Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

domingo, 27 de mayo de 2012

Capítulo 7 : El libro de Amadis parte 1

El libro de Amadis
Charlie llevó a Judía Corredora de vuelta al Café de las Mascotas, donde le preguntó a los Onimosos si conocían una tienda llamada “Flores de Angel.”
“Claro que sí” dijo el señor Onimoso. “Es uno de esos sitios que viene y va, si sabes a lo que me refiero.”
Charlie no lo sabía.
“Suceden más cosas en esta ciudad de lo que cualquier persona pensaría” dijo la señora Onimoso.
“Oh, ahora creo cualquier cosa” dijo Charlie. “De hecho, no me sorprendería si usted me dijera que Judía Corredora era una hada de cien años.”
Esto hizo reír tanto al señor Onimoso que su cara se volvió de un rojo brillante y tuvo que sentarse rápidamente en el suelo.
Charlie le dio un abrazo de despedida a Judía Corredora, se despidió de los Onimoso y se dio prisa por llegar a casa. Ya eran las seis en punto y su madre empezaría a ponerse nerviosa.
“¿Dónde has estado?” gimió la madre de Charlie, Amy Bone, cuando lo vio entrar en la cocina.
“Hemos llamado a los Gunn pero Fidelio dijo que no te había visto” añadió su abuela Maisie.
Charlie les contó su visita a la tienda de flores. “Esa Alice Angel me conoce mamá, ¿pero cómo? ¿Alguna de vosotras ha estado en Flores de Angel?”
“Nunca había escuchado hablar de esa tienda” dijo Maisie.
“Yo tampoco” afirmó Amy. “Oh Charlie, ojalá no te pasaras la vida metiéndote en sitios raros de la ciudad tu solo.”
“Estaba con Judía, y Olivia también estaba ahí, así que no estaba solo.”
“De todos modos” suspiró Amy
Charlie se sentó, sintiéndose culpable y Maisie le sirvió una taza de té. “No ayudamos  preocupándonos” dijo ella. “Vino tu tía abuela Venetia.”
“¡Venetia!” El cuchillo de Charlie cayó y produjo un sonido metálico al chocar con su plato. “¿La abuela Bone la dejó entrar?”
“No, debe tener una llave. Abrí la puerta de la cocina, y ahí estaba ella, parada en el recibidor. Estaba horrible, con el pelo revuelto y las ropas hechas un desastre. Ella solía cuidar tanto su aspecto. Creo que está perdiendo la cabeza. Aquel incendio en su casa la ha dejado destrozada.””
Traía los brazos llenos de ropa” dijo la madre de Charlie. “Quería saber si nos gustaba.”
“¡Sí, claro!” resopló Maisie “Seguramente las había envenenado.”
“Le dijimos que se fuese, y luego cerré todas las habitaciones con llave por si acaso. Aquí está la tuya, Charlie” Amy Bone empujó una llave a través de la mesa. “Cierra tu puerta cuando te vayas al colegio mañana y dale tu llave a Maisie.”
Charlie se quejó. Como si no tuviera suficientes cosas que recordar, ahora tenía que cerrar su puerta.
“No queda más remedio” dijo Maisie. “No queremos acabar con veneno en nuestros pantalones o serpientes en nuestras mangas, ¿verdad?”
Cuando el tiempo de merendar se acabó, Charlie se sentó a ver su show favorito en la tele. The Barkers, una historia sobre hombres perro. En contra de los deseos de su abuela Bone, Maisie había insistido en tener una pequeña televisión en lo alto del mueble de la cocina. No quería perderse sus telenovelas, le dijo a la abuela Bone, y si tenía que pasar todo su tiempo trabajando como un burro en la cocina, al menos le podía permitir un pequeño entretenimiento mientras lo hacía. A menos, claro, que algunas personas quisieran trabajar un poco también.
La abuela Bone se quedó horrorizada ante la idea de tener que trabajar y accedió a comprar la televisión.
El show de Charlie acababa de empezar cuando el tío Paton se asomó y exclamó “¡Lo tengo!”
“¿Tienes qué?” preguntó Charlie, esperando que los destellos en los ojos de su tío no significaran que una de sus tías le había pasado una enfermedad desagradable.
“EL Castillo de los Espejos, querido niño” dijo el tío Paton. “Sube las escaleras y te lo mostraré.”
“Pero mi programa acaba de empezar” dijo Charlie, retorciéndose incómodamente en su silla.
“Bueno, si prefieres la tele, ¡que así sea!” el tío Paton se fue dando un portazo detrás suyo.
Charlie vio The Bakers otros cinco minutos, pero no se podía concentrar. Nada era divertido hoy. Maisie y su madre estaban cotilleando sobre un artículo de una revista. Era una distracción horrible. Charlie dio un sonoro suspiro, apagó la tele y dejó la cocina. Corrió escaleras arribas y golpeó la puerta de su tío.
“¿Qué?” dijo Paton.
“Dijiste que tenías algo que enseñarme, acerca del Castillo de los Espejos.”
“¿Lo hice? Entonces será mejor que entres.” Dijo Paton un poco a regañadientes. 

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