puso de
pie. “Y tú Charlie, ¿has sido tú la que la ha traído aquí?”
“Hemos sido todos nosotros” dijo Charlie. “Mi amigo Fidelio”
– Fidelio hizo un saludo – “pero principalmente ha sido Emma. Ella te encontró.”
“¡Ah!” Alice le dirigió a Emma una sabia mirada, luego
colocó cuidadosamente las flores en el banco y se giró hacia Olivia. “¿Así que
ya has aceptado tu legado?”
“Supongo que sí” dijo Olivia.
“¿Y a quién te gustaría enseñarle lo que puedes hacer?” le
preguntó Alice.
“A mis amigos por supuesto” replicó Olivia.
“¿A nadie más?” preguntó Alice gravemente. “Puedes escoger a
quién mostrarle tus revelaciones.”
“¿Puedo?” el rostro ansioso de Olivia empezó a ponerse serio.
Notó al ciclista que pedaleaba por el camino circular, a dos niños que jugaban
fútbol y a una mujer que paseaba a su perro. “Bueno, por ahora solo quiero que
mis amigos y tú veáis lo que puedo hacer – oh, y Judía Corredora, por
supuesto.”
“¡Muy bien! Piensa en algo, lo que sea. Piensa en ello con
todas tus fuerzas. Velo en tu mente, con cada detalle.”
“Espera un momento, no me voy a convertir en lo que veo,
¿verdad?” preguntó Olivia.
“No” replicó Alice.
“Está bien, aquí va” la frente de Olivia se frunció por la
concentración y un familiar y misterioso brillo apareció en sus ojos. Todo el
mundo se quedó muy quieto, incluso Judía Corredora, quien parecía haberse dado
cuenta de la gravedad de la situación. Después de un minuto de total silencio,
Alice dijo, “¡Ahora Olivia, mira detrás de ti!”
Olivia miró. Todo el mundo siguió su mirada. En el medio del
parque una gran nube turbia apareció. Gradualmente, asumió una forma indistinta
y temblorosa.
“No” dijo Alice “No lo has hecho bien, Olivia, ¡relájate! Lo
estás intentando con demasiada fuerza.”
Olivia sonrió y entrecerró sus ojos. La temblorosa forma se
transformó en algo horriblemente real.
Fidelio fue el primero en gritar, luego Judía Corredora dio
un primitivo y aterrador aullido. La mandíbula de Charlie cayó pero estaba
demasiado asustado para proferir un sonido. Sabía que lo que estaba viendo no
era real, pero parecía real, olía como si fuera real y sonaba real. Un enorme
dinosaurio, un Tiranosaurio Rex por su aspecto, estaba a unos pocos metros de
ellos. Su enorme boca estaba abierta, su
aliento era horrendo y su mandíbula sangrienta produjo un rugido que solo podía
ser escuchado en las peores pesadillas.
Todavía aullando, Judía Corredora fu el primero en moverse.
Se giró corriendo hacia las puertas del parque con los tres niños gritando
detrás de él. Cuando el ciclista los vio exclamó “¿Qué diablos…?” y terminó
cayendo de su bicicleta. Los dos niños cogieron su pelota y corrieron hacia los
árboles preguntando a gritos “¿Es un fantasma?” El pequeño perro se introdujo
en un cubo de basura que estaba volcado y su dueña proclamó que se habían
vuelto todos locos.
“¡Niños parar!” les gritó Alice “No puede haceros daño.”
Desde una distancia segura, se giraron y miraron a la
espantosa criatura. Las risas y las carcajadas llegaron hasta ellos a través
del parque mientras Olivia se bambaleaba hacia delante y hacia atrás, incapaz
de parar. Alice pasó su brazo sobre los hombros de la niña y le habló
suavemente.
Olivia asintió, paró de reír y miró por encima de sus
hombros. Detrás de ella, la horrenda imagen había perdido su forma. Poco a
poco, se desvaneció en una nube de partículas que flotaron en el cielo como una
ducha de hojas muertas.
Olivia aplaudió emocionada y realizó un par de pasos de
baile. Antes de que sus amigos se recuperaran de su primera ilusión, otra tomó
su lugar. Un festín servido con unos brillantes platos de plata apareció sobre
una larga mesa. Y ahí estaban el Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y el
pequeño Ratón Dormido, medio metido en una tetera.
Luego un arcoíris se extendió por todo el parque, y cuando
desapareció, un caballero de brillante armadura galopó por el césped con un
enorme caballo de batalla negro, con plumas en su brida y una capa escarlata bordada
con oro. Charlie podía oír el sonido de los cascos, el crujido del cuero y el sonido
de las espuelas.
Olivia bailó alrededor de Alice con los brazos abiertos y la
cabeza echada para atrás “Mirar lo que puedo hacer” gritó. “¡Mirar, mirar,
mirar!”
“Muy impresionante” le susurró Fidelio a Charlie. “No sé
ella, pero yo estoy exhausto.”
Judía Corredora se derrumbó sobre el suelo con un lamento y
cubrió sus ojos con su enorme pata.
Alice volvió a hablar con Olivia y cuando el caballero y su
caballo abandonaron la escena, la nada tomó su lugar. Olivia se tiró al césped.
“¡Vaya! Ha sido alucinante, ¿verdad?”
Alice le sonrió ampliamente. Los demás se le acercaron
cautelosamente pero Judía Corredora se mantuvo en donde estaba, con su pata
todavía cubriendo sus ojos.
Cuando estuvieron todos confortablemente sentados en el
banco e intentando volver a la realidad Olivia le preguntó a Alice porqué le
había costado tanto tiempo descubrir lo que podía hacer. “¿Y por qué tú sabías
sobre ello? ¿Y por qué la manzana?”
Alice miró las flores de su regazo. “Es difícil expresarlo
en palabras” dijo. “Siempre he sabido que algún día vería a alguien que
necesitaría de mi ayuda para encontrarse a sí mismo. Es un don extraño, podéis
pensar” miró a Charlie, que estaba sentado al lado de ella.
Charlie respondió “Son extraños, todos los dones.”
Alice le dedicó una sonrisa de agradecimiento. “Eso es
verdad. Para resumir, fui requerida para decorar una habitación para el bautizo
de cierta niña” miró a Olivia. “La madre de la niña quedó tan encantada con mis
flores que me invitó a que me uniera a la fiesta. Yo no tenía ni idea de que
aquel sería uno de los días más importantes de mi vida. Trajeron al bebé y todo
el mundo te rodeó, arrullándote, hablándote y llamándote Olivia.”
“¿Era un bebé bonito?” preguntó Olivia.
“Para ser sincera eras un poco rechoncha, pero” – miró severamente
a Fidelio y a Charlie, quienes no podían aguantar la risa – “pero tan pronto
como te vi, Olivia, mi corazón se detuvo. Me pregunté qué me estaba pasando.
Más tarde, te acostaron en una adorable cuna blanca, y cuando bajé la mirada
hacia ti, supe que eras especial. También supe que tardarías doce largos años
en aceptar tu legado.”
“¿Cómo lo supiste?” preguntó Olivia formalmente.
“Esto va a sonar realmente peculiar” dijo Alice.
“No nos importa” dijo Charlie “Todo es peculiar.”
“Bueno, hay un manzano al final de mi jardín. Es mío porque
crece ahí, pero también es tuyo, Olivia, porque una rama cuelga sobre tu
jardín. Había trece manzanas en la rama aquel día y… y…” Alice hizo una pausa,
y luego, en una voz tan suave que todos tuvieron que inclinarse hacia ella para
escucharla, continuó “una voz en mi cabeza me dijo “En el décimo tercer año del
manzano, aceptará su legado con gracia”.”
“¡Oh!” dijo Olivia, sacudida de golpe por un súbito
pensamiento. “Yo tenía doce al principio del semestre. Así que supongo que
estoy en mi décimo tercer año. Y las manzanas… no serían peladas hasta que yo
creyera, hasta que lo aceptara. ”
“Y eso es todo” añadió Alice. “Espero que estés feliz
Olivia.”
“Bueno, por supuesto que lo soy. Pero me siento un poco
rara, porque yo nunca he sido uno de ellos” le dedicó a Charlie una sonrisa arrepentida.
“Y ahora no sé qué voy a hacer con este talento bizarro.”
“Estoy segura de que tus amigos te ayudarán a descubrirlo”
Alice miró a Charlie.
Fidelio, quien había perdido su habitual sonrisa, preguntó
súbitamente “¿Es usted una bruja, señorita Angel?”
Alice rió. “Supongo que sí. Pero soy una bruja blanca” hizo
una pausa, tras lo cual añadió gravemente. “Niños, no quiero alarmaros, pero
deberíais saber que si hay una bruja blanca, siempre hay otra con una
naturaleza más oscura.”
“¿Y quién es?” preguntó Charlie.
“Me temo que no tengo ni idea” Alice se puso de pie. “Y
ahora, tengo que dejaros” dijo con tono profesional. “Tengo un tren que coger.”
“¿Te vas de verdad?” exclamó Olivia.
“Aquí ya he completado mi destino – al menos uno de ellos.”
Alice suspiró levemente. “Ahora tendrás que ir sola, Olivia. Pero estoy segura
de que lo harás muy bien.”
Olivia se inclinó y la abrazó con fuerza. “Gracias” le dijo.
“Gracias por ser mi ángel guardián.”
“Me has hecho tan feliz” replicó Alice.
Emma preguntó “Antes de que irse, ¿podría decirnos si la
otra bruja, la negra, la seguirá?”
Alice se encogió de hombros levemente “No tengo ni idea de
eso. Adiós queridos niños, por ahora.”
Observaron a Alice Angel alegarse y desaparecer por las
puertas del parque. Ella no miró a atrás, y su desaparición fue justo eso,
desvanecerse en el aire, como si nunca hubiera estado realmente ahí. Las flores
se quedaron donde ella las había dejado.
“Se las daré a mi madre” dijo Olivia “Adora las flores
blancas.”
La mente de Charlie ya había vuelto a los problemas en la
Academia Bloor, y estaba empezando a pensar un plan para Olivia. “Creo que
deberíamos mantener tu talento en secreto” le dijo “¿Estamos todos de acuerdo?”
Fidelio exclamó “¡Arma secreta!”
“¿Quieres decir que nadie debería saberlo excepto nosotros?”
preguntó Emma.
“Nadie” respondió Charlie.
“Por mí bien” dijo Olivia “¿Pero cómo voy a ayudar?”
“¿Has estado en el Salón del Rey por la tarde?” preguntó
Charlie.
“Muchas veces, cuando he estado castigada” replicó Olivia.
“Bien. Lo primero que tenemos que hacer es conseguir que
Joshua Tilpin tenga una apariencia repulsiva, tan repulsiva” continuó Charlie,
revelando lo que estaba planeando “que Tancred se verá repelido por él. De
hecho, estaría bastante bien que todos los dotados se vieran repelidos por él.”
“Yo tengo una idea” dijo Fidelio. “Todos sabemos qué es lo
que más teme Tancred.”
“Arañas” dijo Emma.
“Arañas” Charlie estuvo de acuerdo. “Lo segundo es asustar un
poco a Ezekiel Bloor. Tendré que trabajar en ese asunto.”
“¡Oh sí!” gritó Fidelio, golpeando el aire con su puño.
“Esto va a estar bien. Esto va a estar muy, muy bien.”
Capítulo 18: Perdiendo el equilibrio
Ya era tarde cuando llegaron a la ciudad. El tío Paton no
condujo directamente a la calle Filbert, como esperaba Charlie. Aparcó, en
cambio, al lado del familiar y extremadamente ruidoso edificio en el que vivía
la familia de Fidelio. La casa Gunn.
“¿Qué estamos haciendo aquí?” preguntó Charlie.
El tío Paton se giró en su asiento. “Parece ser la mejor
solución” dijo mirando a Billy.
Billy se había mantenido en silencio durante la mayor parte
del viaje. Incluso había parado de preguntarse a dónde iría o dónde estaría a
salvo. Quizás había esperado vivir en el número nueve, pero incluso aunque la
abuela Bone no rondara por ahí, habría sido imposible esconderlo por mucho
tiempo. Ahora, de pronto, Billy entendió lo que quería decir el tío Paton.
“¿Quiere decir que voy a vivir aquí?” dijo Billy.
“No se me ocurre un sitio mejor” respondió Paton “De hecho,
el señor y la señora Gunn ya han aprobado el plan. Difícilmente serás advertido
en una casa en la que ya hay siete niños. Fue una sugerencia del señor Crowquill” la voz de Paton se
suavizó. “Y una muy buena. Nunca estuviste fuera de sus pensamientos, Billy.”
Fue entonces cuando Charlie se dio cuenta de que Christopher
Crowquill había salvado la vida de su tío Paton. Christopher ya estaba enfermo,
cualquiera podía verlo. Era una víctima fácil para los Bloor. No era el caso
del tío Paton, quien estaba dotado con un talento letal. Christopher había
salvado a la única persona que podía proteger a Billy Raven.
Billy ya parecía más contento. “Sí, es una buena idea. Ya me
he quedado con Fidelio antes.”
Tan pronto como se bajaron del coche, el ruido desde la casa
de los Gunn llegó volando hacia ellos. Instrumentos musicales de todo tipo y
condición estaban siendo aporreados, soplados, rasgados y golpeados. La potente
voz de bajo del señor Gunn y un la voz de contralto de la señora Gunn competían
con los instrumentos de sus hijos, y el edificio entero se sacudía por la
música.
“Al menos la casa está alejada” dijo el tío Paton. Golpeó la
puerta con la aldaba.
Inmediatamente una voz previamente grabada gritó “¡PUERTA!
¡PUERTA! ¡PUERTA!” Obviamente, un timbre nunca habría sido escuchado sobre
semejante bullicio.
El hermano mayor de Fidelio, Felix, abrió la puerta,
“¡Charlie Bone!” exclamó al verlo. “Fidelio ha estado muy preocupado por ti,
¿dónde has estado?”
“Es una larga historia” Charlie entró en la casa, seguido
muy de cerca por Billy.
“¡Billy Raven! Así que estabais juntos todo el tiempo” dijo
Felix, cerrando la puerta de un portazo.
“¡Espera!” dijo Charlie. “Mi tío todavía está ahí fuera. ¿Te
importaría apagar las luces?”
“¡Oh Dios mío! ¡Señor Yewbeam!” Felix apagó rápidamente
todas las luces del recibidor. “¡Papá! ¡Las luces!” gritó. “¡El señor Yewbeam
está aquí!” abrió la puerta del recibidor y el tío Paton entró en el oscuro
recibidor.
El señor y la señora Gunn continuaron con sus asuntos,
mientras Felix continuaba gritando, “¡Las luces papá! ¡Las luces! Paton, el que
eleva la tensión, está aquí.”
Charlie no podía ver la cara de su tío Paton, pero sabía que
su tío se estaba ruborizando por la manera por la que se aclaraba la garganta.
Todavía cantando, la señora Gunn asomó su cabeza por la
puerta de la cocina. “¿Qué, qué, qué, qué, qué, qué, qué, qué?” preguntó en la
escala de D mayor.
“¡EL SEÑOR YEWBEAM MAMÁ!” gritó Felix. “Está el señor
Yewbeam, apaga las luces.”
“¡Cielos!” cantó la señora Gunn, apagando las luces de la
cocina.
Esto provocó un musical grito en el señor Gunn cuando pisó
la gata sorda, y un gemido por parte de la gata, cuya cola había sido pisada.
“Así que Billy ha sido encontrado” dijo la señora Gunn
cuando le vio entrar cautamente en la cocina. “Bienvenido Billy, estarás seguro
aquí querido. Tantos niños, tanta música. Estarás bien escondido.”
Los tres visitantes se sentaron en la mesa de la cocina, y
mientras comían una selección de los exóticos sándwiches de la señora Gunn,
Felix les comunicó las noticias de la Academia Bloor. Felix había obtenido el
grado de música recientemente y estaba a punto de embarcarse en un tour mundial
con su grupo cuando había sido llamado por la Academia para ocupar el puesto
que un profesor de música había dejado vacante al desaparecer misteriosamente.
“Se llamaba Ebony” dijo Felix.
“Lo sabemos” dijo Charlie.
“No pude resistir la oferta” añadió Felix. “La paga es
realmente buena.”
“Seguramente” dijo el tío Paton. “Así que, ¿qué más ha
pasado?”
“¿Qué no ha pasado?” dijo Felix dramáticamente. “Gabriel
Silk está en coma. Ha dejado el colegio.”
“¿Qué?” exclamó Charlie “¿Cómo pasó?”
“No lo sé, escuché algo sobre una capa” dijo Felix. “Pero tu
otro amigo, el de las tormentas…”
“¿Tancred?, ¿qué ha pasado con él?” Charlie dejó caer su
sándwich y el gato se abalanzó sobre él.
“Se le ha ido la olla” dijo Felix. “No para de llover sobre
sus amigos. Fidelio se ha quedado empapado varias veces, al igual que Lysander,
y esa chica, Emma Tolly pasó un rato muy malo. Un rayo le dio en los dedos.”
“¡No en sus dedos!” Charlie apenas podía creerlo. ¿Qué podía
haberle pasado a Tancred para que desatara tormentas sobre sus amigos de esa
manera? Charlie había estado pensando en tomarse unas pequeñas vacaciones y
faltar al colegio durante el resto de la semana, pero eso estaba fuera de
cuestión ahora. Tenía que descubrir qué estaba pasando en la Academia Bloor. Las
palabras de la Cocinera brotaron en su mente. “Yo soy la piedra angular Charlie, yo mantengo el equilibrio. Si se va,
estamos perdidos.”
Entonces, ¿qué había pasado con la Cocinera?
“Tres contra seis” dijo para sí mismo Charlie. “Siete si
contáis a Manfred.”
“¿Qué pasa Charlie?” preguntó el tío Paton.
Charlie levantó la mirada “Tengo que volver a la Academia
Bloor.”
“No esta noche, querido niño” dijo su tío. “Las luces
estarán apagadas. Probablemente ni siquiera te abrirán la puerta.”
“Mañana entonces” dijo Charlie. “Tan pronto como sea
posible. Iría andando si fuera necesario.”
“No te preocupes” dijo Felix. “Yo te llevaré.”
Cuando Charlie y el tío Paton se levantaron para irse, hubo
un desagradable ruido bajo la mesa y el señor Gunn cantó. “¡Pusskins se ha
comido una chirivía otra vez!”
Charlie se quedó aliviado al ver que Billy se unía a las
risas. Estaba definitivamente en el lugar adecuado – al menos por ahora.
Tan pronto como Charlie entró en el número nueve y apagó las
luces del recibidor, la abuela Bone le gritó desde el salón. “No te molestes en
decirme dónde has estado. Ya lo sé niño
estúpido.”
“Cállate Grizelda” gruñó Paton.
Charlie fue atrapado por Maisie, quien lo arrastró a la
cocina iluminada por velas y le dio un enorme abrazo de oso. Su madre se unió
al abrazo, y cuando Charlie ya había sido lo suficientemente sofocado, le
permitieron sentarse a la mesa y beber un vaso de coca cola.
Naturalmente, Amy y Maisie querían saber todo lo que había
sucedido, pero el tío Paton insistió en que Charlie debía irse a la cama
mientras él les hablaba sobre el Castillo de los Espejos.
Los ojos de Charlie se cerraban
mientras se subía a al cama. La última cosa que vio antes de caer dormido, fue
el suave brillo de la polilla blanca cuando esta se posó en su mesilla de
noche.
Felix Gunn cumplió su palabra y apareció con un pequeño
coche de marca francesa, que aparcó fuera de la casa justo cuando Charlie
terminó el desayuno.
“¿Quién es ese?” demandó la abuela Bone, mientras Felix
llevaba a Charlie a la Academia Bloor.
“Nadie que te incumba” dijo Maisie.
Pero por supuesto, la abuela Bone estaba dispuesta a
descubrir lo que pasaba. Si fue la visita de Felix lo que dirigió su
atención hacia los Gunn, Charlie nunca
lo supo. Quizás los Bloor nunca habían considerado a la familia Gunn como unos
aliados serios de Charlie hasta que el hermano de Fidelio llegó al número
nueve. Pero una vez que los Bloor empezaran a interesarse en la casa Gunn, las
consecuencias serían desastrosas.
Charlie podía sentir la tensión en el aire tan pronto como
entró en la asamblea. Fidelio le apoyó haciéndole una señal con los pulgares
levantados desde el escenario, pero todos los demás le observaban
sospechosamente. Sintió como si tuviera monos en la cabeza o algo así “Y solo
he estado fuera dos días” se dijo a sí mismo.
Charlie finalmente consiguió llegar hasta Fidelio durante el
primer recreo.
“No sé quién ha estado expandiendo los rumores, pero han
estado rondando unas historias salvajes sobre tú y Billy” dijo Fidelio mientras
caminaban por el césped juntos. “La gente decía que habíais sido expulsados.”
“Será mejor que te cuenta la verdad” dijo Charlie.
Fidelio sugirió que siguieran caminando ya que había fisgones
por todas partes. Unos pocos minutos después, Lysander se unió a ellos. Charlie
nunca le había visto tan cabizbajo. Había sido él el que había encontrado a
Gabriel sin sentido debajo de la capa azul.
“Estaba preocupado cuando subí a la sala de música” el contó
Lysander a Charlie. “Especialmente porque Fido había visto a Dorcas Loom
llevando una capa a la torre. Tan pronto como encontré a Gabriel, se lo conté
al doctor Saltweather. Él llamó a la ambulancia.”
“Se lo contaste a la persona correcta” dijo Fidelio
gravemente. “Si se lo hubieras contado a la ama de llaves, el pobre Gabriel
probablemente nunca habría llegado al hospital.”
Era un pensamiento aterrador.
“Hubo una especia de terremoto esa noche” añadió Fidelio
después de una pausa. “Un gran redoble bajo tierra. Pero por la mañana todo
parecía normal.”
“¿Bajo tierra?” preguntó Charlie frunciendo el ceño.
“Y ahora mira a Tancred” Lysander apuntó al otro lado del
campo. “Tancred y esa pequeña sabandija.”
Charlie vio a Tancred y a Joshua riendo junto a Dorcas y el
resto de la gente. El jersey de Joshua estaba plagado de hojas secas.
“¿Pero cómo…?” empezó Charlie.
“¡Magnetismo!” masculló Lysander entre dientes.
“¿Joshua?” Charlie estaba incrédulo.
“No deberías sorprenderte” dijo Lysander sombríamente. “Mi madre sabe todo sobre ello. No
tienes que ser fuerte, o guapo, ni siquiera inteligente. Algunas personas
simplemente lo tienen. Pueden retorcerte entre sus pequeños dedos.”
“Pero Tancred” dijo Charlie incrédulo. “Estaba ayudándonos.
¿Cómo pudo volvernos la espalda – así de fácil? Digo, a ti no te ha pasado.”
“Yo estaba preparado” dijo Lysander. “Pero el magnetismo es
un don poderoso. Tienes que haberlo sentido, Charlie. Cuando Joshua te sonríe,
hay una especie de corriente que te hace desear ser su amigo, sin importar lo
que pienses o creas.”
“He sentido algo” admitió Charlie. “Pero no le permitiré que
me atrape.”
Lysander asintió y en un tono sabio y pensativo añadió. “Al
igual que Emma.”
“Emma es más fuerte de lo que parece” dijo Charlie. “Pero
Tancred. ¿Cómo puede ser Tancred – tan fácil de atrapar?”
Lysander suspiró. “Tancred es un buen tío, pero es un poco
vanidoso. Joshua se aprovechó de ello. Y ahora Tancred está en sus manos.”
“No puedo creerlo” dijo Charlie. Al otro lado del patio,
alguien gritó. Una de las niñas del primer curso había sido golpeada por un
gran tronco. Idith e Inez estaban sonriendo a unos pocos metros más allá.
“Han sido ellas” dijo Lysander. “Son malvadas, esas dos.”
Olivia y Emma habían visto a los chicos y se estaban
acercando a ellos cuando una nube explotó justo encima de las cabezas de las
chicas. Cuando corrían hacia los chicos, la lluvia se movía con ellas, por lo
que los tres chicos se giraron y corrieron hacia los árboles. Charlie tuvo la
fugaz imagen de la cara sonriente de Tancred y a Joshua Tilpin temblando de
risa.
“Lo ha hecho a propósito” gritó Olivia mientras corría a
ponerse a cubierto. “Me alegro de que estés de vuelta Charlie. Quizás puedes
hacer algo con respecto a Tancred.”
Charlie no sabía qué podía hacer. Giró observando el círculo
de caras. Se sentía bien saber que todavía tenía amigos en los que podía
confiar. Y luego se dio cuenta de las manos de Emma. La punta de cada dedo
estaba vendada. Solo sus pulgares se habían salvado del rayo, o lo que fuera
que la hubiera dañado.
“¿Fue realmente Tancred?” preguntó Charlie con la mirada
fija en los vendajes.
“No lo sé” dijo Emma. “Un momento estaba al lado de la gran
pila, hablando con Liv y al siguiente instante hubo un traqueteo de truenos, un
flash y todo el mundo gritó y corrió hacia el interior. Sentí una especie de escozor
en mis dedos…”
“Y yo miré sus manos” dijo Olivia, señalando los dedos de
Emma “Y estaban de un rojo brillante.”
“Están mejor ahora” Emma flexionó sus dedos. “Y no puedo
probar que fue Tancred.”
“Fue él” insistió Olivia. “¡Tienes que hacer algo, Charlie!”
“¿Yo?” dijo Charlie mientras todo el mundo le miraba.
“Puedes empezar por contarnos dónde has estado” dijo
Lysander.
“Está bien.”
Charlie les ofreció a sus amigos una amplia descripción de
su jornada en la playa de conchas y luego el extraordinario Castillo de los
Espejos. Hubo un grito de horror cuando les habló sobre Tantalus Ebony y
Christopher Crowquill. Nadie sabía qué decir hasta que Fidelio produjo un
pequeño gruñido y dijo “¿Así de simple? Es demasiado horrible.”
Charlie no les contó que había creído que Albert Tuccini era
su padre. Su decepción era todavía demasiado dolorosa.
“Es horrible, está bien” dijo Lysander. “Pero también es muy
posible. Todos conocemos a Albert Tuccini, ¿no? Vino a darnos un recital de
piano durante el semestre de primavera. ¿No os acordáis?”
El recuerdo vino flotando hacia ellos. “Por supuesto” dijo
Charlie lenta y tristemente. “Y la cara en la ventana de mi tía abuela, y el
piano en lo alto, después del fuego. Era Albert Tuccini todo el rato, no…no
alguien más.”
“¡Esas tías tuyas, las Yewbeam!” Lysander alzó sus grandes
ojos marrones al cielo.
“Son criminales Charlie. Han estado sacando beneficio del
pobre pianista, pretendiendo ayudarle pero todo el tiempo han ganado dinero con
sus conciertos. Que puñado de espantos.”
“Y que lo digas” dijo Charlie con una mueca.
La misteriosa ducha de Tancred había parado para el final
del recreo y los cinco amigos pudieron correr de vuelta al colegio sin
empaparse más.
Charlie decidió que tenía que encontrar a la Cocinera. Solo
ella era lo suficientemente sabia para aconsejarle. Pero no apareció a la hora
de la comida y Charlie temió que incluso la Cocinera hubiera caído presa de las
siniestras fuerzas que habían estado rondando por la Academia Bloor.
La hora de la merienda era la única oportunidad de
introducirse en la cocina, así que mientras que Fidelio vigilaba, Charlie saltó
el mostrador y entró en la ruidosa cocina.
“¿Qué es lo que quieres jovencito?” le preguntó una de las
asistentes de la Cocinera, una delgada joven con la cara roja y pelo esponjoso.
“Estoy buscando a la Cocinera” dijo Charlie.
“No se ha estado encontrado bien, querido. Se fue a
acostar.”
“Oh” Charlie no estaba seguro de qué hacer ahora. Las
habitaciones secretas de la Cocinera estaban detrás de un insignificante
armario de escobas. Ninguno de los miembros del personal de la cocina sabía de su
existencia. Quizás la Cocinera estaba escaleras arribas en la fría habitación
en la que los Bloor pensaban que dormía. Charlie tenía un fuerte presentimiento
de que se había ido a su acogedor apartamento bajo tierra.
“Gracias” le dijo a la ayudante. Se fue hacia la puerta de
la cafetería, pero tan pronto como la mujer se dio la vuelta, se giró y se
introdujo rápidamente detrás de uno de los mostradores. Tuvo que esperar hasta
que otro asistente se fuera a los fregaderos; luego avanzó hacia el armario de
escobas, abrió la puerta y se inclinó hacia dentro, cerrando la puerta detrás
de él.
Una pequeña clavija al fondo del armario servía como pomo de
la puerta, y cuando Charlie la giró, una puerta se abrió revelando un pasadizo,
Charlie cerró la segunda puerta. Ahora estaba rodeado por una absoluta
oscuridad. La Cocinera solía dejar una
suave luz ardiendo en el pasadizo, pero no aquel día. La inquietud de Charlie se transformó en un mal presentimiento.
Continuando su camino pegado a la pared, bajó dos escalones
y luego siguió caminando hasta que sintió un pequeño armario. Abrió la puerta y
entró en lo que anteriormente había sido una acogedora sala de estar. Aquel día
estaba irreconocible. Para empezar, el suelo resbalaba alarmantemente. Todos
los muebles estaban tirados por el suelo y hechos un desastre, apilados al
final de la habitación.
La débil luz de una lámpara volcada le mostró a Charlie una
figura yaciendo flácida en el suelo frente de la fría estufa negra. El perro,
Bendito, estaba sentado a su lado.
“¡Cocinera!” gritó Charlie.
Bendito le dirigió una mirada lúgubre a Charlie mientras
avanzaba hacia él.
La Cocinera tenía un aspecto terrible. Su pelo gris se había
vuelto completamente blanco. Su usualmente sonrosado rostro ahora estaba pálido
y sin color y parecía haber perdido gran parte de su peso.
“Charlie” gimió la Cocinera. “Has vuelto.”
“¿Qué ha pasado Cocinera?” gimió Charlie.
“El equilibrio se ha ido. Te lo dije, ¿no? Debemos mantener
el equilibrio.”
“Pero yo pensaba que tú mantenías el equilibrio. Dijiste que
eras la piedra angular” dijo Charlie enfadado.
“No puedo mantenerlo si tú no estás aquí, ¿no crees?” la
Cocinera habló con una suave y resentida voz. “Tú y Billy, los dos
desaparecidos, y ese espantoso niño del magnetismo, tomando el control.”
“Lo siento” murmuró Charlie. “Llevé a Billy al Castillo de
los Espejos.”
“Eso escuché. Alice Angel me lo contó todo. Ese pobre señor
Crowquill. Te lo creas o no, sabía que había algo raro sobre Tantalus Ebony.
Ayúdame a levantarme, Charlie.”
Mientras Charlie la ayudaba a ponerse de pie, la Cocinera
dijo “Me estaba sintiendo tan mal que decidí echarme una siesta. La estufa se
salió y luego todo sucedió” – indicó el revoltijo de
muebles al final de la habitación – “y no la pude volver a meter en su sitio.”
El suelo resbalaba de semejante manera que Charlie tenía
dificultades para mantener el equilibrio, intentar ayudar a la Cocinera a
ponerse de pie era impensable. Mientras ella se aferraba a la repisa de la
chimenea, Charlie rápidamente cogió una silla y empujó algunos periódicos
debajo de las patas delanteras. Cuando la silla estaba razonablemente estable,
Charlie ayudó a la Cocinera a sentarse.
Ella se sentó, hundiéndose en ella, y acarició su barbilla.
“¡Aah! Esto está mejor” Bendito arrastró los pies hasta colocarse cerca de su
silla. “Este viejo perro me ha hecho compañía, bendito sea” acarició la cabeza
arrugada del perro.
“¿Cuándo pasó todo esto?” preguntó Charlie.
“La noche del lunes.
Después de que encontraran al pobre Gabriel. Y no puedo decir que me
sorprendiera, contigo fuera y el chico Torsson portándose mal.”
“Pensaba que estaba haciendo lo correcto, llevándome a Billy
al Castillo de los Espejos” dijo Charlie.
“No digas eso, Charlie Bone” dijo la Cocinera enfadada. “No
estabas pensando en Billy. Te creíste que encontrarías a tu padre. Tiraste la
razón y el control por la borda, ¿no crees? Una vez más, te fuiste por ahí sin
pensar en nadie más.”
Charlie suspiró profundamente. “Yo quería ayudar a Billy,
enserio. Es solo que…bueno, también quería encontrar a mi padre.”
La Cocinera fijó su mirada en él. “No puedo culparte,
Charlie” dijo gentilmente. “Lamento que no hayas encontrado a tu padre.”
Charlie esquivó los ojos de la Cocinera y miró sus pies.
“Así que, ¿qué puedo hacer ahora?”
“Sinceramente, no lo sé. Necesitamos otro niño dotado.
Alguien que puedo poner la amistad antes de sus propios intereses. Alguien que
trabaje con nosotros. Quizás entonces, las cosas se equilibrarán.”
“Creo que sé de alguien que quizás tenga un don” dijo
Charlie. “Pero ellos no lo admitirán.”
“Bueno, independientemente de si lo está, necesitaremos un talento
sumamente poderoso para restablecer el equilibrio está vez” la Cocinera se puso
de pie y estiró su arrugado delantal. “Será mejor que vuelvas a hora, Charlie.
Bendito y yo te seguiremos a un paso más lento.”
Cuando Charlie finalmente se las ingenió para salir por la
puerta de la cocina, encontró a Fidelio sentado solo, mientras la asistente del
pelo esponjoso limpiaba las mesas vacías. “¿Y de dónde sales tú?” le ladró a
Charlie.
“Fue a buscar un trapo” dijo Fidelio, quien había hecho un
desagradable charco de migas y zumo de naranja en su mesa.
“Niños” gruñó la mujer. “Mis hijas no hacen esa clase de
desastres.”
“Me alegro de escucharlo señora” dijo Fidelio. “Buenas
tardes” y luego arrastró a Charlie, quien estaba sin palabras, fuera de la
cafetería.
“Así que, ¿qué está pasando?” le preguntó Fidelio en voz
baja mientras los dos chicos se alejaban por el pasillo de los retratos.
“La Cocinera está mal” dijo Charlie sombríamente. “Y tengo
que encontrar a alguien que pueda darle la vuelta a todo esto.”
“Es una tarea imposible” gruñó Fidelio.
Los niños casi habían llegado al
recibidor, y al ver a Manfred bajando por las escaleras, Charlie susurró
“Quizás no.”
Hacer los deberes en el Salón del Rey aquella noche fue
incluso más desagradable de lo que Charlie había esperado.
“Me alegro de que hayas vuelto con nosotros, Bone” dijo
Manfred cuando Charlie entró.
Charlie tomó asiento al lado de Emma mientras seis rostros
poco amigables le observaban desde el otro lado de la mesa. Tancred se sentaba
solo, notó Charlie, así que todavía cabía la esperanza de que Joshua no lo
controlara por completo. Al otro lado de Emma, Lysander se mantenía con la
cabeza baja. Se ocupaba de su trabajo, reusando mirar a nadie más.
Las gemelas empezaron los problemas: los libros de Charlie
fueron enviados volando lejos de la mesa y Emma fue golpeada por un estuche de
lápices. Cuando el libro de ejercicios de Lysander fue rasgado por la mitad y lanzado
hacia el techo, el chico perdió la paciencia.
“¡Parar de una vez, basura!” le gritó a las gemelas, arrojando
un libro en su dirección.
Las gemelas se agacharon juntas. No lloraron, ni siquiera
fruncieron el ceño. Sus rostros se mantuvieron completamente vacíos.
Manfred ladró “La próxima vez que abras la boca te ganarás
un castigo, Sage.”
Lysander produjo un sonido ambiguo y se sentó.
Joshua le sonrió a Tancred, y durante los siguientes
minutos, Charlie, Emma y Lysander fueron víctimas de una ligera llovizna que
empapó su pelo y su trabajo. Sorprendentemente, Manfred vino a su rescate.
“Para eso sabelotodo” le ladró a Tancred.
De alguna manera, Charlie sobrevivió a aquella noche y
también todo el día siguiente. Pero la noche del jueves estuvo despierto, hasta
mucho después de que se apagaran las luces, intentando decidir cuál sería su
siguiente movimiento.
Se escuchó la puerta de un coche cerrarse de golpe. Hubo
pasos apagados en el patio de abajo. Charlie corrió hacia la ventana y miró
hacia abajo. Manfred y Weedon estaban arrastrando a un pequeño niño de pelo
blanco hasta las puertas principales.
Billy había sido encontrado.
Capítulo 17: El tejo negro
*Os recuerdo que Yew significa Tejo, por lo que Yewbeam significa Semilla de Tejo
**Grajo es Crow y Raven es Cuervo
Charlie buceaba a través de la imagen como un nadador por
debajo del agua. Viajar por un reflejo era muy diferente a entrar en una
pintura o en una fotografía. El rostro de Amoret continuaba desapareciendo. Era
como si estuviera intentando enviarle de vuelta.
Pero Charlie no se iba a ir. Luchó por avanzar, aguantando
aquel pesado aire, pateando contra la corriente que lo enviaban de vuelta. Al
final, consiguió entrar de golpe en una habitación en la que una mujer se
encontraba agarrando dos niños. El príncipe Amadis se había ido y Amoret miraba
directamente a Charlie.
“Vete” gritó Amoret. “¡Seas quien seas, debes irte!”
Solo ahora, Charlie se había dado cuenta de los terribles
sonidos que provenían del exterior de la habitación. El choque de las rocas
contra una pesada puerta, el siseo de las flechas y los gritos y gemidos de la
batalla. Salió flotando al patio de armas, y en el medio de una multitud
atrapada por el pánico, vio a un pequeño niño con el pelo blanco y con un
cuervo en el hombro. El niño corrió hacia una almena y subió por su interior.
Al siguiente momento, las paredes del castillo estaban en llamas y Charlie se
vio rodeado por una muralla de fuego.
“¡Ayuda, ayuda!” gritó Charlie.
Algo lo arrastró hacia abajo. No podía escapar, no podía
respirar.
Hubo un ensordecedor crujido, seguido del sonido de cristal
rompiéndose. A Charlie le recordó a los accidentes del tío Paton, e
inmediatamente se tranquilizó ¿Estaba seguro en su hogar?
“¡Charlie! ¡Charlie, vuelve!” gritó una voz distante.
Charlie pestañeó y se encontró a sí mismo mirando un espejo
roto con luces bailando en cada pequeña fisura. Había cristal roto alrededor
suyo, brillando como si fuera oro.
“¿Charlie?” Billy estaba detrás de él, sosteniendo una vela.
“¿Estás de vuelta?”
Charlie volvió a parpadear y se abrazó a sí mismo. “Sí, he
vuelto.”
“El señor Tuccini tuvo que romper el cristal. Pensamos que
te habías quedado atrapado en la pared de la historia.”
“Parecía la única manera de sacarte de ahí” Albert Tuccini
bajó la mirada hasta Charlie. “Es algo extraño lo que haces, estos viajes. No
siempre salen bien, me temo.”
“No, no siempre” admitió Charlie. “Pero es que tenía que
entrar ahí, mi ancestro Amoret estaba ahí dentro también. Ella tiene que haber
estado en el castillo cuando fue prendido en llamas, antes de que se
convirtiera en cristal. Pero, ¿dónde estaban sus hijos?”
“No siempre es posible encontrar una respuesta” dijo Albert un poco triste.
“Ven. Has experimentado cosas horribles. Debes descansar.”
“La pared de la historia está rota, y es por mi culpa” se
lamentó Charlie, sintiéndose culpable.
“Solo la superficie” dijo Albert. “Las paredes son gruesas,
pueden soportar mucho más que mi viejo zapato.” El hombre alzó un zapato negro,
que procedió a ponerse en su pie izquierdo, atándolo firmemente antes de
acercarse a la escalera.
Cuando Charlie descendió a la habitación de Albert Tuccini,
la luz del amanecer estaba empezando a brillar a través de las paredes de
cristal. La tormenta se había ido y Albert anunció que haría un día precioso.
Si se iban pronto, la marea los llevaría a salvo hasta la bahía.
“Vendrá con nosotros, ¿no?” le rogó Charlie.
Albert extendió sus manos. “Me temo que no.”
“¿Pero por qué? Te mantendremos a salvo” declaró Charlie.
“Debes volver con nosotros – por mamá – y por todo.”
“¿Tengo una esposa?” Albert lucía asombrado.
“Por supuesto. ¿Cómo te crees que llegué yo aquí entonces?”
dijo Charlie indignado. Empezó a sentir un pánico que crecía por momentos.
Temía que su padre se quedara en un sitio en el que no volvería a verlo, si la
abuela Bone descubría la visita de Charlie a la isla, las Yewbeam moverían a su
padre a un lugar incluso más inaccesible.
Fue Billy el que convenció a Albert que tenía que venir con
ellos. “No podemos llevar el bote nosotros solos” dijo, con sus ojos
agrandándose por la ansiedad. “Le necesitamos, señor Tuccini. Charlie no es lo
suficientemente fuerte para remar todo el camino de vuelta.”
Albert mesó su rizado cabello. “Muy bien. Quizás es lo que
debo hacer.” Guió a los chicos fuera de la torre y cruzó el patio de armas
hasta una puerta situada en las paredes de cristal. Un empujón y el panel de
cristal se balanceó hasta abrirse. Cuando hubieron salido, Albert cerró el
panel. Ahora era completamente indistinguible del resto de la muralla. “Solo
puede ser abierta desde el interior” les contó Albert a los chicos. “Para
entrar uno debe usar el canal del vertedero.”
La visión de la tía Eustacia deslizándose por el vertedero apareció
en la cabeza de Charlie e hizo que sonriera para sí mismo.
Mientras caminaban de vuelta a la costa, Charlie le habló a
Billy sobre el niño de pelo blanco que había visto trepando en la torre. “Así
fue como sobrevivió” le dijo a Billy. “Trepó fuera después de que empezara el
fuego, de alguna manera llegó al continente y viajó hasta el centro de Europa
con su cuervo. De ahí proviene tu apellido. Y tu guardián, Christopher
Crowquill – su ancestro era el hermano de tu ancestro.”
“Quizás puedo vivir con Christopher Crowquill” dijo Billy
lleno de esperanza.
Charlie se mantuvo en silencio. El pobre Christopher estaba
en tanto peligro como Billy. Probablemente no podría cuidarlo. “Mi tío Paton
sabrá qué hacer” murmuró Charlie.
Albert Tuccini iba delante de los niños. Les dijo que solía
caminar hasta la costa todos los días. “Para hacer ejercicio, sabes” les gritó.
“Para llenar mis pulmones y mantener mis piernas en forma.”
Por suerte la tormenta había empujado el bote más hacia el
interior en vez de al mar. Albert y los niños remangaron sus pantalones y se
quitaron los calcetines y los zapatos. Empujaron el bote hasta el agua y
mientras Charlie y Billy se apretaron en un asiento, Albert se sentó en el
contrario y cogió los remos. Su espalda daba a los altos acantilados de tierra
firme, así que no pudo ver a las dos figuras que se encontraban en la distante
playa.
Charlie fue el que los vio primero. Su corazón dio un bote.
¿Eran las Yewbeam? Billy vio las figuras también y tiró de la manga de Charlie.
“Han venido a por mí” lloriqueó. “Debería haberme quedado en la isla.”
“No habrías estado seguro de todos modos” le dijo Charlie.
“Cálmate, puede que no sean ellas.”
Albert miró sobre su hombro. “Gente. ¿Puedes ver quiénes
son, Charlie? ¿Queréis volver al castillo?”
Charlie entrecerró los ojos y fijó su vista en la playa.
“No” dijo lentamente. “Creo – sí, sí, estoy seguro de que sé quién es.” Una de
las figuras se estaba empezando a distinguir claramente. Un hombre alto con
pelo y abrigo negro. “¡Sí!” gritó Charlie. “Es mi tío Paton. No sé quién es la
otra persona, pero es muy pequeño y está como encogido. No creo que sea
peligroso.”
La emoción de Charlie pudo con él, haciendo que diera
saltitos en su asiento, provocando que el bote se balanceara.
“¡Wow!” gritó Albert.
“¡Por poco nos hechas al agua, Charlie Bone!”
Ayudados por la marea que subía, se acercaban cada vez más
rápido a la playa. Charlie no podía esperar a ver la cara de su tío cuando
Albert pisara la arena, Lyell Bone había sido el mejor amigo del tío Paton, y
seguramente Paton podría ayudarle a recordarle quién era en verdad.
“¡Tío Paton!” gritó Charlie. “¡Adivina a quién he
encontrado!”
Paton agitó sus manos y exclamó. “Veo que tienes que Billy
Raven contigo. Y aquí está el señor Crowquill.”
“¡No, no! No lo entiendes.” Charlie no podía soportar el
suspense.
Albert volvió a mirar a la playa, pero el tío Paton no dio
signo alguno de haberlo reconocido. El bote chocó contra un banco de arena y
Albert y los chicos salieron de él, salpicando a través del agua poco profunda mientras tiraban del bote hasta la playa.
Charlie no pudo esperar más. “Mira tío Paton, he encontrado
a mi padre.”
El tío Paton le regaló a Albert un ceño fruncido. De pronto,
dijo “Charlie, este no es tu padre.”
Charlie estaba tan sorprendido que ni siquiera podía hablar.
“Me llaman Albert Tuccini” dijo Albert, extendiendo su mano.
“Estoy encantado de conoceros.”
El tío Paton se presentó a sí mismo y a Christopher y todos
se estrecharon las manos.
Charlie se sentía como si hubiera un enorme peso en su
pecho. Le causaba tanto dolor que no podía pensar, no podía moverse. La inmensa
nube de decepción convertía las voces a su alrededor en un sordo murmullo. Se
daba cuenta vagamente de que Christopher Crowquill estaba abrazando a Billy. Y
vio al tío Paton escuchando a Albert y alzando su mirada sobre el mar hasta el
Castillo de los Espejos. Su tío debía de haber persuadido a Albert para que no
volviera a la isla, porque al siguiente momento el feliz grupo estaba andando
por la playa.
“¿Charlie, estás bien?” El tío Paton volvió la mirada y
esperó a su sobrino.
“Yo…yo… sí” dijo Charlie miserablemente. Caminó hasta su
tío.
“Has sufrido una terrible decepción. Lo lamento tanto
Charlie” el tío Paton apretó su hombro.
“Está bien, estaba siendo un tonto. Sabía que no podía ser
realmente él.”
“Un día lo será” dijo el tío Paton.
Charlie observó a su tío y a Albert mientras empujaban el
bote para meterlo en la cueva. Y luego pronto estaban todos trepando las
paredes de roca hasta llegar a otra bahía en la que un estrecho camino subía hasta
lo alto de los acantilados.
Christopher Crowquill lideraba la marcha con Billy detrás de
él. Luego venía el tío Paton seguido por Charlie. Albert Tuccini cerraba la
marcha. Era una subida peligrosa, y cuando estaban a mitad de camino, el tío
Paton dijo “Deberíais habernos visto bajando, Charlie. La mitad del tiempo
estábamos de rodillas.”
Charlie se las arregló para sonreír levemente. Volvió su
mirada al Castillo de los Espejos, estaba sumergido en la niebla, pronto sería
invisible. Pero sus preciosos secretos continuarían ahí, escondidos en las
paredes de la historia y algún día Charlie volvería para encontrarlos.
Para cuando llegaron a lo alto del acantilado, la marea
había subido, y al mirar hacia abajo, Charlie vio las espumosas olas chocando
contra la barrera de melladas rocas negras.
Albert Tuccini había estado observando a Charlie
ansiosamente. Puso una mano en el brazo de Charlie y dijo “Lamento que yo no
sea tu padre.”
“Está bien” dijo Charlie sin
convicción.
Estaban caminando por lo alto del acantilado hacia la
carretera en la que el tío Paton había aparcado su coche. Mientras se alejaban
del mar, un pájaro dio un súbito graznido y se alejó volando por el cielo.
Girando para ver qué había asustado al pájaro, Charlie vio una silueta oscura
en el medio del sendero.
El tío Paton ando más lentamente. “Pero que…” sacudió la
cabeza. “Es un árbol” avanzó hasta adelantar a los demás.
Cuando se acercaron al árbol, vieron que era rechoncho y
curiosamente contrahecho. Sus torcidas ramas estaban pobladas de conjuntos de
finos agujeros, agujas ennegrecidas, y
la corteza de su nudoso tronco estaba hendido con cicatrices.
“Un tejo negro” la voz de Paton estaba teñida de horror.
Delante de sus ojos, una cara similar a la de un gnomo
apareció en la rugosa corteza. Las ramas se sacudieron, haciendo caer sus
agujas como una lluvia oscura, y el retorcido tronco lentamente asumió la forma
de un hombre alto. Era Tantalus Ebony. Observó al inmóvil grupo, sus delgados
labios se curvaron en una sonrisa maliciosa.
Charlie no podía creer lo que veían sus ojos. ¿Tantalus
Ebony era un cambiador de forma?
El hombre habló. “Nos encontramos de nuevo, Paton Yewbeam.”
“¿Qué…?” empezó Paton.
“Ven, ven Paton. No me digas que no has estado esperando
este momento. Te lo advertí, ¿no te acuerdas?, ¿no te acuerdas de que si le
hacías daño a mi Yolanda lo pagarías con tu vida?” Su voz era familiar, y
parecía provenir de lo más profundo de la tierra. “¡TÚ MATASTE A MI QUERIDA!”
rugió súbitamente el cambiador de forma.
“¡Yorath!” exclamó Paton lleno de miedo “Tu hija era un
monstruo.”
El cambiador de forma dio un grito de furia y cargó contra
el tío Paton. Charlie veía venir lo que iba a pasar. Sin importarle su propia
vida, Tantalus llevaría a su tío hasta el acantilado. Charlie se agarró
fieramente a Paton, pero su tío apartó sus manos y avanzó un paso.
En un súbito instante, un pequeño cuerpo voló hasta Tantalus. Por un momento, estaban luchando
juntos, y luego, asombrosamente, Christopher Crowquill estaba empujando con
todas sus fuerzas al cambiador de forma hacia el acantilado. Todo sucedió tan
deprisa que ningún grito, ningún movimiento fue lo suficientemente rápido para
parar su precipitada carrera hacia el borde del acantilado – ¡y sobre él!
Hubo un grito, un sollozo, y luego el silencio.
Paton corrió hasta el lugar por el que habían desaparecido
las dos figuras. Agitó sus brazos al ver que Charlie y Billy avanzaban hacia
él. “¡No!” les ordenó, forzándoles a que retrocedieran. Pero Charlie ya había
visto el mar burbujeante y las oscuras rocas. No había anda más, exceptuando un
pájaro negro flotando en las olas. ¿Un grajo?, ¿un cuervo?, ¿o un cambiador de
forma?
“El pobre hombre dio su vida por mí” dijo Paton roncamente.
“¿Por qué?” gimió Billy “¿Por qué lo ha hecho? Era mi único
pariente. Mi guardián. Ahora no queda nadie otra vez.”
“Nos tienes a nosotros” dijo Charlie.
“¿Por qué?, ¿por qué?” Paton negó con la cabeza. “No tiene
sentido.” Encuadró sus hombros y pareció como si tirara de sí mismo. “Debemos
irnos de aquí. Alertaré a los guardacostas cuando nos hayamos alejado un poco
de este terrible lugar. No podemos hacer nada más.”
En un silencio aturdido, continuaron caminando hasta que
llegaron al coche de Paton. Charlie y Billy se sentaron en el asiento trasero,
mientras que Albert se colocaba en el asiento del pasajero.
Mientras conducía, el tío Paton le explicó el ataque del
cambiador de forma al desconcertado Albert Tuccini. “Es tan viejo que no tiene
forma propia y tiene que tomarla prestada de otros seres, y a veces también
toma su mente. Su hija era igual de mala. Mató a mi madre y luego intentó
deshacerse de una persona muy querida por mí.”
Charlie susurró “¿La señorita Ingledew?”
Billy se alejó y se acurrucó en una esquina, era la viva
imagen de la miseria.
“Menudo demonio debe de ser esa Yolanda” dijo Albert.
“Era, la electrocuté” añadió Paton categóricamente.
Si Albert estaba asombrado, no lo mostró. Quizás alguno de
sus recuerdos estaba volviendo a él. Recuerdos que quizás eran tan malos, que
nada podía sorprenderle de nuevo.
Después de haber viajado un rato, pararon a un café al borde
de una pequeña ciudad. El día
era cálido y soleado y el tío Paton escogió sentarse en una de las mesas del
exterior. Le dio a Charlie una lista y suficiente dinero para pagar las cuatro
comidas. Billy, quien parecía haberse recobrado un poco, siguió a Charlie a una
habitación escasamente iluminada por muchas luces suaves.
“Que bien que tu tío no entró” dijo Billy, tirando del codo
de Charlie mientras este le leía la lista a una mujer con el pelo morado que
había al otro lado del mostrador.
Charlie le dedicó al pequeño niño una mirada de advertencia,
y Billy preguntó con tono culpable “No he dicho nada malo, ¿no?”
Charlie le sonrió a la mujer de pelo morado y ella le
devolvió la sonrisa con una mueca de sorpresa antes de desaparecer detrás de
una cortina hecha de semillas.
Cuando Charlie y Billy volvieron a su mesa, el tío Paton
estaba en un teléfono público al otro lado de la carretera.
“Le está contando a la policía lo del accidente” dijo
Albert. “Es una cosa terrible.”
“Una cosa mala y una cosa muy buena realmente” dijo Charlie
sin pensar.
Billy le dirigió una mirada de dolor. Albert no dijo nada.
Unos instantes después, una chica con un vestido negro muy corto apareció con
una bandeja con sándwiches, agua, zumo de naranja y café. El tío Paton volvió
de la cabina de teléfono, diciendo que había intentado explicar lo que había
pasado con todas sus fuerzas, pero la policía parecía creer que era un engaño.
“No sé qué más puedo hacer” el tío Paton lanzó una mirada inquieta
en la dirección de Billy. “Es por Alice, ¿cómo se lo voy a decir? Se le romperá
el corazón.”
“Como a mí” dijo Billy, con la mirada fija en un sándwich de
jamón que no podía comer.
“Billy, querido niño, no sé si esto te ayudará, pero tu
guardián se preocupaba mucho, mucho por ti. Hizo lo que hizo por una buena
razón. De hecho, creo que se sacrificó por ti. Durante siete largos años,
esperó para verte. No habría desperdiciado tan fácilmente una oportunidad para
estar contigo.”
Con una débil voz, Billy dijo
“Oh.”
Albert Tuccini se mantuvo callado durante la comida. Había
una extraña mirada distante en sus ojos, y parecía apenas consciente de los
demás. Cuando los sándwiches se terminaron (Charlie se comió el de Billy)
Albert anunció que se iba dentro para encontrar el cuarto de baño de hombres.
Muchos minutos pasaron. Cuando pasó un cuarto de hora y
Albert Tuccini todavía no había vuelto, el tío Paton empezó a ponerse ansioso y
envió a Charlie a mirar lo que pasaba en el cuarto de baño. No había nadie
dentro.
El tío Paton frunció el ceño cuando escuchó las noticias.
“¿Nadie?, ¿estás seguro?”
“Más o menos” dijo Charlie.
Paton se levantó. “Iré a echar un vistazo.”
“¿Crees que deberías? Hay muchas luces ahí dentro…” empezó
Charlie.
Pero su tío ya estaba atravesando la puerta del café.
Charlie rezó porque no hubiera un accidente. Unos momentos después, se escuchó
la voz de un hombre gritando “Sue, las luces del baño se han ido. Hay un
desastre tremendo aquí dentro, hay cristal por todas partes.”
El tío Paton salió apresuradamente. Estaba bastante
ruborizado. “¡Menuda molestia!” murmuró. “A pesar de todo, estoy seguro de que
nadie nos puede señalar.”
Había sido seguido por la mujer de pelo morado, quien
parecía extremadamente irritada. “¿Es usted el señor Paton Yewbeam?” le
preguntó.
“Eh… sí” respondió el tío Paton nerviosamente.
“Aquel hombre dejó una nota para usted” le pasó a Paton una
nota doblada y se alejó gruñendo que ya tenía suficiente trabajo como para
encima tener que llevar notas y limpiar cuartos de baño.
El tío Paton desdobló la nota. Su expresión se volvió muy
grave mientras la leía. “No puedo decir que esto me sorprenda. Pobre hombre.”
“¿Qué dice?” le rogó Charlie.
Su tío leyó la nota en voz alta.
“Querido señor
Yewbeam
He disfrutado mucho
al conocerle a usted, a Charlie y a Billy. Pero ahora, debemos tomar caminos
separados. No se preocupe por mí, se lo ruego, es mejor de esta manera. Quizás
nos volvamos a encontrar en tiempos mejores
Su humilde amigo
Albert Tuccini (así
llamado).”
“¿A dónde irá?” preguntó Charlie. “Si ni siquiera sabe quién
es.”
El tío Paton se encogió de hombros y guardó la nota en su
bolsillo. “Tengo entendido que es un magnífico pianista, Charlie. Debemos tener
la esperanza de que encontrará un lugar en el mundo.”
Caminaron de vuelta hasta el coche e iniciaron otro largo
viaje hacia el sur, hacia la calle Filbert y la Academia Bloor.
La súbita y espantosa partida de Christopher Crowquill había
trastocado todos los planes que maquinaba la mente de Charlie, pero ahora, el
recuerdo de su viaje con la reina Berenice volvió flotando y no sabía cómo se
le había olvidado contárselo a su tío.
“No me preguntaste cómo encontramos la isla” le dijo,
inclinándose sobre el asiento de Paton.
“Tu amigo Tancred me habló sobre el caballo blanco, si es
eso a lo que te refieres” dijo el tío Paton. “No conseguía que dejara el
teléfono, me lo contó todo: los juramentos y los ogros, los espíritus y la
tormenta. Y ese chico habría seguido hablando si no le hubiera parado. No
estaba interesado en ello. Vosotros dos ciertamente habéis pasado por el escurridor
durante estos días.”
“¿Escurridor?” preguntó Billy.
“Exprimidos,
destrozados, escurridos," explicó el tío Paton.
"Destrozados," dijo Billy en voz baja "Sí, me
siento destrozado.”
“Chicos, yo debería…” el tío Paton dudó, y luego añadió “Da
igual” Charlie se preguntó qué iba a decir su tío. En su voz había detectado
una nota de advertencia, pero quizás pensaba que ya habían pasado por
suficientes cosas por un día.
Hubo un largo silencio y luego Charlie dijo “La reina huyó
cuando vio la isla. Me pregunto a dónde se fue.”
Al mencionar a la reina, Billy se incorporó y una sonrisa
cruzó su rostro. “Ella dijo que no nos abandonaría. Creo que volveremos a
verla. De hecho, sé que volveremos a verla. Es como una especie de madre.”
Charlie estaba feliz por escuchar a Billy hablando de una
manera tan esperanzada. Deseó sentirse de la misma manera.
Un pequeño punto de luz brillante se trasladó a su manga, e
inclinándose hacia delante, Charlie dijo “Tío Paton, he encontrado mi varita. O
ella me encontró a mí. Se ha convertido en una polilla.”
“Estaré atento. ¿Qué será lo siguiente?”
La compañía de la polilla era reconfortante para Charlie,
que en esos momentos sentía grandes necesidades de apoyo. “No le dirás a mamá
lo que pensé, ¿no?” le preguntó a su tío. “¿Sobre mi padre?”
“No Charlie. Me guardaré eso para mí.”
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