Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

jueves, 12 de julio de 2012

Capitulo 10: El pájaro enjaulado.


Charlie encontró el botón negro el viernes al final del recreo de la comida. Gabriel lo había tirado más lejos de lo que había pensado, porque estaba entre dos piedras que cubrían el interior del gran arco de la ruina.
Mientras Charlie introducía el botón en su bolsillo, una voz dijo “¿Qué es eso, Bone?” Asa Pike estaba vigilando alrededor del arco.
“¿Qué es qué?” preguntó inocentemente Charlie.
“Has cogido algo.”
“¡Oh, eso!” Charlie metió su mano en el bolsillo y descubrió que por un golpe de suerte se había dejado una canica dentro. “Es solo una canica” La sacó fuera y la sostuvo a contraluz. “¿Lo ves? Estábamos jugando aquí ayer y rodó hacia una grieta. Pensaba que nunca la sacaría de ahí.”
Asa observó la canica, “¿De dónde la has sacado?”
“No puedo recordarlo, la he tenido por años. Es como una mascota.”
“Hmm” Asa se giró y se alejó del chico. La extraña manera de caminar de Asa siempre le daba escalofríos a Charlie, y tuvo la desagradable visión de Asa convertido en bestia, cavando en la ruina. ¿Dónde encontró el corazón?, se preguntó Charlie. ¿Y tenían la total certeza de que se trataba del corazón de Borlath?
Charlie se estremeció involuntariamente y abandonó la ruina. Mientras deslizaba la canica en su bolsillo, sus dedos tocaron el botón negro, y brotó en él una oleada de esperanza. Quizás, por fin, se estaba acercando a su padre.
Cuando estaba en la fila del autobús por la tarde, Charlie le pidió a Gabriel que se reuniera con él en el Café de las Mascotas el sábado. “He encontrado el botón” le susurró. “¿Podrías intentarlo otra vez, Gabriel?”
Gabriel se encogió de hombros enigmáticamente. “No estoy seguro de que quiera encontrarme otra vez con ese caballo.”
“El botón no tiene nada que ver con el caballo” dijo Charlie. “Confía en mí, te lo explicaré mañana.”
“Más te vale” dijo Fidelio. “Y todavía no nos has contado por qué llegaste tarde a la hora de acostarte ayer.”
“Todo será revelado” prometió Charlie.
El tío Paton había adquirido últimamente el hábito de ordenar comida deliciosa de un restaurante elegante de la ciudad. La herencia de uno de los ricos familiares franceses de su madre había hecho eso posible, y se aseguraba de que todos en el número nueve de la calle Filbert se beneficiaran de su buena fortuna.
Por supuesto, esto solo le daba a las hermanas Yewbeam otra razón para odiar a su hermano. Pero mientras la abuela Bone hervía de indignación en privado, no paraba de disfrutar de las delicias. A Grizelda Bone le encantaba la buena comida, especialmente el foie gras y el caviar. Aquel día, mientras Paton, Maisie y Julia Ingledew estaban sentados en la cocina comiendo pastel de venado, la abuela Bone, reclinada en su mecedora del salón, comía caviar con tostadas y tomaba un vaso de oporto. No le gustaba comer con las visitas, especialmente con la señorita Ingledew, quien ella imaginaba estaba persiguiendo a su hermano, aunque cualquiera le podría haber dicho que a la inversa.
“¡Vaya!” exclamó Charlie al entrar a la cocina. “Que olor tan delicioso, ¿puedo tomar un poco de lo que sea que lo haya causado?”
El tío Paton le cortó una gran rebanada de pastel, y Maisie empujó una olla con salsa picante en su dirección.
“Prueba un poco. Es mejor que lo que solemos comer” dijo Maisie con un guiño. “Tiene ron.”
Charlie se dio cuenta de que su tío llevaba una chaqueta nueva. “¿Vas a algún sitio especial?” le preguntó.
Paton puso un dedo en sus labios. “¡Shhh! No queremos que cierta persona lo sepa.”
“De hecho planeábamos llevarte con nosotros” dijo Julia en voz baja.
No se dijo nada más sobre el asunto, y aunque Charlie ardía en curiosidad se dio cuenta de que todo el mundo estaba esperando a que la abuela Bone se fuera a dormir la siesta. Unos minutos después Amy Bone volvió de trabajar y se unió a los demás en la cocina. Le dijeron a Charlie que llevara la botella de oporto al salón.
“Charlie – qué agradable – ¿me traes más oporto?”
Charlie reprimió a duras penas una sonrisa al escuchar la dificultad con la que la abuela Bone arrastraba las palabras. Claramente, ya había bebido más de un vaso de oporto. Llenó cuidadosamente el vaso y le preguntó si le gustaría un poco de pastel de venado.
“Pastel – mmm – vale.” La abuela Bone se relamió los labios y puso los pies en el sofá.
Charlie volvió a la cocina, colocó una porción de pastel en un plato y lo cubrió con abundante salsa de ron y albaricoque. “Está cabeceando” dijo suavemente.
Diez minutos más tarde, escucharon unos enormes ronquidos provenientes del salón.
“Estará fuera de combate por horas” dijo Maisie. “Yo me iría ahora si fuera vosotros.”
“¿A dónde vais?” preguntó Amy.
“Ah…a una casa cerca de aquí” le dijo Paton. “Y nos gustaría llevarnos a Charlie.”
“¿Por qué?” preguntó Amy. “No…no es peligroso, ¿verdad?”
“Oh, mamá. Claro que no” dijo Charlie, quien no tenía ninguna idea de si era peligroso o no.
“¿Y tú cómo lo sabes?” su madre le dirigió a Paton una mirada cautelosa.
Paton se rascó la cabeza. “Bueno, no debería ser peligroso.” Consultó una nota que había sacado de su bolsillo. “Está a solo unos bloques de aquí y hasta donde yo sé, es un vecindario muy tranquilo.”
“Hasta donde tú sabes” murmuró Amy, “Paton, tú siempre estás yendo a sitios peligrosos.”
“Mamá por favor” le rogó Charlie.
“Vamos a conocer a un familiar de Billy Raven” explicó la señorita Ingledew. “El pobre hombre lo está pasando mal. Ha tenido que mandarme unas cartas destinadas a Paton para evitar que cayeran en las manos equivocadas.”
Amy sonrió a regañadientes. “Está bien Charlie.”
Todavía no había la oscuridad suficiente para que el tío Paton se arriesgara a salir, pero tras esperar otra media hora, una atenta nube negra empezó a cubrir el cielo. Para cuando la pequeña expedición dejó el número nueve, pesadas gotas de lluvia caían en la calle.
El tío Paton abrió un gran paraguas azul, que los cubría a él y a la señorita Ingledew, pero que dejaba que a Charlie le mojaran la mayoría de las gotas. Despreocupado, Charlie corrió hacia delante. Siguiendo la calle hacia el parque, giraron a la izquierda como decían las instrucciones. Aquí, una avenida de altos plataneros le otorgó un poco más de protección de la lluvia, que se había vuelto muy fuerte. Caminaron otros quinientos metros antes de que el tío Paton gritara “Hay que girar a la derecha. Es el número quince.”
Charlie rodeó una esquina que daba a parar a un camino que casi podría describirse como una calle de pueblo. Frondosas ramas se arrastraban por el pavimento y la mayoría de las casa estaban escondidas detrás de altos arbustos.
La puerta del jardín del número quince necesitaba urgentemente una mano de pintura y le faltaba una bisagra. Charlie apenas podía ver la casa – estaba cubierta de hiedra y rosas blancas. Un aroma delicioso flotaba desde el jardín, y la señorita Ingledew declaró que era el aroma más delicioso del mundo.
“Lo tendré que embotellar para ti” dijo el tío Paton afectuosamente.
Empujaron la desvencijada puerta y caminaron por el sendero hasta una puerta blanca. No había ninguna campana o aldaba, así que Charlie tiró de una cadena que colgaba al lado de la puerta. Una campanilla se oyó al otro lado de la puerta.
Poco después, Alice Angel estaba en el marco de la puerta. “Charlie, tú también has venido” dijo. “Oh, estoy tan contenta.”
Charlie estaba sin palabra, nadie le había dicho que iban a ver a Alice Angel, estaba bastante confuso. Pero el tío Paton y la señorita Ingledew entraron a la casa y se presentaron como si Alice fuera una persona perfectamente normal, así que Charlie decidió seguirles.
Alice tomó sus húmedos abrigos y chaquetas y los condujo a un bonito salón. Debido a todas las plantas que cubrían las ventanas, la habitación estaba casi a oscuras, y Alice buscó inmediatamente el interruptor de la luz.
“¡No lo haga!” gritó Paton.
Su grito llegó demasiado tarde. Las bombillas de la pequeña araña de luces que colgaba en el centro de la habitación explotaron una a una y una ducha de cristal cayó sobre la alfombra, sin tocar a Alice por centímetros.
“Lo lamento tanto” se disculpó Paton. “Tendría que haberla advertido, qué tonto, qué negligente.”
“Ha sido totalmente mi culpa” dijo Alice. “Esto está demasiado oscuro. Iré a traer el recogedor mientras ustedes hablan con Christopher.”
Charlie miró la penumbra, intentando localizar a Christopher, mientras el tío Paton y la señorita Ingledew discutían con Alice sobre quién debería barrer los cristales rotos. Alice insistía en que los invitados tenían que ponerse cómodos mientras ella buscaba el recogedor.
Mientras ellos tomaban sus asientos, una suave risa vino de una esquina de la habitación, luego una voz dijo “Así que es usted un elevador de voltaje señor Yewbeam. Siempre he querido conocer a uno.”
Todos miraron hacia la esquina y vieron a un hombre pequeño y delgado con pelo escaso y una ropa que le venía grande. El extraño se puso de pie y avanzó hacia ellos, extendiendo su mano. “Christopher Crowquill” dijo “Sé quiénes son ustedes.”
Mientras se estrechaban las manos, Alice volvió con un recogedor y una escoba, que Paton le arrebató enseguida. Empezó a barrer el suelo y Alice volvió a la cocina a por tarta y velas. Cuando estuvieron todos sentados confortablemente en la habitación iluminada por velas y con un pedazo de tarta, Christopher Crowquill empezó a preguntar por Billy Raven.
“Billy está enfermo, señor Crowquill” dijo Charlie.
“¿Enfermo?” Christopher parecía alarmado.
“Acababa de enseñarnos un botón que había encontrado, cuando súbitamente empezó rodar por el suelo presa de una horrible agonía. No paraba de murmurar sobre un juramento y de que no lo había roto. Lo llevaron a la enfermería y no lo he visto desde entonces.”
“¡Los juramentos son mortales!” declaró Christopher. “Florence tiene una bolsa llena de ellos. La mayoría los firmó gente que pidió prestado dinero. Desgraciadamente, una vez que un juramento ha sido firmado Florence nunca los devuelve, incluso cuando el dinero ha sido devuelto. Si alguien rompe un juramento, experimenta un horrible dolor. A veces, la agonía es tan grande que la víctima se queda lisiada de por vida. El papel es sumergido en veneno y luego imbuido en lo que yo creo que es un espíritu malvado. A Billy le han hecho firmar un juramento, apostaría mi vida por ello.”
“Por eso le asustaba tanto contarme algo” dijo Charlie pensativamente. “Pero creo que sé el nombre de su nuevo hogar. Se llama la Casa de Paso.”
“¡La Casa de Paso!” Christopher se llevó la mano a la cabeza. “Dios mío, la Casa de Paso nunca podría ser descrita como un hogar. Los Bloors la utilizan de vez en cuando para sus huéspedes ocasionales: gente que necesita algún lugar en el que esconderse u otros que los Bloors quieren esconder. Si Usher de Grey está involucrado, entonces Billy no podrá dejar la casa a menos que Usher decida permitir que se vaya. Oh, el pobre niño, debo ayudarle.”
“¿Pero cómo puede Usher mantener al niño prisionero?” preguntó indignada la señorita Ingledew.
“Querida mía, puede crear campos de fuerza.” Christopher miró sus manos arrugadas y agitó su cabeza. “Su don es muy poderoso, además de desagradable. El pobre Billy nunca será capaz de escapar, la pared invisible de Usher es más fuerte que el hierro.”
Aquella información hizo que todo el mundo se sintiera pesimista, un silencio absoluto se instaló en la habitación hasta el tío Paton dijo súbitamente “El botón Charlie, ¿cuál es su importancia?”
Charlie explicó que Billy había encontrado el botón en la Casa de Paso y sentía curiosidad  por saber si el botón diría algo. “Tenemos un amigo llamado Gabriel” le explicó a Alice y Christopher, ya que ambos parecían un poco descolocados. “Gabriel puede sentir cosas, también puede ver cosas si se pone la ropa de otra persona. Le aflige mucho, así que se mantiene alejado de la ropa vieja y todo eso la mayoría del tiempo. Al principio, no pensábamos que funcionaría con un botón, porque no te lo puedes poner, ¿no? Pero sí que funcionó.”
Había un ambiente de expectación, eventualmente roto por el tío Paton, quien dijo “¿Y…?”
“Y…” Charlie se sentía inesperadamente avergonzado. “Vio un hombre con el pelo oscuro, atrapado dentro de murallas de cristal – espejos – y escuchó un piano, pero no pudo verlo. Y luego…luego…” Charlie describió la terrorífica experiencia del caballo fantasma y el terrible experimento en el laboratorio de Ezekiel.
La habitación se llenó de inmediato con exclamaciones de horror y consternación. De hecho, las indignadas voces se volvieron tan altas y tan fieras, que Charlie se sintió abrumado y preguntó si tenía permiso para salir y tomar un poco de aire fresco.
Alice le enseñó la puerta trasera, y Charlie se adentró en un calmado mar de flores. Había parado de llover por fin y un maravilloso vapor perfumado llenaba el jardín.
“¡Vaya! Y eso que no les he contado que el caballo va detrás de mí,” murmuró Charlie.
La vista de una caravana de gitanos de verdad sacó su mente de sus problemas inmediatos, Charlie se metió por las flores hasta que llegó a unos escalones de madera que subían a la puerta de la caravana. Estaba a punto de subir los escalones cuando un movimiento al final del jardín llamó su atención. Para su sorpresa, vio a Olivia mirándole desde lo alto de una gran pared.
“¡Liv!” la llamó. “Olivia, ¿qué estás haciendo ahí?”
Olivia saltó al otro lado.
“¡Que sea así, entonces!” gritó Charlie. Saltando por las plantas empapadas por la lluvia, llegó hasta la pared y la llamó otra vez. “¿Liv, estás ahí?, ¿qué estás haciendo?” Charlie se elevó hasta lo alto de la pared y miró hacia el otro jardín, este despojado de flores. La suave ladera verde terminaba en una gran casa blanca que Charlie reconoció inmediatamente. La casa pertenecía a los Vertigo. Alice Angel era la vecina de Olivia. Qué raro que Olivia no la conociera.
No había ni rastro de Olivia, así que Charlie saltó la muralla, cogió una brillante manzana roja y caminó hasta el interior de la casa de Alice.
“Ah, has encontrado una manzana” Alice le sonrió a Charlie cuando este entró “Esas manzanas son tan buenas.”
Las cosas se habían calmado un poco, aunque el tío Paton y Christopher Crowquill estaban ahora discutiendo algo en un tono bajo aunque agitado.
“Vi a mi amiga Olivia” le contó Charlie. “No sabía que vivía al otro lado de tu pared. No ha querido hablar conmigo.”
“Está teniendo una crisis” dijo Alice gravemente. “A veces pasa cuando la gente pelea en contra de su verdadera naturaleza. Espero que acepte esto pronto. Marcaría tanto la diferencia – para todos vosotros.”
“¿De verdad?” Charlie estaba desconcertado. “¿Cómo lo?…Quiero decir, ¿está usted dotada, señorita Angel?”
“Alice por favor” sus ojos grises parpadearon. “Sí, estoy dotada.”
A Charlie le habría gustado poder hacerle una cuantas preguntas, pero en aquel momento, el tío Paton se puso de pie, limpiándose los restos de de tarta de sus pantalones, y dijo “Debemos irnos”
Mientas se iban, Christopher Crowquill les agradeció su visita y les estrechó cálidamente las manos. “No puedo deciros lo que significa esto para mí” dijo. “Me quedan pocos amigos en esta ciudad desdichada, y haber sido un pájaro enjaulado me ha enseñado quienes son. Alice Angel es fiel a su nombre, ella ha sido como un ángel. No ha habido una semana durante mi larga estancia en la cárcel en la que no haya venido a visitarme. Ella me dio esperanza y ahora me está dando cobijo. Pero os ruego que mantengáis mi localización en secreto, o ella estará en mucho más peligro de lo que estoy yo.”
Ellos prometieron no contarle a ningún alma nada sobre si visita, tío Paton de una manera mucho más vehemente que los demás. “Estaremos en contacto” le dijo a Christopher “No pierdas la esperanza.”
La puerta blanca se cerró firmemente detrás de Paton, seguido por Charlie y la señorita Ingledew hacia el camino. La calle estaba desierta, pero Christopher no quería correr riesgos.
La farolas se habían encendido, y aunque había parado de llover, el tío Paton tuvo la precaución de esconder su cabeza debajo del paraguas por si había otro accidente. El paraguas cubría también a Julia, por eso ninguno de los dos vio la extraña figura gris que se lanzó hacia los arbustos al otro lado de la rejas del parque. Charlie tampoco estaba seguro de haberlo visto, pero empezó a estar más y más seguro de que había sido real y que no era un zorro o un perro, sino una bestia gris y contrahecha. Espiar era la ocupación favorita de Asa Pike, así que si los había seguido, el número quince de Park Avenue era ahora una casa marcada.
Charlie se dijo a sí mismo que Asa probablemente no había adivinado porqué él y su tçío habían visitado a Alice Angel. Para cuando llegaron a la calle Filbert, se sentía seguro, pero había algo que necesitaba saber, y le preguntó a su tío porqué el señor Crowquill había llamado a la ciudad “desgraciada.”
“Imagino que para él será una ciudad desgraciada porque él fue enviado a prisión” dijo el tío Paton. “Es algo terrible que te pase cuando eres inocente.”
“No, es mucho más que eso” añadió Julia en voz baja “Pensar en todas las tragedias que han tenido lugar aquí, desde el mismo momento en el que los hijos del Rey Rojo empezaron a matarse unos a otros. Tengo más de cien libros antiguos que describen la eterna lucha que se ha llevado a cabo aquí a través de los siglos. La gente buena pierde y los malvados prevalecen.” Ella sonrió “Pero aún así amo esta ciudad. Creo que es porque al sobrevivir entre todos esos hechos oscuros, el bien adquiere mucha más fuerza y vigor.”
Charlie pensó en su padre, derrotado y perdido porque intentó luchar contra los Bloor “Tú encontraste el Libro de Amadis” dijo. “¿Piensas que era mi padre a quién Gabriel vio cautivo en el Castillo de los Espejos? Sé que él tenía el cabello oscuro y sé que está atrapado en algún lugar, y también está la música del piano.”
“No te lo puedo asegurar Charlie” dijo amablemente Julia “Pero es posible.”
Habían llegado al número nueve, y Paton cerró el paraguas mientras Charlie corría a apagar la luz del recibidor y muchas otras que podían suponer un riesgo.
La abuela Bone se había despertado “¿Dónde habéis estado?” gritó desde el comedor.
“Paseando” dijo Paton.
“¿Paseando?, ¿está aquí esa mujer de nuevo?”
“Si te refieres a Julia, sí está aquí” dijo Paton enfadado. “Vamos a tomarnos una taza de té, y luego voy a acompañarla andando hasta su casa.”
“Será mejor que tengas cuidado con las luces” su hermana se rio desagradablemente.
“No creo que vaya a quedarme a tomar té” dijo Julia rápidamente. “Emma está en casa de una amiga, pero volverá dentro de poco.”
El tío Paton acompañó a la señorita Ingledew hasta las escaleras, ella gritó antes de irse “Emma tiene una nueva mascota, Charlie.”
“¿Qué es?” preguntó Charlie.
“Lo descubrirás mañana” dijo la señorita Ingledew, cogiendo el brazo de Paton. “Cuando lo lleve al Café de las Mascotas.”

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