Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Capítulo 2: El caballo fantasma

En el primer día del semestre, Charlie Bone bajó corriendo a desayunar con un peine atascado en el pelo.
“¿Qué crees que estás haciendo?” le preguntó la abuela Bone desde su asiento al lado de la estufa.
“¿Disfrazarme de dinosaurio?” sugirió Charlie “He tirado y tirado, pero el peine no ha salido”
“Tienes el pelo hecho un desastre” gruñó su esquelética abuela “Arréglate niño, en la Academia Bloor no toleran el desorden”.
“Ven aquí, pequeño” la abuela más amable de Charlie dejó su taza de té en la mesa y tiró del peine. Este salió con un mechón del pelo de Charlie.
“¡Maisie! ¡Ay!” gritó Charlie.
“Lo siento pequeño” dijo Maisie “Pero tenía que hacerlo”.
“Está bien” Charlie se frotó su adolorida cabeza. Se sentó en la mesa de la cocina y se sirvió un tazón de cereales.
“Estás retrasado. Perderás el autobús del colegio” dijo la abuela Bone. “El Doctor Bloor es un maniático de la puntualidad”
Charlie se metió una cucharada de cereal en la boca y dijo, “¿Y qué?”
“No hables con la boca llena”, dijo la abuela Bone.
“Déjale en paz, Grizelda,” dijo Maisie. “Tiene derecho a un buen desayuno.  Probablemente no volverá a tener una comida decente en cinco días.”
La abuela Bone resopló y comió un poco de su plátano. No había sonreído en tres meses, desde que la casa de la tía Venetia se quemó.
Charlie se bebió su taza de té, cogió su chaqueta y subió los escalones para coger sus cosas del colegio.
“¡La capa!” dijo para sí mismo recordando que su capa azul continuaba colgando en el armario. Charlie tiró de la capa y una pequeña fotografía cayó al suelo. Charlie la recogió. “Benjamín Brown,” dijo con una sonrisa. “¿Dónde estás?”
La fotografía mostraba a un chico rubio arrodillado al lado de un gran perrazo amarillo. Charlie había tomado la foto él mismo, justo antes del décimo cumpleaños de Benjamín. No había ninguna razón para que Charlie usara su don para entrar en aquella fotografía. No le podría contar nada que no supiera ya.
En su afán por utilizar su extraño talento, Charlie solía olvidar que la gente que él “visitaba” podía verlo también. Independientemente de donde estuvieran cuando Charlie miraba sus fotos, ellos verían su cara flotando en algún lugar cercano. Así que Benjamín, quien estaba tomando una bebida en Hong Kong, vio la cara sonriente de Charlie en su zumo de naranja.
Benjamín aceptó con normalidad la aparición mágica de Charlie, pero Judía Corredora, su perro, nunca podría acostumbrarse.
El enorme perro estaba a punto de desayunar en el Café de las Mascotas cuando la cara de Charlie le miró desde su tazón de comida.
Judía Corredora dio un salto aullando; esto hizo que una rata negra se metiera bajo un armario, que una serpiente azul se deslizara de nuevo hasta su canasta, y provocó que a una mujer muy alta llamada Onoria Onimoso se le cayera un plato lleno de bollos recién horneados. Sin embargo, los tres coloridos gatos que descansaban en lo alto de una nevera bostezaron y cerraron los ojos.
Charlie puso la foto en su bolsillo, metió la capa azul en su bolsa y corrió escaleras abajo.
“No te olvides de…,” gritó Maisie, pero Charlie salió de la casa por la puerta principal y corrió hasta lo alto de la calle Filbert.
Un autobús de colegio azul estaba a punto de irse, cuando la puerta se abrió súbitamente y un niño con  una mata de cabello castaño rizado, asomó la cabeza fuera. “Te vi venir,” dijo el chico “El conductor dijo que no podía esperar, pero yo conseguí que lo hiciera”
“Gracias, Fido.” Charlie le pasó una de sus bolsas a su amigo Fidelio y subió los escalones del autobús.
“¿Tienes tu capa?” le preguntó Fidelio.
Charlie tiró de la capa arrugada y la sacó de su mochila. “Odio llevarla cuando camino por la calle Filbert. La gente se ríe de mí. Hay un chico en el número veinte que siempre grita “¡Ahí viene, el Pequeño Niño Azul, listo para irse a la Academia Bloor, como una cacatúa!” Pero yo nunca quise ir a la Academia Bloor.”
“No eres una cacatúa,” dijo Fidelio riendo. “Apuesto a que se te olvidó peinarte el pelo esta mañana otra vez”
“Lo intenté.”
El autobús había llegado a la parada, por lo que los dos niños saltaron a una plaza empedrada y se unieron a la multitud de niños. Pasaron por delante de la fuente de los cisnes de piedra y llegaron hasta las escaleras que conducían a la Academia Bloor.
Cuando Charlie atravesó la sombra de la Torre de Música, se encontró observando el último piso de la torre. Se había convertido en un hábito y no sabía porque lo hacía. Una vez, su madre le había dicho que había sentido como alguien la miraba desde la pequeña ventana bajo los aleros. Charlie se estremeció involuntariamente y siguió a Fidelio a través del gran arco de la entrada.
Rodeado de niños con capas de color azul, púrpura y verde, Charlie buscó a Emma Tolly y Olivia Vertigo. Vio a Emma con su capa verde, su largo pelo rubio peinado en dos limpias trenzas, pero se quedó momentáneamente desconcertado por la chica que tenía a su lado. Conocía su cara, pero… ¿podría ser Olivia? Llevaba una capa púrpura, como todos en teatro, pero la cara de Olivia solía estar cubierta de maquillaje, y siempre teñía su pelo de un color chillón. Esta chica tenía una apariencia normal: mejillas sonrosadas, ojos grises y pelo corto y castaño.
“Deja de observarme, Charlie Bone”, dijo la chica del pelo castaño mientras caminaba hacia él.
“¿Olivia?” exclamó Charlie. “¿Qué te ha pasado?”
“Estoy haciendo una audición para una película,” le contó Olivia. “Tengo que parecer más joven de lo que soy en realidad.”
Subieron otro grupo de escalones de piedra, y pasaron por dos enormes puertas tachonadas con figuras de bronce. Cuando los niños estuvieron dentro, Weedon, el jardinero, cerró y bloqueó las puertas. Estas continuarían cerradas hasta la tarde del viernes, cuando los niños podrían volver a sus casas durante el fin de semana.
Charlie entró al enorme vestíbulo enlosado de la Academia Bloor “¿De qué va la película?” le preguntó a Olivia.
“¡Shhh!” siseó una voz desde algún lugar cercano a la oreja de Charlie.
Charlie descubrió un par de ojos negros como el carbón y por poco pegó un salto por la sorpresa. Pensaba que Manfred Bloor había dejado el colegio.
“¡Espero que no te hayas olvidado de las reglas, Charlie Bone!” ladró Manfred.
“N-no, Manfred” Charlie no sonó demasiado seguro.
“Vamos, entonces…”Manfred chasqueó los dedos y miró a Charlie, quien bajó la mirada hasta sus pies. No le gustaba luchar contra la mirada hipnotizadora de Manfred a una hora tan temprana.
“Vamos ¿Cuáles son las reglas?” demandó Manfred.
“Eh…Silencio en el vestíbulo,  no se puede hablar, no se puede llorar o llamar, incluso si te caes…Eh…” Charlie no podía recordar la última regla.
“¡Escríbelo cien veces y tráemelo a mi oficina después de la hora del descanso!” Manfred sonrió malvadamente.
Charlie no sabía que Manfred tenía una oficina, pero no tenía intención de prologar aquella conversación tan desagradable. “Sí, Manfred,” masculló.
“Deberías avergonzarte de ti mismo. Ahora estás en tu segundo año. No eres muy buen ejemplo para los nuevos, ¿verdad Charlie Bone? ”
“No” Charlie alcanzó a ver como Olivia rodaba los ojos, y se las arregló para contener la risa. Afortunadamente, Manfred le estaba gritando a uno que iba sin capa, por lo que aprovechó la situación para alejarse.
Olivia había desaparecido entre un mar de capas moradas cuyos dueños se apretujaban para pasar por la puerta que se encontraba bajo las dos máscaras de bronce. Más allá de la puerta abierta, Charlie vislumbró un caos de colores que se acumulaba en el guardarropa de teatro. Se apresuró a entrar a la habitación a la que conducía la puerta bajo el símbolo de las dos trompetas cruzadas.
Fidelio le estaba esperando dentro del guardarropa azul. “¡Vaya! ¡Qué shock!” exclamó Fidelio. “Pensé que Manfred se había ido.”
“Yo también” dijo Charlie. “Eso era una de las cosas buenas de volver a la Academia Bloor. Pensé que al menos Manfred ya no estaría aquí.” ¿Cuál era el nuevo rol de Manfred? ¿Estaría permanentemente en sus talones, observando, escuchando e hipnotizando?
Los dos chicos discutieron el problema de Manfred mientras caminaban hacia la asamblea. En el primer día de todos los años, la asamblea se realizaba en el teatro, el único sitio que era lo suficientemente grande para los 300 estudiantes. Charlie no se había unido a la Academia Bloor hasta mediados del último semestre; esto era una nueva experiencia para él.
“Porras, debería darme prisa” dijo Fidelio, mirando su reloj. “Debería estar preparándome.”
El Dr. Saltweather, jefe del área de música, le dirigió a Fidelio una mirada severa cuando este subió al escenario y se colocó en su lugar de la orquesta. Charlie se colocó al final de la segunda fila y se encontró  justo detrás de Billy Raven. El chico se giró con el ceño fruncido.
“Tengo que estar en primer año otros doce meses,” le susurró a Charlie, “pero ya lo he hecho dos veces.”
“¡Qué mala suerte! Pero es que solo tienes ocho años.” Charlie observó la fila de niños nuevos que tenía delante. Todos parecían normales, pero no podías asegurarlo. Alguno de ellos podría estar dotado, como él o Billy, descendientes del Rey Rojo.
Durante el resto de la mañana, Charlie caminó por el enorme y sombrío edificio, encontrando sus nuevas aulas, recogiendo libros y buscando al señor Paltry, quien supuestamente tenía que darle su clase de trompeta.
Para cuando el cuerno de caza sonó avisando que era la hora de la comida, Charlie estaba completamente exhausto. Se dirigió al comedor, evitando mirar los retratos que colgaban en el poco iluminado pasillo – por si acaso querían mantener una conversación con él – y llegó al comedor azul.
Charlie se unió a la fila. La pequeña y fornida mujer tras el mostrador le guiñó el ojo. “¿Todo bien Charlie?” preguntó.
“Sí, gracias Cocinera,” dijo Charlie. “Pero me tomará un tiempo acostumbrarme al segundo año.”
“Probablemente,” dijo la Cocinera. “Pero ya sabes dónde encontrarme si me necesitas. ¿Guisantes Charlie?”
Charlie aceptó un plato de macarrones con queso y guisantes, y caminó por las mesas hasta que encontró a Fidelio, sentado junto a Billy Raven y Gabriel Silk. El pelo castaño de Gabriel colgaba delante de su cara, casi tapándola por completo.
“¿Qué tal, Gabriel?” preguntó Charlie. “¿Tu jerbos están bien?”
Gabriel levantó la mirada tristemente. “No puedo tomar clases de piano este semestre. El señor Pilgrim se ha ido.”
“¿Ido?” Charlie estaba inesperadamente consternado. “¿Por qué?, ¿A dónde?”
Gabriel se encogió de hombros. “Sé que el señor Pilgrim era peculiar; pero, bueno, él era brillante.”
Ninguno pudo negarlo. El sonido del piano del señor Pilgrim se solía escuchar por la torre de Música. Charlie se dio cuenta de que iba a echarlo de menos. Y también echaría de menos ver al señor Pilgrim mirando al vacío, con su pelo negro cayendo sobre sus ojos.
Fidelio se giró hacia Billy. “¿Qué tal estuvo tu verano, Billy?” le preguntó cuidadosamente. ¿Cómo podía pasarse uno todas las vacaciones de verano en la Academia Bloor sin volverse loco?
“Mejor que los demás”, dijo Billy alegremente “La Cocinera cuidó de Rembrandt como prometió, y pude verlo todos los días. Además, Manfred se fue algunos días, así que estuve bien realmente, excepto…”- una sombra atravesó su cara- “algo sucedió la última noche. Algo muy raro.”
“¿Qué pasó?” preguntaron los otros tres.
“Vi a un caballo en el cielo.”
“¿Un caballo?” Fidelio alzó las cejas. “¿Te refieres a una nube que parecía un caballo?”
“No. Definitivamente era un caballo.” Billy se quitó las gafas y las limpió con su servilleta. Sus ojos rojos se posaron sobre Charlie. “Estaba flotando de alguna manera, fuera de la ventana, y luego desapareció.”
“Las estrellas pueden hacer eso,” dijo Gabriel, quien se había animado un poco. “Las estrellas pueden crear ilusiones y parecer animales o cosas.”
Billy lo negó con la cabeza. “NO. Era un CABALLO.” Volvió a colocarse las gafas y frunció el ceño ante su plato. “No estaba muy lejos. Estaba justo afuera de la ventana.  Se puso a dos patas y pateó el aire, como si estuviera luchando por escapar, y luego solo – desapareció.”
Charlie se encontró diciendo, “Quizás se estaba yendo a otro mundo.”
“Puede ser,” dijo Billy entusiasmado “Tú me crees, ¿no Charlie?”
Charlie asintió con la cabeza lentamente “Me pregunto dónde estará ahora.”
“¿Vagando por la ruina con el resto de los fantasmas?” preguntó irónicamente Fidelio. “Venga, vamos a tomar un poco de aire fresco. Quizás veamos al caballo galopando por el jardín.”
Por supuesto, él solo bromeaba, pero cuando los cuatro chicos caminaron a través de la puerta del jardín, Fidelio se dio cuenta de que sus palabras eran fantasmalmente ciertas. Él era el único de los cuatro que no estaba dotado. Fidelio podía ser un músico brillante, pero su don no podía considerarse como mágico.
Fue Charlie el que se dio cuenta primero, un débil sonido sordo en la hierba seca. Miró a Gabriel. “¿Puedes oírlo?”
Gabriel negó con la cabeza. No podía oír nada, pero había una presencia en el aire que no podía definir.
Billy  era el más afectado. Dio un paso hacia atrás, y de repente una brisa que solo él pudo sentir le erizó el cabello. Levantó la mano como para protegerse de un golpe “él vino directo del pasado,” susrró.
Fidelio  dijo, “¿Estás de broma, no?”
“Me temo que no,” dijo Charlie. “Quizás solo quería que supiéramos que estaba aquí, pero ahora se ha ido.”
Empezaron a cruzar la gran extensión de hierba a la cual el doctor Bloor le gustaba llamar “el jardín”. En realidad, no era más que una colina rodeada por un impenetrable bosque. Al final de la colina, las rojas piedras de la ruina se vislumbraban entre los árboles: el castillo del Rey Rojo. Los cuatro chicos dirigieron sus pasos instintivamente hacia los altos muros rojos.
El tío de Charlie, Paton, le había contado, como tras la muerte de la Reina Berenice, cinco de los hijos del Rey Rojo se vieron forzados a dejar el reino de su padre para siempre. Con el corazón roto, el Rey se exilió a los bosques del norte, y Borlath, su primogénito, tomó el castillo. Él controló el reino con una crueldad  barbárica, que provocó que muchos de sus habitantes murieran o huyeran poseídos por el terror.
“Bueno” comentó Fidelio. “¿Crees que el fantasma del caballo está aquí?”
Charlie dirigió la vista a los enormes muros. “No lo sé.” Se volvió hacia Billy.
“Sí,” susurró “Está aquí.”
Los chicos escucharon con atención. Podían oír a la distancia los gritos y risas de los niños en la colina, el golpeteo de los balones de fútbol, la llamada de los pájaros carpinteros, pero nada más.
“¿Estás seguro Billy?” preguntó Charlie.
Billy se abrazó a sí mismo.  Estaba temblando. “Yo pienso que le gustaría hablar, pero está atrapado en el lugar equivocado.”
“¿Qué lugar equivocado?” preguntó Fidelio.
Billy frunció el ceño. “No lo puedo explicar.”
Charlie se dio cuenta de que alguien estaba parado detrás de ellos. Se giró justo a tiempo para ver como una pequeña figura se daba la vuelta y se unía a un grupo de niños nuevos que jugaban al fútbol.
“¿Quién era ese?” preguntó Gabriel.
“Un chico nuevo” dijo Charlie.
Era imposible averiguar si el chico estaba en arte, teatro o música ya que no estaba llevando su capa. Hoy hacía un día cálido y soleado, el verano todavía no se había ido.
El sonido del cuerno, les llegó del otro lado de la colina y los cuatro chicos corrieron de regreso al colegio.
Para Charlie, la tarde  no fue mejor que la mañana. Al final encontró al señor Paltry, pero llegó tarde a su clase. “¿Cómo es posible que vengas a la clase sin la trompeta?” gruñó el viejo profesor. “Eres una pérdida de tiempo, Charlie Bone. Dotado, y  un cuerno. ¿Por qué no usas lo que tú llamas “talento” para localizar tu trompeta? Ahora vete, y no vuelvas hasta que la encuentres.”
Charlie se largó rápidamente. Tenía una idea sobre dónde mirar. “¿La torre de Música?” se preguntó a sí mismo. A lo mejor uno de los limpiadores había encontrado su trompeta y la había puesto en la sala del señor Pilgrim, en lo alto de la torre.
El pasadizo que llevaba a la torre de la Música le condujo hasta una pequeña puerta cerrada con aspecto antiguo, que daba al jardín. Charlie se preparó, abrió la puerta y comenzó a bajar el largo y húmedo pasaje. Estaba tan oscuro que apenas podía ver sus pies. Mantuvo sus ojos en la distante ventana de la pequeña habitación al final del pasadizo.
A medida que se acercaba a la habitación, comenzó a oír voces muy enfadadas – hombres discutiendo. Había un sonido de pisadas. Charlie se detuvo hasta que cualquiera que estuviese ahí llegó al final de la larga escalera de caracol. Una figura apareció al final del pasadizo y alzó sus alas moradas hacia Charlie, bloqueando el paso de la luz.
En medio de la oscuridad, Charlie gritó.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Capítulo 1: Un estornudo fatal

En el centro de la ciudad la Academia Bloor se alza oscura y silenciosa bajo las estrellas. Mañana 300 niños volverán a subir los escalones entre las dos torres, cruzarán el vestíbulo y atravesarán las grandes puertas de roble. Pero por ahora, el viejo edificio está aparentemente desierto.

Y sin embargo, si estuvieras en el patio, en el otro lado del colegio, no podrías haber dejado de notar las extrañas luces que cada cierto tiempo aparecían en las ventanas de la buhardilla. Y si fuese capaz de mirar a través de alguna de esas ventanas, habrías visto a Ezekiel Bloor, un hombre muy viejo, maniobrando su antigua silla de ruedas en una habitación extraordinaria.

El laboratorio de Ezekiel, como a él le gustaba llamarlo, era una profunda buhardilla con suelos de madera y grandes vigas en el techo. Diversas mesas, llenas de botellas, libros, hierbas, huesos y armas, se encontraban apoyadas contra los muros, y debajo de ellas, pilas de cajas polvorientas que amenazaban con hacer tropezar a cualquiera que se cruzara en su camino.

Plantas secas y mustias colgaban de las repisas, y piezas de una armadura suspendidas de los amplios travesaños, que chocaban entre ellas, produciendo un inquietante sonido, como ahora, cuando Ezequiel se movía a través de la habitación.

El bisnieto del anciano hombre, Manfred, estaba de pie junto a una mesa de caballete en el centro de la habitación. Manfred había crecido durante las vacaciones de verano, y Ezekiel se sentía orgulloso de que este alto joven hubiera elegido trabajar con él en lugar de ir a la universidad, como los otros alumnos mayores. Eso sí, a pesar de su altura, Manfred tenía una apariencia delgada, con una cara angulosa y con acné.

En ese momento, su cara se tornó en una mueca de concentración mientras manejaba una pila de huesos que se encontraba en la mesa enfrente suyo. Por encima de él colgaban siete chorros de gas puestos en una rueda de hierro, cuyas llamas azuladas producían un tenue ronroneo. Cuando miró a su bisabuelo, Manfred puso una cara de irritación y exclamó, “Es superior a mí, odio los puzles.”

“No es un puzle” le espetó Ezekiel. “Son los huesos de Hamaran, un caballo de guerra de excepcional fuerza y coraje”.

“¿Y qué? ¿Cómo van a traer unos huesos podridos de vuelta a la vida a tu ancestro?” Manfred dirigió una mirada desdeñosa a Ezekiel quien inmediatamente bajó la mirada.
No quería ser hipnotizado por su propio bisnieto.

Manteniendo sus ojos fijos en los huesos, el viejo acercó su silla de ruedas a la mesa. Ezekiel Bloor tenía 101 años de edad, pero otro hombre de su edad se vería considerablemente mejor conservado. La cara de Ezekiel era poco más que un cráneo. Los pocos dientes que le quedaban estaban negros y rotos, y unos pocos mechones de pelo blanco colgaban por debajo de un gorro de terciopelo negro. Peros sus ojos todavía estaban llenos de vida; negros y brillantes, y miraban con una salvaje intensidad.

“Tenemos suficiente”, dijo el anciano, señalando los otros objetos de la mesa: una cota de malla, un casco, una capa de piel negra y un broche de oro. “Eran de Borlath. Mi abuelo los encontró en el castillo, envueltos en cuero dentro de la tumba. El esqueleto había desaparecido.” Acarició la piel negra casi con cariño.

Borlath había sido el héroe de Ezekiel desde que había escuchado de niño las historias de su violento ancestro, con el que había luchado en su imaginación, hasta el punto que empezó a creer que Borlath podía solucionar todos sus problemas. Más tarde había soñado que le podía levantar de su silla de ruedas y juntos ir a aterrorizar la ciudad mientras Charlie Bone y su detestable tío solo podían mirar.

“¿Qué pasa con la electricidad – ya sabes- para el momento de la resurrección? Aquí no hay nada”, dijo Manfred mirando los chorros de gas.

“Oh, ¡eso!” Ezekiel agitó su mano desestimándolo. Se giró hacia otra mesa y cogió una pequeña lata con dos astas en la parte de arriba. Giró una manivela en un lado de la lata y dos rayos azules aparecieron entre las astas. “¡Voilà! ¡Electricidad!” anunció alegremente. “Ahora ponte en ello. Los niños volverán mañana y no queremos que ninguno de ellos se meta en nuestro pequeño experimento”

“Especialmente Charlie Bone,” gruñó Manfred.

“¡Charlie Bone!” Ezekiel escupió su nombre. “Su abuela dijo que podría sernos de ayuda, pero ha sido todo lo contrario. Pensé que casi había conseguido que se pasar a nuestro lado el pasado semestre, pero tuvo que continuar indagando sobre su padre desaparecido y culpándome a mí.”

“No estaba equivocado en eso,” murmuró Manfred.

‘’Piensa en lo que podría hacer con un talento como el suyo’’ Ezekiel continuo
‘’Mira dentro de una imagen y, bingo, está ahí, hablando con gente que lleva mucho tiempo muerta. Lo que yo daría…’’ Ezekiel sacudió su cabeza. ‘’Además tiene la sangre de ese maldito mago galés. Y el don’’

‘’Tengo planes para eso’’, dijo suavemente Manfred ‘’Será mío pronto - solo espera’’.

‘’De todos modos’’ dijo Ezekiel. Empezó a impulsarse alrededor de la habitación mientras su bisnieto se concentraba en el delicado trabajo de unir los huesos.
Mientras Ezekiel se movía entre las oscuras sombras del lejano final de la habitación, sus pensamientos se dirigieron hacia Billy Raven, el huérfano de pelo blanco que solía espiar a Charlie Bone. Billy se había vuelto rebelde al final. Se negó a contrale a Ezekiel qué tramaban Charlie y sus amigos. Como resultado Ezekiel y los Bloors estaban en peligro de perder el control de todos los dotados del colegio. Había que hacer algo.

‘’Padres’’ Ezekiel murmuró para sí mismo ‘’ Tengo que hacer que Billy sea adoptado. Le prometí al huérfano unos padres y nunca se los di. Me está abandonando. Bueno, Billy tendrá a sus amables y ansiados padres’’.

‘’No demasiado amables’’, dijo Manfred que lo había escuchado todo.

‘’ No temas. Tengo la pareja perfecta. No sé por qué no pensé antes en ellos’’. Ezekiel giró su cabeza expectante ‘’ ¡Ah, estamos a punto de recibir ayuda!”.

Un distante sonido de pasos se dejo escuchar, y unos pocos segundos más tarde, la puerta se abrió y tres mujeres entraron en la habitación. La primera era la más vieja. Su pelo gris estaba recogido en un alto moño y sus ropas eran tan negras como sus ojos.

Lucretia Yewbeam era el ama del colegio y una de las tías abuelas de Charlie.” He traído a mis hermanas’’ le dijo a Ezekiel. ‘’ Dijiste que necesitabas ayuda’’.

‘’¿Dónde está la cuarta?’’ Preguntó Ezekiel.’’ ¿Dónde está Grizelda?’’.

"Es mejor dejarla fuera de esto por ahora," dijo Eustacia, la segunda hermana.

“Después de todo, ella debe de vivir en el mismo lugar que nuestro molesto hermano — y debe espiar al muchacho, accidentalmente por supuesto."

Eustacia, la clarividente, camino hacia la mesa. Su cabello gris aún tenía algunos mechones negros, pero en la mayoría de los aspectos recordaba al de su hermana mayor. Sus pequeños ojos negros recorrieron los objetos en la mesa y en su rostro se dibujo una sonrisa. "Entonces, ¿qué es lo que tramas, viejo demonio? ¿Quién es él?"

"Mi ancestro Borlath," respondió Ezekiel. "El mayor de los hijos del Rey Rojo. El más magnífico, poderoso, y sabio."

"El mas ruin y sanguinario seria más apropiado," dijo la tercera hermana, dejando sobre la mesa una larga bolsa de cuero. Su cabellera gris caía sobre sus hombros, y unas ojeras ribeteaban sus fríos ojos negros como el carbón. Comparada con sus hermanas, ella lucia desaliñada. Su abrigo era una talla más grande, y su blusa gris parecía necesitar un buen lavado. Nadie podría imaginar que esta desagradable criatura hubiese sido una orgullosa e inmaculadamente arreglada mujer.

"Venetia ha estado esperando por algo como esto," dijo Eustacia. "Desde que el odioso Charlie Bone incendio su casa."

"Yo pensaba que lo hizo tu hermano" masculló Manfred.

"Y lo hizo," Venetia gruñó, "pero Charlie es el responsable, ese pequeño gusano. Espero acabar con él. Hacerlo temblar de miedo — torturado, atormentado y muerto."

"Calma, Venetia." Ezekiel se acercó rápidamente a su lado. "Nosotros no buscamos deshacernos de él completamente."

"¿Por qué? ¿Qué uso puede tener? ¿Puedes imaginar cómo es perderlo todo?, ¿el ver tus posesiones — el trabajo de toda tu vida — convertirse en humo?".

Ezekiel golpeó la mesa con su bastón. "No seas patética, mujer. Charlie puede ser usado. Puedo obligarlo a que me lleve hacia el pasado. Puedo cambiar la historia ¡piensa en ello!".

"Tú no puedes cambiar la historia bisabuelo," dijo desafiantemente Manfred.

"¿Cómo lo sabes?" ladró Ezekiel. "Nadie lo ha intentado."

Se impuso un embarazoso silencio. Nadie se atrevió a sugerir que esto ya había sido intentado infinidad de veces, sin éxito. Venetia humedeció sus labios, mientras seguía pensando en vengarse. Ella podía esperar, pero un día encontraría la manera de acabar con Charlie Bone – para siempre.

"Porque yo tengo los huesos," chasqueo Ezekiel. "Su caballo, Hamaran" — se perdió en sus recuerdos — "Era una magnífica criatura, dicen todos los relatos. Y un hombre montado en un caballo puede ser muy amenazador, ¿no estás de acuerdo?".

Los otros asintieron.

"El chico será aterrorizado," Ezekiel se regocijó "Hará todo lo que le pidamos."
Venetia dijo “¿Y cómo harás para controlar a este fenómeno?".

Ezekiel esperaba que nadie le hiciera esa pregunta, debido a que no tenía una respuesta satisfactoria para dar. "Él es mi ancestro," dijo en tono confidencial.
"¿Por qué no iba a ayudarme? Pero primero, lo primero. Dejemos que se levante y corra. ¡Ha-ha!".

Mientras Lucretia estaba sentada en el brazo apolillado de una silla, sus hermanas desempaquetaron la bolsa de cuero. Frascos llenos de líquidos comenzaron a aparecer en la mesa; cucharas de plata, bolsas con hierbas; pequeñas, piezas de cuarzo brillante; una mano y su mortero de mármol negro; y cinco velas. Ezekiel observaba el proceso con ojos ansiosos.

Una hora después los huesos de las patas del caballo galopante habían sido colocados en la mesa. La cota de malla brillaba debido a un líquido asqueroso, y la capa de piel había sido cubierta con pequeñas semillas.

Las cinco velas proyectaban siniestras sombras sobre los muros. Una de ellas había sido puesta sobre el casco, otras dos al final de cada una de las mangas de la cota de malla, y las últimas dos descansaban en lugar de las inexistentes pezuñas delanteras del caballo.

Venetia disfrutaba del trabajo muy a su pesar. Era bueno para ella poder estar entrometida en algo destructivo de nuevo. Entonces acarició la capa negra, y pequeñas flamas chisporrotearon en las puntas de sus dedos. “¿Estamos listos?" preguntó.

"Aún no." con una sonrisa taimada, Ezekiel puso su mano debajo de la manta de su regazo extrayendo un estuche dorado. En el centro de la tapa enjoyada, una ostra de rubíes, con la forma de un corazón, iluminaba el oscuro cuarto con un brillo deslumbrante. "El corazón," dijo Ezekiel, su voz sonó como un profundo y estrangulado gorgoteo. "Asa el chico bestia lo encontró en la ruina. Estaba fuera escavando, es un mal habito suyo, y encontró una lápida con una ‘B' grabada. Escavó más profundo y encontró esto" — dijo golpeando ligeramente el estuche — "Enterrado mucho más abajo de la piedra."

Desde su silla entre la sombras, Lucretia pregunto, "¿Porqué no estaba esto en la tumba?"

"¿Por qué? ¿Por qué?" Ezekiel parecía sufrir un ataque de bronquitis. "Tal vez era un secreto. Pero le pertenecía. Lo sé. Borlath era el único de los hijos del Rey Rojo cuyo nombre empezaba con la letra 'B’." Abrió el estuche.

"Aaaaah!" Eustacia se alejó de la mesa, en el interior del estuche se encontraba una bolsita de cuero que parecía contener de verdad un corazón.

"¿Veis? un corazón," dijo triunfantemente Ezekiel "Ahora, vamos a ponerlo con esto." Tomando la bolsita del estuche, lo puso en el interior de la armadura, justo a la izquierda del centro, donde juzgó que el corazón se debería encontrar. Luego desenrolló un alambre de su caja eléctrica y enrolló la punta una, dos, tres veces alrededor de la bolsa.

Una calma expectante se instaló en la habitación mientras el anciano comenzaba a girar la manivela de la caja plateada. Más y más rápido. Su vieja mano de convirtió en una mancha borrosa, sus ojos negros ardieron con excitación. Una chispa saltó entre las astas de acero y bajaron hasta el corazón de Borlath. Ezekiel emitió un graznido de triunfo y su mano se quedó inmóvil.

Las tres hermanas estuvieron tentadas a exclamar con emoción, pero sabían que el silencio era esencial ese tipo de situaciones. Los huesos de Hamaran comenzaron a moverse.

Ezekiel y las Yewbeams se encontraban mirando la mesa tan intensamente que no se dieron cuenta de Manfred sacaba un pañuelo y lo presionaba contra su nariz. Su cara se puso roja mientras luchaba tratando de contener un estornudo. Pero no pudo.
“¡Achoo!"

Ezekiel retrocedió como si le hubieran golpeado. Cubrió sus orejas y chilló, "No," mientras Manfred trataba de contener otro estornudo. Las hermanas miraban horrorizadas al muchacho mientras se cubría de nuevo la cara y, “¡Achoo!"
Los huesos dejaron de moverse. Un desagradable vapor negro salía de la piel, y la cota de malla se retorcía dentro del líquido asqueroso.
“Achoo!"

Hubo un estallido ensordecedor, y una apestosa cortina de humo llenó el cuarto. Mientras los observadores estaban pasmados y farfullantes, una gran figura ascendió de la mesa y se desvaneció entre una oleada de nubes negras. Oculto bajo una de las mesas al final de la habitación, un enano y gordo perro temblaba con los ojos cerrados.

Por segunda vez un violento estallido sacudió toda la habitación, y Lucretia chilló

"¿Qué está pasando?"

"Ese idiota incompetente ha estornudado" chilló Ezekiel.

"Perdón, perdón, no he podido evitarlo," gimoteó Manfred. "Fue el polvo."

"No es suficiente," lo regañó Venetia. "Deberías sacar tu torcida nariz fuera de aquí. Todo arruinado. Una pérdida de tiempo."

"Tal vez no," Eustacia señaló. "Mirad la mesa. Los huesos se han ido."

El humo se dispersó rápidamente gracias a una repentina ráfaga de aire helado, y todos ellos pudieron ver que los huesos de Hamaran se habían desvanecido. Pero la armadura de Borlath, casco, capa, y broche dorado seguían ahí, solo una parte del hechizo había funcionado.

"¡Maldición!" chilló Ezekiel golpeando la mesa con sus puños, y las prendas quemadas se estremecieron. "No ha funcionado."

"Mi parte está hecha," anunció Manfred. "El caballo esta allá fuera." Dijo apuntando a un enorme agujero en la pared.

"¡Maldito!" chilló Ezekiel. "Mi laboratorio está destruido, y tenemos a un caballo de guerra suelto por ahí."

“Un caballo de guerra con el corazón de un tirano," dijo Venetia. "Mira, ¡se ha ido!"
Donde debería estar el corazón, ahora solo quedaba un enorme agujero negro en la quemada armadura.

“¿Qué significa esto?" preguntó Manfred en voz baja.

Ezekiel acarició su larga nariz. "Eso quiere decir que no está todo perdido. Pero voy a necesitar ayuda. Pienso que podría llamar a un amigo mío, alguien con una meta por lograr."

Todos se quedaron mirándolo, esperando un nombre, pero el anciano no estaba dispuesto a aclararlo.

Un caballo de guerra puede ser muy útil," dijo Venetia en voz alta "Si consigues a alguien que lo conduzca."

Todos observaban fijamente el espacio dejado por los huesos, tratando de decir algo, entonces Manfred dijo, "Billy Raven es bueno con los animales."

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En el enorme dormitorio tres pisos abajo de la buhardilla de Ezekiel, Billy Raven se despertó, un tanto asustado. Se giró hacia la ventana para dar un desconfiado vistazo a la luna — y vio un caballo blanco viajando a través de las nubes, para luego desaparecer.

Prólogo

El Rey Rojo y su reina estaban cabalgando por la costa. Era la época del año cuando el viento traía una estela de frío. Las nubes de la tarde estaban empezando a aparecer, y cuando el sol pudo encontrar un camino a través del crepúsculo, golpeó el mar con rayos de luz.

El rey y la reina guiaron sus caballos hacia su hogar, pero en ese momento, la reina tiró de las riendas y en absoluto silencio empezó a cruzar el agua. El rey, siguiendo su estela llegó a una isla de una increíble belleza rodeada de un aura luminosa, con miles de destellos azules.

“Oh” suspiró la reina con voz de espanto.

“¿Qué pasa, mi amor?” preguntó el rey.

Con respecto a sus hijos la intuición de la reina era mayor que la del Rey, y cuando vio la Isla de los Mil Azules, fue como si una mano helada le atenazara el corazón “Los niños”. Su voz era apenas un susurro.

El rey le preguntó cuál de sus nueve hijos le preocupaba, pero la reina no se lo pudo decir. Una vez que estuvo en el Castillo Rojo y vio a sus dos hijos, Borlath, el cual tenía el pelo castaño, y el rubio Amadis, la reina tuvo un terrible presentimiento. Vio humo negro saliendo de la isla azul y las llamas convirtiendo la tierra en cenizas. Vio un castillo de resplandeciente cristal apareciendo en una tormenta de nieve, y cuando el ojo de su alma atravesó el muro de cristal, vio a un niño con el pelo del color de la nieve escalando de un pozo y cerrando los ojos frente a la muerte que estaba a su alrededor.

“No debemos permitir que nuestros hijos vean aquella isla”, le dijo al rey. “Nunca debemos permitir que penetren esas azules tierras encantadas”.

El rey se lo prometió. Pero en menos de un año la reina moriría y el rey, desolado por la pérdida, dejaría el castillo y a sus hijos. La reina murió nueve días después de dar a luz a su décima hija, una niña llamada Amoret. Una niña a la que nadie pudo proteger.

Los niños dotados

Los dotados son todos descendientes de los diez hijos del Rey Rojo, un rey mágico que llego desde África en el siglo doce acompañado por tres leopardos.

El Rey Rojo ha vivido durante muchos siglos e hizo una maravillosa esfera de cristal en la que puso las memorias de su vida y de sus viajes a través del mundo.

Usa la esfera para desplazarse a través del tiempo, visitando el pasado y el futuro.
En otras manos, el desplazador temporal es peligroso e impredecible.

Los hijos del Rey Rojo, los dotados:


MANFRED BLOOR
Monitor de la academia Bloor, tiene el poder de hipnotismo. Desciende de Borlath, primer hijo del rey rojo y el más cruel.

CHARLIE BONE

Charlie puede oír las voces de la gente de las fotografías y cuadros. Desciende de los Yewbeams una familia con muchos dotados.

IDETH E INEZ BRANKO
Gemelos telequinéticos, parientes lejanos de Zelda Dobinski, la cual dejo la Academia Bloor.

DORCAS LOOM
Una niña dotada cuyo don es la habilidad de hechizar a la ropa.

ASA PIKE
Un hombre bestia. Desciende de una tribu que mora en los bosques del norte y acogen extrañas bestias. Asa puede cambiar de forma cuando anochece.

BILLY RAVEN
Billy se puede comunicar con los animales. Uno de sus antepasados conversaba con los cuervos que se posaban en el cadalso de los ahorcados. Ese talento hizo que los lugareños lo echaran del pueblo.

LYSANDER SAGE

Desciende de un hombre sabio africano. Puede convocar a los espíritus de sus antepasados.

GABRIEL SILK
Gabriel percibe situaciones y emociones tocando la ropa de los demás. Procede de un linaje de clarividentes.

JOSHUA TILPIN
El don de Joshua es el magnetismo. Sus orígenes son, por el momento, un misterio. Incluso los Bloors no saben donde vive. El mismo se presento solo en la academia. Sus gastos son pagados por un banco privado.

EMMA TOLLY

Emma puede volar. Su apellido proviene de un espadachín español de Toledo cuya hija se casó con el Rey Rojo. Por consiguiente, dicho espadachín es un antepasado de todos los niños dotados.

TANCRED TORSSON

Provoca tormentas. Su antepasado escandinavo recibió su nombre en honor del dios del trueno, Tor. Tancred puede invocar la lluvia, el viento, el trueno y el rayo.

Sinopsis

Sinopsis
El poder de Charlie Bone toma una nueva dimensión en ‘’ Charlie Bone y El Castillo de los Espejos’. Hay nuevos personajes, incluyendo el reemplazo del Sr. Pilgrim, Tantalus Ebony y el misterioso estudiante Joshua Tilpin, que parece ser magnético.
Billy ha sido adoptado por una misteriosa pareja y está encerrado en un lugar llamado ‘’La casa de paso’’.
Mientras, Charlie y Olivia descubren el secreto del Castillo de los espejos, y junto al tío Paton, liberarán a Billy antes de que sea demasiado tarde.

Quienes somos y qué hacemos.

Hola, somos un par de fans de Charlie Bone muy jodidas por el hecho de que no hayan traducido más allá del libro tres. Por eso, hemos optado por traducir nosotras mismas el libro 4 de esta saga y compartirla con el mundo hispanohablante. Esto es solo un trabajo de fans y para fans sin ningún fin lucrativo, todos los derechos pertenecen a Jenny Nimmo, nosotras solo lo traducimos pero si colgaís nuestra traducción en otro lugar y sin permiso nuestro os dejaremos cabezas de gallina en la cama (nuestro presupuesto no da para caballos). Esperamos que no nos equivoquemos demasiado con las traducciones y que disfruteís leyendo Charlie Bone & El Castillo de los Espejos.

Att : Cova y Soah