Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

viernes, 13 de julio de 2012

Capítulo 11: La Casa de Paso


Charlie corrió durante casi el camino hacia el Café de las Mascotas.  Tenía la correa de Judía Corredora en su bolsillo y un plan excelente en su cabeza. La ciudad estaba llena de compradores domingueros y esto hizo que Charlie bajara el ritmo.
Giró en la calle de la Rana al mismo tiempo que Dorcas Loom y sus dos hermanos mayores. Albert y Alfred Loom eran unos chicos grandes con pinta de agresivos. Disfrutaban robando mochilas, atormentando gatos y haciendo trucos con sus skates. Eran también los orgullosos dueños de cuatro rottweilers, lo que les permitía entrar en el Café de las Mascotas. Normalmente, Dorcas esperaba en un banco fuera. A ella le daban miedo los animales, y Charlie solía pensar a menudo en cómo aguantaba vivir con dos criaturas tan agresivas- por no mencionar a los dos rottweilers.
Con un rápido “¡Hola!” Charlie pasó por delante de los Looms y entró en el Café de las Mascotas.
“¿Qué pasa Charlie?” dijo Norton. “¿Te has encontrado con el Jinete sin cabeza o qué?”
“Lo sabrás en un minuto” dijo Charlie.
Vio la cabeza rubia de Emma en la distancia y dejando que Norton se enfrentara a los Looms, se dirigió hacia ella. Para su sorpresa, la mesa estaba llena. Lysander y su loro Homer se habían girado. Tancred estaba sentado a su lado con uno de los jerbos de Gabriel, y Gabriel estaba alimentando a la rata negra de Billy, Rembrandt.
“¡Charlie, siéntate aquí!” Fidelio hizo un hueco para Charlie, mientras su gata sorda se aferraba a su hombro.
Tan pronto como Charlie se sentó, Judía Corredora, quien había estado dormitando debajo de la mesa, saltó a su regazo, agitando la mesa de semejante manera que se inclinó hacia un lado, mandando muchos platos y vasos al suelo.
Hubo varios gritos de “Ese perro”  “¿No puedes controlarlo, Charlie?” “Estaba comiéndome esa tarta” “¡Ahí va mi zumo!” mientras Charlie se excusaba “Nadie me dijo que Judía Corredora estaba debajo de la mesa.”
Casi al mismo tiempo, los chicos Loom llegaron, causando una conmoción casi mayor con sus rottweilers. Los cuatro grandes perros empezaron a intentar morder a cualquier criatura que tuviese la mala suerte de encontrarse en su camino.
El ruido en el café era tal que el señor Onimoso tuvo que saltar a una mesa y gritar “¡Silencio por favor! El mal comportamiento no es aceptado en este establecimiento.”
Homer, el loro de Lysander, graznó, “¡Bien dicho señor!”
A lo que Alfred Loom gritó “¿Cuál es su problema querido?”
El señor Onimoso fijó su mirada en el joven con incredulidad “¿Disculpa?” dijo.
“He dicho ¿Cuál es su problema?” repitió Alfred.
Estirándose en toda su estatura de 149 centímetros (más la mesa, la cual le hacía 195.58 centímetros más alto), el señor Onimoso replicó “Considere a los animales pequeños, señor. Puedes ver lo asustados que están. Tus perros crean problemas cada vez que los traes aquí.”
“No somos nosotros, es él” Albert Loom señaló a Charlie. “Él y ese loco perro amarillo. Es más grande que los nuestros.”
Judía Corredora lanzó un profundo ladrido y se precipitó sobre los rottweilers, mientras Homer graznaba. “¡Dales su merecido!”
Una pelea terrible se inició. Muchos de los otros perros no pudieron resistirse a unirse a la pelea y el escándalo se volvió ensordecedor. Multitud de pájaros chillones volaron hacia el techo, los gatos maullaron, las serpientes se enrollaron sobre sí mismas, lo monos saltaron sobre los extraños y una iguana salió corriendo por la puerta. Cualquier cosa pequeña simplemente se escondió.
Norton fue mordido varias veces mientras trataba de separar a los perros y Charlie fue tirado al suelo por un aterrorizado pony, justo cuando consiguió agarrar el collar de Judía Corredora.
La señora Onimoso saltó al lado de su marido (lo cual la hizo tener una altura de 259 centímetros) y empezó a agitar un tarro de galletas vacío. Su cabeza estaba tocando el techo, y podrías haber pensado que la imagen de una persona tan enorme habría detenido la pelea. Pero no hoy. Solo el sonido de una sirena acercándose tuvo algún impacto. Tan pronto como los Looms oyeron la sirena sacaron a sus perros de la pelea y dejaron el café. Dos minutos después los oficiales Wood y Singh llegaron a la escena. Las cosas se habían calmado considerablemente por ese entonces, pero el señor y la señora Onimoso estaban todavía de pie en la mesa.
El oficial Singh se abrió camino a través de los platos rotos y se dirigió al propietario. “¿Podríamos hablar un momento, señor?” le preguntó al señor Onimoso. “En privado.”
El señor Onimoso saltó de la meas y cuando hubo ayudado a su esposa a bajar de la forma más digna posible, la pareja desapareció en la cocina con los dos policías. Norton, cuyas manos sangraban profusamente caminó tras ellos.
“Los Looms desaparecieron a la velocidad de la luz cuando oyeron la sirena” remarcó Tancred.
“Y ellos han causado todo este problema” añadió Emma “No es justo.”
Charlie se las había arreglado para traer a Judía Corredora de vuelta a la mesa y todo el mundo le aclamó por ser tan valiente. Homer incluso gritó “¡Croix de Guerre!” aunque ninguno sabía qué significaba.
“Es una medalla francesa al valor” explicó Lysander. “Lo aprendió de mi madre.”
Compartieron las galletas que quedaban en la mesa mientras esperaban la vuelta del señor y la señora Onimoso. Muchos de los animales más ruidosos se habían ido, y ahora había el silencio suficiente para que Charlie pudiera oír un distintivo y persistente quack viniendo de alguna parte. Miró hacia abajo y vio un pato blanco sentado debajo de la silla de Emma. “Así que es un pato” dijo. “Tu tía me contó que tenías una nueva mascota.”
“Voló a nuestro patio ayer” dijo Emma “La he llamado Nancy, como mi madre. Ella murió, ya lo sabes.”
“Sí por supuesto. Es un pato muy bonito.” A Charlie no se le ocurría nada más que decir.
“Olivia no ha venido, otra vez” observó Fidelio. “¿Cuál es el problema con ella, Em?”
Emma se encogió de hombros. “No lo sé. Apenas habla conmigo, y cuando lo hace, siempre está de mal humor.”
“Está hecha un desastre” dijo Lysander.
“Y ella solía estar fantástica” añadió Tancred tristemente.
Charlie pensó que ya era hora de hablarles sobre Alice Angel y la tienda de flores. “Creo que Olivia está dotada” dijo. “Pero no quiere admitirlo. Incluso oyó al caballo fantasma y hasta donde yo sé, solo los dotados pueden oírlo.”
Fidelio estuvo de acuerdo. Él nunca había visto, oído o sentido al caballo, incluso cuando los otros estaban huyendo de él.
Lysander demandó saber más acerca del caballo fantasma, así que Charlie le puso al día añadiendo los detalles del terrible experimento de Ezekiel.
“¡Un corazón!” gritó Tancred cuando Charlie hubo acabado. “¡Eso es tan asqueroso!”
“Hay más” Sin mencionar a Christopher Crowquill, Charlie comenzó a contarle a sus amigos acerca de Billy Raven y los espantosos talentos de sus nuevos padres.
“¿Así que vas a arriesgar tu vida y quizás la nuestra para intentar rescatar a Billy el Tonto, es eso?” preguntó Tancred.
“Eso es lo que intento” dijo Charlie. “Pero Billy no es tonto, simplemente ha tenido mala suerte.”
“Ya lo veremos” murmuró Gabriel sombríamente.
Parecía un buen momento para mencionar el botón de nuevo. Charlie se lo pasó a Gabriel y le rogó que visitara el mundo de los espejos una vez más. “Quizás si escuchas el piano de nuevo, reconocerás la música. ¡Cualquier cosa que me pueda decir algo más acerca del lugar y del hombre atrapado ahí!”
Gabriel cogió el botón con un suspiro y una vez más lo sostuvo sobre su corazón. Cerró los ojos y todos observaron en silencio como su ceño se fruncía y en su larga cara se instalaba una expresión de solemne concentración. Una vez más, su cuerpo se estremeció y su boca se crispó. Después de cinco minutos, Gabriel abrió sus ojos y tiró el botón a la mesa.
“Rachmaninoff” dijo. “Preludio en Do. Y es una grabación – uno de esos pequeños y rayados vinilos.”
“¿Y el hombre?” preguntó Charlie.
“Su cara estaba muy distorsionada. Había muchos espejos – los detalles se me siguen escapando, lo siento Charlie.”
Pero Charlie no estaba muy decepcionado. Ahora tenía el nombre de la música y era algo con lo que continuar.
La charla en el café se tornó en un susurro cuando los oficiales Singh y Wood salieron de la cocina y abandonaron el café. Unos momentos después, el señor Onimoso apareció y anunció que habían cerrado por aquel día y que Norton sería llevado al hospital para que le dieran puntos y le pusieran la inyección del tétano.
Cuando Charlie y sus amigos se levantaron para irse, el señor Onimoso se acercó a su mesa. “Lo siento chicos” dijo. “No abriremos mañana. Norton ha quedado muy herido y mi pobre esposa todavía tiene escalofríos. La policía nos ha avisado de que quizás cierren nuestro precioso café. Esos chicos, los Looms, provocan problemas siempre que vienen y la gente está empezando a quejarse.”
“Debería prohibirle la entrada a los perros, señor Onimoso” dijo Lysander. “Mi padre podría hacerlo.”
“Tu padre podrá ser un juez pero no sabe nada de llevar cafés de mascotas” dijo el señor Onimoso gravemente “No puedo empezar a prohibirle la entrada a perros, joven Lysander. A los dueños quizás, pero a los perros no.” Se inclinó sobre la mesa y cogió la rata negra. “Será mejor que lo lleve de vuelta a la cocina. Echa mucho de menos a Billy.”
“Billy vendrá a visitarle muy pronto” Charlie parecía tener más confianza de la que sentía. “La cosa es, señor Onimoso, que necesito encontrar un sitio llamado la Casa de Paso.”
“¿Para qué?” le preguntó el señor Onimoso, sorprendido.
Charlie le habló sobre la adopción de Billy, y mientras escuchaba, el sabio rostro del señor Onimoso se llenó de surcos de preocupación. “¡Qué desgracia!” declaró. “¿Qué tiene el mundo contra ese niño que le impide llevar una vida sin preocupaciones? La Casa de Paso está en el Pasaje de Crook*, Charlie. Subiendo hacia la catedral en la parte antigua de la ciudad. ¡Pero ten cuidado! No me gustaría enfrentarme a esos de Grey.”
“Me llevaré a Judía” dijo mientras ataba la correa al collar de Judía Corredora.
“No te irás sin mi” dijo Fidelio.
“Yo iré con vosotros también” Emma metió a Nancy en una canasta de mimbre.
Gabriel, Tancred y Lysander vivían en la dirección contraria, en una colina boscosa llamada Los Altos, pero todos querían que los llamaran si necesitaban su ayuda. El pelo rubio de Tancred crepitaba debido a la electricidad y unas pequeñas brisas continuaban rondando sus tobillos mientras subían por la calle de la Rana.
“Tengo un mal presentimiento Charlie” dijo Tancred. “La tormenta estará esperando tu señal.”
“Al igual que mis ancestros” añadió Lysander.
Cuando llegaron la calle Mayor, los tres chicos mayores giraron hacia la derecha, mientras que Charlie, Fidelio y Emma giraron a la izquierda, hacia la catedral. Una vez más, una pesada niebla había empezado a deslizarse por la ciudad, pero no era la agradable niebla de ayer. Era más como un vapor que venía de lo más profundo de la tierra: fría y siniestra, se hacía más espesa con cada paso que daban los niños hacia la catedral.
Cuando pasaron por la librería Ingledew, Emma entró un momento y puso la cesta de Nancy en el mostrador. Su tía estaba hablando con un cliente, así que Emma saludó con la mano y dijo “¡Volveré pronto!” luego volvió a salir. En ese momento, Fidelio entró también y dejó a su anciana gata en lo alto de la cesta.
“No será por mucho tiempo” le dijo a la perpleja señorita Ingledew.
Cuando Fidelio salió de la tienda, se dieron cuenta de que tres brillantes criaturas se acercaban a ellos a través de la niebla. “¿Vosotros sabíais que las Llamas nos estaban siguiendo?” le preguntó a Charlie.
Charlie volvió a mirar a los tres resplandecientes gatos “Deben tener un motivo” dijo. “Siempre lo tienen. ¡Hola Aries, hola Sagitario y Leo!”
Los gatos contestaron a su saludo con unos profundos y amigables maullidos. Judía Corredora les ladró como advertencia pero los gatos no le hicieron caso. Cuando todo se hubo calmado, los siguieron a una distancia prudencial, respetando los instintos del enorme perrazo.
Detrás de la catedral, la ciudad se volvía un laberinto de callejones estrechos y pasos húmedos y sombríos. Los carteles de la ciudad estaban agrietados y descoloridos, y algunos de ellos ni siquiera se podían leer. Para encontrar el Pasaje de Crook, Charlie se tuvo que adentrar en el callejón más oscuro que jamás había visto.
“Es aquí” dijo en voz baja.
“Que sitio tan tenebroso” remarcó Fidelio, siguiéndolo cautelosamente.
“Y huele fatal” Emma arrugó su nariz.
Empezaron a subir una empinada cuesta, tropezando con escalones que aparecían de la nada mientras avanzaban hacia la oscuridad. Judía Corredora gemía continuamente, lo que ponía a todos al borde de los nervios. Los gatos se adelantaron a los niños y abrieron la marcha con su brillante pelaje resplandeciendo en la niebla.
Después de pasar dos carteles oxidados, Charlie encontró por casualidad las palabras “La Casa de Paso” grabadas en piedra sobre una gran puerta de roble.
“¿Qué es lo que vas a decir?” le preguntó Emma cuando Charlie llegó a la aldaba, una mano de bronce de gran tamaño.
“Diré ¿Dónde está Billy? Eso debería ser suficiente” dijo Charlie.
Sin embargo, cuando la puerta finalmente se abrió después de varias llamadas, el discurso de Charlie se evaporó, ya que el hombre que se encontraba en el marco de la puerta le dirigió una mirada tan feroz que le quitó el aliento.
“¿Qué queréis?” preguntó el hombre tensamente.
Charlie tragó saliva y Fidelio dijo. “Nos gustaría ver a Billy señor.”
“¿Billy?” el hombre parecía indignado “¿Billy?”
“Vive aquí, ¿no?” le preguntó Emma.
“¡Fuera!” gritó el hombre. Empezó a cerrar la puerta, pero Charlie puso su pie en el umbral, al mismo tiempo, Judía Corredora vio un gato negro correr como una bala por el recibidor detrás del hombre. Con un ladrido jubiloso, Judía Corredora se lanzó tras él, o al menos lo intentó, porque su nariz se estampó contra algo y lo envió hacia atrás aullando.
“¿Qué le ha hecho a mi perro?” gritó Charlie.
Usher de Grey pateó el pie de Charlie apartándolo del umbral y cerró la puerta de un portazo.
“Es aquí” susurró Emma. “Estoy segura, pobre Billy.”
“Es aquí, está bien” dijo Charlie. “Ese es el hombre que vi en el despacho de Manfred, el hombre al que no le gustan los niños.”
“¿Y ahora qué?” preguntó Fidelio.
El gemido angustiado de Judía Corredora le impedía a Charlie pensar con claridad. Golpear tu nariz contra algo invisible puede ser muy aterrador para un perro, y Charlie no sabía cómo describir un campo de fuerza en el idioma de los animales, solo Billy podía hacerlo.
“Pensaré en algo” dijo Charlie tan alegremente como pudo.
Todos eran reacios a abandonar la Casa de Paso mientras Billy siguiera atrapado ahí dentro, pero no podían hacer nada más. Tendrían que hacer otro plan.
Mientras Charlie salía del pasaje de Crook, miró hacia atrás. Las Llamas no se habían movido. Estaban sentadas en fila fuera de la Casa de Paso. Quizás ellas tenían la clave para el escape de Billy.
Billy estaba viendo su tele cuando escuchó al perro. Al principio, el sonido era solo una serie de ladridos angustiados, pero entonces Billy empezó a reconocer la voz de Judía Corredora y a entender lo que decía el perro.
“¡Puerta fantasma!” ladró Judía Corredora. “¡Pared de hielo!, ¡pared de fuego!, ¡muralla dañina!, ¡ha sido un truco del gato! ¡Dolor!, ¡Charlie, ayúdame!”
Billy saltó de la cama y corrió hacia la ventana, todo lo que podía ver a través de la espesa niebla era una muralla de piedra gris. Su ventana estaba cerrada con llave y no tenía ninguna oportunidad de abrirla. Salió al pasillo fuera de su habitación y caminó de puntillas hasta el rellano. Mirando hacia el recibidor, llegó justo a tiempo para ver cómo Usher de Grey cerraba la puerta de golpe. Billy corrió de vuelta al pasillo y permaneció con su espalda pegada a la pared, apenas atreviéndose a respirar. Charlie estaba fuera, ¿le traería problemas su visita? Solo pensar en más dolor hizo que el niño cerrara los ojos lleno de miedo.
“¡Billy!” dijo una voz suave.
Billy abrió los ojos y vio a la pequeña gata negra en sus pies. “Amigos” dijo con la voz más baja.
Billy se deslizó hacia su habitación, seguida por la gata. Sin hacer sonido alguno, cerró con cuidado la puerta.
“Lamento haberle hecho daño al perro” dijo la gata. “Clawdia tenía que mostrarle el peligro a los amigos de Billy. Tenía que enseñarles la pared secreta de Usher. Por favor, dile al perro que Clawdia lo lamenta.”
“Se lo diré si alguna vez lo vuelvo a ver,” dijo Billy.
“Mis amigos están ahí” la pequeña gata continuó. “Todavía están. Ayudarán a Billy a escapar. Esta noche, Billy debe estar listo.”
“¿Esta noche?” Billy sacudió su cabeza lleno de miedo. Y sin embargo, el deseo de escapar era tan grande, el pensamiento de la libertad era tan embriagador, que empezó a reír con emoción.
“¡Shhh!” le silenció la gata. “Todavía no.”
“¿A dónde iré?” preguntó Billy. “Si dejo este lugar.”
“Mis amigos te enseñarán.”
“¿Quiénes son tus amigos?”
“Gatos, naturalmente. Pelaje cobrizo, pelaje naranja y pelaje dorado.”
“¡Las Llamas!” jadeó Billy.
“Llamas, sí. Clawdia se va ahora.”
Billy abrió la puerta y la gata negra salió al rellano. “No te olvides” dijo. “Esta noche.”
“¿Cómo iba a olvidarme?” susurró Billy.

*Crook significa ladrón, luego el Pasaje de Crook se traduciría como el Pasaje del Ladrón

3 comentarios:

  1. La verdad son unas genias.....
    En un par de dias mas de 4 capitulos!!!
    Creo que tengo nuevas idolas :D
    Jajjajajaja

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  2. Aish gracias!!! me siento popular (?)
    Supongo que hay que agradecérselo a las vacaciones, que nos dan mucho tiempo libre xD

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    1. Jajjaaj...no, en serio muy groso el trabajo que hacen....
      Espero que no se corte con los demas libros!!!!
      :P

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