Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

martes, 10 de abril de 2012

Turututwitter

Como somos conscientes de que tardamos bastante en traducir algunos capítulos y las publicaciones no son regulares os avisaré cuando salga algo nuevo por twitter, para los que tengáis.
No me hago responsable sobre que tengáis que aguantar tweets estupido míos, avisados quedáis.

   

domingo, 8 de abril de 2012

Capítulo 6: Alice Angel

Cuando Charlie abandonó Viento Oscuro, no fue derecho a su casa, si no que se dirigió hacia una calle que llevaba a la librería Ingledew.
La librería se encontraba en una calle llena de antiguos edificios que bordeaban la plaza de la catedral. Mientras Charlie caminaba a través de los antiguos adoquines hacia la librería, escuchó el sonido de un órgano al ser tocado dentro del enorme edificio abovedado. Su padre había sido el organista de la catedral, hasta el día en el que desapareció súbitamente de aquel mismo lugar. Quizás Charlie estaba justo de pie en el último sitio en el que su padre había sido visto. Lyell Bone había intentado evitar que los Bloor secuestraran a Emma Tolly, y por ello, había sido tremendamente castigado: hipnotizado, atrapado, escondido, y prácticamente perdido para su esposa y su hijo. Ellos decían que Lyell estaba muerto, pero Charlie estaba mejor informado de lo que se creían.
Charlie se encogió de hombros, se dijo a si mismo que no tenía que pensar en cosas tan tristes y volvió a dirigirse a la tienda de libros.
Emma se encontraba detrás del mostrador, examinando una pila de libros forrados con cuero. La niña levantó la vista cuando la campanilla de la puerta tintineó al entrar Charlie.
“Hola Charlie, has salido de tu castigo pronto”
“No querían que estuviera cerca” dijo Charlie “Es el día en el que adoptan a Billy”
“Oh, claro. ¿Viste a sus nuevos padres?”
“Sí, y no me gusta su aspecto. En realidad no quieren a Billy, vi unas fotos en el escritorio de Manfred y… bueno… estoy preocupado, Em. Estoy seguro de que la forma en la que esas personas aparecieron de golpe y se llevaron a Billy no es normal.”
“Los Bloor hacen un montón de cosas anormales” dijo Emma sombríamente “Pero se salen con la suya porque son una de las familias más antiguas de la ciudad y todo el mundo se asusta de ellos, incluso el alcalde y los concejales.”
“Ellos piensan que Manfred y Ezekiel pueden hacer cualquier cosa, pero se equivocan” murmuró Charlie. “A propósito, alguien ha robado mi varita.”
“¿Qué?” a Emma se le cayó un libro. “Charlie, ¿qué vas a hacer ahora?”
“No lo sé todavía. No debí haberla llevado al colegio, pero pensé  que quizás podía servirme de ayuda.”
“Aún así…” Emma negó con la cabeza “Oh, Charlie, esto es serio.”
“Ya lo sé, pero en cualquier caso, es mía Em. Es mía de verdad. No tiene nada que ver con los Yewbeam o los Bloor, y no funcionará para ellos.”
“Pero si no pueden utilizar la varita, ellos la destrozarán.”
“Eso es lo que más temo.”
Antes de que Charlie pudiera decir nada más, un hombre extremadamente alto con pelo negro y gafas oscuras entró a través de las cortinas de la puerta que había detrás del mostrador.
“Ah Charlie, pensaba que había escuchado tu voz” Súbitamente, miró la luz que colgaba sobre el mostrador, “Oh, maldición”, dijo, y empezó a retroceder.
Emma corrió hacia el interruptor de la luz, el cual se encontraba detrás de la cortina, pero fue demasiado tarde. Se escuchó una fuerte “pop” y la bombilla explotó, esparciendo una lluvia de  cristal por todos los libros antiguos.
“¡Oh Paton, en serio!” exclamó una voz femenina y exasperada detrás de cortina.
“Lo siento Julia, ¡lo siento!” dijo Paton Yewbeam. “¿Cómo iba a saber que la luz estaba encendida? El sol todavía está alumbrando el interior.”
“Yo encendí la luz para ver mejor” se disculpó Emma “No te preocupes, enseguida lo limpio” Se agachó bajo el mostrador para coger la escoba y el recogedor, los cuales habían dejado a mano desde la primera visita de Paton a la librería.
La tía de Emma, Julia, apareció detrás del mostrador. “Podría haber sido peor, supongo.”
Charlie estaba muy sorprendido de ver a su tío en la tienda tan pronto, por lo general, Paton nunca salía antes de la puesta del sol. Estaba avergonzado de su don y le asustaba verse explotando las luces de tráfico accidentalmente o las iluminaciones de los escaparates de las tiendas - incluso las luces de las casas privadas eran un riesgo para él.
Tenía que haber sucedido algo muy urgente que provocara que tío Paton visitase la librería. A menos, por supuesto, que fuera por causa de Julia Ingledew. Era una mujer muy hermosa y el tío Paton había caído enamorado de ella en el primer momento en el que la vio.
“¿Puedo ayudar?” se ofreció Charlie, mientras observaba como Emma y la señorita Ingledew recogían los pequeños pedazos de cristal.
“Solo ve y habla con tu tío” dijo la señorita Ingledew “y mantenle alejado de las travesuras” sonrió irónica.
Charlie atravesó la cortina hasta la habitación trasera de la señorita Ingledew. Aquí, estanterías llenas de libros cubrían todas las paredes. Los libros estaban apilados en mesas, en el suelo, en sillas y en el gran escritorio caoba de la señorita Ingledew. Toda la habitación brillaba con los cálidos colores de las antiguas cubiertas y el oro de las herramientas; olía a cuero y a papel viejo. Se habían colocado velas en todos los espacios vacíos porque la pequeña ventana dejaba pasar muy poca luz, y aquel día, Julia no quería poner en riesgo las lámparas de las mesas.
El tío Paton se sentó en un pequeño sofá rodeado por periódicos, carpetas, y por supuesto, más libros. Cuando Charlie apareció, su tío se quitó las gafas y se frotó los ojos. “No hay manera” dijo con tono torturado. “Aún así, juraría que estas gafas han evitado un par de accidentes.” Colocó las gafas en el bolsillo de su chaqueta negra de pana. “Charlie, tu madre me ha dicho que te han castigado otra vez.”
“Sí, y tía Eustacia tuvo que llevarme” le reprochó Charlie.
Paton se encogió de hombros. “Lo siento mi querido niño, pero sabes que no puedo conducir con la luz del día.”
“Por lo menos sigo vivo”  dijo Charlie. “Me ha sorprendido verte aquí tío P.”
“¡Ah! Vine antes del amanecer” dijo el tío Paton, eludiendo los ojos de Charlie. “Julia me llamó anoche. Alguien puso una carta bajo su puerta, dirigida a mí. Todo muy intrigante. Así que vine tan pronto como pude. De hecho, la carta le concierne a uno de tus amigos.”
“¿A cuál?” Charlie se sentó al lado de su tio.
“Billy Raven. Es muy raro.” Tío Paton sacó un arrugado paquete de su bolsillo. Estaba dirigido al señor Paton Yewbeam, con una frágil, incluso elegante letra. “Me gustaría saber qué piensas al respecto, Charlie.”
Paton le pasó dos hojas de papel. Al hacerlo, una pequeña vela cayó, Charlie la atrapó y la sostuvo. “Es exactamente como las velas que tiene Billy. No sabe de dónde vienen.”
“Obviamente del hombre que escribió esta carta. Prueba su relación.” Paton observó la vela. “Es preciosa.”
En ese momento, Emma entró en la habitación. Le dijeron que se sentara y escuchara. El tio Paton carraspeó para limpiar su garganta y empezó a leer la misteriosa carta.
Querido señor Yewbeam,
Perdóneme por presentarme en su vida de esta forma tan poco convencional, pero de verdad, no tenía más opción. Si el contenido de esta carta cayera en manos de cierta persona de su casa, sería una catástrofe.
“Se refiere a la abuela Bone” dijo Charlie.
Paton asintió sombríamente y continuó.
Su nombre, señor Yewbeam, me lo dio una de las pocas personas que conozco en esta ciudad en las que puedo confiar. Y tengo entendido que la señorita de cuyo buzón he tenido que hacer uso es también una amiga de los niños. ¿Sabe a los niños a los que me refiero? Sí, los descendientes dotados del Rey Rojo, esos niños indefensos que están intentando hacer uso de sus talentos de una forma que honre la memoria de su ancestro, su más estimada majestad, el rey-mago en persona. Hay otros, lo sé, quienes deshonran su nombre y abusan de sus talentos heredados. En cualquier caso, el niño que es mi principal preocupación no pertenece ni a un lado ni al otro. Soy el guardián de Billy Raven. Cuando el padre del niño, Rufus Raven, y su preciosa mujer (los dos eran Raven, ya sabe, primos segundos) se dieron cuenta de que no había escapatoria de los Bloor y sus malévolas (perdone el adjetivo) hermanas, me rogaron para que me convirtiera en el guardián de Billy, para vigilarlo, protegerlo y guiarlo; para salvarlo de convertirse en alguien como los Bloor. Pero cuando Billy se quedó huérfano, fue enviado a una tía que tenía muy poco interés en cuidar del corazón esencialmente bueno con el que había nacido. En cambio, eligió ignorar al niño hasta que reveló su don, y entonces y para desgracia de Billy, fue enviado a los Bloor.
Señor Yewbeam, debe estar preguntándose por qué he llevado a cabo mi tarea de una forma tan negligente. ¿Dónde ha estado este supuesto guardián durante seis años? Debe estar diciéndose.
En prisión, señor Paton.
En ese momento, hubo un jadeo de parte de la señorita Ingledew, quien acababa de entrar en la habitación. “¿En prisión?” dijo. “¡Paton, no me habías dicho que había estado en prisión!”
“Un pequeño detalle que omití anteriormente para mantener la paz de tu mente, Julia” dijo Paton.
La señorita Ingledew se sentó en el brazo del sofá. “Tu tío solo me ha leído la mitad de esa carta” le contó a Charlie “Será mejor que escuche el resto.”
Paton le dedicó una sonrisa tensa. “Nos beneficiaremos con tu opinión Julia.”
“Oh, por favor, sigue leyendo” le rogó Charlie.
“¿Por dónde estaba?” Paton recorrió la carta con su dedo de una forma casual y enloquecedora.
“¡La prisión!” gimió Charlie. “Acababa de decir que había estado en prisión.”
“Ah, sí. Aquí estamos” Paton pinchó el papel con su dedo y continuó.
En prisión, señor Yewbeam
Permítame asegurárselo – yo no era culpable. Fui engañado por ese desgraciado de Weedon, que seguía las órdenes de su amo, por supuesto. Ese desgraciado bruto intentó asesinarme (un golpe en la cabeza en la oscuridad cuando yo estaba sacando al gato fuera). Pero tras haber fallado, me acusó de haber cometido un robo a mano armada. ¡A mí, de toda la gente! Soy un impresor. Trabajo con papel fino, tintas preciosas, una línea pura. Mi mundo ideal eran las palabras, los anillados, los titulares, los panfletos, etcétera. En cualquier caso, fui atrapado en la escena de un robo viciado y enviado a prisión. Salí la semana pasada gracias a mi buen comportamiento.
Mi primer pensamiento fue hacia Billy, por lo que contacté a un amigo leal en la Academia Bloor. Para mi horror, descubrí que Billy estaba a punto de ser adoptado por Florence y Usher de Grey. No puedo expresar lo desastroso que esto sería para Billy.
¿Señor Yewbeam, me ayudará? ¿Podría conseguirme un encuentro clandestino con Billy? Sé que su sobrino nieto, Charlie, ha sido un buen amigo para el chico, y quizás podría ayudar en la trama. En cualquier caso, tenemos que alejar a Billy de los de Grey, pero semejante acción tendría que ser planeada con el más extremo cuidado, y el más absoluto silencio.
Contactaré con usted pronto, señor Yewbeam. Mientras tanto, espero con ansias nuestra futura colaboración.
Suyo, con esperanza.
C. Crowquill.
“¡Bueno!” exclamó la señorita Ingledew “Es extraordinario.”
“Debe haber sido la Cocinera” dijo pensativamente Charlie. “La Cocinera es el amigo del señor Crowquill en la Academia. Me dijo que había recibido noticias de un pariente de Billy. Y dijo algo de un Castillo de los Espejos. ¿Sabes dónde está tío P? El ancestro de Billy provenía de ahí, y puede ser importante para él.”
“Nunca he oído hablar de ese castillo” dijo el tío Paton “Charlie, ¿has visto a alguno de estos de Grey?”
“Sí, los he visto” dijo Charlie “Y he, eh…, ya sabe – escuchado sus voces. El señor de Grey dijo que no le gustaban los niños. Así que obviamente, no quería adoptar a Billy.”
“¿Esta él ahora con los de Grey?” preguntó la señorita Ingledew.
“Hoy vinieron a por él” respondió Charlie. “Pero va a venir a mi casa el domingo para que podamos ir al Café de las Mascotas juntos. Le hablaré sobre el señor Crowquill, ¿debo hacerlo tío P?”
“No” el tío Paton sujetó su mano “Todavía no, Charlie. Debo pensar detenidamente sobre este encuentro. Por ahora, sería mejor que Billy no supiera nada sobre su guardián. Si soltamos algo de información sin querer, el señor C. Crowquill se verá en un grave peligro otra vez.”
“Está bien, no le diré nada por ahora. Puede que los de Grey no sean muy buenos padres, pero al menos Billy ha salido de la Academia Bloor.”
“Fuera de la sartén para caer en el horno, si quieres mi opinión,” dijo Emma gravemente.
En la mañana del domingo, mientras Charlie esperaba que Billy llegara, la abuela Bone bajó las escaleras vistiendo lo traje de domingo: un sombrero hecho con plumas negras, un abrigo voluminoso de color azabache y gris, y una estola con la forma de dos visones muertos. Las colas de los visones colgaban por su espalda, mientras que sus cabezas se encontraban la una a la otra bajo su barbilla. Los ojos de cristal de los animales, llenos de reproche, siempre le producían escalofríos a Charlie, e intentó no mirarlos cuando  se encontró con su abuela en el recibidor.
“¿Abuela, sabes…?” empezó Charlie.”
“Fuera de mi camino” ladró ella. “Eustacia ha venido a recogerme.”
Seguramente, se produjo un horrible chirrido de frenos cuando el coche de la tía Eustacia golpeó la verja que se encontraba  fuera del número nueve de la calle Filbert.
“Solo quería preguntar si sabías dónde vive ahora mi amigo Billy Raven” Charlie persistió.
“Por supuesto que lo sé” respondió la abuela Bone. “Pero no te lo voy a decir” Empujó a Charlie fuera de su camino, abrió la puerta principal y la cerró de un portazo tras ella.
Unos segundos después, Charlie escuchó el familiar chirrido de neumáticos  y un fuerte ruido sordo mientras Eustacia retrocedía hasta un poste de luz. Hubo un grito ahogado proveniente de la abuela Bone, y el coche aceleró.
Charlie se dirigió a la cocina murmurando “Viejo murciélago. No me dirá dónde vive Billy ahora.”
“No te preocupes Charlie” dijo Maisie. “Seguramente tu pequeño amigo está teniendo un agradable almuerzo con sus nuevos padres. Vendrá más tarde.”
“Supongo” respondió Charlie.
Casi todas las tardes de domingo, Charlie y sus amigos se encontraban en el Café de las Mascotas. Aquel día, Charlie esperó a Billy hasta las cuatro, y luego abandonó la casa solo. Cuando llegó a la calle de la Rana, pudo oír los ruidos del café subiendo desde el final del estrecho callejón: ladridos, aullidos y graznidos.
El café se encontraba entre las rocas de una enorme y antigua pared; de hecho, el sitio estaba excavado justo en la roca y parecía como si hubiera sido parte de la pared durante cientos de años. Las palabras “El Café de las Mascotas” habían sido pintadas sobre una gran ventana, y para enfatizar que aquel era un café estrictamente para animales acompañados por humanos, dibujos de colas, garras, bigotes, alas y patas decoraban cada letra de la señal.
Charlie caminó a través de una puerta verde y se encontró de golpe con un enorme hombre que llevaba una camiseta decorada con loros.
“Ah, Charlie Bone” dijo Norton, el portero. “Un poquito tarde, ¿no? Tus amigos casi se habían cansado de esperarte, al igual que tu perro, se está poniendo nervioso.”
“Para un momento” dijo Charlie “Judía Corredora no es mi perro.”
“Lo es mientras ese amigo tuyo continúe en Hong Kong.”
Se escuchó un ladrido lleno de alegría desde detrás del mostrador, y un gran perrazo amarillo corrió hacia Charlie, estando a punto de tirarlo al suelo.
“¡Hola Judía!” Charlie le dio al perro un abrazo y miró a sus amigos. Emma y Gabriel estaban sentados en la esquina de la mesa, compartiendo un plato de galletas. Ambos estaban bebiendo vasos de un líquido brillante y rosa, y tres de los jerbos de Gabriel estaban bebiendo lo que había derramado el chico.

“Flor de Cereza" le explicó Gabriel mientras Charlie ataba a Judía Corredora a la mesa. “¡A los jerbos les encanta!”

“Ya veo” observó Charlie mientras se sentaba entre sus dos amigos. “Uno está a punto de caerse.”

“Oops, sí que estaba a punto” Gabriel recogió jerbo y lo colocó en su bolsillo. “Se recuperará” dijo con tono confidencial. “Es la nueva receta del señor Onimoso. Realmente poderosa. ¿Quieres un trago?”

“No gracias, pero tomaré una galleta.” Charlie cogió dos galletas, una para él y otra para Judía Corredora.

El enorme perrazo la masticó ruidosamente con agradecimiento y luego apoyo su barbilla en las rodillas de Charlie, pidiendo más.

“¿Dónde están los demás?” preguntó a Charlie mientras le deba otra galleta a Judía Corredora.

“Tanc y Sander no pudieron esperar” dijo Emma “Has tardado siglo, Charlie. Pensaba que ibas a traer a Billy”

“Nunca apareció. ¿Qué hay de Olivia? ¿La has visto? ¿Consiguió el papel?”

Emma se encogió de hombros. “La llamé a su casa dos veces pero nadie respondió. Prometió encontrarse conmigo aquí pero – no lo sé, tiene que haber pasado algo.”

“Quizás ahora que es una estrella ya no habla con los que son como nosotros” dijo Gabriel.

“Livvy no” Emma negó con la cabeza. “Ella no es así, vendrá.”

Pero Olivia nunca apareció. Tampoco Billy. Los tres amigos se cansaron de esperar. Emma y Gabriel se fueron a sus casas y Charlie llevó de paseo a Judía Corredora. El chico y el perro estaban acercándose a la calle de la Rana tras un buen paseo de media cuando Judía Corredora dio un fuerte ladrido y agitó la cola.

Al otro lado de la calle, Charlie vio a Olivia introduciéndose en un callejón. Le dirigió a Charlie una mirada rápida y furtiva y luego desapareció. Su extraño comportamiento picó la curiosidad de Charlie, quien cruzó la calle rápidamente. Para cuando alcanzó el callejón, Olivia había desaparecido, pero Judía Corredora guió a Charlie por todo el callejón atravesando una plaza adoquinada, y luego a través de un área de pequeñas tiendas.

En la distancia, una chica con una camiseta blanca y unos vaqueros negros se giró hacia Charlie y empezó a correr otra vez. Pero no era suficiente para despistar al perro. Soltando su correa de la mano de Charlie, Judía Corredora aceleró por la calle y pronto atrapó a Olivia. Salto hacia ella y empezó a ladrar emocionado.

“¡Bájate! ¡Vete!” gritaba la chica.

“Tranquilízate Liv” dijo Charlie. “Es solo Judía Corredora. ¿Qué pasa contigo?”

Olivia se apartó contra la pared mientras Charlie corría y sujetaba el collar del perro. “No te hará daño, Liv. Él solo estaba contento de verte” Charlie paró. “¿Qué te sucede? Estás fatal.”

“¡Muchas gracias!” Olivia hizo una mueca de enfado.

“No me refería a eso, solo decía que te veías…diferente” dijo  Charlie rápidamente.

El rostro de Olivia estaba surcado de lágrimas, tenía los párpados hinchados y su pelo era un desastre. Llevaba zapatillas, y su camiseta lucía arrugada. Habían desaparecido los brillantes colores y las ropas atrevidas que solía vestir. Charlie nunca había visto a su amiga vestir tan normal y el mismo tiempo tan angustiada. Sintió que tenía que preguntar sobre la audición; sería peor si evitara un asunto tan importante.
“¿Conseguiste el papel?”

Los labios de Olivia formaron una línea tirante. Pateó el suelo con la punta de su zapato y replicó a través de los dientes apretados, “¡No!”

“Oh, vaya, lo siento” Eso le sonaba inadecuado pero, ¿qué más podía decir?

“No lo sientas” dijo Olivia furiosa “No quiero que la gente lo sienta por mí.”

“Está bien, ¿pero qué paso?, ¿quieres hablar sobre ello?”

Olivia se lo pensó por unos instantes y luego decidió que sí quería hablar sobre ello. Quería hablar y hablar hasta que toda la humillante experiencia y toda la vergüenza que había pasado salieran de su interior, al ser compartidas al menos con un ser humano – y un perro.

El día había empezado bien. Olivia había terminado en la lista de las finalistas con otras cinco chicas. “Todas eran más pequeñas que yo” dijo frunciendo el ceño, “pero mamá dijo que eso no importaba. Estaba esta niña sentada al lado mío, tenía trenzas y pecas y una vocecita molesta. Tenía trece Charlie, pero era PEQUEÑA.” Olivia frunció aún más el ceño. “No paraba de decir que yo estaba obligada a conseguir el papel porque mi madre era famosa.”

“Eso no es algo muy agradable” remarcó Charlie.

“No, pero yo tenía demasiada confianza en mí misma para darme cuenta. Entré en aquella habitación y representé mi monólogo – por Dios, actué realmente bien, SÉ que lo hice. Estaba segura de que había conseguido el papel. Había cuatro personas sentadas en la mesa, dos hombres y dos mujeres. Ni siquiera tomaron nota. Y cuando terminé, el director, un amigo de papá de hecho, me sonrió y me dijo “Gracias Olivia. Ha estado muy bien, pero no es exactamente lo que estamos buscando” Una lágrima rodó por la mejilla de Olivia “Cola de cerdo obtuvo el papel” añadió sombríamente.

“¡No!” exclamó Charlie. “No puedo creerlo.”

“Lo peor de todo es que lo pagué con mamá. Tuvimos una pelea terrible y yo le dije que era culpa suya. Ahora ella está más triste que yo. Le dije que iba a quedar con vosotros en el Café de las Mascotas, pero no me atreví a contarle esto a nadie. Pensé que sería buena idea comprarle unas flores a mamá para hacer las paces, y alguien me dijo que había una floristería abierta, en algún lugar por aquí.”

“¡Está justo aquí!” Charlie señaló una tienda que se encontraba al otro lado de la calle. Era tan llamativa, se preguntó cómo era posible que no se hubieran fijado en ella antes. La puerta y el marco de la ventana eran verde oscuro, y las palabras sobre la ventana estaban impresas con unas letras doradas y rizadas: Flores de Ángel.

“¡Son todas blancas!” observó Olivia, su expresión sombría se suavizó.

Era la verdad. Todas y cada una de las flores de la ventana eran blancas: las lilas, las rosas, las margaritas, unas plantas muy raras que Charlie nunca había visto en su vida.

“Vamos a ver si la tienda está abierta” Charlie bajó de la calzada pero Olivia se quedó atrás.

“Vamos” Charlie cogió su mano. Judía Corredora ya estaba tirando de él a través de la calle, finalmente, el desordenado trío consiguió llegar a la tienda de flores.

Mirando a través de las flores blancas del escaparate, Charlie dijo, “Está abierta. Puedo ver a alguien” se acercó a la puerta.

“No” dijo Olivia “He cambiado de idea”

“¿Por?”

“No quiero entrar ahí dentro” Se quedó clavada en el suelo, con los ojos fijos en un ramo de lilas.

“Oh, venga. Solo una lila” dijo Charlie. “No costará demasiado.”

“¿Cómo lo sabes?” demandó Olivia.

Charlie no podía entender su súbita renuencia a entrar a la tienda. “No lo sé, pero puedo dejarte algo de dinero si es demasiado caro. De hecho, la compraré por ti” Charlie intentó abrir la puerta, que terminó cediendo, dando paso a una multitud de olores de flores.

“¡Mmm!” Charlie olió el aire. “Es fantástico.”

“¡Lo es!” respondió una voz. Una mujer había aparecido al fondo de la tienda. Judía Corredora se dirigió a toda velocidad hacia ella, agitando la cola con fuerza.

“Qué perro tan encantador” le rascó las orejas a Judía Corredora, que se sentó en el suelo gruñendo de placer.

“Nosotros querríamos unas, eh…lilas, supongo” dijo Charlie.

“¿Nosotros?” preguntó la mujer. Tenía el pelo blanco con unos grandes ojos verdes.

“Sí, nosotros. Mi amiga quiere unas cuantas para su madre” Charlie miro detrás de él y vio a Olivia entrando lentamente a la tienda.

“Ah, ahí estás” dijo la mujer “Estoy tan contenta de que al final hayas venido.”

“¿Qué quiere decir?” Olivia se quedó de piedra. “Yo no la conozco.”

“Pero yo si te conozco a ti” dijo la mujer “Soy Alice Angel” la mujer le tendió la mano. “Y tú eres Olivia.”

Olivia siguió sin moverse, así que Charlie le estrechó la mano a Alice Angel. “Vamos, Liv. No pasa nada” Volvió a girarse para ver a Olivia, quien ahora mostraba un ceño oscurecido.

Alice Angel sonrió. “No hay ninguna prisa. ¿Cuántas lilas queréis?”

“¿Cuánto cuestan?” preguntó Charlie.

Alice no contestó. Colocó un dedo pensativo bajo su barbilla y dijo “Diez estaría bien. Una por cada uno de los hijos del rey. Aunque algunos no merecen tal apelativo. Sí, diez con unas cuantas ramitas verdes” Sus ojos eran tan verdes como  los tallos de las flores. ¿Y cómo es que sabía sobre el rey y sus diez hijos?

“¿Cuánto cuestan?” preguntó Charlie ansiosamente.

“Son gratis” dijo Alice mientras arreglaba con agilidad las lilas en el mostrados. Las envolvió con un tejido plateado y ató el ramo con una cinta de raso satinado. “¡Aquí tienes!” le entregó las flores.

Charlie cogió el ramo “¿Está segura de que son gratis?”

“Completamente” Alice dirigió su mirada hacia Olivia. “¿Volverás pronto, no? Tenemos mucho que descubrir juntas.”

Olivia se giró y abandonó rápidamente la tienda.

Charlie empezó a sentirse muy inquieto. Había algo raro en Alice Angel. Su nombre, para empezar, y su pelo era del mismo tono blanco que las lilas. Dijo, “Muchas gracias por las flores, señora – señorita Angel. Siento lo de mi amiga… bueno, ella ha recibido un golpe muy grande. Normalmente no es así.”

“Lo sé. ¿Quieres una manzana? Las planté yo en mi jardín y están muy buenas” Alice sonrió alentadoramente.

“No, gracias” respondió Charlie con tono de sospecha. “Mi madre trabaja en un mercado.”

“Por supuesto” dijo Alice. “Adiós Charlie.”

“Adiós” Charlie salió de la tienda con Judía Corredora pegado a sus talones. Solo cuando salió de la tienda se dio cuenta de que Alice Angel había utilizado su nombre.

“¿Cómo sabía mi nombre?” preguntó con tono desconcertado.

“¿Cómo sabía el mío?” Olivia cogió las flores que tenía Charlie en la mano. Parecía asustada y confusa. “Esa mujer puede ver dentro de mí” dijo, casi suspiró. “Sabe cosas sobre mí que no conozco ni yo misma.”

Capítulo 5: Parte 2

“Oh” Charlie se sintió avergonzado en nombre de su tío “Adiós entonces Cocinera. Gracias por la comida.”
Charlie siguió a Weedon a través de los mostradores de la cocina, los fregaderos vacíos, las estanterías de platos y las filas de cacerolas relucientes.
“Date prisa” dijo Weedon. “Ella no te esperará eternamente.”
“Pero mi mochila” dijo Charlir acelerando mientras seguía la fornida silueta de Weedon “Tengo que guardar mis pijamas y demás cosas.”
“La matrona lo ha hecho” dijo Weedon.
Llegaron al recibidor, donde Charlie encontró a su tía- abuela Eustacia paseando ante las puertas principales.
“¡Vamos, vamos!” dijo Eustacia “Te hemos estado buscando por todos lados.”
Una desagradable sensación embargó a Charlie, el estómago del niño se revolvió. Eustacia conducía como una maníaca. Ella era la única conductora capaz de hacer que se mareara en el coche. “Tengo que coger mis cosas” dijo Charlie pensando en la varita que había escondido debajo de su colchón.
“¡Están aquí!” Eustacia pateó la mochila tendida a sus pies “La tía Lucrecia la hizo amablemente para ti.”
“Pero…pero…Tengo deberes que guardar” dijo Charlie desesperado.
“Date prisa entonces” Su tía abuela dio un gruñido, con un suspiro de contrariedad.
Charlie agarró su maleta y corrió hacia el dormitorio, levantó el colchón, parecía como si alguien hubiera estado hurgando antes. La varita no estaba ahí. Su ansiedad se incrementó, levantó ambos lados del colchón. Llegó a tirar el colchón de la cama. La varita había desaparecido.
Charlie colocó el colchón de vuelta a su lugar y arregló las sábanas. El desagradable sentimiento de su estómago empeoró.
“¿Qué se supone que has estado haciendo?” le gritó Eustacia cuando Charlie finalmente arrastró su mochila al recibidor de nuevo.
“No lo podía encontrar” dijo Charlie miserablemente “Mi trabajo, eso es todo.”
“Tsk, no puedo esperar mucho más” su tía abuela consultó su reloj. “Le dije a Venetia que estaríamos de vuelta a las dos. Ven aquí rápidamente.”
Weedon, quien había estado al acecho en la puerta principal, dijo, “¿Estamos listos entonces? Un, dos, tres.”
La tía abuela Eustacia tarareó impacientemente mientras Weedon cogía un manojo de llaves que colgaba de una cadena de su cinturón. Seleccionó una enorme llave de hierro y la introdujo en la cerradura, luego la giró dos veces. Las puertas se abrieron.
“Madame” dijo Weedon, ladeando su cabeza.
“Basta de eso” le cortó Eustacia.
Mientras Charlie la seguía hacia el exterior, se dio cuenta de que la maleta de Billy Raven estaba en una esquina del recibidor. Así que todavía continuaba en la Academia Bloor. ¿Podría ser que estaban esperando a que Charlie se fuera para que no pudiera darle un vistazo más de cerca a los Greys?
El coche negro de Eustacia estaba mal aparcado al lado de la fuente del cisne. Tan pronto como Charlie hubo subido al asiento trasero, ella había acelerado, saltándose señales de stop, chocando con cubos de basura, metiéndose por calles de un solo sentido en la dirección contraria, asustando a gente en los pasos de cebra, acercándose peligrosamente a ciclistas, excediendo el límite de velocidad y pasando muy cerca de los coches aparcados (haciendo eso se cargó tres retrovisores).
Para disgusto de Charlie, Eustacia condujo hacia Viento Oscuro, un siniestro callejón donde sus tres tías abuelas vivían en unas casas adosadas, todas con el número trece. La tercera casa estaba cubierta con una carpa, pero detrás de las telas, un edificio ennegrecido y sin tejado podía ser intuido- era todo lo que quedaba de la casa de Venetia.
“Mírala bien Charlie” dijo Eustacia, parándose un momento ante la casa “Tú eres el responsable de esta ruina.”
“No exactamente” objetó Charlie.
“No en un sentido estricto” le concedió su tía abuela “Pero tú estabas con mi diabólico hermano cuando hizo esto, animándolo, sin hay duda.”
“¿Y qué esperabas que hiciera?” dijo Charlie desafiantemente. “Tía Venetia intentó matar a la señorita Ingledew.”
Eustacia abrió la puerta y puso sus piernas en el asfalto. “Fuera” le gruñó, cerrando la puerta de un golpe.
Charlie estuvo encantado de hacerlo. Saltó del coche arrastrando su mochila detrás suyo.
“Ahora vete” dijo Eustacia apuntando hacia la salida del callejón “Tienes tus propias piernas, puedes andar hasta casa.”
Charlie se giró y echó una carrera callejón abajo. No se molestó en agradecerle a su tía abuela por dejarle a medio camino de su casa. Pero cuando escuchó su puerta principal dando un portazo, se paró y miró hacia atrás, hacia la casa en ruinas. Recordaba el piano que había quedado al descubierto en la parte superior, cuando la pared del edificio en llamas cayó y recordó la terrible caída del instrumento, la misteriosa nota que había tocado cuando se estrelló en las escaleras del sótano y se rompió en cientos de piezas.
¿Quién había tocado ese piano, escondido en el ático de la casa de la tía Venetia? ¿Era Lyell Bone, su padre, prisionero e hipnotizado? ¿Y si lo era, dónde estaba ahora?
“¡Vuelve papá!” el susurro de Charlie hizo eco en el callejón vacío “Por favor, inténtalo.”
Mientras Charlie caminaba de vuelta a casa, Billy Raven estaba tomando su primera comida con Usher y Florence de Grey en la Academia. Ellos le habían dicho a Billy que prefería que les llamara por sus nombres de pila, ya que pensaban que era demasiado tarde para ellos para que les llamara Mamá y Papá. Ellos nunca se acostumbrarían. Billy había estado esperando con ansia el momento para decirle Mamá a alguien, pero decidió que lo haría lo mejor que pudiera.
El comedor de los Bloors quedaba a dos puertas de la oficina del doctor Bloor en el ala oeste. Era una habitación estrecha con una gran ventana con vistas al jardín. Las paredes estaban cubiertas con papel de rayas rojas y doradas y el techo estaba tan alto que Billy apenas podía distinguir las formas extrañas que rodeaban a la lámpara. Pensó que podían ser gárgolas.
Un candelabro colgaba encima de la majestuosa mesa ovalada, y aunque era un día cálido, un fuego crepitaba tras los barrotes de la gran chimenea. Incluso en verano, el señor Ezekiel se arropaba con una manta de lana. Era tan mayor que tenía el frío metido hasta dentro de su alma.
Aquel día, el anciano hombre estaba sentado a la cabecera de la mesa, de espaldas a la ventana. Masticaba con la boca abierta, y a veces, trozos de comida caían en su regazo. Al otro lado de la mesa, el doctor Bloor mantenía una conversación sin pausa con los Greys, en intento por distraer la atención de los asquerosos hábitos de comida de su abuelo.
Billy estaba embutido entre la matrona y Manfred, frente a sus futuros padres. La comida humeante de su plato había empañado sus gafas, y cuando él intentó limpiarlas con su servilleta, la matrona siseó, “¡Pañuelo!”
Billy no tenía un pañuelo. Se giró hacia la inmensa pila de platos llenos de carne y vegetales. Obviamente, los Bloors estaban intentando impresionar a sus invitados. El aburrimiento de Billy empezó a crecer con la monótona conversación. Lanzó miradas furtivas a través de la mesa a su nueva “madre” y ella le devolvía sus miradas con rápidas y dentonas sonrisas que nunca subían hasta sus ojos.
Sonreír era demasiado trabajo para el señor de Grey. Lo más que podía hacer era una sonrisa torcida. Billy se preguntaba si era una decepción para su nuevo “padre”. Quizás ese hombre de aspecto sombrío había esperado a un chico con brillante pelo marrón y una complexión fuerte. Un chico con ojos ordinarios que no necesitara llevar gafas.
Si era cierto que los Greys siempre habían querido adoptar a un niño, cómo habían dicho, ¿por qué se habían decidido ahora? ¿Y por qué no se les había ocurrido antes a los Bloors que Billy podía ser un buen candidato?
“Come Billy” dijo Lucretia Yewbeam “Queremos nuestro postre.”
Billy introdujo otro pedazo de patata en su boca e intentó tragarlo. Parecía que había una especie de pared en su estómago que no le permitía tragar la comida. Se rindió y depositó su cuchillo y su tenedor pulcramente atravesando su plato.
La matrona dio un suspiro y retiró su plato “Está emocionado” le dijo a los Greys. “Darle un huevo esta noche. Le encantan.”
Billy se preguntó qué había llevado a la matrona a decir eso. ¿Cómo podía saber ella qué le gustaba? Nunca antes se habían sentado en la misma mesa.
Lucretia continuó retirando los platos y hubo un murmullo de placer cuando el señor Weedon apareció con un gran pastel de merengue de chocolate. Billy adoraba el chocolate, pero no pudo comer el pastel. Ni un poquito. Se quedó mirando a la enorme porción que la matrona había plantado enfrente suyo. Deseó poder darle la tarta a Rembrandt, pero no se atrevía a mencionar a la rata. Se suponía que no tenía una. Los Bloors la habrían matado.
La matrona retiró la intacta porción de pastel de Billy con una mirada de irritación. Y entonces la mesa quedó completamente limpia. La gente se levantó y se volvió a sentar mientras Billy se quedaba dónde estaba, la pared de su estómago se hacía más pesada por momentos.
La señora de Grey puso una mochila gris en la mesa. Ella sacó tres hojas de papel y los puso delante de Billy.
“Ahora para tu juramento, Billy” dijo el doctor Bloor con un tono solemne.
“¿Juramento?” preguntó Billy extrañado.
“De hecho” continuó el doctor Bloor “Las adopciones no pasan simplemente. Tiene que haber un acuerdo. Las promesas deben ser hechas.”
Ezekiel se inclinó hacia delante, sus codos descansaban en la mesa, sus mejillas se apoyaban en sus puños. “La señora de Grey es un guardador de juramentos Billy, ¿sabes lo que es eso?”
Billy negó con la cabeza.
“¡Ella guarda los papeles!” Ezekiel rió desagradablemente. “Antes de que te vayas a tu nuevo y agradable hogar, debes firmar un juramento para hacer algunas cosas que están escritas en esos papeles que tienes delante. ¿Entiendes?”
“Sí señor”
“Rellena la casilla de “Sí” y firma con tu nombre al final” dijo la señora de Grey con un tono profesional. Con una larga uña, señaló una línea de puntos al final de uno de los papeles, y entonces se acordó de sonreír.
“¿De verdad tengo que hacerlo?” preguntó Billy valientemente.
“Si quieres ser adoptado” dijo Manfred, con sus negros ojos fijos en la cara de Billy.
La señora de Grey le pasó a Billy un bolígrafo y él empezó a leer el primer papel.
No. Sí.
1.          Prometo decir siempre la verdad.
2.          Prometo estar en silencio después de las siete en punto (mis padres necesitan diez horas de sueño).
3.          Prometo llevar las ropas que han sido elegidas para mí (y son muy bonitas).
4.         Prometo nunca pedir comida (porque se me dará suficiente).
5.           Prometo nunca hablar con otros niños sobre lo que pasa en la casa.
6.           Prometo contestar con la verdad a cualquier pregunta relacionada con los hijos del Rey Rojo, especialmente Charlie Bone.
Billy levantó la mirada. “¿Por qué?” preguntó. “¿Por qué tengo que responder preguntas sobre Charlie específicamente?”
“Es una condición Billy” dijo el doctor Bloor “Marca la casilla.”
Billy la marcó.
No. Sí.
7.          Prometo bañarme los viernes, sábados y domingos.
“No tienes porqué leer toda la lista” dijo la señora de Grey “Solo marca el resto de las casillas… cariño.”
El papel tenía un tacto extraño para Billy los bordes eran ásperos y parecía que quemasen al tocarlos.
Billy completó su misión y empujó los papeles lejos de sí. Florence de Grey los guardó rápidamente en su mochila, en la que Billy descubrió montones de contratos como el que él había firmado, archivados y ordenados. Ella cerró la mochila, satisfecha. “Sano y salvo” dijo, tras lo cual añadió dirigiéndose a Billy
"I keep the oaths, / And thus they are kept. / No breaking of oaths, / Of which I am the keeper." *

*“Yo guardo los juramentos/ Y así ellos son guardados/ No se rompen los juramentos/ Que son guardados por mí.”

Y en esta ocasión la sonrisa sí llegó hasta sus ojos.
“Será mejor que tengas cuidado, Billy” dijo Ezekiel con una risa disimulada “Muchas personas han intentado romper alguno de los juramentos que se encuentran en la mochila, y cómo han sufrido por ello.”
“¿De verdad?” preguntó Billy, nervioso.
Los eventos se desarrollaron con tranquilidad a partir de aquel momento. Todos se levantaron exceptuando Ezekiel, quien insistió en estrechar la mano de Billy y felicitarle “Que te vaya bien, pequeño” le dijo, dándole a Billy un empujón.
El doctor Bloor guió a los demás hasta el recibidor, donde le dio una palmadita a Billy en la espalda y le dijo que era extremadamente afortunado por haber encontrado unos padres tan buenos. Weedon abrió las puertas principales, Manfred, por su parte, alzó la gran maleta y se la dio a Billy, quien siguió a sus nuevos padres a través de la plaza hasta un pequeño coche gris.
Billy se sentó en el asiento trasero del coche con su maleta, y tan pronto como Florence se sentó en el asiento del copiloto, el señor de Grey arrancó. Usher era un conductor cuidadoso y el viaje de Billy a través de la ciudad fue mucho más agradable que lo que había sido el de Charlie.
Aparcaron al final de un oscuro callejón pavimentado con piedra, Billy se bajó del coche. Una densa niebla se había instalado y el niño perdió de vista a los de Grey mientras caminaba con prisa callejón arriba. Pasó al lado de una rústica señal que ponía Pasaje de Crook. Un poco más allá, un gran cartel clavado en una puerta ponía Se avisa a los peatones que no crucen.
El Pasaje de Crook se hizo cada vez más pronunciado. De vez en cuando, Billy tropezaba con alguna piedra escondida y la gran maleta saltaba sobre los adoquines. Ahora le parecía mucho más pesada, y Billy empezó a arrastrarla detrás de él- ¡pum, pum, pum! Parecía que los de Grey no se habían dado cuenta.
La pared en el estómago de Billy se había trasladado a su pecho. Había imaginado su nuevo hogar como una casa luminosa y soleada con un vasto césped, no un lugar oscuro y secreto como aquel. Una señal de madera crujió sobre su cabeza, Billy retrocedió para poder leerla.


*“Yo guardo los juramentos/ Y así ellos son guardados/ No se rompen los juramentos/ Que son guardados por mí.”

Las palabras “Casa de paso a diez metros” habían sido pintadas en negro sobre un fondo rojo. Esos diez metros eran los más empinados. La respiración de Billy se transformó en un gemido mientras levantaba su maleta hasta la puerta en la que se encontraban sus nuevos padres observándole.
“Estamos aquí Billy” dijo Florence.
Sobre la puerta, las palabras “La casa de paso” habían sido grabadas en la piedra.  Usher introdujo una  enorme llave de hierro en una igualmente enorme cerradura. Se escuchó un fuerte chasquido metálico y la puerta se abrió levemente. Billy subió los dos escalones y entró en la casa.
El recibidor era sorprendentemente grande para una casa que empezaba en un callejón oscuro. Estaba revestido con mármol blanco y mármol negro, y las paredes grises estaban decoradas con figuras de escayola. Un espejo con un gran marco dorado colgaba sobre una vitrina de cristal vacía, pero cuando Billy se miró en el espejo, solo vio una gota de blanco. ¿Era su pelo? El resto de su cuerpo estaba engullido por una niebla gris. ¿Los había seguido la niebla hasta ahí?
“¡Ven, Billy!” le llamó Florence, señalando desde un peldaño de piedra.
Billy atravesó las losas de mármol. Su maleta se deslizó y chirrió detrás de él. Caminó a través de dos altas columnas de mármol y empezó a subir los peldaños. Uno, dos, tres. Hizo una pausa para respirar, agarrado a la barandilla de hierro. Usher de Grey había desaparecido en una de las puertas del piso de abajo.
“¡Vamos, vamos!”  le llamó Florence desde el rellano. “Te va a encantar tu habitación”
Billy hizo un último esfuerzo y subió los escalones que le quedaban, tras lo cual siguió a Florence por un largo pasillo. Cuando llegaron al final, ella abrió una puerta, diciendo “¡Aquí estamos!”
Billy dio un paso y entró en su habitación: la primera habitación que era realmente suya y de nadie más. Era incluso mejor de lo que se había imaginado. Dejó su maleta en el suelo y observó lo que le rodeaba.
La cama era mucho más grande que los estrechos catres de la Academia Bloor. Tanto la colcha como la funda de almohada eran de un color azula cuadros, la cama remataba con un cabecero de pino. Había también un alto armario de pino y una mesilla con cajones a conjunto, pero Billy apenas se fijó en esos detalles. El niño no podía apartar la mirada de la televisión, en su negro estante, y luego en el ordenador, que se encontraba en el escritorio de pino. ¿Todo eso era suyo?
“¿Son míos?” preguntó Billy, sin aliento.
“Todo tuyos” dijo Florence. Todavía llevaba la mochila, e hizo sonar sus dedos sobre ella mientras le dedicaba a Billy otra de sus extrañas sonrisas “Siempre y cuando mantengas tus promesas”
“¿Mis juramentos?” dijo Billy.
“Exactamente, ahora vas a conocer  tu nueva casa Billy. Hay un lavamanos en tu cuarto. ¿Lo ves, detrás de esa pantalla?” Florence apuntó a una pantalla blanca que se encontraba en una esquina. “Así que no hay excusa para venir a comer con las manos sucias. ¿Entendido?”
Billy asintió.
“La cena es a las seis” Ella indicó un reloj que había sobre el ordenador. “Así que tampoco hay excusas para llegar tarde a la cena” Florence giró sobre sus talones y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella.
Billy se sentó en la cama. Era demasiado para asumirlo de golpe. Estaba deseando hablar con a alguien sobre aquello. Charlie. Quizás Charlie podría venir. Se quedaría tan sorprendido.
Solo eran las cuatro en punto, tenía tiempo de sobra hasta la cena. Billy decidió preguntarle a Florence si podía traer a un amigo. Corrió escaleras abajo y miró en las habitaciones del piso inferior: una cocina, un comedor, un salón muy elegante y una oficina. Los de Grey no estaban en ninguna de las habitaciones en las que había buscado.
“¡Hola!” llamó Billy.
No hubo respuesta.
Billy se giró hacia la puerta principal. Quizás debería simplemente salir y buscar a Charlie. Mientras el niño bajaba hasta el nivel del espejo del salón, algo muy raro sucedió. Se dio cuenta de que no podía avanzar más allá. Una barrera invisible le retenía. Una y otra vez, Billy intentó deslizar sus pies hacia delante, pero se en encontraban con una sólida pared invisible. Era imposible alcanzar la puerta principal. Intentó empujar la barrera invisible con sus manos, pero era como empujar contra una barrera de hierro.
Billy retrocedió y se sentó en una silla al lado de la vitrina vacía. No podía creer lo que estaba sucediendo. Pensó que sí esperaba unos cuantos minutos, quizás la fantasmal barrera se desvanecería.
Mientras echaba una mirada a su alrededor, se dio cuenta de que no había ningún abrigo colgando en el colgador, no había ningún sombrero en el sombrerero, ningún bastón, paraguas, botas o bolsas en el recibidor. De hecho, parecía que no había vida alguna en la Casa de Paso. En ese momento, Billy se dio cuenta de que había algo negro al final de la escalera.
Se levantó y fue a echar un vistazo. Era un gato muy pequeño con un hocico gris y una cola delgada. Por fin, alguien con quien Billy podía hablar. Se arrodilló al lado de la pequeña criatura y dijo, “¡Hola! Soy Billy, he venido a vivir aquí”
“Hola Billy” dijo el gato con una frágil voz. “Yo soy Claudia. Me alegro por mí misma de que hayas venido, aunque me entristezco por ti.”