Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

domingo, 8 de julio de 2012

Capítulo 9: Un hombre atrapado en el cristal.


El lunes por la mañana, Charlie esperaba ver a Billy en el autobús del colegio, pero no había ni rastro de él.
Finalmente, Charlie se encontró con Billy en la asamblea.  El pequeño niño parecía exhausto, tenía unas oscuras sombras bajo sus ojos y su cara estaba más delgada, como si hubiera pasado hambre.
“¿Cómo son las cosas en casa Billy?” le susurró Charlie cuando la orquesta empezó a tocar.
“Bien” dijo Billy. “Es genial, de verdad.”
“Te esperé ayer. Pensaba que tus padres te traerían al Café de las Mascotas.”
“No, es que… ya sabes… estábamos ocupados” dijo Billy solemnemente.
Un centenar de niños con capas azules se dispersaron para ir a la primera clase, y Charlie dejó de hacer preguntas temporalmente, aunque después del primer recreo, encontró a Billy en el guardarropa azul.
“Billy…” empezó Charlie.
Billy gimió. “¡Para!”
Charlie observó a Billy sorprendido. “Está bien.”
“Por favor, no me preguntes nada sobre mi casa o mis padres, porque no te contestaré” bajando la voz, añadió “No puedo.”
Por un momento, Charlie estaba perdido. Los de Greys habían obviamente amenazado a Billy, y Charlie no quería causarle problemas. “Está bien. ¿Y podrías decirme si fuiste tú quien robó mi varita?”
El pálido rostro de Billy se volvió rojo “Yo…” el niño luchó con su respuesta. Al final, dijo en voz baja. “Lo siento Charlie, de verdad lo siento.”
“Supongo que se la diste a Manfred.”
En silencio, Billy asintió.
“Déjame adivinar. Te amenazó de alguna manera, quizás te dijo que no irías a tu nuevo hogar después de todo.”
Billy volvió a asentir sin decir ni una palabra.
Charlie suspiró. “Desearía que no hubieras hecho eso, Billy, pero supongo que no puedo culparte.” Charlie abandonó el guardarropa y corrió hacia su clase. El sonido de la risa llegó hasta él mientras se acercaba a la clase de Tantalus Ebony. Cuando entró en ella, se encontró con todos los niños sacudidos por ataques de risa.
Tantalus Ebony estaba sentado en su escritorio con su barbilla apoyada en su pecho. Su capucha morada estaba echada sobre su cabeza, sus ojos estaban cerrados y roncaba fuertemente.
Charlie se sentó en su sitio al lado de Fidelio, quien estaba extendido sobre su mesa, sacudido por una imparable risa. Charlie no pudo evitar echarse a reír también, aunque mantuvo un ojo atento en el profesor.
Súbitamente, la cabeza del señor Ebony se levantó bruscamente y les espetó “¡Silencio!” Su voz sonaba completamente diferente. La semana pasada, era una voz agua y melodiosa, ahora su voz sonaba como un ruido proveniente de una caverna. Fue un shock tan grande que la clase entera se calló inmediatamente.
El señor Ebony parecía un poco agitado por la profunda voz que acababa de salir de él. “Aha” dijo, limpiando su garganta. “¡Hmmm!, ¡Hmmm!”
Era difícil mantener una cara seria mientras el extraordinario profesor se abría camino a través de una serie de  toses, silbidos, pitos y resoplidos, pero ninguno de los niños permitió que un destello de sonrisa atravesara su rostro. Tenían miedo de que les castigaran.
Al final, el profesor encontró una voz adecuada para su lección, y en un agradable pero autoritario tono, anunció “Historia Medieval. Abrir vuestros libros en la página cuarenta y tres, los Plantagenet.”
Durante cuarenta minutos, la clase escuchó a Tantalus Ebony describir el reino de Enrique II y el asesinato de Tomas Becket. Fue la lección más interesante que Charlie había escuchado nunca. La lección casi había llegado a su fin cuando, para su sorpresa, el señor Ebony preguntó “¿Y dónde estaba el Rey Rojo mientras todas estas batallas, asesinatos e intrigas se estaban llevando a cabo?”
Ninguno de los niños sabía qué decir.
El señor Ebony miró directamente a Emma Tolly y dijo, “Tú deberías saberlo, Emma la Dotada ¿no? Tú, que tienes la sangre del rey en tus venas, el talento del rey en tus dedos” – el profesor se inclinó sobre su escritorio y susurró con voz ronca – “en tus alas.”
Todos miraron a Emma, quien tartamudeó. “Yo…yo no lo sé señor.”
“Estaba justo aquí, niña estúpida. Viviendo confortablemente en esa vieja ruina que podéis ver en el borde de los terrenos. ¿Quién habría pensado que un sombrío castillo como ese pudiera haber sido un feliz hogar familiar? Pero lo fue. El rey y la reina y sus diez hijos vivían ahí felizmente hasta que la reina murió – hey-ho, eso pasa. Así que el rey se fue abatido por el bosque, abandonando a su hijos, incluso al bebé.” El señor Ebony sacudió su cabeza. Tenía una extraña sonrisa que resplandecía de satisfacción. “Por supuesto había suficientes sirvientes para cuidarlos, pero no es lo mismo, ¿no? No es lo mismo que tener a mami y a papi, ¿verdad Emma?”
“No señor” Emma parecía a punto de llorar.
Charlie se preguntaba por qué Tantalus Ebony había elegido a Emma. Habían otros dos chicos dotados en la clase: él y Gabriel, quien estaba sentado al final, tirando nerviosamente de su pelo. Sin pensarlo, Charlie preguntó, “¿Está usted dotado, señor?”
Ignorando la pregunta, el señor Ebony dirigió su mirada gris y marrón hacia Charlie y preguntó, “¿Cómo va la vida animal en la calle Filbert, señor Bone?”
Charlie estaba completamente estupefacto, “¿Qué?” exclamó.
“La vida animal, Charlie. Venga, vamos. ¿Has visto alguna mariposa inusual últimamente?, ¿alguna polilla?, ¿y qué hay de un caballo?”
La boca de Charlie se mantuvo abierta, pero no salió ni un sonido. “No” murmuró el niño.
“No, ¿qué?”
“No señor” dijo Charlie.
“Niño estúpido, me refiero a cuál. ¿No has visto una polilla o no has visto un caballo?”
La mente de Charlie aceleró. ¿Era una pregunta con trampa? Antes de que Charlie pudiera decidirse, Fidelio dijo “No ha visto ninguno de los dos.”
“¿Y quién te ha preguntado a ti, niño insolente?” gritó el profesor. De repente, cambió de humor. Juntó los dedos de las manos y estiró los brazos hacia arriba, con las palmas mirando a la clase. Se escuchó un horrible crujido de huesos, y el señor Ebony dijo alegremente, “La clase ha terminado.”
Apenas creyendo su suerte, Charlie recogió sus libros y se dirigió a la puerta. Mientras salía de la habitación, escuchó al señor Ebony silbar una conocida canción.
“¿Ese hombre está loco o qué?” dijo Fidelio.
“Es como si fuera dos personas diferentes” le corrigió Charlie.
“Tres” añadió Gabriel, quien acababa de alcanzarlos. “Cuando enseña piano, es completamente diferente – calmado y serio y toca fantásticamente.”
Emma y Olivia estaban caminando por delante de los chicos, pero justo antes de que llegaran al pasillo, Olivia se giró hacia Emma y gritó “¡Oh, cállate ya! No quiero hablar de ello” y salió corriendo en dirección al guardarropa de teatro.
“¿Qué le pasa?” preguntó Fidelio.
Emma paró de caminar hasta que los chicos llegaron a donde estaba ella. “Supongo a estas alturas que todos saben que falló en la audición. Lo comentan todos en el colegio.”
“Me había olvidado de ello” admitió Gabriel.
“Pobre chica” dijo Fidelio “Debe sentirse fatal.”
Charlie confesó que había visto a Olivia después de la audición. Les contó a los demás sobre la mujer de las Flores de Ángel, quien parecía conocerles a Olivia y a él.
Asa Pike, quien estaba rondando por el pasillo, les dijo “Eh grupo, dejar de cotillear en las esquinas. Se supone que deberíais estar preparándoos para la comida.”
Haciendo caso de la regla que imponía silencio, los cuatro niños caminaron por el pasillo y fueron a sus respectivos guardarropas.
Billy Raven se encontraba al final de la fila para la comida cuando Charlie y sus amigos entraron en el comedor. “¿Puedo sentarme en tu mesa?” le preguntó Charlie.
“Supongo que sí” Charlie sonrió, Billy parecía tan nervioso que era imposible continuar enfadado con él.
Hoy tocaba sopa de tomate y rollitos. Los demás niños empezaron a comer la sopa muertos de hambre, mientras que Billy solo miraba el plato.
“¿Estás bien, Billy?” le preguntó Fidelio.
“Oh, sí, estoy bien” afirmó rápidamente Billy. “Mis padres son geniales, me dan cosas maravillosas para comer. Tuve un desayuno tan gigantesco que ya no puedo comer nada más.”
Los demás le miraron fijamente, sorprendidos por su entusiasta discurso. Pero aparte de eso, Billy no dijo nada más hasta el final de la comida. Estaban apilando sus platos, listos para llevarlos al mostrador cuando Billy preguntó tímidamente “Gabriel, ¿podrías decirme una cosa? Es sobre una prenda que ha sido llevada por alguien, pero no es un tipo usual de prenda.”
“Enséñamelo fuera” dijo Gabriel, interesado por un objeto que no era usual.
El objeto resultó ser un botón. Billy lo sacó de su bolsillo, murmurando. “No es como si yo te dijera algo, ¿no? Quiero decir, no estoy hablando de mi casa, ¿no?”
“Claro que no” dijo Gabriel tomando el botón.
Los cuatro chicos se sentaron en el césped en el borde del patio, con las paredes rojas de la ruina detrás.
“¿Dónde lo encontraste Billy? ¿Y qué hay de especial con él?” preguntó Fidelio.
“No te lo puedo decir” Billy apretó sus labios.
El botón era bastante ordinario, era grande y negro, el tipo de botón que podía venir de un abrigo o un traje.
“Necesito saber un poco más sobre él” dijo Gabriel. “¿Lo encontraste en tu nueva casa?, ¿en un armario?, ¿en el suelo?, ¿tienes idea de quién llevaba la ropa del que proviene?”
Billy asintió dos veces y luego negó con la cabeza otras dos.
“Está bien, estamos un poco más cerca” Gabriel giró el botón. “Supongo que tendré que trabajar con lo que tengo” Colocó el botón en diferentes posiciones en el centro de su cuerpo y luego a cada lado. “Es difícil” dijo “Verás, no me lo puedo poner encima, así que no creo que esto vaya a funcionar… ¡ugh!” El cuerpo alto y delgado de Gabriel se sacudió hacia atrás, el niño bajó su mirada al botón, el cual sostenía sobre el bolsillo izquierdo de su camiseta. Un callado y rítmico latido era audible cuando presionaba el botón más cerca de su corazón.
Billy observó a Gabriel con los ojos abiertos como platos, mientras el chico mayor lanzaba una serie de exclamaciones escandalizadas.
“Es increíble” Gabriel cerró los ojos y los otros tres escucharon en absoluto silencio mientras decía “Hay cristal por todas partes. Paredes de cristal. No, son espejos…espejos con…con un hombre oscuro mirando en ellos. Y hay música, música de piano, pero no puedo ver el piano. Creo que el hombre está atrapado…dentro de los espejos…”
De repente, el silencio fue roto por un grito inhumano. Un montón de cascos tronaron alrededor del círculo de chicos, los niños se inclinaron, agachando sus cabezas y temiendo ser aplastados por aquellos cascos iracundos. Solo Fidelio se mantuvo normal, completamente inconsciente de los sonidos que aterrorizaban a sus amigos.
Gabriel, con la cara pálida y sin color, tiró el botón al alto césped que rodeaba la ruina y el animal invisible pareció seguirlo. Charlie levantó rápidamente la mirada y una imagen pasó por su vista: un caballo blanco con la cola al viento, y luego, se fue. No podía saber si había huido a la ruina o si simplemente se había desvanecido.
“¿Qué está pasando?” preguntó Fidelio.
Antes de que alguno de ellos pudiera responder, Billy Raven gimió y agarró su estómago. Doblado a causa del terrible dolor, rodó sobre sí mismo y se tumbó gimiendo en el césped.
“¿Qué te pasa, Billy?” Charlie le tocó con cautela el hombro.
“No he dicho nada” gimió Billy. “No he dicho nada sobre la Casa de Paso…aau… aaaah…no lo hice, ¿verdad? Lo del botón no era decir algo, ¿no? No he roto mi juramento, de verdad. Mmmm… aaaaaaaaah… creo que me estoy muriendo.”
Charlie corrió hacia la señorita Chrystal, quien estaba encargada de vigilar el recreo. “Es Billy Raven” gritó cogiéndola del brazo. “Dice que se está muriendo.”
La señorita Chrystal corrió por el patio mucho más rápido de lo que Charlie hubiera pensado nunca.    Inclinándose sobre Billy, dijo. “Oh, pobre niño. ¿Qué es lo que te pasa cariño? ¿es tu estómago? Oh Dios,  ¿puedes ponerte de pie, Billy?”
En ese momento, Billy tenía tanto dolor que apenas podía hablar. Ayudada por los otros niños, la señorita Chrystal se las arregló para poner a Billy de pie, pero aún estaba doblado de dolor. Con mucho cuidado lo llevaron por el patio y entraron en el colegio.
El señor Weedon, quien estaba sentado al lado de la puerta, levantó la vista de su periódico y preguntó “¿Qué le pasa al niño?”
“No se encuentra muy bien, señor Weedon” dijo la señorita Chrystal. “¿Podría ayudarme a llevarle a la enfermería?”
“No hay problema” gruñó el jardinero. Levantó a Billy del suelo y cargó con él.
Esa misma tarde, Charlie le preguntó a la ama de llaves si podía visitar a Billy.
“De ninguna manera” dijo Lucretia Yewbeam. “Está demasiado enfermo.”
“¿Pero qué es lo que le pasa?” le preguntó Charlie. “¿Es que comió algo en mal estado?”
La ama de llaves le respondió con una fría sonrisa. “No es fuerte, muchas cosas le sientan mal. Ahora, vete a la cama y no interfieras.”
Charlie no se iba a rendir tan fácilmente. El día siguiente, cuando estaba en la fila de la comida, se inclinó sobre el mostrador y le preguntó a la Cocinera si había visto a Billy.
“Le llevé un poco de caldo al pobre chico, Charlie, pero no pudo comerlo” le respondió.
“¿Qué le pasa, Cocinera?
“No tengo ni idea, no podía decir una sola palabra. Simplemente estaba ahí tumbado, mirándome aterrorizado.”
“Bueno, yo sé dónde vive ahora Cocinera, en algún lugar llamado la Casa de Paso.”
“¿La Casa de Paso?” las cejas de la Cocinera se arquearon, pero antes de que pudiera decir algo más, Gweneth Howells, que se encontraba detrás de Charlie, le dio una patada en los tobillos.
“Muévete Bone” se quejó “Quiero mis patatas.”
Charlie se vio obligado a avanzar.
Ninguno vio a Billy durante el resto de la semana, y Charlie tenía el desagradable presentimiento de que lo había vuelto a llevar con aquellos antipáticos padres que no sentían ningún afecto por él. ¿Y a qué se refería con lo de que no había roto su juramento? ¿Tenían los Greys algún misterioso control sobre Billy? ¿Estaban enterados de todo lo que decía y hacía?
Charlie decidió que tenía que saber más cosas sobre el botón negro. Durante todos los descansos del resto de la semana, bajó al gran prado de altas hierbas que rodeaba la ruina. Fidelio iba con él siempre que podía escaquearse de sus prácticas de música, y a veces también venía Gabriel a ayudar, pateando el césped de un lado a otro mientras murmuraba “Casi preferiría que no lo encontráramos, no es más que un problema, sí que lo es.” Y miraba sobre su hombro, esperando que un semental salvaje saliera de la nada y lo aplastara hasta la muerte.
Una tarde, cuando Charlie estaba buscando solo, notó que alguien lo miraba, y al levantar la vista, vio a Olivia, con su vista fija en el suelo bajo los pies del chico.
“¿Qué estás haciendo?” le preguntó hoscamente. Estaba incluso peor que normalmente. Su pelo estaba grasiento, su camiseta estaba sucia y las zapatillas blancas que llevaba eran ahora de un color marrón ceniciento.
“Liv, ¿por qué ya no te arreglas el pelo?” le preguntó Charlie. “Ya sabes, como antes, con todos esos colores.”
“No es de tu incumbencia” replicó Olivia. “Te he preguntado qué estabas haciendo.”
Charlie suspiró. “Estoy buscando un botón,” dijo. “¿Quieres ayudarme?”
Olivia empezó a empujar la tierra con la punta de su deportiva. “¿Y por qué lo quieres?, ¿no puedes conseguir otro?”
“No. Billy lo encontró en su nueva casa, y Gabriel, ya sabes…encontró su historia, pero yo quiero saber más.”
“Toda esa mística es estúpida” dijo Olivia de mala gana. “Vosotros nunca os rendís, ¿no?”
Charlie no podía creerlo. “Liv, tú solías ayudarnos. Te gustaba estar involucrada. ¿Cuál es el problema contigo?”
“Así que realmente quieres saberlo. No puedo pelar manzanas, y estoy harta de todo el tema de los dones…” la niña se calló y fijó su mirada en la ruina. “¿Qué ha sido eso?”
“¿Qué ha sido qué?”
“Pensaba que había oído una especie de gruñido, ¡cómo de un caballo!”
“¿Lo has oído? Liv eso significa…”
“¡No quiero saber lo que significa!” gritó Olivia. Salió corriendo dejando a Charlie con muchas cosas en las que pensar.
Cuando el cuerno de caza sonó, Charlie era reacio a abandonar la búsqueda, encontrar el botón negro se estaba convirtiendo en algo muy importante para él. Gabriel había descrito a un hombre oscuro atrapado entre espejos, con música de piano en el fondo. ¿Podía ser su padre, Lyell Bone, el hombre oscuro? Gabriel ya había visto a su padre antes, cuando Charlie le dio una corbata de su padre. Así que necesitaba desesperadamente que Gabriel mirara otra vez a su padre y le dijera si las dos imágenes coincidían.
Charlie caminó por el césped, fue el último en dejar el patio. Al poner el primer pie en el pasillo, Manfred Bloor salió de su habitación de prefecto.
“Ah, justo la persona a la que estaba buscando” dijo Manfred. “Me gustaría hablar un momento contigo Charlie Bone.”
“Es la hora de dormir” objetó Charlie. “Llegaré tarde y me castigarán.”
“Esto es más importante.” Manfred entró por la puerta de la torre de Música le hizo señas a Charlie para que le siguiera. “No te preocupes, te daré una nota para la ama de llaves.”
Charlie siguió a regañadientes a Manfred por el pasadizo hasta su oficina. Cuando llegaron a la polvorienta estantería de libros, Manfred dijo “Supongo que ya conoces mi entrada secreta.” El chico empujó con sus dedos la madera entre dos libros en la balda de arriba, y la estantería giró.
“Después de ti Charlie” Manfred entró tras Charlie en la habitación y la estantería volvió a su posición original.
Charlie se sentía atrapado. ¿Qué desagradable sorpresa le había preparado Manfred? Al echarle un vistazo a la oficina, notó una pila de cenizas en la chimenea, el olor a papel quemado todavía permanecía en la habitación, y Charlie se preguntó por qué Manfred había necesitado fuego en un clima tan cálido. Algo le hizo decir “Creo que tienes algo que me pertenece Man…- digo señor.”
“¿Y qué sería eso?”
“Un palo blanco. Billy Raven te lo dio.”
“Ah, te refieres a tu varita. No seas tímido Charlie, todo el mundo sabe que es una varita. Bueno, te la he confiscado.”
“¡No puedes hacer eso!” gritó Charlie.
“No seas estúpido, claro que puedo. Las varitas están prohibidas, es una regla nueva.”
Charlie no sabía qué decir. Un listado de palabras malsonantes le vinieron a la mente, pero sabía que si las usaba solo le daría una excusa a Manfred para castigarle.
El nuevo asistente de profesor invitó a Charlie a que se sentara mientras él caminaba por la habitación, acariciando pensativamente la escasa barba de su mentón. De repente, paró un momento y dijo “Hay un retrato de nuestro ilustre ancestro en el Salón del Rey.”
“Sí” Charlie se sentía nervioso cuando Manfred se movía detrás de él, fuera de su vista.
“He notado que lo miras” continuó Manfred.
“¿En serio?”
“No te hagas el inocente” dijo Manfred secamente. “Claro que lo miras, todo lo hacemos de vez en cuando. Pero tú, Charlie Bone, tú tienes un motivo, ¿no?”
“¿Lo tengo?”
“Venga ya, Bone” dijo Manfred de mal humor. “Tú quieres escucharlo, ¿no? Y probablemente lo harías si no hubiera algo en el cuadro que te bloquea, ¿verdad?”
“¿Eh?” Charlie estaba intrigado. Así que Manfred sabía algo sobre la sombra oscura detrás del hombro de del rey, la persona o la cosa que impedía que Charlie entrara en la pintura.
“¿Has oído algo alguna vez de esa imagen, Charlie?” el tono de Manfred se volvió suave y persuasivo, y Charlie se encontró respondiendo a aquella súbita cortesía con una voz normal y fría.
“Sí, he escuchado el susurro de los árboles, caballos, el sonido de un arreo. A veces escucho el acero chocando, y lluvia.”
“¿Nunca la voz del rey?”
“No, nunca.”
Manfred se acercó y se sentó en la silla que había al otro lado de su escritorio. Colocando sus manos en el borde, se inclinó acercándose a Charlie y le preguntó. “¿Y sabes por qué no puedes escuchar al rey, Charlie?”
“Hay una sombra” replicó Charlie en voz baja.
“Es más que una sombra, Charlie. Es la forma oscura de mi ancestro Borlath, el hijo mayor del rey. Y Charlie, ¡él ha vuelto!”
“¿Qué?” Charlie se incorporó bruscamente. “¿Qué quieres decir?” Una ola de miedo lo sacudió.
“Mi abuelo realizó un experimento de lo más interesante, ayudado por tus tías abuelas y por supuesto, por mí. Encontramos los huesos del caballo de Borlath, y también, lo más importante de todo, su corazón.”
“¿El corazón de Borlath?” dijo Charlie.
“Su corazón” Manfred acercó tanto su cara a la de Charlie, que el niño podía ver las venas azul oscuro que rodeaban los párpados del hipnotizador. “Fue en un ataúd, debajo de una lápida marcada con una “B”. Para ser sinceros, fue Asa quien lo encontró. Le gusta escarbar cuando él – no es él mismo – si sabes a lo que me refiero.”
“Lo entiendo” Charlie apartó su mirada de la cercana cara de Manfred.
“El caballo volvió a la vida” continuó Manfred “en el laboratorio del ático de mi bisabuelo, y también lo hizo el corazón. Se habían fusionado, o al menos eso parecía, y salieron rompiendo la pared – todavía puedes ver el agujero desde fuera si miras hacia arriba. Así que ahora hay caballo en los terrenos, con un corazón salvaje, y va detrás de ti.”
“¿Detrás de mí?” Charlie se levantó de un salto y la silla se golpeó contra el suelo.
“Pensé que te gustaría saberlo.” Manfred estiró sus manos. “Porque si te pasas de la línea, el caballo solo buscará castigarte. Por cierto, te recuerdo que los cascos pueden infligir unas terribles heridas.”
Charlie se negó a darle a Manfred la satisfacción de ver lo asustado que estaba. Se encogió de hombros y dijo “Creo que debería irme a la cama ahora.”
“Por supuesto.” Manfred hizo girar la estantería de libros y Charlie salió apresuradamente de la habitación. Todavía podía sentir la mirada de burla de Mandred mientras salía al pasillo y corría hasta los dormitorios sin volver la mirada atrás.
En el cuarto piso, Billy Raven estaba acostado en una estrecha cama blanca al final de la enfermería. Era una habitación muy larga, y ninguna de las otras quince camas estaba ocupada. Los horribles retortijones de estómago habían parado, pero Billy no tenía ninguna duda de que volverían tan pronto como susurrara algo sobre su nuevo hogar. ¿De verdad había roto el juramento al darle el botón negro a Gabriel?, ¿y cómo lo sabían los juramentos?
El ama de llaves asomó la cabeza y le dijo a Billy que al día siguiente volvería a la Casa de Paso. “Un pequeño descanso de tus amigos es aconsejable,” le dijo con su voz chillona. “Te ayudará a arreglar las cosas, Billy” Se fue sin dedicarle una sola palabra de ánimo o incluso un relajante vaso de leche.
Billy miró la oscuridad, incapaz de dormir. La luna llena navegaba por el cielo y su brillo entraba por la ventana sin cortinas. Billy escuchó el sonido de unas uñas raspando las tablas del suelo en su dirección. Una voz familiar dijo “Billy, ¿enfermo?”
“Bendito” Billy bajó la mano y acarició la cabeza arrugada del perro. ¿Contará si le cuento a un perro las cosas que no puedo contarle a nadie más? Se preguntó.
“Caballo” gruñó Bendito. “En el jardín.”
“¿Un caballo?” Billy se sentó en la cama.
“Caballo fantasma” dijo Bendito.
Billy salió de la cama y corrió hacia la ventana. El caballo estaba justo debajo de él. No en una forma fantasmal y sutil, si no que parecía muy real esta vez. Su cuerpo era de un deslumbrante blanco bajo la luz de la luna, y cada pelo de sus espesas crines y su cola brillaba como hilos de plata.
Billy abrió la ventana y bajó la vista hacia el caballo, sus miradas se encontraron y el animal habló. “Niño” dijo. “Mi niño.”
“Ayúdame” le rogó Billy.

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