Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

domingo, 16 de octubre de 2011

Capítulo 3: El niño con papel en el pelo

“¡Silencio!” siseó la voz.
Charlie se encogió contra la pared mientras la persona, o cosa, pasaba de largo y se dirigía hacia la puerta que llevaba al vestíbulo.
Charlie no sabía qué hacer. ¿Debía volver por donde había venido o arriesgarse a entrar a la torre?  La persona que había pasado a su lado podía estar en el pasillo, esperándole. Escogió la torre.
Tan pronto como llegó a la habitación redonda y soleada que se encontraba al final del pasillo, Charlie se sintió mejor. Esas alas púrpuras habían sido los brazos de una capa, razonó. Y la persona enfada era probablemente alguien del servicio del colegio discutiendo con alguien. Comenzó a subir por la larga escalera de caracol hacia lo alto de la torre. La Academia Bloor tenía cinco pisos, pero la clase de música del señor Pilgrim estaba en otra ala.
Charlie llegó al pequeño rellano donde los libros de música rebosaban las estanterías, llenaban cajas y formaban altas pilas en el suelo. Entre las hileras de estanterías, una pequeña puerta de roble permitía el acceso a la sala de música. Un mensaje había sido clavado en el centro de la puerta:
El señor Pilgrim se ha ido.
Charlie rebuscó en las cajas, levantó pilas de partituras y buscó detrás de pesados libros en las estanterías. Encontró una flauta, un puñado de cuerdas de violín,  una caja de galletas y un peine, pero ninguna trompeta.
¿Había algún punto en intentar buscar en la habitación tras la puerta? Charlie recordaba haber visto un gran piano y un taburete, nada más. Volvió a mirar a la nota. El señor Pilgrim se ha ido. Tuvo el presentimiento de que había otro mensaje detrás de esas cinco palabras: “No entres, no eres bienvenido aquí”.
Pero Charlie era un chico que no solía hacerle mucho caso a lo que decían las señales. En ese momento, aún así, llamó a la puerta antes de entrar. Para su sorpresa, obtuvo respuesta.
“Si” dijo una voz cansada.
Charlie entró.
El doctor Saltweather estaba sentado en el taburete. Sus brazos estaban plegados el interior de su capa azul, y su delgado pelo se encontraba colocado de una manera descuidada.  Tenía una expresión que Charlie nunca había visto antes en su cara: una mirada de preocupación y consternación.
“Perdóneme señor” dijo Charlie “Estaba buscando mi trompeta”
“Eso parece" Dr. Saltweather miró a Charlie.
“Pero supongo que no está aquí”
“Nada está aquí” dijo el doctor Saltweather.
“Lo siento señor” Charlie estaba a punto de irse cuando algo le hizo preguntar, “¿Dónde está el profesor Pilgrim, señor?”
“¿Dónde?” el doctor Saltweather miró a Charlie como si acabara de verlo. “Ah, Charlie Bone”
“Sí, señor”
“No sé dónde se ha ido el señor Pilgrim, es un misterio”
“Oh” Charlie estaba a punto de irse otra vez, pero en ese momento se encontró a sí mismo diciendo “Me encontré con alguien en el pasillo, pensaba que podría ser él”.
“No Charlie” El profesor habló de manera forzada. “Seguramente era el señor Ebony, vuestro nuevo profesor”
“¿Nuestro profesor?” Charlie tragó saliva. El pensó en las alas púrpuras y la voz silabeante.
"Sí. Es un poco preocupante, por decirlo de alguna manera." El doctor Saltweather le dirigió a Charlie una mirada escrutadora, como preguntándose si podría decir más. "El señor Ebony vino aquí a enseñar historia" continuó, "pero se presentó con una carta de renuncia del señor Pilgrim que no sé cómo consiguió y ahora esto… El hombre quiere enseñar piano" el doctor Saltweather alzó la voz. "Él viene aquí, coloca un mensaje en la puerta, y trata de mantenerme fuera de una habitación en mi propio departamento.... ¡Es intolerable!"
“Sí señor” asintió Charlie. “Pero estaba llevando una capa púrpura, señor”
“Ah, sí, ¡eso!” el doctor Saltweather se pasó la mano por su pelo canoso. “Parece que el señor Tantalus Ebony está en el departamento de Teatro, luciendo el púrpura.”
Charlie dijo, “Ya veo”, aunque en aquel momento estaba bastante confuso. Él nunca había oído hablar de un profesor que enseñara en tres departamentos a la vez.
“Son los arreglos del doctor Bloor, así que, ¿qué puedo hacer yo?” el doctor Saltweather extendió sus manos. “Es mejor dejarlo correr; Charlie. Siento lo de tu trompeta. Prueba en una de las salas de arte, ahí siempre están dibujando nuestros instrumentos musicales.”
“Arte. Gracias señor” dijo Charlie agradecido. Solo se podía llegar a las salas de arte subiendo por la escalera principal, y cuando Charlie puso el pie en el primer escalón, Manfred Bloor salió de una puerta del vestíbulo.
“¿Has terminado de escribir tus líneas?” preguntó Manfred fríamente.
“Eh… no”
Manfred se acercó a Charlie. “No te olvides o tendrás que escribir otras cien.”
“Sí Manfred, digo no.”
Manfred hizo un gesto de irritación y se largó.
“¡Perdona!” dijo Charlie de repente, “¿pero tú continúas siendo, eh…, un alumno, Manfred?”
“¡No, no lo soy!” le espetó el joven. “Soy un asistente de los profesores. Y llámame señor”
“Sí señor” La palabra señor le sonaba rara aplicada a Manfred, pero Charlie sonrió, esperando haberlo dicho de la forma correcta.
“Y no lo olvides” Manfred se marchó de vuelta a la sala de los prefectos y cerró de golpe la puerta.
Charlie todavía no había encontrado la oficina de Manfred. Ahora tenía que encontrar su trompeta y escribir cien líneas. Pero se dio cuenta de que no conocía la última línea de las reglas del vestíbulo. “Emma me la dirá” se dijo a sí mismo y comenzó a subir las escaleras.
Emma solía encontrarse en la galería de arte, una larga y aireada habitación con vistas al jardín. Pero hoy, la habitación parecía estar vacía Charlie buscó en el armario de las pinturas e inspeccionó las estanterías del fondo de la habitación, luego cruzó la galería y descendió por unas escaleras de caracol metálicas que le llevaban al estudio de escultura.
“¡Hola Charlie!” le llamó una voz.
“Ven aquí con nosotros”, le llamó otra voz.
Charlie miró a su alrededor y descubrió a dos chicos con capas verdes que le sonreían desde el otro lado de un gran bloque de piedra. Uno tenía la piel morena y el otro era muy pálido. Los dos amigos de Charlie estaban ahora en tercer curso. Los dos habían crecido considerablemente durante el verano, y también lo había hecho su pelo. Lysander ahora tenía rastas en el pelo decoradas con cuentas multicolores, mientras que Tancred había llenado de gel su pelo hasta convertirlo en un bosque de rígidas espinas.
“¿Qué te trae por aquí Charlie?” le preguntó Tancred.
“Estoy buscando mi trompeta, a propósito, casi no os he reconocido.”
“Tú no has cambiado,” dijo Lysander con una gran sonrisa. “¿Qué tal el segundo curso?”
“No lo sé, creo que estoy en un pequeño lío. Sigo yendo al lugar equivocado. He perdido mi trompeta” dijo Charlie. “He tenido problemas con Manfred y hay, eh…, una cosa en el jardín.”
“¿A qué te refieres con una “cosa”?” los azules ojos de Tancred relampaguearon.
Charlie les contó acerca del caballo que Billy había visto en el cielo y las huellas de cascos en el jardín.
“Interesante”, dijo Lysander.
“Siniestro”, añadió Tancred. “No me gusta cómo suena esto” Las mangas de su camisa se estremecieron. Era difícil para Tancred no influir en su entorno. Era como una veleta andante, sus estados de ánimo afectaban el aire a su alrededor hasta el punto de que podías decir que él tenía su propio clima.
“Mejor sigo buscando mi trompeta”, dijo Charlie. “Oh, ¿cuál es la última línea de las reglas del vestíbulo?”
“Seas alto o bajo” dijo rápidamente Lysander.
“Gracias Sander. Tengo que escribir las reglas enteras cien veces antes de cenar y dárselas a Manfred, si es que consigo encontrar su oficina. ¿Vosotros no sabríais dónde está, no?”
Tancred negó con la cabeza y Lysander dijo, “Ni idea.”
Charlie estaba a punto de continuar su camino cuando Tancred le sugirió que probara en otro lugar. “Por ahí”, dijo Tancred, indicando una puerta al final del estudio de escultura. “Los niños nuevos están dando su primera clase de arte. Creo que uno de ellos llevaba una trompeta.”
“¡Gracias Tanc!” Charlie entró en una habitación que nunca había visto anteriormente. Alrededor de quince silenciosos niños estaban sentados a lo largo de una enorme mesa, dibujando. Todos estaban muy concentrados en su trabajo, y ninguno de ellos levantó la vista hacia Charlie cuando este entró.
“¿Qué es lo que quieres?” Un hombre delgado, rubio y pecoso le habló desde el final de la mesa. Sería un profesor de arte nuevo, supuso Charlie.
“Mi trompeta, señor” dijo Charlie.
“¿Y por qué piensas que está aquí?” preguntó el profesor.
“¡Por qué está ahí!” Charlie acababa de ver una trompeta exactamente igual a la suya. El instrumento estaba siendo dibujado por un pequeño niño con pelo grisáceo como el de los ratones y orejas que le sobresalían. El chico miró a Charlie.
 “Joshua Tilpin” dijo el profesor, “¿de dónde has sacado esa trompeta?”
“Es mía señor Delf” Joshua Tilpin tenía unos pequeños ojos de un pálido gris. Los entrecerró y arrugó la nariz mientras miraba a Charlie.
Charlie no pudo pararse. Dio un salto hacia delante, cogió la trompeta y la giró. En el último semestre había marcado un pequeño “cb” al lado de la boquilla. La trompeta era la suya. “Tiene mis iniciales, señor”
“Déjame ver” El señor Delf extendió su mano.
Charlie le pasó la trompeta. “Mi nombre es Charlie Bone, señor ¿Ve? Esas son mis iniciales.”
“No deberías desfigurar los instrumentos musicales de esta manera, pero parece que es tuya. Joshua Tilpin, ¿por qué mentiste?”
Todos miraron a Joshua. Él no se puso rojo, como Charlie esperaba que hiciera. En cambio, le dirigió una gran sonrisa, dejando al descubierto una hilera de dientes pequeños e irregulares. “Lo siento señor, de verdad lo siento Charlie. Solo fue una broma. Perdóname, ¡por favor!”
Ni Charlie ni el profesor sabían qué decir ante esto. El señor Delf le pasó la trompeta a Charlie, diciendo “Será mejor que vuelvas a tu clase.”
“Gracias señor” Charlie agarró su trompeta y caminó hacia la puerta. Le dirigió una última mirada a Joshua Tilpin mientras caminaba. Tenía el presentimiento de que aquel niño estaba dotado. Las mangas y el pelo de Joshua estaban cubiertas con trozos de papel y pequeños restos de goma de borrar. Incluso, cuando Charlie miraba, un pedazo de lápiz roto saltó de repente de la mesa y se quedó pegado al pulgar del niño. Joshua le dirigió a Charlie una sonrisa irónica y arrojó el lápiz. Charlie sintió como si un hilo invisible estuviera tirando de él con dirección al extraño chico.
Abandonó rápidamente la habitación, y el hilo se rompió.
En el estudio de escultura se oía el sonido del acero contra la piedra. Tancred y Lysander no eran los únicos que estaban rompiendo rocas. Charlie hizo una floritura con su trompeta en el aire. “La tengo”, dijo en voz alta.
“Lo sabíamos”, respondió Tancred.
La siguiente prioridad de Charlie eran las cien líneas. ¿Dónde debería escribirlas? Decidió que lo haría en su nueva clase. Mientras cruzaba el pasillo, se vio rodeado por grupos de niños, algunos provenientes del patio, otros que bajaban las escaleras, y otros muchos salían de las aulas. Todos parecían saber exactamente a dónde tenían que ir, exceptuando a Charlie. Algo había salido terriblemente mal con su horario. Se dio prisa, esperando al menos encontrar a algunos compañeros de su curso en la clase.
Había una nota colgada en la puerta de la clase. Estaba escrita con la misma letra anticuada y escrita a mano que la nota que colgaba en la puerta del señor Pilgrim:
Tantalus Ebony
Música, Mímica e Historia Medieval.
Charlie apoyó su oreja en la puerta. Ningún sonido le llegó desde el interior. Entró.
• • •
No había ningún niño en la habitación, pero había un profesor. Estaba sentado en un alto pupitre en frente de la ventana, tenía una larga y delgada cara y unas negras cejas que se juntaban por encima de su nariz. Su oscuro pelo cubría sus orejas y el flequillo llegaba justo hasta sus cejas. Llevaba una capa púrpura.
“¿Sí?” dijo el profesor, levantando la vista de su libro.
Charlie tragó saliva “He venido a escribir unas líneas señor.”
“¿Nombre?” La voz del hombre retumbaba como si proviniera del inframundo.
“Charlie Bone, señor”
“¡Acércate!” El profesor hizo una seña con un largo y blanco dedo.
Charlie caminó hacia el escritorio. El hombre le observó detenidamente durante un largo minuto. Su ojo izquierdo era gris y su ojo derecho marrón. Era de lo más desconcertante. Charlie tuvo la tentación de mirar hacia otro lado, pero se mantuvo firme y miró primero un ojo y luego el otro. Un gesto de enfado cruzó la cara del hombre, quien se echó para atrás, como si temiera que Charlie hubiera descubierto una parte de él que deseaba mantener en secreto. En aquel momento, el profesor dijo “Soy Tantalus Ebony”
“Eso suponía, señor”
“Que presuntuoso. Quédese quieto.”
Charlie estuvo a punto de decir que él no se había movido, cuando el señor Ebony continuó. “¿Por qué no estás con el resto de tu clase?”
“Estoy un poco confundido, señor”
“¿Confundido?, la confusión es para los estudiantes de primero. No es un comienzo muy prometedor para tu segundo año, ¿verdad Charlie Bone? Y dijiste que tenías que escribir unas líneas, me pregunto por qué.”
“Estaba hablando en el vestíbulo, señor”
La respuesta del señor Ebony fue asombrosa. Se rio a carcajadas, sacudido por una risa desenfrenada.
“Aha”  El profesor tosió ligeramente. “Ve y escribe tus líneas. Y no me molestes. Me voy a dormir” El señor Ebony se echó su capa púrpura sobre la cabeza y cerró los ojos. Todavía sentado muy tieso, comenzó a roncar.
¿Es posible ser observado por alguien que no te está mirando? Charlie tenía la impresión de que el extraño profesor todavía estaba despierto. O que alguien, detrás de la cara durmiente, estaba todavía en guardia.
Tras esperar un par de segundos, Charlie se dirigió de puntillas hasta su pupitre, sacó un cuaderno y empezó a escribir las reglas del vestíbulo. Acababa de completar la última línea cuando el cuerno sonó, avisando de que era la hora de la merienda. El señor Ebony abrió sus ojos, tiró de su capa y gritó “¡FUERA!”
“Sí señor” Charlie recogió sus papeles y salió apresuradamente de la clase.
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“¿Dónde has estado todo este tiempo?” preguntó Fidelio cuando vio a Charlie en la cafetería.
“¿Dónde has estado tú?” dijo Charlie.
“Tuve inglés, luego juegos.”
Charlie vio una semana de castigo en su horizonte. El señor Carp, el profesor de inglés no le perdonaría que se hubiera saltado una clase. “Estaba escribiendo mis líneas para Manfred” dijo con pesimismo “Y todavía no he encontrado su oficina.”
Fidelio no pudo ayudarle, así como tampoco pudo Gabriel cuando llegó a su mesa. “¿Qué es lo que pasa entonces?” dijo masticando una barra de Choclix. “Quiero decir, ¿Qué se supone que es Manfred? Ya no es un alumno del último curso, y tampoco es un profesor, así que, ¿qué es?”
“Es un hipnotizador” dijo Charlie sombríamente. “Siempre lo ha sido y siempre lo será. Probablemente se quedará aquí para siempre, perfeccionando su talento hasta que se convierta en un rancio y viejo mago como su bisabuelo.”
“Mientras se mantenga lejos de mi camino, me da igual lo que sea.” Gabriel tragó el resto de su barrita Choclix y se limpió los dedos con su servilleta. “A propósito, he decidido tomar clases de piano con el señor Ebony, no me puedo rendir, y de hecho, es bastante bueno.”
“Yo que tú, tomaría clases con la señorita Chrystal” Charlie le avisó a Gabriel. “El señor Ebony no… no es lo que parece. Creo que es peligroso.”
Los demás le observaron con expresión interrogante, pero Charlie no fue capaz de expresar sus sentimientos.
Después de la hora de la merienda, Charlie llevó su trompeta a la sala del señor Paltry. El viejo profesor estaba tomando una tranquila taza de café. “No puedo darte la lección ahora” dijo con irritación “Pon tu trompeta en la estantería y déjame en paz”
“Sí señor” Charlie colocó su trompeta en la estantería con otras cinco trompetas, esperando que no se le volviera a perder o que alguien se la robara. “Disculpe profesor, ¿pero sabe dónde está la oficina de Manfred Bloor?”
“No sé dónde está cada habitación del edificio, Bone” El señor Paltry agitó su mano pecosa. “Ahora vete.”
A los niños se les aconsejaba dejar sus capas en el edificio cuando había días soleados. Lo creyeran o no, hacía más frío en el interior de la oscura academia que en el exterior. Tras dejar su capa en el guardarropa, Charlie salió al jardín y le preguntó a tanta gente como pudo si sabían dónde se encontraba la oficina de Manfred. Nadie lo sabía, por lo que Charlie corrió hacia el interior otra vez. Cuando se puso su capa azul, deslizó sus dedos hasta los bolsillos. Las tres páginas habían desaparecido.
“¡No!” gritó Charlie, justo al mismo tiempo en el que Gabriel entraba en el guardarropa.
“¿Qué pasa?” preguntó Gabriel.
Charlie le contó lo que había sucedido, y durante los siguientes quince minutos Gabriel ayudó a Charlie a buscar por el guardarropa, pero no encontraron las tres hojas. Fidelio apareció y se unió a la caza. Buscaron en clases vacías e incluso bajaron hasta la cafetería. Y entonces el cuerno sonó avisando la cena.
“Alguien quiere meterme en problemas” gimió Charlie. “He perdido todo, mi trompeta, mis líneas… ¿Qué está pasando?”
“Ven y come” dijo Fidelio “La comida ayuda al cerebro.”
“¡Hug!” gruñó Charlie.
Los tres chicos caminaron hacia el largo y cavernoso salón de cena y se sentaron en sus sitios al final de la mesa de música.
El personal de la academia estaba sentado en una mesa en una plataforma elevada al final de la habitación, y Charlie se dio cuenta de que Manfred estaba sentado al lado de su padre. Así que él era ahora un miembro oficial del personal. “Al menos ya no hará los deberes con nosotros” pensó Charlie.
La cena estaba a punto de acabar cuando el doctor Bloor se puso de pie y golpeó sus manos, aplaudiendo. Hubo un instante de silencio. El enorme hombre caminaba hacia el frente de la plataforma y observó a las líneas de niños que había debajo. Era una figura impresionante con su capa negra, sus anchos hombros, su pelo gris bien recortado, y su bigote tan recto como una regla. Sus ojos estaban prácticamente escondidos bajo gruesos pliegues de carne, y era difícil decir de qué color eran. Ahora parecían negros, aunque Charlie sabía que eran grises.
Pasó un tiempo antes de que el director hablara. Los niños le miraban expectantes. Al final dijo “A aquellos que estéis dotados, quería deciros unas palabras. Ya sabéis quienes sois, así que no necesito mencionaros por vuestros nombres. Haréis vuestros deberes en el Salón del Rey. Alguien os enseñará el camino ¿Habéis entendido?”
Charlie escuchó tres finas voces pronunciar las palabras “Sí señor” No podía decir de dónde provenían aquellas voces, pero ninguna pertenecía a alguien de la mesa de música.
Repentinamente, el doctor Bloor gritó “¡DISPERSAOS!”
Los niños entraron en acción como un reloj. Los bancos chirriaron en el suelo de baldosas, los platos se colocaron en pilas, los vasos chocaron, la cubertería sonó, y cada uno se dirigió a la puerta que le correspondía. Mientras Charlie subía las escaleras hacia el primer piso, se le unieron Gabriel y Billy, Emma Tolly estaba delante de él, y acababa de ver a Tancred y Lysander llegando a la segunda planta.
Emma esperó a Charlie para hablar con él. “Encontré esto en el suelo de nuestro guardarropa” dijo, en su mano tenía tres hojas arrugadas. “Oí por ahí que las estabas buscando.”
“Mis líneas”, gimió Charlie agarrando sus hojas. “Gracias Em. ¿Pero cómo llegaron al guardarropa de arte?”
“Ni idea” dijo Emma.
Charlie metió las hojas en su mochila. El sonido de unos pesados pasos detrás de él hicieron que se girara, y vio a Dorcas Loom caminando lentamente por las escaleras. Era una chica gordita con el pelo rizado y corto y una complexión saludable. Dorcas era una ferviente admiradora de la tía abuela de Charlie, Venetia, y con su don, podía hacer ropas que tenían una magia mortal.
“¿Qué estás mirando?” preguntó ella hoscamente.
“Nada Dorcas” dijo Charlie.
“Ah” dijo Dorcas disgustada, luego continuó subiendo las escaleras.
Charlie y sus amigos llegaron al extraño y circular Salón del Rey, con su mesa redonda y sus estanterías de libros curvadas.
Manfred se encontraba de pie al otro extremo de la mesa, mirando directamente a las puertas. El corazón de Charlie se tambaleó, y poco después, la decepción se apoderó de él en una ola de repugnancia cuando vio una figura encorvada sentada junto a Manfred. Era Asa Pike, el devoto esclavo de Manfred, el chico que podía convertirse en bestia con el crepúsculo. Debería haber abandonado el colegio. ¿Por qué todavía seguía ahí? También habían tres niños nuevos en la habitación. Joshua Tilpin era uno de ellos.
“Vamos, vamos” ordenó Manfred impacientemente “Dejar de bloquear la puerta. Tengo un importante anuncio que daros.”
Charlie se recompuso y rodeó la mesa hasta que llegó al sitio que estaba al lado de Tancred. Desde allí podía ver el retrato del Rey Rojo: una antigua pintura de una rancia figura con una capa roja y una delgada corona de oro. Gabriel, Billy y Emma siguieron a Charlie, mientras que Dorcas cerró la puerta con el pie.
“¡Muestra algo de respeto por la casa de mi padre!” ladró Manfred.
Dorcas frunció el ceño, pero no se atrevió a mirar a Manfred a los ojos “Alguien se está sentando en mi sitio”, murmuró.
“No seas estúpida, Dorc” dijo Manfred.
Asa rio, “Dorc, muy bueno.”
Manfred le ignoró. “Siéntate en cualquier sitio niña, y date prisa.”
Si Dorcas hubiera querido sentarse al otro lado de Manfred, no habría podido hacerlo. Apretadas entre Manfred y Joshua Tilpin, habían dos chicas con apariencia extraordinaria. Las dos tenían un pelo muy brillante y negro, cortado justo por debajo de sus orejas, con un largo flequillo, y una complexión que era tan pálida y suave, que parecían hechas de porcelana.
“Gemelas, obviamente” pensó Charlie “Si es que son reales” Las caras de las chicas eran tan inexpresivas, y sus cuerpos tan rígidos, que podrían haber sido muñecas.
Dorcas caminó arrastrando los pies, rodeando la mesa, y colocó sus libros al lado de Joshua. Él le dedicó una de sus radiantes sonrisas con sus dientes torcidos, y Dorcas se la devolvió.
“Ahora que estamos todos aquí” dijo Manfred mirando a Dorcas “Quiero decir un par de cosas. Primero, probablemente no esperabais volverme a ver. Bueno, estoy pegado a vosotros” Ninguno realizó ninguna clase de sonido exceptuando a Asa, quien resopló. “Ahora soy un profesor asistente” Manfred continuó dándose importancia “Mi trabajo consiste en supervisar vuestros deberes, monitorizar vuestros progresas, supervisaros durante los exámenes, y ayudaros con cualquier problema, sea personal o relacionado con el colegio” Paró para tomarse un respiro, y Charlie se preguntó a quién se le ocurriría ir a pedirle ayuda al ex-monitor.
“Ahora; las presentaciones” Manfred nombró a cada uno de la mesa hasta que llegó a las imperturbables chicas que se encontraban a su lado. “Y estas son las gemelas Inez e Idith Branko.”
Tan pronto como sus nombres fueron mencionados, las gemelas inclinaron sus cabezas y dirigieron sus miradas a los libros que se encontraban frente a  ellas. Con una alarmante velocidad, los libros volaron a través de la mesa. Una pila aterrizó en el regazo de Charlie y otro en el de Tancred.
“¡Oh, no!” gruñó Tancred “Telequinesis” Las mangas de su capa se dispararon, su pelo rubio crujió, y una ráfaga hizo que las hojas sueltas de la mesa volaran.
“Veo que las vacaciones de verano no han mejorado tu autocontrol, Tancred” dijo Manfred con un tono burlón.
Tancred y Charlie se levantaron y dejaron los libros de las gemelas en la mesa otra vez. Las niñas no dijeron una palabra y sus caras permanecieron completamente inexpresivas.
Charlie no pudo resistirse a añadir “Es de buena educación dar las gracias.”
Idith e Inez permanecieron en silencio, pero una de las dos, quién sabe cual, le dirigió una mirada muy desagradable.
“Intenta ser amable con las nuevas chicas, Bone” dijo Manfred, “Las gemelas están relacionadas con Zelda Dobinski, quien nos ha dejado. Al parecer es un genio en las matemáticas, así que se ha marchado a la universidad a una edad muy temprana. Desafortunadamente, Asa es lo opuesto a un genio. Todavía está aquí porque a suspendido todos sus exámenes.”
Con el ceño fruncido por la vergüenza, Asa se inclinó aún más hacia abajo en su asiento, y Charlie sintió una extraña punzada de simpatía por él. Ser ridiculizado por alguien que admiras debía de ser muy doloroso.
“Y para finalizar pero no por eso menos importante, Joshua Tilpin” anunció Manfred.
Al escuchar su nombre, Joshua se levantó de un salto e hizo una reverencia. Cualquiera habría creído que era un príncipe. Y sin embargo, parecía un desastre. Su capa verde estaba cubierta con polvo, había hojas y césped en su pelo, y una telaraña colgaba de una de sus orejas.
“Siéntate Joshua” dijo Manfred “No eres un estrella del pop.”
Joshua le sonrió, y para la sorpresa de todos, Manfred le devolvió la sonrisa. Conseguir una sonrisa de Manfred era como sacar agua de una piedra.
“¿Qué será lo siguiente?” pensó Charlie. Estaba a punto de empezar sus deberes cuando Manfred dijo, “Charlie Bone, no me has traído tus líneas.”
“Oh, lo siento Manfred, las tengo aquí” Charlie buscó en su mochila.
“Te dije que me las trajeras a mi oficina.”
“Pero… No sé dónde está” confesó Charlie.
Manfred suspiró. Miró el techo y declaró, “Estoy detrás de las palabras…en el camino hacia la música…debajo de un ala….y antes de las trompetas, máscaras y pinceles…” Él paró para darle más efecto y dirigió su mirada de nuevo hacia Charlie “¿Me he explicado claramente?”
En otras circunstancias, Charlie habría dicho “Claro como el barro”, pero como la situación ya era lo bastante sombría, optó por decir “Sí, Manfred.”
“Bien. Entonces trae tus líneas a mi oficina antes de la
hora de dormir, o estarás castigado.”

miércoles, 5 de octubre de 2011

Bueno bueno...

A ver si hay alguien que nos lea (lo dudo bastante pero bueno) le pido perdón por no haber continuado en un tiempo la semana que viene o la siguiente continuaremos con la traducción, gracias.