Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Capítulo 4: Castigo para Charlie

Charlie tenía suerte de tener un amigo como Lysander Sage. Lysander siempre terminaba sus deberes rápido y ese día, tan pronto como terminó su trabajo, se dedicó a descifrar el enigma de Manfred.
Cuando Charlie salía del Salón del Rey, Lysander le agarró del brazo. “Creo que ya sé dónde está la oficina de Manfred” le susurró. “Vamos a los dormitorios y te lo explico.”
Billy Raven se había deslizado hacia ellos. “¿Puedo ir con vosotros?” le preguntó a Charlie.
“Billy Raven, quiero hablar contigo” Manfred estaba parado en la puerta del Salón del Rey, mirando a los tres niños.
Billy se encogió de hombros con resignación y caminó de vuelta hacia Manfred.
“Pobre niño” dijo Lysander en voz baja. Empezó a explicar cómo había descifrado el enigma de Manfred.
“Empecé por el final” dijo ““Trompetas, máscaras y pinceles” debe referirse a los símbolos que hay sobre nuestros guardarropas. Así que la oficina de Manfred está antes de llegar a los guardarropas. Si está “en el camino hacia la música” entonces debe estar en algún sitio de ese largo pasadizo que hay hacia la Torre de Música, eso está “debajo” del “ala” oeste, ¿lo pillas?”
“Mm” dijo Charlie “¿Pero qué hay de las palabras “Estoy detrás de las palabras”?” preguntó.
“Las palabras están en los libros” dijo Lysander “Supongo que si encuentras un mueble con libros en el pasillo, la oficina de Manfred se encontrará detrás de ella. Las estanterías son a menudo puertas hacia habitaciones secretas.”
“¡Vaya! Ya sé dónde está. Vi una estantería de libros allí abajo. ¡Brillante! ¡Gracias!”
“De nada, espero que te ayude.”
Habían llegado a los primeros dormitorios y empezaron a mirar las listas de nombres que se encontraban pegadas en cada puerta. Lysander descubrió que todavía compartía cuarto con Tancred, y para alivio de Charlie, vio que su nombre estaba en la misma lista que el de Fidelio. El nombre de Billy estaba al final.
Fidelio ya estaba deshaciendo su maleta. Había guardado una cama para Charlie. El dormitorio era prácticamente igual al del año pasado. Seis estrechas camas dispuestas a lo largo de una sombría habitación, con una única luz colgando en el centro.
Charlie empujó rápidamente todas sus posesiones en el armario que estaba al lado de la cama y colgó su capa en una percha. “Voy a intentar encontrar la oficina de Manfred” le dijo a Fidelio. “¿Puedes cubrirme cuando el ama venga?”
“Le diré que estás en el cuarto de baño” le dijo Fidelio. “Buena suerte.”
Charlie estaba a mitad de camino del vestíbulo cuando se encontró con un emocionado Billy Raven viniendo desde la otra dirección.
“He sido adoptado. Manfred me lo acaba de decir”.
“¡Eso es genial!” gritó Charlie.
El pequeño chico se tocó su blanco pelo. “Me pregunto por qué me quieren. Quiero decir, podrían haber elegido algún chico con aspecto agradable, alguien diferente.”
“¿Quiénes son?” Preguntó Charlie, repentinamente preocupado por Billy.
“Se llaman Señor y señora De Grey, son un poco más mayores de lo que había esperado, Manfred me ha enseñado una foto. Pero dijo que eran muy buenos y agradables. Y tienen una casa adorable. Tendré mi propia habitación con todo lo que quiera, me dijo que incluso tendría una televisión. Imagina, mi propia televisión.”
A Charlie le hubiera  gustado ver la foto de los Grey. Quizás sería capaz de saber un poco más sobre ellos si escuchaba sus voces. “¿Te dio Manfred la foto?” preguntó.
Billy negó con la cabeza.
“Bueno, son grandes noticias Billy.”
Charlie iba a continuar su camino cuando Billy le preguntó “¿Has traído la varita a la escuela?”
“Sí, yo…” Charlie se interrumpió. “¿Por qué lo quieres saber?”
“Es que acabo de pensar, ya sabes, que estaría bien que la tuvieras contigo – para protegerte ¿La guardas en el armario que está al lado de la cama?”
“No” Charlie guardaba su preciosa varita bajo su colchón, pero no se lo iba a decir a Billy. Ya había dicho suficiente.
“No, es demasiado larga para el armario” dijo Billy “¿La tienes bajo el colchón?”
Charlie se sentía incómodo ¿Estaría Billy espiando todavía para los Bloor? “Me tengo que ir, Billy” dijo rápidamente “Tengo que entregar mis líneas en la oficina de Manfred. Nos vemos luego.”
Charlie se dio prisa. Toda la actividad del colegio se había desplazado a los dormitorios, y en el gran vestíbulo enlosado resonaban los pasos solitarios de Charlie. Por segunda vez en el día abrió la antigua puerta de la Torre de Música. Se introdujo en el oscuro pasaje y examinó las paredes de piedra. A mitad de camino, en su derecha, vio un pequeño hueco. Charlie se arrastró en la oscuridad hasta que encontró un conjunto de estanterías grises con libros de aspecto serio.
“Hmm ¿Entonces, eres una puerta?” Charlie empujó un lado de la estantería, luego el otro. Nada se movió. A lo mejor  no era una puerta entera. Uno por uno, Charlie comenzó a retirar los libros, buscando un mando o una palanca para abrir la supuesta puerta. Pero no había nada.
“¿Qué estás haciendo?”
Charlie se sobresaltó. Una figura con una capa púrpura se deslizó hacia él “¿Porqué estas aquí?” Preguntó Tantalus Ebony.
“Estaba buscando la oficina de Manfred” tartamudeó Charlie.
“Ya veo” El señor Ebony le dirigió a Charlie una mirada de odio tan abrumadora, que Charlie tuvo que dar un paso atrás, mareado por el shock. Una mezcla de olores sofocantes llenaron sus fosas nasales: el aire viciado, velas de cera, cosas podridas, el moho y el hollín.
“Haces bien asustándote, Bone” dijo el profesor fríamente “Eres un niño muy molesto, ¿o no pequeño diablillo?”
Antes de que Charlie pudiese responder la expresión del hombre pareció disolverse, y una serie de expresiones cruzaron su cara de palo. Por una fracción de segundo, Charlie sintió que detrás de la máscara en continuo cambio, alguien le miraba con infinita ternura. Sin embargo, estaba seguro de que lo había imaginado cuando la mirada de de altiva indiferencia volvió a la cara del profesor.
“Buscabas la oficina” Mr. Ebony presionó un nudo de la madera en lo alto de la estantería. Inmediatamente se abrió hacia un lado revelando el oscuro interior de una pequeña oficina.
“Gracias” dijo nervioso Charlie al entrar.
“Te dejo con ello, Toodle-oo” La extraordinaria voz del profesor cambió completamente, ondeó sus largos dedos y se fue corriendo tatareando una canción familiar.
Charlie miró alrededor de la habitación. Estaba muy sucia. Una fotografía de un joven señor Bloor  con un niño pequeño y una mujer de pelo negro colgaba sobre la repisa de la chimenea. Manfred y sus padres. Bajo la ventana había un escritorio con una silla de cuero regulable de cara al patio. Charlie avanzó hasta el escritorio y puso sus líneas en un montón de papeles. Estaba a punto de volver cuando algo capto su mirada. Un pequeño dibujo de un caballo yacía junto a los papeles. Charlie la recogió. Había otras fotografías de esqueletos de caballos debajo.
En este punto, Charlie debería haber dejado la habitación, pero se fijo en un paquete de fotografías al final del escritorio. Charlie no era la clase de chico que se va cuando ve algo interesante. Y a él siempre le interesaban las fotografías. Mientras levantaba cuidadosamente el paquete no escuchó un deslizamiento detrás de él.
Las fotos fueron decepcionantes. Solo había dos personas en ellas: un hombre y una mujer. Ambos de mediana edad en un lugar cualquiera. El hombre tenía el pelo delgado y llevaba gafas; la mujer tenía una cara redondeada con el pelo corto y recto y sus dientes eran muy largos. En todas las fotografías ella estaba sonriendo. No, sonriendo no, decidió Charlie. Era más bien como si ella estuviese ocultando algo invisible entre sus dientes.
En muchas de las fotografías la pareja estaban sentadas de lado a lado del sofá, pero había dos tomadas en el jardín y dos más en una cocina. Charlie estaba escrutando la cocina aparentemente vacía cuando repentinamente oyó a la mujer hablar.
Sonríe, Usher. Queremos traer al niño con facilidad.
No me gustan los niños. La voz del hombre era ligeramente nasal. Nunca lo han hecho.
Vendrá dentro de poco.
¿Por cuánto tiempo?
Hasta que haga lo que ellos quieran. Tienes que usar tu talento— ya sabes – impedirle que se vaya.
¿Talento? Dijo el hombre con voz quejumbrosa. Qué remedio…
Charlie oyó unas pisadas. Rápidamente devolvió las fotos al paquete y las colocó de vuelta al final del escritorio. Pero cuando volvió a la puerta se dio cuenta de que estaba atascado. No había palancas, cerraduras o pestillos. Estaba atrapado.
Charlie golpeó la puerta  “¡Hola! ¿Hay alguien ahí? Soy yo, Charlie Bone.”
No hubo respuesta.
Charlie golpeó de nuevo “¿Mr. Ebony está usted ahí? ¿Manfred?”
Charlie continuó golpeando y llamando durante varios minutos hasta que se dio por vencido. Comenzaba a oscurecer. Charlie se sentó en la silla y pensó en las fotografías. De repente, una idea le vino a la mente, eran los nuevos padres de Billy Raven. Él siempre había querido tener unos buenos padres y un hogar real ¿Cómo podía Charlie contarle la verdad?
Sentado en la penumbra, luchando con este dilema, las luces del otro lado del patio se fueron apagando una a una hasta dejar a Charlie en la más completa oscuridad. Se abrió camino por la habitación buscando a tientas un interruptor de luz. No parecía haber alguno. Empujó la puerta y golpeó y llamó pero nadie vino. El reloj de la catedral dio las nueve. Charlie se sentó en el suelo y dormitó.
Un sonido en el patio le hizo levantarse. ¡Clop! ¡Clop! ¡Clop! Charlie agitó su cabeza adormilada. Cascos. Había un caballo en el patio. Charlie se puso en pie. Podía ver justo detrás del rectángulo de luz de la ventana, pero era imposible ver nada más allá, en la hierba.
El reloj de la catedral dio las diez y las pisadas se desvanecieron. Charlie estaba a punto de gritar de nuevo cuando la puerta se abrió y un rayo de luz le bañó la cara.
“¿Qué diablos estás haciendo aquí?”
Charlie reconoció la profunda voz del Doctor Bloor. “Vine para entregarle a Manfred unas líneas, señor, y entonces la puerta se cerró.”
“¿Y cómo entraste?”
“El señor Ebony me dejó entrar, señor.”
“¿Eso hizo?”
“Sí señor” Charlie rogó para que el Doctor Bloor apartara aquella brillante luz de sus ojos.
“Bueno, estás castigado Charlie Bone. Te quedarás en el colegio una noche extra. Ahora vuelve a tu dormitorio.”
El Doctor Bloor sacó a Charlie de la habitación y le dio un empujón con dirección al pasillo. Charlie ya casi había llegado a su habitación cuando el ama apareció por una esquina y le cogió del hombro.
“¡Ouch!” gritó Charlie “Si pensabas ponerme un castigo, no te molestes. Ya tengo uno.”
Charlie podía oír a Lucretia Yewbeam rechinando los dientes. “No hables hasta que te lo diga. ¿Dónde has estado?”
“Atrapado en la oficina de Manfred” dijo Charlie con un suspiro. “Me dijo que tenía que entregarle mis líneas.”
“¿Líneas?, ¿en el primer día del semestre? No tienes remedio. No puedo creer que seamos familia.”
“Yo tampoco” masculló Charlie.
“¿Qué has dicho?
“Dije, perdóname por ser tu familia.”
“Vete a la cama” gruñó su tía abuela Lucretia.
A la mañana siguiente, en su camino hacia el desayuno, Charlie le contó a Fidelio todo lo que había sucedido la noche anterior. Su amigo escuchó con atención hasta que Charlie empezó a hablar sobre las fotografías.
“Así que has estado escuchando otra vez” dijo Fidelio irónicamente.
“No pude evitarlo” admitió Charlie “Eran una pareja desagradable, Fido. Pero… ¿cómo se lo puedo decir a Billy?”
“Será mejor que pensemos que estabas equivocado y que esos no eran los Greys.”
Los dos chicos entraron en la cafetería y se sentaron en sus sitios en la mesa de música.
“Lo del caballo es interesante” dijo Fidelio mientras untaba mantequilla en una tostada.
Billy Raven levantó la vista desde su tazón de cereales “¿Has dicho caballo?”
“Luego te lo contamos Billy” dijo Charlie “A propósito, tengo castigo este fin de semana, así que te haré compañía.”
“Mis nuevos padres vendrán a recogerme el sábado” dijo Billy.
“¿Tan pronto?”
“¡Tendré mi propia casa!” Billy dio saltitos de emoción en su silla “¡Yujuuu!”
Charlie sonrió levemente. No quería acabar con la esperanza de Billy, pero estaba seguro que las adopciones de verdad no pasaban de esa manera. ¿Cómo habían conseguido los Bloors salirse con la suya? Ellos mantenían a los niños escondidos de sus familiares, movían a los huérfanos sin que ellos pudieran opinar nada, incluso hacían desaparecer padres.
“¡Charlie!” Fidelio le dio un codazo “Si no quieres tu desayuno me lo comeré yo.”
Charlie se metió una cucharada de cereales en la boca tan rápido como pudo “¿Supongo que no tienes  ganas de pasar un día de castigo conmigo?” le preguntó a su amigo.
Fidelio parecía avergonzado. “Lo siento pero no puedo. He prometido que tocaría en la banda de mi hermano en la mañana del sábado.”
“Por lo menos puede que vea a los padres de Billy Raven. Eso puede ser interesante” dijo Charlie.
Durante el primer recreo, Charlie vio a Emma y Olivia corriendo por el patio.
“¡Oye, vosotras dos!” gritó Charlie mientras jadeaba tras las chicas. “Estáis, eh… ¿ocupadas este sábado?”
“¡Tienda de libros!” dijo Emma “Es el día con más trabajo de mi tía Julia.”
“¿Tienes un castigo otra vez, Charlie?” le preguntó Olivia, reduciendo su velocidad.
“Sí. Entonces, ¿estarás ocupada?”
Olivia paró de correr y Emma frenó a su lado.
“¿Entonces?” preguntó Charlie, respirando profundamente.
“De hecho” dijo Olivia solemnemente “Probablemente el sábado será el día más importante de toda mi vida.”
“Definitivamente” aseguró Emma.
“Voy a hacer una audición para una película. Es una película realmente importante. Hay por lo menos tres grandes estrellas en ella, y voy a ser la hija de Tom Winston, o al menos espero serlo.”
“¿Tom Winston?” preguntó Charlie.
“No me digas que nunca has oído hablar de Tom Winston” dijo Olivia mientras fruncía el ceño. “¡Es una GRAN estrella!”
“Oh, vale. Bueno, buena suerte entonces.” Dijo Charlie “¡Hey, quizás te vuelves famosa, Livvy!”
“Está destinada a serlo” dijo lealmente Emma.
“Quizás” añadió Olivia con una sonrisa rebosante de confianza.
“¿Y hablarás con nosotros aunque seas famosa?” preguntó Charlie.
“¿Tú qué crees?” La sonrisa de Olivia se hizo más grande.
El cuerno de caza sonó y Charlie no pudo responder la pregunta de Olivia, porque las dos chicas se giraron y corrieron hacia la puerta mucho antes que él. Charlie llegó a la conclusión de que ellas debían de haber estado entrenando durante las vacaciones.
“¿Sabes una cosa?” dijo Charlie mientras entraba en el guardarropa “Olivia Vertigo va a ser una estrella del cine.”
Fidelio estaba sentado en un banco, cambiándose los zapatos. “¿Cómo es eso?” preguntó, dejando a un lado una de sus zapatillas de deporte.
Varios niños observaron a Charlie, y Gwyneth Howells, la arpista, dijo “Olivia Vertigo piensa que es tan brillante.”
“Pero ella es brillante” dijo Rosie Stubs amablemente “Digo, seguramente terminará siendo famosa.”
Gwyneth le dirigió a su mejor amiga una mirada fulminante, y Rosie añadió “Oh, venga Gwyn, debes admitir que es una actriz fantástica.”
“Va a hacer una audición el sábado” le contó Charlie. “Va a actuar en una película enorme. Va a ser la hija de Tom Winston.”
“Si consigue el papel” dijo Gwyneth con un suspiro.
“Lo conseguirá” dijo Fidelio “No hay ninguna duda.”
Pronto, el colegio entero estaba hablando de la inminente fama de Olivia Vertigo. Y Olivia empezó a desear haber mantenido su audición en secreto.
De alguna manera, Charlie se las arregló para no meterse en líos el resto de la semana, y cuando llegó el viernes, se encontró con que no le desagradaba tanto la idea de pasar una noche extra en la escuela. Bajó al recibidor principal para desearle a Olivia buena suerte antes de que se fuera, pero ella ni se lo agradeció.
“Ojalá no se lo hubieras dicho a tanta gente” le increpó “Da mala suerte” y ella se alejó sin mirar atrás.
“Está nerviosa” le explicó Emma. “Lamento que estés castigado, nos veremos el domingo, ¿vale?”
“En el Café de las Mascotas a las dos en punto” dijo Charlie.
“Allí estaré” Emma corrió detrás de Olivia, con sus largos rizos rubios rebotando contra su capa.
Un olor familiar asaltó a Charlie cuando entró en el dormitorio y no le sorprendió ver al perro de la Cocinera, Bendito, sentado frente a los pies de la cama de Billy. En aquel momento, el viejo perro parecía más deprimido de lo normal. Charlie asumió que la causa era su edad y su mala salud (Bendito estaba extremadamente gordo), pero Billy le corrigió rápidamente.
“Está triste” dijo Billy, quien estaba intentado empaquetar sus cosas en una maleta de aspecto maltrecho. “En parte porque he sido adoptado, pero mayormente porque ha visto una cosa terrible.”
“¿Oh?” Charlie se sentó en la cama que estaba al lado de Billy “¿Qué vio?”
Billy observó a Bendito, quien soltó una serie de gruñidos similares a un zumbido.
“Es difícil de explicar. Continuó pensando que he entendido mal y que quiere decir algo diferente, pero entonces dice, “¡Verdad!, ¡Verdad! Caballo volando a través del muro’’
“¿Qué?” Charlie alzó la mirada.
Billy dejó de empaquetar y se sentó en su cama “Él dice que estaba en lo alto de la casa en una habitación muy, muy larga. Manfred estaba ahí, y el viejo señor Ezequiel, y tus tres tías abuelas, Charlie. Él dice que había cosas en una mesa: piel y cosas de metal y… unos huesos muy, muy viejos.”
A Charlie se le erizó el pelo. “¿Qué tipo de huesos?”
“Huesos de caballo.”
Súbitamente, Bendito dio un agudo ladrido.
“Dice que los huesos se convirtieron en un caballo” Billy hablaba muy despacio, como esperando que Charlie le parara. Pero Charlie solo podía escuchar, boquiabierto.
“Dos de tus tías abuelas le hicieron cosas a los objetos que habían en la mesa” continuó Billy, “y el señor Ezequiel tenía una lata que hacía rayos. Hubo una gran explosión y un montón de humo, y un caballo saltó de la mesa y atravesó el muro.”
“¿Qué pretenden con todo esto? No sabía que mis tías podían hacer cosas como esas.”
“Eran tres, recuerda. Manfred y el señor Ezequiel también. Quizás eso los hizo más poderosos” Billy frunció el ceño y sacudió la cabeza. “Debe de haber sido el caballo que yo vi en el cielo.”
Charlie se dio cuenta de que esta extraña conversación explicaba mucho: la imágenes en el escritorio de Manfred, por ejemplo; la presencia fantasmal en el jardín; y el sonido de cascos que oyó Charlie en el patio. “¿Pero cuál es la finalidad de todo esto?” murmuró.
Billy se encogió de hombros “Quizás nunca lo sabremos”
“Oh, creo que sí. De hecho, puedes apostar tu vida en ello.”
“Si pudiera ver al caballo, podría hablar con él” dijo Billy.
“Quizás puedas hablar con él de todas formas” sugirió Charlie.
Billy miró fijamente a Charlie a través de los gruesos cristales de sus gafas redondas. “Sí” dijo pensativamente. Saltó de la cama y reanudó su equipaje. La pequeña pila de ropa que descansaba en la cama ocupaba solo la mitad de la enorme maleta.
“No tengo nada más. Esto es todo.” Billy cerró la maleta y la bajó hasta el suelo.
“¿Nada más?” Charlie estaba consternado. ¿Dónde estaban los juguetes de Billy, los libros, los juegos, las zapatillas y su ropa de fin de semana? En su casa, el armario de la habitación de Charlie estaba hasta arriba de cosas. ¿Eso era todo lo que Billy poseía en el mundo?
“Hay algo más” Billy tiró de una bolsa de plástico que se encontraba en el armario al lado de su cama y la vació en esta. Junto con los cinco libros que la Cocinera le había regalado, había un paquete de cartas, un pequeño osito con una sola oreja y algo envuelto en un papel amarillento.
“Los Bloors solían darme comida como regalo” dijo Billy mientras desenvolvía con cuidado el papel amarillento “así que muchas de mis posesiones ya han sido comidas.” Billy sonrió tímidamente. “Pero yo guardo esto” Quitó la última hoja que quedaba, revelando cuatro velas blancas “Las encontré en la alacena de mi tía antes de ser enviado a los Bloors. Su perro me contó que las velas venían con una tarta de cumpleaños, pero ella nunca las puso en la tarta, y nunca he sabido quién me las envió.”
Charlie observó las cuatro pequeñas velas que se encontraban en la mano de Billy. Parecía como si cada una de ellas hubieran sido hechas con plumas enroscadas. Los delicados filamentos de cera en espiral alrededor de la vela las hacían parecer misteriosas y mágicas.
“Nunca las encendí” dijo Billy suavemente.
“Puedo verlo” Charlie entrecerró sus ojos y se acercó más a las velas “Me pregunto quién las habrá enviado.”
“Ojalá lo supiera.” Billy las envolvió cuidadosamente y las guardó en su bolsillo.
Fue una suerte que las guardase, porque en el minuto siguiente, Lucretia Yewbeam entró en el dormitorio y comenzó a examinar el equipaje de Billy.
“Esto es un desastre,” dijo tirándolo todo al suelo. “Guarda tus ropas apropiadamente Billy Raven. Tus nuevos padres no aceptarán un equipaje tan desastroso como ese.”
“¿Quiénes son los nuevos padres de Billy?” preguntó Charlie.
“No es de tu incumbencia” le espetó su tía abuela.
“Pero es de incumbencia para Billy” argumentó Charlie. “Él solo sabe sus nombres, no de donde son, o si tienen más familia, o si viven…”
“Tú no necesitas saber esas cosas” dijo el ama. “Billy lo sabrá pronto. Ahora péinate el pelo antes de cenar, chico. Parece como si te acabaras de levantar.”
Charlie dio un gruñido de enfado. Seguramente Lucretia había adivinado que se le había olvidado empacar su cepillo de pelo.
Cuando el ama se fue, Charlie ayudó a Billy a empaquetar otra vez las cosas en su maleta. No se veía mucho mejor que la primera vez que lo guardaron todo.
“Lo tendremos que hacer” dijo Billy alegremente “Solo piénsalo, ¡tengo un hogar al que ir!”
Charlie se preguntó si el pequeño chico estaba tan feliz como parecía. Es noche Billy se revolvió en su cama. Comprensible, empezar una nueva vida con unos padres desconocidos no solía ocurrir todos los días.

domingo, 16 de octubre de 2011

Capítulo 3: El niño con papel en el pelo

“¡Silencio!” siseó la voz.
Charlie se encogió contra la pared mientras la persona, o cosa, pasaba de largo y se dirigía hacia la puerta que llevaba al vestíbulo.
Charlie no sabía qué hacer. ¿Debía volver por donde había venido o arriesgarse a entrar a la torre?  La persona que había pasado a su lado podía estar en el pasillo, esperándole. Escogió la torre.
Tan pronto como llegó a la habitación redonda y soleada que se encontraba al final del pasillo, Charlie se sintió mejor. Esas alas púrpuras habían sido los brazos de una capa, razonó. Y la persona enfada era probablemente alguien del servicio del colegio discutiendo con alguien. Comenzó a subir por la larga escalera de caracol hacia lo alto de la torre. La Academia Bloor tenía cinco pisos, pero la clase de música del señor Pilgrim estaba en otra ala.
Charlie llegó al pequeño rellano donde los libros de música rebosaban las estanterías, llenaban cajas y formaban altas pilas en el suelo. Entre las hileras de estanterías, una pequeña puerta de roble permitía el acceso a la sala de música. Un mensaje había sido clavado en el centro de la puerta:
El señor Pilgrim se ha ido.
Charlie rebuscó en las cajas, levantó pilas de partituras y buscó detrás de pesados libros en las estanterías. Encontró una flauta, un puñado de cuerdas de violín,  una caja de galletas y un peine, pero ninguna trompeta.
¿Había algún punto en intentar buscar en la habitación tras la puerta? Charlie recordaba haber visto un gran piano y un taburete, nada más. Volvió a mirar a la nota. El señor Pilgrim se ha ido. Tuvo el presentimiento de que había otro mensaje detrás de esas cinco palabras: “No entres, no eres bienvenido aquí”.
Pero Charlie era un chico que no solía hacerle mucho caso a lo que decían las señales. En ese momento, aún así, llamó a la puerta antes de entrar. Para su sorpresa, obtuvo respuesta.
“Si” dijo una voz cansada.
Charlie entró.
El doctor Saltweather estaba sentado en el taburete. Sus brazos estaban plegados el interior de su capa azul, y su delgado pelo se encontraba colocado de una manera descuidada.  Tenía una expresión que Charlie nunca había visto antes en su cara: una mirada de preocupación y consternación.
“Perdóneme señor” dijo Charlie “Estaba buscando mi trompeta”
“Eso parece" Dr. Saltweather miró a Charlie.
“Pero supongo que no está aquí”
“Nada está aquí” dijo el doctor Saltweather.
“Lo siento señor” Charlie estaba a punto de irse cuando algo le hizo preguntar, “¿Dónde está el profesor Pilgrim, señor?”
“¿Dónde?” el doctor Saltweather miró a Charlie como si acabara de verlo. “Ah, Charlie Bone”
“Sí, señor”
“No sé dónde se ha ido el señor Pilgrim, es un misterio”
“Oh” Charlie estaba a punto de irse otra vez, pero en ese momento se encontró a sí mismo diciendo “Me encontré con alguien en el pasillo, pensaba que podría ser él”.
“No Charlie” El profesor habló de manera forzada. “Seguramente era el señor Ebony, vuestro nuevo profesor”
“¿Nuestro profesor?” Charlie tragó saliva. El pensó en las alas púrpuras y la voz silabeante.
"Sí. Es un poco preocupante, por decirlo de alguna manera." El doctor Saltweather le dirigió a Charlie una mirada escrutadora, como preguntándose si podría decir más. "El señor Ebony vino aquí a enseñar historia" continuó, "pero se presentó con una carta de renuncia del señor Pilgrim que no sé cómo consiguió y ahora esto… El hombre quiere enseñar piano" el doctor Saltweather alzó la voz. "Él viene aquí, coloca un mensaje en la puerta, y trata de mantenerme fuera de una habitación en mi propio departamento.... ¡Es intolerable!"
“Sí señor” asintió Charlie. “Pero estaba llevando una capa púrpura, señor”
“Ah, sí, ¡eso!” el doctor Saltweather se pasó la mano por su pelo canoso. “Parece que el señor Tantalus Ebony está en el departamento de Teatro, luciendo el púrpura.”
Charlie dijo, “Ya veo”, aunque en aquel momento estaba bastante confuso. Él nunca había oído hablar de un profesor que enseñara en tres departamentos a la vez.
“Son los arreglos del doctor Bloor, así que, ¿qué puedo hacer yo?” el doctor Saltweather extendió sus manos. “Es mejor dejarlo correr; Charlie. Siento lo de tu trompeta. Prueba en una de las salas de arte, ahí siempre están dibujando nuestros instrumentos musicales.”
“Arte. Gracias señor” dijo Charlie agradecido. Solo se podía llegar a las salas de arte subiendo por la escalera principal, y cuando Charlie puso el pie en el primer escalón, Manfred Bloor salió de una puerta del vestíbulo.
“¿Has terminado de escribir tus líneas?” preguntó Manfred fríamente.
“Eh… no”
Manfred se acercó a Charlie. “No te olvides o tendrás que escribir otras cien.”
“Sí Manfred, digo no.”
Manfred hizo un gesto de irritación y se largó.
“¡Perdona!” dijo Charlie de repente, “¿pero tú continúas siendo, eh…, un alumno, Manfred?”
“¡No, no lo soy!” le espetó el joven. “Soy un asistente de los profesores. Y llámame señor”
“Sí señor” La palabra señor le sonaba rara aplicada a Manfred, pero Charlie sonrió, esperando haberlo dicho de la forma correcta.
“Y no lo olvides” Manfred se marchó de vuelta a la sala de los prefectos y cerró de golpe la puerta.
Charlie todavía no había encontrado la oficina de Manfred. Ahora tenía que encontrar su trompeta y escribir cien líneas. Pero se dio cuenta de que no conocía la última línea de las reglas del vestíbulo. “Emma me la dirá” se dijo a sí mismo y comenzó a subir las escaleras.
Emma solía encontrarse en la galería de arte, una larga y aireada habitación con vistas al jardín. Pero hoy, la habitación parecía estar vacía Charlie buscó en el armario de las pinturas e inspeccionó las estanterías del fondo de la habitación, luego cruzó la galería y descendió por unas escaleras de caracol metálicas que le llevaban al estudio de escultura.
“¡Hola Charlie!” le llamó una voz.
“Ven aquí con nosotros”, le llamó otra voz.
Charlie miró a su alrededor y descubrió a dos chicos con capas verdes que le sonreían desde el otro lado de un gran bloque de piedra. Uno tenía la piel morena y el otro era muy pálido. Los dos amigos de Charlie estaban ahora en tercer curso. Los dos habían crecido considerablemente durante el verano, y también lo había hecho su pelo. Lysander ahora tenía rastas en el pelo decoradas con cuentas multicolores, mientras que Tancred había llenado de gel su pelo hasta convertirlo en un bosque de rígidas espinas.
“¿Qué te trae por aquí Charlie?” le preguntó Tancred.
“Estoy buscando mi trompeta, a propósito, casi no os he reconocido.”
“Tú no has cambiado,” dijo Lysander con una gran sonrisa. “¿Qué tal el segundo curso?”
“No lo sé, creo que estoy en un pequeño lío. Sigo yendo al lugar equivocado. He perdido mi trompeta” dijo Charlie. “He tenido problemas con Manfred y hay, eh…, una cosa en el jardín.”
“¿A qué te refieres con una “cosa”?” los azules ojos de Tancred relampaguearon.
Charlie les contó acerca del caballo que Billy había visto en el cielo y las huellas de cascos en el jardín.
“Interesante”, dijo Lysander.
“Siniestro”, añadió Tancred. “No me gusta cómo suena esto” Las mangas de su camisa se estremecieron. Era difícil para Tancred no influir en su entorno. Era como una veleta andante, sus estados de ánimo afectaban el aire a su alrededor hasta el punto de que podías decir que él tenía su propio clima.
“Mejor sigo buscando mi trompeta”, dijo Charlie. “Oh, ¿cuál es la última línea de las reglas del vestíbulo?”
“Seas alto o bajo” dijo rápidamente Lysander.
“Gracias Sander. Tengo que escribir las reglas enteras cien veces antes de cenar y dárselas a Manfred, si es que consigo encontrar su oficina. ¿Vosotros no sabríais dónde está, no?”
Tancred negó con la cabeza y Lysander dijo, “Ni idea.”
Charlie estaba a punto de continuar su camino cuando Tancred le sugirió que probara en otro lugar. “Por ahí”, dijo Tancred, indicando una puerta al final del estudio de escultura. “Los niños nuevos están dando su primera clase de arte. Creo que uno de ellos llevaba una trompeta.”
“¡Gracias Tanc!” Charlie entró en una habitación que nunca había visto anteriormente. Alrededor de quince silenciosos niños estaban sentados a lo largo de una enorme mesa, dibujando. Todos estaban muy concentrados en su trabajo, y ninguno de ellos levantó la vista hacia Charlie cuando este entró.
“¿Qué es lo que quieres?” Un hombre delgado, rubio y pecoso le habló desde el final de la mesa. Sería un profesor de arte nuevo, supuso Charlie.
“Mi trompeta, señor” dijo Charlie.
“¿Y por qué piensas que está aquí?” preguntó el profesor.
“¡Por qué está ahí!” Charlie acababa de ver una trompeta exactamente igual a la suya. El instrumento estaba siendo dibujado por un pequeño niño con pelo grisáceo como el de los ratones y orejas que le sobresalían. El chico miró a Charlie.
 “Joshua Tilpin” dijo el profesor, “¿de dónde has sacado esa trompeta?”
“Es mía señor Delf” Joshua Tilpin tenía unos pequeños ojos de un pálido gris. Los entrecerró y arrugó la nariz mientras miraba a Charlie.
Charlie no pudo pararse. Dio un salto hacia delante, cogió la trompeta y la giró. En el último semestre había marcado un pequeño “cb” al lado de la boquilla. La trompeta era la suya. “Tiene mis iniciales, señor”
“Déjame ver” El señor Delf extendió su mano.
Charlie le pasó la trompeta. “Mi nombre es Charlie Bone, señor ¿Ve? Esas son mis iniciales.”
“No deberías desfigurar los instrumentos musicales de esta manera, pero parece que es tuya. Joshua Tilpin, ¿por qué mentiste?”
Todos miraron a Joshua. Él no se puso rojo, como Charlie esperaba que hiciera. En cambio, le dirigió una gran sonrisa, dejando al descubierto una hilera de dientes pequeños e irregulares. “Lo siento señor, de verdad lo siento Charlie. Solo fue una broma. Perdóname, ¡por favor!”
Ni Charlie ni el profesor sabían qué decir ante esto. El señor Delf le pasó la trompeta a Charlie, diciendo “Será mejor que vuelvas a tu clase.”
“Gracias señor” Charlie agarró su trompeta y caminó hacia la puerta. Le dirigió una última mirada a Joshua Tilpin mientras caminaba. Tenía el presentimiento de que aquel niño estaba dotado. Las mangas y el pelo de Joshua estaban cubiertas con trozos de papel y pequeños restos de goma de borrar. Incluso, cuando Charlie miraba, un pedazo de lápiz roto saltó de repente de la mesa y se quedó pegado al pulgar del niño. Joshua le dirigió a Charlie una sonrisa irónica y arrojó el lápiz. Charlie sintió como si un hilo invisible estuviera tirando de él con dirección al extraño chico.
Abandonó rápidamente la habitación, y el hilo se rompió.
En el estudio de escultura se oía el sonido del acero contra la piedra. Tancred y Lysander no eran los únicos que estaban rompiendo rocas. Charlie hizo una floritura con su trompeta en el aire. “La tengo”, dijo en voz alta.
“Lo sabíamos”, respondió Tancred.
La siguiente prioridad de Charlie eran las cien líneas. ¿Dónde debería escribirlas? Decidió que lo haría en su nueva clase. Mientras cruzaba el pasillo, se vio rodeado por grupos de niños, algunos provenientes del patio, otros que bajaban las escaleras, y otros muchos salían de las aulas. Todos parecían saber exactamente a dónde tenían que ir, exceptuando a Charlie. Algo había salido terriblemente mal con su horario. Se dio prisa, esperando al menos encontrar a algunos compañeros de su curso en la clase.
Había una nota colgada en la puerta de la clase. Estaba escrita con la misma letra anticuada y escrita a mano que la nota que colgaba en la puerta del señor Pilgrim:
Tantalus Ebony
Música, Mímica e Historia Medieval.
Charlie apoyó su oreja en la puerta. Ningún sonido le llegó desde el interior. Entró.
• • •
No había ningún niño en la habitación, pero había un profesor. Estaba sentado en un alto pupitre en frente de la ventana, tenía una larga y delgada cara y unas negras cejas que se juntaban por encima de su nariz. Su oscuro pelo cubría sus orejas y el flequillo llegaba justo hasta sus cejas. Llevaba una capa púrpura.
“¿Sí?” dijo el profesor, levantando la vista de su libro.
Charlie tragó saliva “He venido a escribir unas líneas señor.”
“¿Nombre?” La voz del hombre retumbaba como si proviniera del inframundo.
“Charlie Bone, señor”
“¡Acércate!” El profesor hizo una seña con un largo y blanco dedo.
Charlie caminó hacia el escritorio. El hombre le observó detenidamente durante un largo minuto. Su ojo izquierdo era gris y su ojo derecho marrón. Era de lo más desconcertante. Charlie tuvo la tentación de mirar hacia otro lado, pero se mantuvo firme y miró primero un ojo y luego el otro. Un gesto de enfado cruzó la cara del hombre, quien se echó para atrás, como si temiera que Charlie hubiera descubierto una parte de él que deseaba mantener en secreto. En aquel momento, el profesor dijo “Soy Tantalus Ebony”
“Eso suponía, señor”
“Que presuntuoso. Quédese quieto.”
Charlie estuvo a punto de decir que él no se había movido, cuando el señor Ebony continuó. “¿Por qué no estás con el resto de tu clase?”
“Estoy un poco confundido, señor”
“¿Confundido?, la confusión es para los estudiantes de primero. No es un comienzo muy prometedor para tu segundo año, ¿verdad Charlie Bone? Y dijiste que tenías que escribir unas líneas, me pregunto por qué.”
“Estaba hablando en el vestíbulo, señor”
La respuesta del señor Ebony fue asombrosa. Se rio a carcajadas, sacudido por una risa desenfrenada.
“Aha”  El profesor tosió ligeramente. “Ve y escribe tus líneas. Y no me molestes. Me voy a dormir” El señor Ebony se echó su capa púrpura sobre la cabeza y cerró los ojos. Todavía sentado muy tieso, comenzó a roncar.
¿Es posible ser observado por alguien que no te está mirando? Charlie tenía la impresión de que el extraño profesor todavía estaba despierto. O que alguien, detrás de la cara durmiente, estaba todavía en guardia.
Tras esperar un par de segundos, Charlie se dirigió de puntillas hasta su pupitre, sacó un cuaderno y empezó a escribir las reglas del vestíbulo. Acababa de completar la última línea cuando el cuerno sonó, avisando de que era la hora de la merienda. El señor Ebony abrió sus ojos, tiró de su capa y gritó “¡FUERA!”
“Sí señor” Charlie recogió sus papeles y salió apresuradamente de la clase.
************************************
“¿Dónde has estado todo este tiempo?” preguntó Fidelio cuando vio a Charlie en la cafetería.
“¿Dónde has estado tú?” dijo Charlie.
“Tuve inglés, luego juegos.”
Charlie vio una semana de castigo en su horizonte. El señor Carp, el profesor de inglés no le perdonaría que se hubiera saltado una clase. “Estaba escribiendo mis líneas para Manfred” dijo con pesimismo “Y todavía no he encontrado su oficina.”
Fidelio no pudo ayudarle, así como tampoco pudo Gabriel cuando llegó a su mesa. “¿Qué es lo que pasa entonces?” dijo masticando una barra de Choclix. “Quiero decir, ¿Qué se supone que es Manfred? Ya no es un alumno del último curso, y tampoco es un profesor, así que, ¿qué es?”
“Es un hipnotizador” dijo Charlie sombríamente. “Siempre lo ha sido y siempre lo será. Probablemente se quedará aquí para siempre, perfeccionando su talento hasta que se convierta en un rancio y viejo mago como su bisabuelo.”
“Mientras se mantenga lejos de mi camino, me da igual lo que sea.” Gabriel tragó el resto de su barrita Choclix y se limpió los dedos con su servilleta. “A propósito, he decidido tomar clases de piano con el señor Ebony, no me puedo rendir, y de hecho, es bastante bueno.”
“Yo que tú, tomaría clases con la señorita Chrystal” Charlie le avisó a Gabriel. “El señor Ebony no… no es lo que parece. Creo que es peligroso.”
Los demás le observaron con expresión interrogante, pero Charlie no fue capaz de expresar sus sentimientos.
Después de la hora de la merienda, Charlie llevó su trompeta a la sala del señor Paltry. El viejo profesor estaba tomando una tranquila taza de café. “No puedo darte la lección ahora” dijo con irritación “Pon tu trompeta en la estantería y déjame en paz”
“Sí señor” Charlie colocó su trompeta en la estantería con otras cinco trompetas, esperando que no se le volviera a perder o que alguien se la robara. “Disculpe profesor, ¿pero sabe dónde está la oficina de Manfred Bloor?”
“No sé dónde está cada habitación del edificio, Bone” El señor Paltry agitó su mano pecosa. “Ahora vete.”
A los niños se les aconsejaba dejar sus capas en el edificio cuando había días soleados. Lo creyeran o no, hacía más frío en el interior de la oscura academia que en el exterior. Tras dejar su capa en el guardarropa, Charlie salió al jardín y le preguntó a tanta gente como pudo si sabían dónde se encontraba la oficina de Manfred. Nadie lo sabía, por lo que Charlie corrió hacia el interior otra vez. Cuando se puso su capa azul, deslizó sus dedos hasta los bolsillos. Las tres páginas habían desaparecido.
“¡No!” gritó Charlie, justo al mismo tiempo en el que Gabriel entraba en el guardarropa.
“¿Qué pasa?” preguntó Gabriel.
Charlie le contó lo que había sucedido, y durante los siguientes quince minutos Gabriel ayudó a Charlie a buscar por el guardarropa, pero no encontraron las tres hojas. Fidelio apareció y se unió a la caza. Buscaron en clases vacías e incluso bajaron hasta la cafetería. Y entonces el cuerno sonó avisando la cena.
“Alguien quiere meterme en problemas” gimió Charlie. “He perdido todo, mi trompeta, mis líneas… ¿Qué está pasando?”
“Ven y come” dijo Fidelio “La comida ayuda al cerebro.”
“¡Hug!” gruñó Charlie.
Los tres chicos caminaron hacia el largo y cavernoso salón de cena y se sentaron en sus sitios al final de la mesa de música.
El personal de la academia estaba sentado en una mesa en una plataforma elevada al final de la habitación, y Charlie se dio cuenta de que Manfred estaba sentado al lado de su padre. Así que él era ahora un miembro oficial del personal. “Al menos ya no hará los deberes con nosotros” pensó Charlie.
La cena estaba a punto de acabar cuando el doctor Bloor se puso de pie y golpeó sus manos, aplaudiendo. Hubo un instante de silencio. El enorme hombre caminaba hacia el frente de la plataforma y observó a las líneas de niños que había debajo. Era una figura impresionante con su capa negra, sus anchos hombros, su pelo gris bien recortado, y su bigote tan recto como una regla. Sus ojos estaban prácticamente escondidos bajo gruesos pliegues de carne, y era difícil decir de qué color eran. Ahora parecían negros, aunque Charlie sabía que eran grises.
Pasó un tiempo antes de que el director hablara. Los niños le miraban expectantes. Al final dijo “A aquellos que estéis dotados, quería deciros unas palabras. Ya sabéis quienes sois, así que no necesito mencionaros por vuestros nombres. Haréis vuestros deberes en el Salón del Rey. Alguien os enseñará el camino ¿Habéis entendido?”
Charlie escuchó tres finas voces pronunciar las palabras “Sí señor” No podía decir de dónde provenían aquellas voces, pero ninguna pertenecía a alguien de la mesa de música.
Repentinamente, el doctor Bloor gritó “¡DISPERSAOS!”
Los niños entraron en acción como un reloj. Los bancos chirriaron en el suelo de baldosas, los platos se colocaron en pilas, los vasos chocaron, la cubertería sonó, y cada uno se dirigió a la puerta que le correspondía. Mientras Charlie subía las escaleras hacia el primer piso, se le unieron Gabriel y Billy, Emma Tolly estaba delante de él, y acababa de ver a Tancred y Lysander llegando a la segunda planta.
Emma esperó a Charlie para hablar con él. “Encontré esto en el suelo de nuestro guardarropa” dijo, en su mano tenía tres hojas arrugadas. “Oí por ahí que las estabas buscando.”
“Mis líneas”, gimió Charlie agarrando sus hojas. “Gracias Em. ¿Pero cómo llegaron al guardarropa de arte?”
“Ni idea” dijo Emma.
Charlie metió las hojas en su mochila. El sonido de unos pesados pasos detrás de él hicieron que se girara, y vio a Dorcas Loom caminando lentamente por las escaleras. Era una chica gordita con el pelo rizado y corto y una complexión saludable. Dorcas era una ferviente admiradora de la tía abuela de Charlie, Venetia, y con su don, podía hacer ropas que tenían una magia mortal.
“¿Qué estás mirando?” preguntó ella hoscamente.
“Nada Dorcas” dijo Charlie.
“Ah” dijo Dorcas disgustada, luego continuó subiendo las escaleras.
Charlie y sus amigos llegaron al extraño y circular Salón del Rey, con su mesa redonda y sus estanterías de libros curvadas.
Manfred se encontraba de pie al otro extremo de la mesa, mirando directamente a las puertas. El corazón de Charlie se tambaleó, y poco después, la decepción se apoderó de él en una ola de repugnancia cuando vio una figura encorvada sentada junto a Manfred. Era Asa Pike, el devoto esclavo de Manfred, el chico que podía convertirse en bestia con el crepúsculo. Debería haber abandonado el colegio. ¿Por qué todavía seguía ahí? También habían tres niños nuevos en la habitación. Joshua Tilpin era uno de ellos.
“Vamos, vamos” ordenó Manfred impacientemente “Dejar de bloquear la puerta. Tengo un importante anuncio que daros.”
Charlie se recompuso y rodeó la mesa hasta que llegó al sitio que estaba al lado de Tancred. Desde allí podía ver el retrato del Rey Rojo: una antigua pintura de una rancia figura con una capa roja y una delgada corona de oro. Gabriel, Billy y Emma siguieron a Charlie, mientras que Dorcas cerró la puerta con el pie.
“¡Muestra algo de respeto por la casa de mi padre!” ladró Manfred.
Dorcas frunció el ceño, pero no se atrevió a mirar a Manfred a los ojos “Alguien se está sentando en mi sitio”, murmuró.
“No seas estúpida, Dorc” dijo Manfred.
Asa rio, “Dorc, muy bueno.”
Manfred le ignoró. “Siéntate en cualquier sitio niña, y date prisa.”
Si Dorcas hubiera querido sentarse al otro lado de Manfred, no habría podido hacerlo. Apretadas entre Manfred y Joshua Tilpin, habían dos chicas con apariencia extraordinaria. Las dos tenían un pelo muy brillante y negro, cortado justo por debajo de sus orejas, con un largo flequillo, y una complexión que era tan pálida y suave, que parecían hechas de porcelana.
“Gemelas, obviamente” pensó Charlie “Si es que son reales” Las caras de las chicas eran tan inexpresivas, y sus cuerpos tan rígidos, que podrían haber sido muñecas.
Dorcas caminó arrastrando los pies, rodeando la mesa, y colocó sus libros al lado de Joshua. Él le dedicó una de sus radiantes sonrisas con sus dientes torcidos, y Dorcas se la devolvió.
“Ahora que estamos todos aquí” dijo Manfred mirando a Dorcas “Quiero decir un par de cosas. Primero, probablemente no esperabais volverme a ver. Bueno, estoy pegado a vosotros” Ninguno realizó ninguna clase de sonido exceptuando a Asa, quien resopló. “Ahora soy un profesor asistente” Manfred continuó dándose importancia “Mi trabajo consiste en supervisar vuestros deberes, monitorizar vuestros progresas, supervisaros durante los exámenes, y ayudaros con cualquier problema, sea personal o relacionado con el colegio” Paró para tomarse un respiro, y Charlie se preguntó a quién se le ocurriría ir a pedirle ayuda al ex-monitor.
“Ahora; las presentaciones” Manfred nombró a cada uno de la mesa hasta que llegó a las imperturbables chicas que se encontraban a su lado. “Y estas son las gemelas Inez e Idith Branko.”
Tan pronto como sus nombres fueron mencionados, las gemelas inclinaron sus cabezas y dirigieron sus miradas a los libros que se encontraban frente a  ellas. Con una alarmante velocidad, los libros volaron a través de la mesa. Una pila aterrizó en el regazo de Charlie y otro en el de Tancred.
“¡Oh, no!” gruñó Tancred “Telequinesis” Las mangas de su capa se dispararon, su pelo rubio crujió, y una ráfaga hizo que las hojas sueltas de la mesa volaran.
“Veo que las vacaciones de verano no han mejorado tu autocontrol, Tancred” dijo Manfred con un tono burlón.
Tancred y Charlie se levantaron y dejaron los libros de las gemelas en la mesa otra vez. Las niñas no dijeron una palabra y sus caras permanecieron completamente inexpresivas.
Charlie no pudo resistirse a añadir “Es de buena educación dar las gracias.”
Idith e Inez permanecieron en silencio, pero una de las dos, quién sabe cual, le dirigió una mirada muy desagradable.
“Intenta ser amable con las nuevas chicas, Bone” dijo Manfred, “Las gemelas están relacionadas con Zelda Dobinski, quien nos ha dejado. Al parecer es un genio en las matemáticas, así que se ha marchado a la universidad a una edad muy temprana. Desafortunadamente, Asa es lo opuesto a un genio. Todavía está aquí porque a suspendido todos sus exámenes.”
Con el ceño fruncido por la vergüenza, Asa se inclinó aún más hacia abajo en su asiento, y Charlie sintió una extraña punzada de simpatía por él. Ser ridiculizado por alguien que admiras debía de ser muy doloroso.
“Y para finalizar pero no por eso menos importante, Joshua Tilpin” anunció Manfred.
Al escuchar su nombre, Joshua se levantó de un salto e hizo una reverencia. Cualquiera habría creído que era un príncipe. Y sin embargo, parecía un desastre. Su capa verde estaba cubierta con polvo, había hojas y césped en su pelo, y una telaraña colgaba de una de sus orejas.
“Siéntate Joshua” dijo Manfred “No eres un estrella del pop.”
Joshua le sonrió, y para la sorpresa de todos, Manfred le devolvió la sonrisa. Conseguir una sonrisa de Manfred era como sacar agua de una piedra.
“¿Qué será lo siguiente?” pensó Charlie. Estaba a punto de empezar sus deberes cuando Manfred dijo, “Charlie Bone, no me has traído tus líneas.”
“Oh, lo siento Manfred, las tengo aquí” Charlie buscó en su mochila.
“Te dije que me las trajeras a mi oficina.”
“Pero… No sé dónde está” confesó Charlie.
Manfred suspiró. Miró el techo y declaró, “Estoy detrás de las palabras…en el camino hacia la música…debajo de un ala….y antes de las trompetas, máscaras y pinceles…” Él paró para darle más efecto y dirigió su mirada de nuevo hacia Charlie “¿Me he explicado claramente?”
En otras circunstancias, Charlie habría dicho “Claro como el barro”, pero como la situación ya era lo bastante sombría, optó por decir “Sí, Manfred.”
“Bien. Entonces trae tus líneas a mi oficina antes de la
hora de dormir, o estarás castigado.”

miércoles, 5 de octubre de 2011

Bueno bueno...

A ver si hay alguien que nos lea (lo dudo bastante pero bueno) le pido perdón por no haber continuado en un tiempo la semana que viene o la siguiente continuaremos con la traducción, gracias.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Capítulo 2: El caballo fantasma

En el primer día del semestre, Charlie Bone bajó corriendo a desayunar con un peine atascado en el pelo.
“¿Qué crees que estás haciendo?” le preguntó la abuela Bone desde su asiento al lado de la estufa.
“¿Disfrazarme de dinosaurio?” sugirió Charlie “He tirado y tirado, pero el peine no ha salido”
“Tienes el pelo hecho un desastre” gruñó su esquelética abuela “Arréglate niño, en la Academia Bloor no toleran el desorden”.
“Ven aquí, pequeño” la abuela más amable de Charlie dejó su taza de té en la mesa y tiró del peine. Este salió con un mechón del pelo de Charlie.
“¡Maisie! ¡Ay!” gritó Charlie.
“Lo siento pequeño” dijo Maisie “Pero tenía que hacerlo”.
“Está bien” Charlie se frotó su adolorida cabeza. Se sentó en la mesa de la cocina y se sirvió un tazón de cereales.
“Estás retrasado. Perderás el autobús del colegio” dijo la abuela Bone. “El Doctor Bloor es un maniático de la puntualidad”
Charlie se metió una cucharada de cereal en la boca y dijo, “¿Y qué?”
“No hables con la boca llena”, dijo la abuela Bone.
“Déjale en paz, Grizelda,” dijo Maisie. “Tiene derecho a un buen desayuno.  Probablemente no volverá a tener una comida decente en cinco días.”
La abuela Bone resopló y comió un poco de su plátano. No había sonreído en tres meses, desde que la casa de la tía Venetia se quemó.
Charlie se bebió su taza de té, cogió su chaqueta y subió los escalones para coger sus cosas del colegio.
“¡La capa!” dijo para sí mismo recordando que su capa azul continuaba colgando en el armario. Charlie tiró de la capa y una pequeña fotografía cayó al suelo. Charlie la recogió. “Benjamín Brown,” dijo con una sonrisa. “¿Dónde estás?”
La fotografía mostraba a un chico rubio arrodillado al lado de un gran perrazo amarillo. Charlie había tomado la foto él mismo, justo antes del décimo cumpleaños de Benjamín. No había ninguna razón para que Charlie usara su don para entrar en aquella fotografía. No le podría contar nada que no supiera ya.
En su afán por utilizar su extraño talento, Charlie solía olvidar que la gente que él “visitaba” podía verlo también. Independientemente de donde estuvieran cuando Charlie miraba sus fotos, ellos verían su cara flotando en algún lugar cercano. Así que Benjamín, quien estaba tomando una bebida en Hong Kong, vio la cara sonriente de Charlie en su zumo de naranja.
Benjamín aceptó con normalidad la aparición mágica de Charlie, pero Judía Corredora, su perro, nunca podría acostumbrarse.
El enorme perro estaba a punto de desayunar en el Café de las Mascotas cuando la cara de Charlie le miró desde su tazón de comida.
Judía Corredora dio un salto aullando; esto hizo que una rata negra se metiera bajo un armario, que una serpiente azul se deslizara de nuevo hasta su canasta, y provocó que a una mujer muy alta llamada Onoria Onimoso se le cayera un plato lleno de bollos recién horneados. Sin embargo, los tres coloridos gatos que descansaban en lo alto de una nevera bostezaron y cerraron los ojos.
Charlie puso la foto en su bolsillo, metió la capa azul en su bolsa y corrió escaleras abajo.
“No te olvides de…,” gritó Maisie, pero Charlie salió de la casa por la puerta principal y corrió hasta lo alto de la calle Filbert.
Un autobús de colegio azul estaba a punto de irse, cuando la puerta se abrió súbitamente y un niño con  una mata de cabello castaño rizado, asomó la cabeza fuera. “Te vi venir,” dijo el chico “El conductor dijo que no podía esperar, pero yo conseguí que lo hiciera”
“Gracias, Fido.” Charlie le pasó una de sus bolsas a su amigo Fidelio y subió los escalones del autobús.
“¿Tienes tu capa?” le preguntó Fidelio.
Charlie tiró de la capa arrugada y la sacó de su mochila. “Odio llevarla cuando camino por la calle Filbert. La gente se ríe de mí. Hay un chico en el número veinte que siempre grita “¡Ahí viene, el Pequeño Niño Azul, listo para irse a la Academia Bloor, como una cacatúa!” Pero yo nunca quise ir a la Academia Bloor.”
“No eres una cacatúa,” dijo Fidelio riendo. “Apuesto a que se te olvidó peinarte el pelo esta mañana otra vez”
“Lo intenté.”
El autobús había llegado a la parada, por lo que los dos niños saltaron a una plaza empedrada y se unieron a la multitud de niños. Pasaron por delante de la fuente de los cisnes de piedra y llegaron hasta las escaleras que conducían a la Academia Bloor.
Cuando Charlie atravesó la sombra de la Torre de Música, se encontró observando el último piso de la torre. Se había convertido en un hábito y no sabía porque lo hacía. Una vez, su madre le había dicho que había sentido como alguien la miraba desde la pequeña ventana bajo los aleros. Charlie se estremeció involuntariamente y siguió a Fidelio a través del gran arco de la entrada.
Rodeado de niños con capas de color azul, púrpura y verde, Charlie buscó a Emma Tolly y Olivia Vertigo. Vio a Emma con su capa verde, su largo pelo rubio peinado en dos limpias trenzas, pero se quedó momentáneamente desconcertado por la chica que tenía a su lado. Conocía su cara, pero… ¿podría ser Olivia? Llevaba una capa púrpura, como todos en teatro, pero la cara de Olivia solía estar cubierta de maquillaje, y siempre teñía su pelo de un color chillón. Esta chica tenía una apariencia normal: mejillas sonrosadas, ojos grises y pelo corto y castaño.
“Deja de observarme, Charlie Bone”, dijo la chica del pelo castaño mientras caminaba hacia él.
“¿Olivia?” exclamó Charlie. “¿Qué te ha pasado?”
“Estoy haciendo una audición para una película,” le contó Olivia. “Tengo que parecer más joven de lo que soy en realidad.”
Subieron otro grupo de escalones de piedra, y pasaron por dos enormes puertas tachonadas con figuras de bronce. Cuando los niños estuvieron dentro, Weedon, el jardinero, cerró y bloqueó las puertas. Estas continuarían cerradas hasta la tarde del viernes, cuando los niños podrían volver a sus casas durante el fin de semana.
Charlie entró al enorme vestíbulo enlosado de la Academia Bloor “¿De qué va la película?” le preguntó a Olivia.
“¡Shhh!” siseó una voz desde algún lugar cercano a la oreja de Charlie.
Charlie descubrió un par de ojos negros como el carbón y por poco pegó un salto por la sorpresa. Pensaba que Manfred Bloor había dejado el colegio.
“¡Espero que no te hayas olvidado de las reglas, Charlie Bone!” ladró Manfred.
“N-no, Manfred” Charlie no sonó demasiado seguro.
“Vamos, entonces…”Manfred chasqueó los dedos y miró a Charlie, quien bajó la mirada hasta sus pies. No le gustaba luchar contra la mirada hipnotizadora de Manfred a una hora tan temprana.
“Vamos ¿Cuáles son las reglas?” demandó Manfred.
“Eh…Silencio en el vestíbulo,  no se puede hablar, no se puede llorar o llamar, incluso si te caes…Eh…” Charlie no podía recordar la última regla.
“¡Escríbelo cien veces y tráemelo a mi oficina después de la hora del descanso!” Manfred sonrió malvadamente.
Charlie no sabía que Manfred tenía una oficina, pero no tenía intención de prologar aquella conversación tan desagradable. “Sí, Manfred,” masculló.
“Deberías avergonzarte de ti mismo. Ahora estás en tu segundo año. No eres muy buen ejemplo para los nuevos, ¿verdad Charlie Bone? ”
“No” Charlie alcanzó a ver como Olivia rodaba los ojos, y se las arregló para contener la risa. Afortunadamente, Manfred le estaba gritando a uno que iba sin capa, por lo que aprovechó la situación para alejarse.
Olivia había desaparecido entre un mar de capas moradas cuyos dueños se apretujaban para pasar por la puerta que se encontraba bajo las dos máscaras de bronce. Más allá de la puerta abierta, Charlie vislumbró un caos de colores que se acumulaba en el guardarropa de teatro. Se apresuró a entrar a la habitación a la que conducía la puerta bajo el símbolo de las dos trompetas cruzadas.
Fidelio le estaba esperando dentro del guardarropa azul. “¡Vaya! ¡Qué shock!” exclamó Fidelio. “Pensé que Manfred se había ido.”
“Yo también” dijo Charlie. “Eso era una de las cosas buenas de volver a la Academia Bloor. Pensé que al menos Manfred ya no estaría aquí.” ¿Cuál era el nuevo rol de Manfred? ¿Estaría permanentemente en sus talones, observando, escuchando e hipnotizando?
Los dos chicos discutieron el problema de Manfred mientras caminaban hacia la asamblea. En el primer día de todos los años, la asamblea se realizaba en el teatro, el único sitio que era lo suficientemente grande para los 300 estudiantes. Charlie no se había unido a la Academia Bloor hasta mediados del último semestre; esto era una nueva experiencia para él.
“Porras, debería darme prisa” dijo Fidelio, mirando su reloj. “Debería estar preparándome.”
El Dr. Saltweather, jefe del área de música, le dirigió a Fidelio una mirada severa cuando este subió al escenario y se colocó en su lugar de la orquesta. Charlie se colocó al final de la segunda fila y se encontró  justo detrás de Billy Raven. El chico se giró con el ceño fruncido.
“Tengo que estar en primer año otros doce meses,” le susurró a Charlie, “pero ya lo he hecho dos veces.”
“¡Qué mala suerte! Pero es que solo tienes ocho años.” Charlie observó la fila de niños nuevos que tenía delante. Todos parecían normales, pero no podías asegurarlo. Alguno de ellos podría estar dotado, como él o Billy, descendientes del Rey Rojo.
Durante el resto de la mañana, Charlie caminó por el enorme y sombrío edificio, encontrando sus nuevas aulas, recogiendo libros y buscando al señor Paltry, quien supuestamente tenía que darle su clase de trompeta.
Para cuando el cuerno de caza sonó avisando que era la hora de la comida, Charlie estaba completamente exhausto. Se dirigió al comedor, evitando mirar los retratos que colgaban en el poco iluminado pasillo – por si acaso querían mantener una conversación con él – y llegó al comedor azul.
Charlie se unió a la fila. La pequeña y fornida mujer tras el mostrador le guiñó el ojo. “¿Todo bien Charlie?” preguntó.
“Sí, gracias Cocinera,” dijo Charlie. “Pero me tomará un tiempo acostumbrarme al segundo año.”
“Probablemente,” dijo la Cocinera. “Pero ya sabes dónde encontrarme si me necesitas. ¿Guisantes Charlie?”
Charlie aceptó un plato de macarrones con queso y guisantes, y caminó por las mesas hasta que encontró a Fidelio, sentado junto a Billy Raven y Gabriel Silk. El pelo castaño de Gabriel colgaba delante de su cara, casi tapándola por completo.
“¿Qué tal, Gabriel?” preguntó Charlie. “¿Tu jerbos están bien?”
Gabriel levantó la mirada tristemente. “No puedo tomar clases de piano este semestre. El señor Pilgrim se ha ido.”
“¿Ido?” Charlie estaba inesperadamente consternado. “¿Por qué?, ¿A dónde?”
Gabriel se encogió de hombros. “Sé que el señor Pilgrim era peculiar; pero, bueno, él era brillante.”
Ninguno pudo negarlo. El sonido del piano del señor Pilgrim se solía escuchar por la torre de Música. Charlie se dio cuenta de que iba a echarlo de menos. Y también echaría de menos ver al señor Pilgrim mirando al vacío, con su pelo negro cayendo sobre sus ojos.
Fidelio se giró hacia Billy. “¿Qué tal estuvo tu verano, Billy?” le preguntó cuidadosamente. ¿Cómo podía pasarse uno todas las vacaciones de verano en la Academia Bloor sin volverse loco?
“Mejor que los demás”, dijo Billy alegremente “La Cocinera cuidó de Rembrandt como prometió, y pude verlo todos los días. Además, Manfred se fue algunos días, así que estuve bien realmente, excepto…”- una sombra atravesó su cara- “algo sucedió la última noche. Algo muy raro.”
“¿Qué pasó?” preguntaron los otros tres.
“Vi a un caballo en el cielo.”
“¿Un caballo?” Fidelio alzó las cejas. “¿Te refieres a una nube que parecía un caballo?”
“No. Definitivamente era un caballo.” Billy se quitó las gafas y las limpió con su servilleta. Sus ojos rojos se posaron sobre Charlie. “Estaba flotando de alguna manera, fuera de la ventana, y luego desapareció.”
“Las estrellas pueden hacer eso,” dijo Gabriel, quien se había animado un poco. “Las estrellas pueden crear ilusiones y parecer animales o cosas.”
Billy lo negó con la cabeza. “NO. Era un CABALLO.” Volvió a colocarse las gafas y frunció el ceño ante su plato. “No estaba muy lejos. Estaba justo afuera de la ventana.  Se puso a dos patas y pateó el aire, como si estuviera luchando por escapar, y luego solo – desapareció.”
Charlie se encontró diciendo, “Quizás se estaba yendo a otro mundo.”
“Puede ser,” dijo Billy entusiasmado “Tú me crees, ¿no Charlie?”
Charlie asintió con la cabeza lentamente “Me pregunto dónde estará ahora.”
“¿Vagando por la ruina con el resto de los fantasmas?” preguntó irónicamente Fidelio. “Venga, vamos a tomar un poco de aire fresco. Quizás veamos al caballo galopando por el jardín.”
Por supuesto, él solo bromeaba, pero cuando los cuatro chicos caminaron a través de la puerta del jardín, Fidelio se dio cuenta de que sus palabras eran fantasmalmente ciertas. Él era el único de los cuatro que no estaba dotado. Fidelio podía ser un músico brillante, pero su don no podía considerarse como mágico.
Fue Charlie el que se dio cuenta primero, un débil sonido sordo en la hierba seca. Miró a Gabriel. “¿Puedes oírlo?”
Gabriel negó con la cabeza. No podía oír nada, pero había una presencia en el aire que no podía definir.
Billy  era el más afectado. Dio un paso hacia atrás, y de repente una brisa que solo él pudo sentir le erizó el cabello. Levantó la mano como para protegerse de un golpe “él vino directo del pasado,” susrró.
Fidelio  dijo, “¿Estás de broma, no?”
“Me temo que no,” dijo Charlie. “Quizás solo quería que supiéramos que estaba aquí, pero ahora se ha ido.”
Empezaron a cruzar la gran extensión de hierba a la cual el doctor Bloor le gustaba llamar “el jardín”. En realidad, no era más que una colina rodeada por un impenetrable bosque. Al final de la colina, las rojas piedras de la ruina se vislumbraban entre los árboles: el castillo del Rey Rojo. Los cuatro chicos dirigieron sus pasos instintivamente hacia los altos muros rojos.
El tío de Charlie, Paton, le había contado, como tras la muerte de la Reina Berenice, cinco de los hijos del Rey Rojo se vieron forzados a dejar el reino de su padre para siempre. Con el corazón roto, el Rey se exilió a los bosques del norte, y Borlath, su primogénito, tomó el castillo. Él controló el reino con una crueldad  barbárica, que provocó que muchos de sus habitantes murieran o huyeran poseídos por el terror.
“Bueno” comentó Fidelio. “¿Crees que el fantasma del caballo está aquí?”
Charlie dirigió la vista a los enormes muros. “No lo sé.” Se volvió hacia Billy.
“Sí,” susurró “Está aquí.”
Los chicos escucharon con atención. Podían oír a la distancia los gritos y risas de los niños en la colina, el golpeteo de los balones de fútbol, la llamada de los pájaros carpinteros, pero nada más.
“¿Estás seguro Billy?” preguntó Charlie.
Billy se abrazó a sí mismo.  Estaba temblando. “Yo pienso que le gustaría hablar, pero está atrapado en el lugar equivocado.”
“¿Qué lugar equivocado?” preguntó Fidelio.
Billy frunció el ceño. “No lo puedo explicar.”
Charlie se dio cuenta de que alguien estaba parado detrás de ellos. Se giró justo a tiempo para ver como una pequeña figura se daba la vuelta y se unía a un grupo de niños nuevos que jugaban al fútbol.
“¿Quién era ese?” preguntó Gabriel.
“Un chico nuevo” dijo Charlie.
Era imposible averiguar si el chico estaba en arte, teatro o música ya que no estaba llevando su capa. Hoy hacía un día cálido y soleado, el verano todavía no se había ido.
El sonido del cuerno, les llegó del otro lado de la colina y los cuatro chicos corrieron de regreso al colegio.
Para Charlie, la tarde  no fue mejor que la mañana. Al final encontró al señor Paltry, pero llegó tarde a su clase. “¿Cómo es posible que vengas a la clase sin la trompeta?” gruñó el viejo profesor. “Eres una pérdida de tiempo, Charlie Bone. Dotado, y  un cuerno. ¿Por qué no usas lo que tú llamas “talento” para localizar tu trompeta? Ahora vete, y no vuelvas hasta que la encuentres.”
Charlie se largó rápidamente. Tenía una idea sobre dónde mirar. “¿La torre de Música?” se preguntó a sí mismo. A lo mejor uno de los limpiadores había encontrado su trompeta y la había puesto en la sala del señor Pilgrim, en lo alto de la torre.
El pasadizo que llevaba a la torre de la Música le condujo hasta una pequeña puerta cerrada con aspecto antiguo, que daba al jardín. Charlie se preparó, abrió la puerta y comenzó a bajar el largo y húmedo pasaje. Estaba tan oscuro que apenas podía ver sus pies. Mantuvo sus ojos en la distante ventana de la pequeña habitación al final del pasadizo.
A medida que se acercaba a la habitación, comenzó a oír voces muy enfadadas – hombres discutiendo. Había un sonido de pisadas. Charlie se detuvo hasta que cualquiera que estuviese ahí llegó al final de la larga escalera de caracol. Una figura apareció al final del pasadizo y alzó sus alas moradas hacia Charlie, bloqueando el paso de la luz.
En medio de la oscuridad, Charlie gritó.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Capítulo 1: Un estornudo fatal

En el centro de la ciudad la Academia Bloor se alza oscura y silenciosa bajo las estrellas. Mañana 300 niños volverán a subir los escalones entre las dos torres, cruzarán el vestíbulo y atravesarán las grandes puertas de roble. Pero por ahora, el viejo edificio está aparentemente desierto.

Y sin embargo, si estuvieras en el patio, en el otro lado del colegio, no podrías haber dejado de notar las extrañas luces que cada cierto tiempo aparecían en las ventanas de la buhardilla. Y si fuese capaz de mirar a través de alguna de esas ventanas, habrías visto a Ezekiel Bloor, un hombre muy viejo, maniobrando su antigua silla de ruedas en una habitación extraordinaria.

El laboratorio de Ezekiel, como a él le gustaba llamarlo, era una profunda buhardilla con suelos de madera y grandes vigas en el techo. Diversas mesas, llenas de botellas, libros, hierbas, huesos y armas, se encontraban apoyadas contra los muros, y debajo de ellas, pilas de cajas polvorientas que amenazaban con hacer tropezar a cualquiera que se cruzara en su camino.

Plantas secas y mustias colgaban de las repisas, y piezas de una armadura suspendidas de los amplios travesaños, que chocaban entre ellas, produciendo un inquietante sonido, como ahora, cuando Ezequiel se movía a través de la habitación.

El bisnieto del anciano hombre, Manfred, estaba de pie junto a una mesa de caballete en el centro de la habitación. Manfred había crecido durante las vacaciones de verano, y Ezekiel se sentía orgulloso de que este alto joven hubiera elegido trabajar con él en lugar de ir a la universidad, como los otros alumnos mayores. Eso sí, a pesar de su altura, Manfred tenía una apariencia delgada, con una cara angulosa y con acné.

En ese momento, su cara se tornó en una mueca de concentración mientras manejaba una pila de huesos que se encontraba en la mesa enfrente suyo. Por encima de él colgaban siete chorros de gas puestos en una rueda de hierro, cuyas llamas azuladas producían un tenue ronroneo. Cuando miró a su bisabuelo, Manfred puso una cara de irritación y exclamó, “Es superior a mí, odio los puzles.”

“No es un puzle” le espetó Ezekiel. “Son los huesos de Hamaran, un caballo de guerra de excepcional fuerza y coraje”.

“¿Y qué? ¿Cómo van a traer unos huesos podridos de vuelta a la vida a tu ancestro?” Manfred dirigió una mirada desdeñosa a Ezekiel quien inmediatamente bajó la mirada.
No quería ser hipnotizado por su propio bisnieto.

Manteniendo sus ojos fijos en los huesos, el viejo acercó su silla de ruedas a la mesa. Ezekiel Bloor tenía 101 años de edad, pero otro hombre de su edad se vería considerablemente mejor conservado. La cara de Ezekiel era poco más que un cráneo. Los pocos dientes que le quedaban estaban negros y rotos, y unos pocos mechones de pelo blanco colgaban por debajo de un gorro de terciopelo negro. Peros sus ojos todavía estaban llenos de vida; negros y brillantes, y miraban con una salvaje intensidad.

“Tenemos suficiente”, dijo el anciano, señalando los otros objetos de la mesa: una cota de malla, un casco, una capa de piel negra y un broche de oro. “Eran de Borlath. Mi abuelo los encontró en el castillo, envueltos en cuero dentro de la tumba. El esqueleto había desaparecido.” Acarició la piel negra casi con cariño.

Borlath había sido el héroe de Ezekiel desde que había escuchado de niño las historias de su violento ancestro, con el que había luchado en su imaginación, hasta el punto que empezó a creer que Borlath podía solucionar todos sus problemas. Más tarde había soñado que le podía levantar de su silla de ruedas y juntos ir a aterrorizar la ciudad mientras Charlie Bone y su detestable tío solo podían mirar.

“¿Qué pasa con la electricidad – ya sabes- para el momento de la resurrección? Aquí no hay nada”, dijo Manfred mirando los chorros de gas.

“Oh, ¡eso!” Ezekiel agitó su mano desestimándolo. Se giró hacia otra mesa y cogió una pequeña lata con dos astas en la parte de arriba. Giró una manivela en un lado de la lata y dos rayos azules aparecieron entre las astas. “¡Voilà! ¡Electricidad!” anunció alegremente. “Ahora ponte en ello. Los niños volverán mañana y no queremos que ninguno de ellos se meta en nuestro pequeño experimento”

“Especialmente Charlie Bone,” gruñó Manfred.

“¡Charlie Bone!” Ezekiel escupió su nombre. “Su abuela dijo que podría sernos de ayuda, pero ha sido todo lo contrario. Pensé que casi había conseguido que se pasar a nuestro lado el pasado semestre, pero tuvo que continuar indagando sobre su padre desaparecido y culpándome a mí.”

“No estaba equivocado en eso,” murmuró Manfred.

‘’Piensa en lo que podría hacer con un talento como el suyo’’ Ezekiel continuo
‘’Mira dentro de una imagen y, bingo, está ahí, hablando con gente que lleva mucho tiempo muerta. Lo que yo daría…’’ Ezekiel sacudió su cabeza. ‘’Además tiene la sangre de ese maldito mago galés. Y el don’’

‘’Tengo planes para eso’’, dijo suavemente Manfred ‘’Será mío pronto - solo espera’’.

‘’De todos modos’’ dijo Ezekiel. Empezó a impulsarse alrededor de la habitación mientras su bisnieto se concentraba en el delicado trabajo de unir los huesos.
Mientras Ezekiel se movía entre las oscuras sombras del lejano final de la habitación, sus pensamientos se dirigieron hacia Billy Raven, el huérfano de pelo blanco que solía espiar a Charlie Bone. Billy se había vuelto rebelde al final. Se negó a contrale a Ezekiel qué tramaban Charlie y sus amigos. Como resultado Ezekiel y los Bloors estaban en peligro de perder el control de todos los dotados del colegio. Había que hacer algo.

‘’Padres’’ Ezekiel murmuró para sí mismo ‘’ Tengo que hacer que Billy sea adoptado. Le prometí al huérfano unos padres y nunca se los di. Me está abandonando. Bueno, Billy tendrá a sus amables y ansiados padres’’.

‘’No demasiado amables’’, dijo Manfred que lo había escuchado todo.

‘’ No temas. Tengo la pareja perfecta. No sé por qué no pensé antes en ellos’’. Ezekiel giró su cabeza expectante ‘’ ¡Ah, estamos a punto de recibir ayuda!”.

Un distante sonido de pasos se dejo escuchar, y unos pocos segundos más tarde, la puerta se abrió y tres mujeres entraron en la habitación. La primera era la más vieja. Su pelo gris estaba recogido en un alto moño y sus ropas eran tan negras como sus ojos.

Lucretia Yewbeam era el ama del colegio y una de las tías abuelas de Charlie.” He traído a mis hermanas’’ le dijo a Ezekiel. ‘’ Dijiste que necesitabas ayuda’’.

‘’¿Dónde está la cuarta?’’ Preguntó Ezekiel.’’ ¿Dónde está Grizelda?’’.

"Es mejor dejarla fuera de esto por ahora," dijo Eustacia, la segunda hermana.

“Después de todo, ella debe de vivir en el mismo lugar que nuestro molesto hermano — y debe espiar al muchacho, accidentalmente por supuesto."

Eustacia, la clarividente, camino hacia la mesa. Su cabello gris aún tenía algunos mechones negros, pero en la mayoría de los aspectos recordaba al de su hermana mayor. Sus pequeños ojos negros recorrieron los objetos en la mesa y en su rostro se dibujo una sonrisa. "Entonces, ¿qué es lo que tramas, viejo demonio? ¿Quién es él?"

"Mi ancestro Borlath," respondió Ezekiel. "El mayor de los hijos del Rey Rojo. El más magnífico, poderoso, y sabio."

"El mas ruin y sanguinario seria más apropiado," dijo la tercera hermana, dejando sobre la mesa una larga bolsa de cuero. Su cabellera gris caía sobre sus hombros, y unas ojeras ribeteaban sus fríos ojos negros como el carbón. Comparada con sus hermanas, ella lucia desaliñada. Su abrigo era una talla más grande, y su blusa gris parecía necesitar un buen lavado. Nadie podría imaginar que esta desagradable criatura hubiese sido una orgullosa e inmaculadamente arreglada mujer.

"Venetia ha estado esperando por algo como esto," dijo Eustacia. "Desde que el odioso Charlie Bone incendio su casa."

"Yo pensaba que lo hizo tu hermano" masculló Manfred.

"Y lo hizo," Venetia gruñó, "pero Charlie es el responsable, ese pequeño gusano. Espero acabar con él. Hacerlo temblar de miedo — torturado, atormentado y muerto."

"Calma, Venetia." Ezekiel se acercó rápidamente a su lado. "Nosotros no buscamos deshacernos de él completamente."

"¿Por qué? ¿Qué uso puede tener? ¿Puedes imaginar cómo es perderlo todo?, ¿el ver tus posesiones — el trabajo de toda tu vida — convertirse en humo?".

Ezekiel golpeó la mesa con su bastón. "No seas patética, mujer. Charlie puede ser usado. Puedo obligarlo a que me lleve hacia el pasado. Puedo cambiar la historia ¡piensa en ello!".

"Tú no puedes cambiar la historia bisabuelo," dijo desafiantemente Manfred.

"¿Cómo lo sabes?" ladró Ezekiel. "Nadie lo ha intentado."

Se impuso un embarazoso silencio. Nadie se atrevió a sugerir que esto ya había sido intentado infinidad de veces, sin éxito. Venetia humedeció sus labios, mientras seguía pensando en vengarse. Ella podía esperar, pero un día encontraría la manera de acabar con Charlie Bone – para siempre.

"Porque yo tengo los huesos," chasqueo Ezekiel. "Su caballo, Hamaran" — se perdió en sus recuerdos — "Era una magnífica criatura, dicen todos los relatos. Y un hombre montado en un caballo puede ser muy amenazador, ¿no estás de acuerdo?".

Los otros asintieron.

"El chico será aterrorizado," Ezekiel se regocijó "Hará todo lo que le pidamos."
Venetia dijo “¿Y cómo harás para controlar a este fenómeno?".

Ezekiel esperaba que nadie le hiciera esa pregunta, debido a que no tenía una respuesta satisfactoria para dar. "Él es mi ancestro," dijo en tono confidencial.
"¿Por qué no iba a ayudarme? Pero primero, lo primero. Dejemos que se levante y corra. ¡Ha-ha!".

Mientras Lucretia estaba sentada en el brazo apolillado de una silla, sus hermanas desempaquetaron la bolsa de cuero. Frascos llenos de líquidos comenzaron a aparecer en la mesa; cucharas de plata, bolsas con hierbas; pequeñas, piezas de cuarzo brillante; una mano y su mortero de mármol negro; y cinco velas. Ezekiel observaba el proceso con ojos ansiosos.

Una hora después los huesos de las patas del caballo galopante habían sido colocados en la mesa. La cota de malla brillaba debido a un líquido asqueroso, y la capa de piel había sido cubierta con pequeñas semillas.

Las cinco velas proyectaban siniestras sombras sobre los muros. Una de ellas había sido puesta sobre el casco, otras dos al final de cada una de las mangas de la cota de malla, y las últimas dos descansaban en lugar de las inexistentes pezuñas delanteras del caballo.

Venetia disfrutaba del trabajo muy a su pesar. Era bueno para ella poder estar entrometida en algo destructivo de nuevo. Entonces acarició la capa negra, y pequeñas flamas chisporrotearon en las puntas de sus dedos. “¿Estamos listos?" preguntó.

"Aún no." con una sonrisa taimada, Ezekiel puso su mano debajo de la manta de su regazo extrayendo un estuche dorado. En el centro de la tapa enjoyada, una ostra de rubíes, con la forma de un corazón, iluminaba el oscuro cuarto con un brillo deslumbrante. "El corazón," dijo Ezekiel, su voz sonó como un profundo y estrangulado gorgoteo. "Asa el chico bestia lo encontró en la ruina. Estaba fuera escavando, es un mal habito suyo, y encontró una lápida con una ‘B' grabada. Escavó más profundo y encontró esto" — dijo golpeando ligeramente el estuche — "Enterrado mucho más abajo de la piedra."

Desde su silla entre la sombras, Lucretia pregunto, "¿Porqué no estaba esto en la tumba?"

"¿Por qué? ¿Por qué?" Ezekiel parecía sufrir un ataque de bronquitis. "Tal vez era un secreto. Pero le pertenecía. Lo sé. Borlath era el único de los hijos del Rey Rojo cuyo nombre empezaba con la letra 'B’." Abrió el estuche.

"Aaaaah!" Eustacia se alejó de la mesa, en el interior del estuche se encontraba una bolsita de cuero que parecía contener de verdad un corazón.

"¿Veis? un corazón," dijo triunfantemente Ezekiel "Ahora, vamos a ponerlo con esto." Tomando la bolsita del estuche, lo puso en el interior de la armadura, justo a la izquierda del centro, donde juzgó que el corazón se debería encontrar. Luego desenrolló un alambre de su caja eléctrica y enrolló la punta una, dos, tres veces alrededor de la bolsa.

Una calma expectante se instaló en la habitación mientras el anciano comenzaba a girar la manivela de la caja plateada. Más y más rápido. Su vieja mano de convirtió en una mancha borrosa, sus ojos negros ardieron con excitación. Una chispa saltó entre las astas de acero y bajaron hasta el corazón de Borlath. Ezekiel emitió un graznido de triunfo y su mano se quedó inmóvil.

Las tres hermanas estuvieron tentadas a exclamar con emoción, pero sabían que el silencio era esencial ese tipo de situaciones. Los huesos de Hamaran comenzaron a moverse.

Ezekiel y las Yewbeams se encontraban mirando la mesa tan intensamente que no se dieron cuenta de Manfred sacaba un pañuelo y lo presionaba contra su nariz. Su cara se puso roja mientras luchaba tratando de contener un estornudo. Pero no pudo.
“¡Achoo!"

Ezekiel retrocedió como si le hubieran golpeado. Cubrió sus orejas y chilló, "No," mientras Manfred trataba de contener otro estornudo. Las hermanas miraban horrorizadas al muchacho mientras se cubría de nuevo la cara y, “¡Achoo!"
Los huesos dejaron de moverse. Un desagradable vapor negro salía de la piel, y la cota de malla se retorcía dentro del líquido asqueroso.
“Achoo!"

Hubo un estallido ensordecedor, y una apestosa cortina de humo llenó el cuarto. Mientras los observadores estaban pasmados y farfullantes, una gran figura ascendió de la mesa y se desvaneció entre una oleada de nubes negras. Oculto bajo una de las mesas al final de la habitación, un enano y gordo perro temblaba con los ojos cerrados.

Por segunda vez un violento estallido sacudió toda la habitación, y Lucretia chilló

"¿Qué está pasando?"

"Ese idiota incompetente ha estornudado" chilló Ezekiel.

"Perdón, perdón, no he podido evitarlo," gimoteó Manfred. "Fue el polvo."

"No es suficiente," lo regañó Venetia. "Deberías sacar tu torcida nariz fuera de aquí. Todo arruinado. Una pérdida de tiempo."

"Tal vez no," Eustacia señaló. "Mirad la mesa. Los huesos se han ido."

El humo se dispersó rápidamente gracias a una repentina ráfaga de aire helado, y todos ellos pudieron ver que los huesos de Hamaran se habían desvanecido. Pero la armadura de Borlath, casco, capa, y broche dorado seguían ahí, solo una parte del hechizo había funcionado.

"¡Maldición!" chilló Ezekiel golpeando la mesa con sus puños, y las prendas quemadas se estremecieron. "No ha funcionado."

"Mi parte está hecha," anunció Manfred. "El caballo esta allá fuera." Dijo apuntando a un enorme agujero en la pared.

"¡Maldito!" chilló Ezekiel. "Mi laboratorio está destruido, y tenemos a un caballo de guerra suelto por ahí."

“Un caballo de guerra con el corazón de un tirano," dijo Venetia. "Mira, ¡se ha ido!"
Donde debería estar el corazón, ahora solo quedaba un enorme agujero negro en la quemada armadura.

“¿Qué significa esto?" preguntó Manfred en voz baja.

Ezekiel acarició su larga nariz. "Eso quiere decir que no está todo perdido. Pero voy a necesitar ayuda. Pienso que podría llamar a un amigo mío, alguien con una meta por lograr."

Todos se quedaron mirándolo, esperando un nombre, pero el anciano no estaba dispuesto a aclararlo.

Un caballo de guerra puede ser muy útil," dijo Venetia en voz alta "Si consigues a alguien que lo conduzca."

Todos observaban fijamente el espacio dejado por los huesos, tratando de decir algo, entonces Manfred dijo, "Billy Raven es bueno con los animales."

************************************

En el enorme dormitorio tres pisos abajo de la buhardilla de Ezekiel, Billy Raven se despertó, un tanto asustado. Se giró hacia la ventana para dar un desconfiado vistazo a la luna — y vio un caballo blanco viajando a través de las nubes, para luego desaparecer.

Prólogo

El Rey Rojo y su reina estaban cabalgando por la costa. Era la época del año cuando el viento traía una estela de frío. Las nubes de la tarde estaban empezando a aparecer, y cuando el sol pudo encontrar un camino a través del crepúsculo, golpeó el mar con rayos de luz.

El rey y la reina guiaron sus caballos hacia su hogar, pero en ese momento, la reina tiró de las riendas y en absoluto silencio empezó a cruzar el agua. El rey, siguiendo su estela llegó a una isla de una increíble belleza rodeada de un aura luminosa, con miles de destellos azules.

“Oh” suspiró la reina con voz de espanto.

“¿Qué pasa, mi amor?” preguntó el rey.

Con respecto a sus hijos la intuición de la reina era mayor que la del Rey, y cuando vio la Isla de los Mil Azules, fue como si una mano helada le atenazara el corazón “Los niños”. Su voz era apenas un susurro.

El rey le preguntó cuál de sus nueve hijos le preocupaba, pero la reina no se lo pudo decir. Una vez que estuvo en el Castillo Rojo y vio a sus dos hijos, Borlath, el cual tenía el pelo castaño, y el rubio Amadis, la reina tuvo un terrible presentimiento. Vio humo negro saliendo de la isla azul y las llamas convirtiendo la tierra en cenizas. Vio un castillo de resplandeciente cristal apareciendo en una tormenta de nieve, y cuando el ojo de su alma atravesó el muro de cristal, vio a un niño con el pelo del color de la nieve escalando de un pozo y cerrando los ojos frente a la muerte que estaba a su alrededor.

“No debemos permitir que nuestros hijos vean aquella isla”, le dijo al rey. “Nunca debemos permitir que penetren esas azules tierras encantadas”.

El rey se lo prometió. Pero en menos de un año la reina moriría y el rey, desolado por la pérdida, dejaría el castillo y a sus hijos. La reina murió nueve días después de dar a luz a su décima hija, una niña llamada Amoret. Una niña a la que nadie pudo proteger.

Los niños dotados

Los dotados son todos descendientes de los diez hijos del Rey Rojo, un rey mágico que llego desde África en el siglo doce acompañado por tres leopardos.

El Rey Rojo ha vivido durante muchos siglos e hizo una maravillosa esfera de cristal en la que puso las memorias de su vida y de sus viajes a través del mundo.

Usa la esfera para desplazarse a través del tiempo, visitando el pasado y el futuro.
En otras manos, el desplazador temporal es peligroso e impredecible.

Los hijos del Rey Rojo, los dotados:


MANFRED BLOOR
Monitor de la academia Bloor, tiene el poder de hipnotismo. Desciende de Borlath, primer hijo del rey rojo y el más cruel.

CHARLIE BONE

Charlie puede oír las voces de la gente de las fotografías y cuadros. Desciende de los Yewbeams una familia con muchos dotados.

IDETH E INEZ BRANKO
Gemelos telequinéticos, parientes lejanos de Zelda Dobinski, la cual dejo la Academia Bloor.

DORCAS LOOM
Una niña dotada cuyo don es la habilidad de hechizar a la ropa.

ASA PIKE
Un hombre bestia. Desciende de una tribu que mora en los bosques del norte y acogen extrañas bestias. Asa puede cambiar de forma cuando anochece.

BILLY RAVEN
Billy se puede comunicar con los animales. Uno de sus antepasados conversaba con los cuervos que se posaban en el cadalso de los ahorcados. Ese talento hizo que los lugareños lo echaran del pueblo.

LYSANDER SAGE

Desciende de un hombre sabio africano. Puede convocar a los espíritus de sus antepasados.

GABRIEL SILK
Gabriel percibe situaciones y emociones tocando la ropa de los demás. Procede de un linaje de clarividentes.

JOSHUA TILPIN
El don de Joshua es el magnetismo. Sus orígenes son, por el momento, un misterio. Incluso los Bloors no saben donde vive. El mismo se presento solo en la academia. Sus gastos son pagados por un banco privado.

EMMA TOLLY

Emma puede volar. Su apellido proviene de un espadachín español de Toledo cuya hija se casó con el Rey Rojo. Por consiguiente, dicho espadachín es un antepasado de todos los niños dotados.

TANCRED TORSSON

Provoca tormentas. Su antepasado escandinavo recibió su nombre en honor del dios del trueno, Tor. Tancred puede invocar la lluvia, el viento, el trueno y el rayo.