Charlie cerró de un portazo la puerta de la casa de los
jerbos, pero muchos juramentos ya habían entrado. Se dirigieron directamente
hacia Billy y se aferraron a él. Billy gritó, si fue de dolor o de miedo,
Charlie no lo podía saber. Pero cuando intentó tirar de los papeles que se
aferraban a Billy vio que todos tenían un brillante borde verde que mordían su
carne al momento que lo tocaban.
Tancred y Lysander también estaban tirando de los documentos
y también eran mordidos por el malvado espíritu, o lo que fuera que tuvieran
los letales juramentos de Florence de Grey. Una y otra vez, tiraron los papeles
lejos de Billy, solo para que se volvieran a acercar al niño. Intentaron cortar
los juramentos, pero los pequeños pedazos volvían volando hacia Billy.
Redujeron el papel a bolas mientras se retorcía en sus manos, mordiendo sus
dedos y quemando sus palmas. Pero el arrugado papel siempre se desplegaba y
volvía al ataque.
“¡Tendremos que sacarlos de aquí!” gritó Lysander, mientras
Billy daba vueltas, gritando y tirando de su pelo.
“Abre la puerta Charlie, solo un poco” gritó Tancred “y los
sacaré fuera.”
“¿Y si entran más?” preguntó Charlie sin aliento.
“Tendremos que intentarlo” le dijo Tancred.
“Hay doce, los he contado” dijo Lysander. “Así que vamos,
tenemos que intentarlo.”
Todos los juramentos que no estaban sujetos a Billy se
verían arrastrados por una fría ráfaga de aire frío que se escaparía por el
pequeño hueco que iba a dejar Charlie. Charlie cerraría entonces la puerta, la
maniobra no iba a ser fácil, ya que Tancred necesitaba mucho espacio para
reunir una brisa fuerte y cuando Charlie llegó a la puerta, tuvo que tener
cuidado de mantenerse lejos del brazo del chico de las tormentas, que giraba con
fuerza.
Avanzaban angustiosamente lento, pero al final, todos los
documentos fueron sacados al exterior y los agotados ocupantes de la casa del
los jerbos colapsaron en el banco, libres al menos por un tiempo. Sus manos
estaban cubiertas con verdugones rojos, pero la cara de Billy estaba peor que
sus manos. Su palidez hacía que las rayas de color carmesí resaltaran aún más.
Escondiendo su cara en sus manos, el pequeño niño se hundió y empezó a llorar.
“Vamos Billy” dijo Lysander dando palmaditas en el hombro
del pequeño niño “Ya estamos bien.”
“No, no lo estamos” lloró Billy. “Y es por mi culpa.”
“No es tu culpa” declaró Tancred. “Aunque tienes razón en
algo, no estamos bien. Para empezar, ¿cómo vamos a llegar al desayuno? Me muero
de hambre.”
Lysander le lanzó una mirada de advertencia mientras la
expresión de Billy empezaba a desmoronarse otra vez.
Los juramentos cubrieron la ventana. Observando por un
pequeño hueco entre los papeles, Charlie tuvo una pequeña vista del jardín. No
había rastro de Gabriel, pero podían verse cuatro huevos fritos, varias
rebanadas de pan tostado y un delicioso y crujiente beicon, todo en el barro,
era muy deprimente. Estaba a punto de girarse cuando vio la cara de Gabriel
asomándose por la ventana de la cocina, el chico le hizo una señal levantando
los pulgares y Charlie tuvo la esperanza de que se le hubiera ocurrido un plan
para rescatarlos.
Una nube de papeles descendió súbitamente, destrozando las
esperanzas de Charlie al ver cómo el rostro choqueado de Gabriel desaparecía
detrás de los bordes verdes y pegajosos de los juramentos. Los papeles
cubrieron la ventana de la cocina como una banda de murciélagos chillones.
“Gabriel no puede llegar hasta nosotros” dijo Charlie
sombríamente. “Pero quizás los juramentos envenenados se agotarán después de un
rato. Quizás se irán a dormir – ¡o se morirán!”
“Nunca morirán” susurró Billy.
“Si las tormentas no pueden frenarlos, no sé qué lo hará” se
lamentó Tancred.
Un silencio abatido se instaló en los cuatro prisioneros. El
estómago de Tancred rugió, Billy se limpió las lágrimas de la cara con el dorso
de la mano y Charlie se desplomó en el suelo, sintiéndose impotente.
Después de un rato, Lysander anunció. “¡Los juramentos
tendrán que ser destruidos!”
Todo el mundo le miró y Charlie dijo, “¿Cómo?”
“Mis ancestros” respondió Lysander. “Son más poderosos que
los que contienen los juramentos. Pero para llamarlos, tendré que salir fuera.”
Tancred se levantó de un salto. “No puedes hacer eso Sander”
protestó. “Sería un suicidio. Debe de haber cientos de juramentos ahí fuera. Te
comerán vivo o…te golpearán hasta matarte.”
“No” el chico sonrió. “Mis ancestros africanos me
protegerán” Se paró ante la puerta. “Tancred, tendrás que ayudar. Si esos
malvados intentan entrar cuando abra la puerta, una ráfaga de viento deberá
impedir que lo consigan, ¿estás listo?”
¿Cómo podría alguien estar listo para una acción tan
dramática? Aunque la mente de Lysander no estaba del todo lista, no dudó. Antes
de que Charlie tuviera tiempo para ordenar sus pensamientos, la puerta se abrió
y Lysander salió. Tancred por su parte, giró su brazo formando un arco hacia
los juramentos que se atrevían a intentar entrar. Uno consiguió entrar antes de
que la puerta fuera cerrada, pero mientras la malvada cosa se dirigía hacia
Billy, Tancred la atrapó y con la ayuda de Charlie, la sacó por la puerta con
otra ráfaga de aire.
“¡Ay! Esas cosas se están volviendo cada vez más fuertes”
dijo Tancred, examinando sus manos. “¡Mira! Los cortes son más profundos.”
Charlie se quedó mirando los cortes lacerantes de los dedos
de Tancred, necesitaban urgentemente un vendaje.
“Aquí, tengo un pañuelo” Billy sacó un pañuelo
excepcionalmente blanco de su bolsillo y se lo dio a Tancred. “Florence decía
que siempre tenía que tener un pañuelo a mano, supongo que tenía razón.”
Charlie vendó la mano de Tancred, pero la sangre empezó a
traspasar el pañuelo y Billy gimió. “Oh no. Espero que no te desangres hasta la
muerte.”
“Claro que no lo haré idiota” Tancred escondió su mano detrás
de él. “¡Piensa en Sander! Está mucho peor que yo.”
“¡Sander!” gritó Charlie.
Los tres chicos se asomaron por la ventana. Instantes atrás
esta había estado cubierta de papeles pero ahora estaba limpia y los horrorizados
espectadores vieron que los juramentos se habían reunido en un gran ejército
que intentaba atacar a una figura inmóvil en la niebla.
El patio estaba tan oscuro como si hubiera atardecido de
pronto, pero aún así podían ver que Lysander había enterrado su rostro entre
sus manos, mientras que las hojas acabadas con aquellos bordes verdes pululaban
a su alrededor, golpeando y cortando todo lo que encontraban a su paso. La masa
de papel emitió un zumbido enfadado que fue aumentando cada vez más hasta que Billy
Raven no pudo soportarlo.
“Van a matarlo” gritó Billy.
“¡Shh!” le silenció Charlie. “Escucha.”
Muy suave al principio, pero más fuerte con cada segundo que
pasaba, el sonido de los tambores llegó hasta ellos flotando en el aire.
“Los ancestros de Lysander están viniendo” dijo Charlie.
Una sonrisa iluminó el rostro de Tancred. “¿Has oído eso
Billy?”
Billy asintió, ya había visto una vez a los ancestros de
Lysander en combate, sabía que ahora tenían una oportunidad.
Cuando el sonido de los tambores reverberaba en el jardín,
los juramentos parecieron perder su energía. Algunos se alejaron flotando del grupo,
como si estuvieran confusos. El cielo se volvió negro como la tinta, y Charlie
se preguntó su los ancestros estaban trayendo la noche con ellos para resaltar
su propio brillo.
El sonido de los tambores se incrementó y los espectadores
se acercaron aún más a la ventana, esperando a que aparecieran los espíritus.
Muchos juramentos estaban abandonando sus lugares. Se alejaron flotando de
Lysander y se perdieron sin rumbo por el cielo.
Una niebla dorada se deslizó por la oscuridad, y Lysander
levantó su cabeza mientras el último de
los juramentos abandonaba su ataque y se cernía la incertidumbre sobre él. Unas
siluetas misteriosas empezaron a tomar forma en la niebla: altas figuras,
vestidas de blanco con sus manos ocultas, hasta un último redoble de tambor, en
el que todas las figuras sacaron sus brillantes armas. Lanzas, espadas y hachas
salieron a la luz y un zumbido misterioso recorrió el aire.
Cuando los juramentos notaron que se enfrentaban a la
muerte, atacaron a sus enemigos con una furia salvaje, pero una y otra vez los
juramentos fueron reducidos. Los brillantes bordes verdes estallaban y luego
desaparecían cuando los juramentos se convertían en ceniza. Algunos de ellos intentaron
escapar volando hacia la oscuridad; pero los espíritus también podían volar y
todos los escapes eran cortados rápidamente con una brillante espada o una
lanza resplandeciente.
“Parecen fuegos artificiales, ¿no creéis?” preguntó Billy.
Charlie y Tancred estuvieron de acuerdo.
Nadie podía decir con certeza cuánto duró la batalla,
parecía que solo habían pasado unos segundos hasta que la radiante niebla
empezó a desvanecerse y la última y enorme silueta desapareció.
Fue el silencio lo que convenció a Charlie de que estaban a
salvo. Los tambores habían parado y el zumbido enfadado de los papeles había
muerto. Lysander saltó en el aire con un grito triunfal. “Están muertos y no
volverán. Vamos chicos, ¡salir!”
Charlie abrió la puerta del almacén con un poco de cautela.
Las nubes de plomo se habían ido y ahora se podía ver el cielo de la mañana
teñido de azul y oro.
“¡Venga!” volvió a decir Lysander.
Los niños esperaban que su cara estuviera cubierta de
cortes, pero parecía estar complemente limpia. Sus propios cortes se habían
desvanecido, incluso las marcas de la cara de Billy se habían empequeñecido al
tamaño de pequeños hilos que estaban desapareciendo rápidamente.
“Una medicina poderosa” dijo Tancred, dándole a Charlie un
empujón amistoso para que avanzara.
Mientras Charlie avanzaba por el jardín, vio que este estaba
cubierto con ceniza. La capa debía tener un par de centímetros de grosor y se
deslizaba suavemente bajo sus pies.
“¡Lo has conseguido, Sander!” gritó Tancred.
La puerta de atrás de los Silk se abrió y con un fuerte
grito de alegría, Gabriel aceleró para unirse a los demás. Los cuatro chicos
corrieron por el patio, pateando la ceniza hasta convertirla en nubes
polvorientas muertos de risa. El alivio de Charlie era tan grande que no podía
respirar bien y su risa se mezclaba con cortas explosiones de hipo.
El hipo paró cuando notó que Billy estaba parado solo en la
puerta de la casa de los jerbos. Estaba sonriendo, pero sus grandes ojos rojos
lucían casi tan asustados como cuando los juramentos volaban a su alrededor.
“¿Qué pasa Billy?” preguntó Charlie.
Gradualmente, la risa paró, y Charlie y los otros rodearon
al pequeño niño de pelo blanco.
“Ahora estás a salvo, Billy” dijo Tancred, pero aunque
dijera eso, él y todos los demás se dieron cuenta de que no era cierto.
“¿A dónde voy a ir ahora?” Billy levantó su mirada
preocupada hacia los cuatro chicos mayores.
Su pregunta fue resuelta temporalmente por el señor Silk,
quien les dijo que entraran para tomar el desayuno.
Había una gran excitación en la casa de los Silk. Las tres
hermanas de Gabriel mantuvieron una nerviosa charla ya que todavía rozaban la
histeria mientras comían el enorme y delicioso desayuno. ¿A qué se debía el
papel volador? ¿Quién lo había quemado? ¿Quién tocaba los tambores? La batalla
del jardín había sido tapada por una oscura niebla y ninguno de los habitantes de
la casa había podido ver lo que había pasado. Lo único que sabían era que era
demasiado peligroso salir.
El señor Silk, quien había estado escribiendo en su gran libreta
frenéticamente, paró un momento y gritó “¡Silencio niñas! ¡Un hombre no puede
pensar en estas condiciones!”
“¿Pero QUÉ era eso?” persistió April, la niña más pequeña.
“Ha sido un fenómeno del que ahora en adelante no podemos
hablar” dijo el padre. “Incluso con tus mejores amigas.”
“¿Tiene algo que ver con la rareza de Gabriel?” preguntó
Mai, la hermana del medio.
“Ya te lo he dicho muchas veces, ¡no lo llames mi rareza!”
gritó Gabriel. No se llevaba demasiado bien con Mai.
Charlie se preguntó cómo se las arreglaba la señora Silk
para repartir a la perfección el delicioso desayuno y servir las tazas de té
que siempre tenían el tono ideal. Se movía por la cocina tarareando en voz baja
y sonriendo para sus adentros, Charlie decidió que debía ser el alivio lo que
la hacía tan feliz. No debía haber sido fácil haber tenido juramentos furiosos
y espíritus de ancestros batallando en su jardín.
Tancred, quien había devorado su desayuno en tiempo récord,
preguntó qué iba a pasar con la comida que se había quedado en el jardín.
La señora Silk levantó la mirada sorprendida y June, la
mayor de las hermanas de Gabriel preguntó, “No pretenderás comértela, ¿no?”
Los amigos de Tancred esperaron ansiosamente su respuesta,
pero antes de que pudiera abrir la boca, el señor Silk dijo firmemente. “Las
gallinas se encargarán de ella.”
Las gallinas habían huido tan pronto como aparecieron los
juramentos, pero ahora se las podía ver a través de la ventana, escarbando
alegremente en la ceniza. Gabriel se acordó de sus jerbos, y salió corriendo
para asegurarse de que se habían recuperado del ataque a su casa. Volvió
diciendo que estaban todos bien exceptuando a Rita, su favorita, que
inesperadamente había dado a luz a más bebés de los que podía contar de una
mirada.
Lysander tenía que volver a casa. Agitó la mano alegremente
en un gesto de despedida diciendo “Os veo luego chicos.”
Charlie siempre se sentía seguro cuando Lysander estaba
cerca. Ahora se había ido, justo cuando más necesitaban su compañía y consejo.
Tancred era un poderoso aliado, por supuesto, pero el chico de las tormentas
era un poquito más impredecible. Tenían que tomar una decisión sobre Billy, la
casa de los Silk no estaría a salvo de Florence o los Bloor por mucho tiempo.
El teléfono sonó y la señora Silk fue a cogerlo. “Charlie es
tu madre.”
Charlie corrió al recibidor y cogió el teléfono. “¡Hola
mamá!”
“Charlie, ¿qué está pasando?” dijo la mujer. “¿Está Gabriel
en problemas? ¿Vas a venir para…?”
“Espera un momento mamá” dijo Charlie firmemente. “Yo estoy
bien, pero Billy tiene unos cuantos problemas y estamos intentado
solucionarlos. Ha huido.”
“¿Huido?” el mensaje de Charlie no sirvió para calmar a su
madre. “Pero Charlie…”
“Puede que tarde un rato en volver, no sé cuánto tardaré en
solucionar esto.”
“¿Pero cuánto tardarás?”
“Solo dile al tío Paton lo que ha pasado, ¿lo harás mamá? Y
por favor, no te preocupes, estoy bien, de verdad.”
Mientras Charlie colgaba el teléfono notó una polilla blanca
sentada en su manga. Batió sus alas, revelando sus puntas plateadas.
“Otra vez tú” dijo Charlie.
La polilla voló, pero Charlie no pudo ver a dónde se había
ido. Corrió otra vez hacia la cocina. “Creo que Billy y yo deberíamos irnos
ahora” le dijo a la señora Silk. “Gracias por el gran desayuno.”
La señora Silk dijo que siempre era un placer ver a Charlie,
pero quería saber exactamente a dónde tenían intención de ir él y Billy.
Charlie había estado pensando en el tema y no sabía cómo responder a su
pregunta.
“Vienen a mi casa conmigo” declaró Tancred. Se puso de pie
tan súbitamente que una brisa flotó sobre el mantel, mandando ráfagas de azúcar
al aire. Las hermanas de Gabriel aplaudieron fuertemente y le rogaron que lo
volviera a hacer, pero Tancred, sonriendo tímidamente, dijo que no podía
hacerlo. “¡Así de simple!” después de lo cual una disimulada ráfaga provocó que
los cubiertos, los platos y los platillos chocaran con suaves tintineos.
En ese punto, la señora Silk se puso muy ansiosa. “Si Billy
ha sido maltratado, deberíamos avisar a alguien” dijo “A la policía…o…a los
servicios sociales” Se giró hacia Billy. “Quizás podrías volver a la Academia,
Billy. Al menos ahí estarías a salvo.”
“¡No!” Billy negó con la cabeza vehementemente.
“Déjalo estar” le avisó el señor Silk a su esposa. “Estará a
salvo en la Casa del Trueno.”
Tanto Tancred como su padre controlaban las tormentas, y siempre había un
viento salvaje y un redoble de truenos alrededor de su casa, era probablemente
el sitio más seguro en la ciudad en aquel momento, y Charlie se sentía muy
aliviado de que Tancred hubiera tomado esa decisión por él.
“Mi tío Paton les explicará porqué Billy no puede volver” le
dijo a los Silk.
La familia entera los acompañó hasta la puerta para ver
marchar a los tres chicos. Parecía como si se fueran de vacaciones más que huir
hacia un sitio seguro.
Cuando llegaron a la puerta del jardín, Billy se volvió de
pronto y preguntó, “¿Qué pasó con los gatos?”
“¿Cuáles gatos querido? Yo no he visto ningún gato” dijo la
señora Silk.
“Oh, deben haberse ido a casa” dijo Billy tristemente.
Para cuando empezaron la larga caminata cuesta arriba, Billy
ya estaba exhausto debido a su carrera más temprano aquella mañana. Los otros
dos tuvieron que ir parando mientras él caminaba detrás de ellos, jadeando y
silbando. Al final Tancred le dijo a Billy que se subiera a su espalda y le
llevó por la áspera y sinuosa carretera que llevaba a los bosques de lo alto.
Charlie suspiró de alivio cuando la puerta de Tancred
apareció ante su vista. Había dos carteles clavados en la puerta, uno decía LA CASA DE LOS TRUENOS y el otro TENGA CUIDADO CON EL TIEMPO. Mientras
se acercaban a la puerta, Charlie escuchó unos cascos. Intentó ignorar el sonido,
pero no pudo soportar la tensión durante más tiempo, así que miró hacia atrás.
La carretera estaba vacía, pero el sonido de los cascos se estaba haciendo cada
vez más fuerte.
Tancred se giró, y Billy, mirando por encima de su hombro,
dijo. “Es el caballo fantasma otra vez. Está siguiéndonos.”
Charlie dio un grito y corrió hacia la puerta. No se molestó
en desenganchar el cerrojo, sino que saltó sobre la puerta cayendo sobre el
suelo de piedra del otro lado.
“¿Qué bicho te ha picado Charlie?” gritó Tancred.
“¡Es Borlath!” gimió Charlie. “Va detrás de mí, ¡correr, por
favor!”
Billy se bajó de la espalda de Tancred y empezó a escalar por
la puerta. “¡No creo que te haga daño!” gritó.
“¡Sí claro!” gritó Charlie. Empezó a correr hacia el camino.
Un salvaje y ensordecedor relincho perforó sus tímpanos. El
caballo debía de haber saltado la valla, porque Charlie podía escuchar sus
cascos volando sobre el camino detrás de él.
“¡Corre al bosque!”gritó Tancred. “No puede atraparte ahí.
Al menos, no tan fácilmente.”
Charlie se salió del camino. “Es un caballo fantasma” se
lamentó. “Me encontrará vaya a donde vaya.” Charlie se tambaleó entre los
árboles y se apoyó en un amplio tronco, intentando recuperar el aliento.
Había un silencio sepulcral en el bosque. El viento había
amainado, y cada rama, cada hoja y cada brizna de hierba estaba quieta. Charlie
cerró los ojos. Quizás estaba seguro. Empezó a escuchar a Tancred y a Billy
tropezando a través de la maleza hacia él. Una brisa cálida recorrió su
mejilla, ¿era el aliento de alguien? Algo húmedo y pegajoso tocó su oreja.
Un profundo gruñido atravesó el cuerpo de Charlie, el niño
se desplomó en el suelo.
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