Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 7: El libro de Amadis, parte 2

Charlie entró. La habitación de su tío estaba en su habitual estado de caos. Libros en el suelo, papeles en la cama y estanterías combándose bajo el peso de manuscritos y enciclopedias. Paton estaba sentado en su escritorio. Llevaba sus gafas de media luna y estaba leyendo uno de los libros más viejos que Charlie había visto jamás. Las páginas eran de un color mostaza oscuro y sus bordes eran ásperos y rizados. La cubierta de cuero era suave y cálida y apenas podía sujetar los papeles, que parecían derramarse por el libro. “

La brillante Julia lo encontró entre sus tesoros. Tiene una memoria increíble, y cuando tú mencionaste el Castillo de los Espejos ella supo que había visto ese nombre antes.” El tío Paton cerró cuidadosamente el libro, y Charlie leyó el título “El libro de Amadis”, impreso en dorado en la portada.

“¿Amadis?” dijo Charlie.

 “Era el segundo hijo del Rey Rojo” Paton repicó sus dedos sobre la portada del antiguo libro. “Este libro lo cuenta todo. Amadis se vio forzado a huir del castillo de su padre cuando Borlath, el mayor, emprendió su malvada búsqueda de poder. Destruyó a todo aquel que se puso en su camino, ayudado por cuatro de sus hermanos. Los otros cinco restantes, incluyendo a Amadis, intentaron prevenir la terrible masacre que estaban llevando a cabo en los alrededores. Pero Borlath y sus seguidores eran fuertes, e incluso los más honorables de los hermanos abandonaron el castillo temiendo por sus vidas.”

“¿Y Amadis es el ancestro de Billy?” preguntó Charlie.

“Parece ser que sí.” 

“¿Y quién es nuestro ancestro? El que inició los Yewbeams. ¿Era bueno o malvado?”

“Según lo que he podido descubrir, fue Amoret, la hermana preferida de Amadis.”

“¿Una chica?” Charlie nunca había considerado esa opción.

“Sí Charlie, una chica” Paton abrió el antiguo libro otra vez. “Ella huyó con Amadis, pero cuando viajaban hacia el norte se separaron. Amoret se perdió y Amadis navegó hacia una isla en el noroeste. Era muy querido, y muchos de los que vivían en los estados del rey prefirieron dejar sus hogares y seguir a Amadis antes que sufrir la cruel tiranía de Borlath…”

Charlie le interrumpió, “¿Pero qué pasó con Amoret? Dijiste que se perdió, ¿no sabes qué pasó con ella?, ¿nadie lo sabe? Digo, quizás podría descubrirlo…tal vez en internet.”

Paton suspiró de impaciencia. “No encontrarás a Amoret en tu ordenador Charlie. Su historia es demasiado secreta para eso, nadie sabe toda la verdad. Somos nosotros los que debemos descubrirla. Y eso es lo que yo he estado intentando en los últimos veinte años.” Paton trazó un arco con su brazo, indicando las estanterías de libros y papeles deteriorados. “Cuando conocí a Julia Ingledew fue como encontrar un tesoro – alguien más que estaba fascinada por el pasado, a la que no le importaba pasar una semana entera persiguiendo un pequeño y escurridizo hecho para poder completar el puzzle. Para mí una persona así es una joya, Charlie, incluso si ella no fuera la persona más agradable y encantadora que he conocido nunca.”

Charlie nunca había oído a su tío hablar de una manera tan apasionada. “¿Te vas a casar con ella?” Le preguntó.

Paton parpadeó y luego dijo en voz baja, “No me atrevo siquiera a pensar en ello.”

“¿Por qué no? A mí me parece una buena idea,” dijo francamente.

El tío Paton tosió delicadamente. “Estábamos hablando del Castillo de los Espejos, no el futuro de Paton Yewbeam” dijo con tono plano. “¿Estás interesado en el libro sí o no?”

“Claro que sí” dijo Charlie seriamente. “¿Puedo sentarme por favor? Ha sido un día largo.”

“Por supuesto, siéntate.” Indicó Paton con la cabeza, y Charlie, después de mover varios libros, se acomodó en la gran y desordenada cama. Paton giró su cálida silla de cuero hacia Charlie y empezó a leer. Mientras la tarde se difuminaba y una temprana luna aparecía en el oscuro cielo, Charlie se dejó arrastrar por la historia del príncipe Amadis y el Castillo de Cristal Brillante. El desorden de la habitación de su tío abuelo desapareció y, a través de sus ojos entrecerrados, empezó a ver un castillo alzándose en el centro de una isla azul en un mar brillante.

“Decían que era el castillo más bello del mundo” El tío Paton era el perfecto narrador de historias. Convertía las palabras escritas en suyas, y su profunda y melodiosa voz llenaba la habitación con brillantes imágenes: magníficos caballeros, caballos, copas doradas, relucientes espadas, escudos, banderines colgando, el oleaje furioso – y el fuego.

“Cuando Amadis y sus seguidores construyeron su precioso castillo, hubo quince años de paz. La tierra era fértil y ellos prosperaron. El príncipe se casó con una de sus seguidoras y tuvieron cuatro niños. El más joven fue llamado Owain.”

“¿Y los otros tres?” preguntó Charlie tentando a la suerte.

“No son relevantes” dijo su tío. Paton procedió a explicar porqué esos tres pobres niños no participaban en la historia. “Era inevitable que Borlath oyera hablar del castillo de la isla y lo quisiera para él. Con un millar de salvajes mercenarios, cruzó el mar y rodeó el castillo, exigiéndole a Amadis que se rindiera.”

“¿Y Amadis se negó?” preguntó Charlie.

“Por supuesto. Él sabía que si se rendía y le entregaba su castillo a su hermano, su familia probablemente sería asesinada. Pero fue una decisión difícil de tomar, Amadis conocía muy bien el terrible talento de Borlath.”

Charlie se inclinó hacia adelante con entusiasmo. “Eso es lo que iba a preguntar, tío P. Todos los hijos del Rey Rojo estaban dotados, ¿no? Entonces, ¿qué podía hacer Amadis?, ¿y qué hay de Borlath?”

“Amadis conocía el lenguaje de los pájaros y las bestias. Podía hablar con cualquier criatura del mundo, pero eso no importó demasiado cuando tuvo que defender a su gente de Borlath.”

Charlie esperó con expectación hasta que por fin su tío se lo dijo. “Borlath tenía fuego. Cuando fijaba su vista en algo, podía quemar cualquier cosa que se pusiera en su camino. Pero no quería destruir un edificio tan asombroso; lo quería para sí mismo, así que sitió el castillo. Eso no significa que simplemente se sentara a esperar que Amadis se rindiera. ¡Oh, no! Primero, la armada de Borlath intentó escalar las paredes. Los arqueros de las almenas pronto los pararon. Luego los mercenarios intentaron forzar la gran puerta de roble con un ariete, pero una nube de murciégalos se abalanzó sobre ellos y casi los cegó. Al final de la décima semana, Amadis y un centenar de hombres dejaron el castillo en la oscuridad de la noche y atacó al ejército de Borlath, que estaba durmiendo. La sorpresa le dio a Amadis una ventaja, pero pronto su pequeña fuerza fue superada por los sanguinarios guerreros de Borlath, expertos en matar que disfrutaban con cada cabeza y miembro cortado.”

Charlie se estremeció. “¿Entonces Amadis fue asesinado?”

“Fue herido fatalmente” replicó el tío Paton. “Una lanza se le clavó en el hombro” señaló el libro y añadió, “La mayoría de sus hombres fueron asesinados, pero los pocos que sobrevivieron se las arreglaron para llevar al príncipe de vuelta al castillo y vivió – hasta el final.”

“Quizás, en su interior, Amadis siempre supo que Borlath lo encontraría un día. Así que dentro del castillo había almacenado una gran cantidad de grano y provisiones. También tenían un pozo muy profundo. Cuando las provisiones empezaron a escasear, Amadis habló con los animales.” Paton sonrió para sí mismo. “Un ejército de ratas invadió las provisiones de Borlath. Lobos atacaron a los centinelas, los pájaros hicieron agujeros en sus tiendas y por la noche, volvieron los murciélagos, llenando el cielo de chillidos y haciendo imposible conciliar el sueño. Las vidas de los soldados de Borlath se volvieron intolerables. El tiempo se volvía cada vez más frío, empezó a llover. El ejército había tenido suficiente, querían volver a casa.”

“Y fue entonces cuando Borlath utilizó el fuego, ¿no?” dijo Charlie.

Paton asintió. Volvió a mirar el libro. “En la base del castillo, había una muralla exterior y otra interior hechas de gruesas estacas de madera. Pero entre las murallas madera y elevándose por encima de ellas había una pared de piedra amarilla. En un gesto de furia y desprecio, Borlath levantó sus puños y llamó al fuego. Las estacas de madera se convirtieron en llamas y todos aquellos que se encontraban dentro del castillo se vieron envueltos en un anillo de fuego. Algunos se tiraron desde las almenas, otros murieron antes de poder trepar tan lejos. Cada hombre, mujer y niño, cada criatura dentro del castillo pereció – exceptuando una.” 

“¿Quién?” exclamó Charlie saliendo del terrible mundo de llamas que su tío había conjurado. “Quiero decir… ¿cómo pudo alguien…?”

“¡Espera!” le ordenó su tío. Charlie se calló. “El intenso calor de aquellas estacas ardientes provocaron que las piedras se vitrificaran; en otras palabras, las pareces se convirtieron en cristal, en un grueso y negro cristal.” Los ojos oscuros de Paton brillaron animadamente. “Ahora, esta es la parte realmente interesante, Charlie. Yo creo que puede contener una pista sobre la otra parte de tu familia.” Paton pasó la hoja. “Durante sus viajes, Amadis se había hecho amigo de un mago galés, un hombre conocido como Mathonwy. Este mago vivió en el continente al sur, lejos de la isla del príncipe, pero el fuego que creó Borlath fue tan feroz que iluminó el cielo a kilómetros a la redonda. Las nubes se volvieron naranjas, los pájaros negros y el mar, rojo como la sangre, hervía como una caldera. Desde muy lejos, Mathonwy vio el incendio y adivinó lo que había pasado. ¿Sería muy tarde para salvar a su amigo, el príncipe Amadis? Mathonwy hizo lo único que podía hacer. Causó una nevada. Una alfombra de nieve avanzaba hacia el castillo ardiente. Cuando llegó a la isla, la nieve cayó y al tocar las paredes quemadas, una cosa extraña sucedió. Las piedras vitrificadas comenzaron a brillar.”

“Un castillo de cristal brillante,” dijo Charlie. “Pero tío P, ¿cuál es la conexión con mi familia?”

“Mathonwy” dijo Paton bruscamente. “¿Recuerdas aquel nombre en el árbol familiar que te dio Maisie?, ¿tus ancestros galeses?”

“Oh” dijo Charlie lentamente. “Pero la fecha no sería correcta.”

“El nombre es suficiente. Los galeses utilizaban el nombre de sus ancestros una y otra vez.”

“Oh” repitió Charlie, pensando en su ancestro galés había recordado la varita. “Tío Paton, he perdido la… ya sabes… la varita.”

“¡Qué!” las gafas del tío Paton se deslizaron hacia el final de su nariz.

“La llevé al colegio, fue una estupidez de mi parte. La puse debajo de mi colchón y desapareció.” 

“¿Sospechas de alguien en particular?”

“Sí, y si es quien yo creo, probablemente la recuperaré. Por favor, continúa con la historia.”

El tío Paton sacudió la cabeza. “A veces, tu falta de cuidado me deja atónito Charlie.” Volvió a mirar el libro. “Las paredes del castillo se volvieron tan suaves y tan brillantes que los soldados de Borlath vieron a un ejército que los observaban. Era una visión horrible y aterrorizante. Creyendo que el príncipe Amadis y sus hombres habían sobrevivido al incendio y eran por lo tanto sobrenaturales, los mercenarios corrieron a sus botes. Solo Borlath se dio cuenta de que el brillante ejército era el suyo, pero no intentó tomar el castillo, por alguna razón, las resplandecientes murallas le horrorizaban y dejó también la isla.”

“Entonces estaban todos muertos ahí dentro” dijo Charlie, “excepto por uno. Debió haber sido como una gran tumba brillante. No me habría gustado ser aquel que sobrevivió. ¿Quién fue tío P?”

Paton volvió a buscar en el libro, pasando muchas páginas antes de llegar a una casi al final. “Hubo un único superviviente, el hijo más joven del príncipe, el joven de pelo blanco Owain, quien era albino y conocía el lenguaje de las bestias y los pájaros. Entonces Owain, sin tener ni hogar ni familia, se fue de la isla avisado por un cuervo. Y el cuervo viajó con él.”

“Suena como Billy” dijo Charlie asombrado. “Exactamente igual a Billy.”

“Exacto” dijo Paton. “Es raro como algunas características pasan de generación en generación. Desgraciadamente, no pone cómo se las arregló para sobrevivir el chico, pero voy a leer el final porque es muy interesante. Se dice que el Príncipe Amadis será visto otra vez en el Castillo del Cristal Brillante por uno de los descendientes de Owain.”

“¿Billy?” dijo Charlie. Paton le miró sobre sus gafas.

“Quizás” Volvió al libros. “Y Owain viajó por todo el Sagrado Imperio Romano y tuvo dos hijos. El mayor se convirtió en escriba – en otras palabras, una persona que escribe documentos o copia manuscritos – mientras que el menor podía hablar la lengua de las bestias y los pájaros. Este último fue expulsado de su aldea por hablar con los cuervos que se posaban en horcas donde colgaban los hombres muertos.”

Charlie se estremeció. “Horrible. Aún así fue cruel expulsarlo.”

“Los hábitos inusuales eran considerados obra del demonio en aquellos días” dijo el tío Paton. “Y ahora para acabar” puso su dedo en el último párrafo. “El primer hijo de Owain se llamaba Crowquill, ya que utilizaba las plumas de los grajos para realizar su trabajo. Y estas palabras, que hasta donde yo sé son ciertas, fueron escritas por un descendiente de ese tal Crowquill, en el año de nuestro Señor, 1655.

“Así que…” dijo Charlie pensativamente, “estaban conectados incluso en ese momento – los Ravens y los Crowquills. Hay tantas cosas raras sucediendo en esta ciudad tío P.”

“Cierto” coincidió su tío.
“Es como si la ciudad lo estuviera atrayendo todo de nuevo, todas las personas cuyas historias empezaron justo aquí, en el suelo bajo nuestros pies, bajo todas las casas y las calles y los parques”

“Incluso debajo de esta casa” añadió Paton.

“Incluso nosotros, somos como cuerdas, cada vez más tensadas y juntas.”

“Que elocuente te estás volviendo, Charlie” dijo el tío Paton con una sonrisa.

“Hoy” continuó Charlie, “Fui a una tienda de flores, y la mujer que atendía sabía mi nombre. Y estaba muy interesada en mi amiga Olivia. Pero dudo que Livy vuelva a la tienda. Dijo que la mujer sabía más sobre ella que ella misma.”

“¿Esa chica está dotada?”

“No, no de la manera en la que tú piensas, pero es una actriz brillante. Lo que pasa es que acababa de fallar en una audición y estaba – no puedo describirlo – estaba como diferente, desesperada, ¡furiosa!”

“Parece problemático, Charlie. Las mujeres desesperadas pueden ser peligrosas.”

“¿En serio?” Charlie bostezó en contra de su voluntad. “Gracias por leerme el libro tío P. Está siendo como poner cosas en un bastidor, y de ese modo verlas mejor. Me pregunto qué va a pasar ahora.”

“Yo también me lo pregunto, Charlie” dijo el tío Paton. “Yo también.” Cerró el libro y lo empujó cuidadosamente dentro de uno de los cajones de su escritorio. “Será mejor que encuentres esa varita antes de que caiga en manos equivocadas.”

Charlie estaba pensando en que probablemente, ya lo había hecho.

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