Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Capítulo 20: El guerrero


El tío Paton dijo que sería muy estúpido usar la casa de la calle Filbert para un encuentro y que la librería Ingledew era bastante mejor. El nuevo talento de Olivia debía mantenerse en secreto. Nadie pensaría que era raro o inusual que entrara en la tienda de libros. Emma era su amiga y solían pasar los fines de semana juntas.
En la tarde del sábado, Charlie y el tío Paton se dirigieron a la librería. La abuela Bone no les prestó atención. Ya tenían la partida ganada, pensó. Charlie y sus problemáticos amigos ya habían aprendido la lección, Billy Raven estaba bajo el poder de los Bloor de nuevo y Charlie estaba bajo el suyo – más o menos.
Fidelio insistió en estar dentro del plan, y cuando Charlie y su tío entraron en la acogedora habitación trasera de la señorita Ingledew, Fidelio ya estaba ahí, sentado en el sofá entre las dos chicas. Charlie se sentó al lado de Olivia apretándose como pudo y el tío Pato se adueñó de uno de los grandes sillones. La señorita Ingledew entró con un plato de galletas y se sentó en el reposabrazos del sillón de Paton.
El encuentro empezó.
“El tiempo es el aspecto más importante de este plan” dijo el tío Paton. “¿Tienes todo claro, Olivia?”
Olivia dijo “Mi reloj nunca se equivoca” y alzó su muñeca para que todo el mundo pudiera admirar su gran reloj plateado con su moderna pantalla.
“Muy bonito” remarcó el tío Paton “siempre y cuando puedas consultarlo en el momento adecuado.”
“Sí” dijo Olivia dócilmente.
“Y ahora tienes que estar completamente segura de la posición de todo el mundo en el Salón del Rey. Charlie, describe como suele lucir la habitación usualmente cuando estáis todos haciendo vuestros deberes.”
Charlie describió la posición de todo el mundo como mejor pudo.
“Depende de ti y de Emma asegurarte de que todos están en sus puestos correctos, para que Olivia pueda visualizarlos” dijo el tío Paton severamente. “¿Está bien?”
“Bien” dijeron Charlie y Emma.
El tío Paton continuó explicando la siguiente parte del plan. Una hora después, el encuentro se acabó. Felix Gunn llegó para llevarse a Fidelio a casa, mientras Charlie y el tío Paton caminaban de vuelta a la calle Filbert. Olivia iba a quedarse a dormir con Emma. Necesitaba estudiar alguno de los libros de historia de la señorita Ingledew.
“Espero que los Bloor no adivinen lo que estamos haciendo” dijo Charlie mientras su tío y él subían los escalones del número nueve.
“Charlie, nunca lo adivinarán” dijo Charlie confiadamente “Ni en un millón de años.”
Charlie encontraba muy difícil actuar de una manera normal el lunes. El pavoneo emocionado de Fidelio le ponía nervioso. “Se supone que debemos lucir deprimidos” le dijo a su amigo.
“Tú quizás” dijo Fidelio. “Pero yo no soy una de las víctimas dotadas. En cualquier caso, yo siempre actúo así.”
Había una persona a la que Charlie tenía que alertar. Lysander no había estado en el encuentro, pero Charlie sentía que tenía que avisarle sobre lo qué quizás iba a pasar. Desgraciadamente, no pudo hablar a solas con Lysander hasta después de la cena cuando estaban subiendo las escaleras hasta el Salón del Rey. Charlie tiró los libros de los brazos de Lysander deliberadamente y dejaron de subir.
“¿Qué te ha llevado a hacer eso, so torpe?” gruñó irónicamente Lysander, mientras se agachaba para recoger los libros.
Charlie se inclinó junto a él para ayudarle. “Tenía que advertirte” le susurró.
“¿Advertirme?”
“¡Shhhh!” le silenció Charlie. “Algo le va a pasar a Joshua en unos minutos. Tancred se va a asustar bastante de él, pero no es real, ¿está bien? Es solo una ilusión.”
“¿Qué…?” empezó Lysander.
“¿Os vais a mover o voy a tener que pasar por encima de vosotros?” Dorcas Loom los observó desde el fondo de la escalera.
“Tranquila, Dorc” dijo Lysander alzando sus libros.
Los dos chicos terminaron de subir las escaleras seguidos por Dorcas, quien estaba resoplando como una máquina de vapor.
Charlie le echó un rápido vistazo al Salón del Rey antes de sentarse. Se quedó muy aliviado al descubrir que todo el mundo estaba en los sitios que le había descrito a Olivia. La cara de Asa estaba cubierta con moratones, notó.
Charlie miró a Emma, que estaba al lado suyo, pero ella reusó a hacer contacto visual. Probablemente no se atrevía. Ahora todo dependía de Olivia.
El reloj sonó, como siempre hacía. El Rey Rojo los observó desde su retrato, como siempre hacía, y – era la imaginación de Charlie, ¿o los ojos del rey estaban más brillantes esa noche?, ¿y había un brillo extra en su corona?
“El rey no puede ayudarte, Bone” le ladró Manfred.
Charlie bajó la mirada. Asa soltó una risilla malévola y Joshua le sonrió a Tancred. Una fuerte lluvia cayó en el libro abierto de Charlie, y luego otra. Tiró su libro, alejándolo y un charco se formó en la mesa delante de él. Charlie lo limpió con la manga de su jersey.
Lysander dijo “¡Para ya Tanc!” y se vio recompensado con una ráfaga de aire que le lanzó sus papeles a la cara.
Vamos Olivia, pensó Charlie. ¡Hazlo ahora!
El bolígrafo de Emma empezó a gotear. La tinta se derramó por una página escrita con su preciosa y limpia letra. Tenía tinta en las manos, en su capa y en su cara. Idith e Inez tenían su mirada fija en ella.
Emma les devolvió la mirada. “¡Para ya!” gritó.
Dorcas empezó a reírse y le dio un codazo a Joshua. Súbitamente, se apartó de él. Charlie vio una gran araña negra arrastrarse por lo alto de la cabeza de Joshua. Otra más reptó sobre su hombro. Tancred se puso de pie gritando. Corrió hacia la puerta mientras Manfred gritaba “Torsson, ¿te has vuelto loco?”
La sonrisa de Joshua empezó a desaparecer. Sus dos mangas estaban cubiertas con arañas. Se puso de pie e intentó sacudírselas de encima, pero todo el mundo había visto las arañas. El Salón del Rey se vio lleno de gritos y todo el mundo corrió hacia la puerta. Joshua tropezó y las gemelas corrieron sobre él mientras el niño yacía gimiendo en el suelo. Un poderoso viento atravesó la habitación mientras los dedos temblorosos de Tancred luchaban contra el pestillo de la puerta. Al final, las puertas se abrieron y nueve niños se abalanzaron al pasillo.
Manfred intentó mantener la compostura, pero al final incluso él se vio inmerso en el pánico.
Tancred estaba ahora completamente fuera de control. El viento y la lluvia recorrían el edificio, los truenos retumbaban sobre sus cabezas y los rayos atravesaban las ventanas. Los deberes se terminaron mientras el personal de la Academia corría con trapos, fregonas y cubos.
Cuando terminó, Charlie corrió a toda velocidad hasta el comedor. La habitación estaba a oscuras, pero a lo lejos, pudo escuchar un profundo redoble. El suelo del comedor estaba estremeciéndose; las sillas y las mesas se deslizaban por el suelo chocando unos contra otros. Y luego, hubo silencio.
Charlie estaba a punto de entrar en la cocina cuando la Cocinera emergió, sujetando una vela.
“¿Eres tú, Charlie?” preguntó mientras observaba la oscuridad.
“Sí, Cocinera. ¿Eres tú verdad?”
“Por supuesto. No sé cómo lo has hecho, Charlie, pero el equilibrio ha vuelto. Mi suelo está perfecto y recto.”
“Vaya. Esas son buenas noticias.”
“¿Verdad que sí?”
“Perdóname Cocinera, pero hay algo que tengo que descubrir.”
“Adelante, ¡bendito seas!”
En la cumbre de la conmoción, un fuerte estruendo proveniente de las puertas principales pudo ser escuchado.
El señor Weedon, confundido por el caos, se olvidó de todo y abrió las puertas. Una alta figura entró en el recibidor.
“Quiero ver al señor Ezekiel Bloor” demandó el extraño.
“No puede hacer eso” dijo el señor Weedon gritó más alto que el viento. “Está prohibido.”
“No sea estúpido” el tío Paton pasó sobre Weedon y se dirigió hacia la puerta del ala oeste.
Olivia, asomándose en el recibidor desde el guardarropa morado, consultó su reloj.
Ezekiel y el doctor Bloor estaban disfrutando un una copa de oporto en la habitación en la que Billy Raven se había visto forzado a firmar el juramento. Los dos hombres ignoraban lo que estaba pasando ya que no escuchaban el ruido que retumbaba por toda la academia. Estaban sentados cerca de la ventana, en la que se veía una magnífica puesta de sol. Al otro lado de la larga mesa, la cabeza blanca de Billy Raven estaba inclinada sobre sus deberes.
El doctor Bloor se puso de pie mientras Paton atravesaba la puerta. “¿Qué demonios estás haciendo aquí, Yewbeam?” rugió el director.
“He traído unos documentos para que los firmes” dijo Paton.
“¿Documentos?” chilló Ezekiel. “¿Qué documentos?”
“Conciernen a Billy Raven. Quiero que le des permiso para pasar los fines de semana dónde y con quién él quiera.”
“Estás loco” se burló el doctor Bloor.
“No del todo” Paton colocó dos papeles delante de ellos. “Firmar aquí y aquí” señaló al fondo de los dos documentos.
“¿Y qué te hace pensar que firmaré?” dijo el doctor Bloor, empujando los papeles lejos de él.
Paton acarició su barbilla. “Doctor Bloor, su abuelo hizo recientemente un pequeño experimento.”
Una sombra cruzó el rostro de Ezekiel, este se relamió sus labios.
“¿Y qué pasa con eso?” preguntó el director.
“Pensé que le gustaría saber que fue todo un éxito – excepto por un pequeño detalle. La criatura – por llamarla de alguna manera – está ahora bajo mi control.”
“¿Qué? ¿Cómo…?” Ezekiel intentó levantarse de la silla.
“¡Pruébalo!” ordenó el doctor Bloor.
“Muy bien” Paton abrió la puerta.
No había ninguna duda de que la imaginación de Olivia era realmente maravillosa. Enmarcado por los bordes de la puerta, había un enorme caballo de guerra negro. Alzando su gran cabeza, dio un aterrador bramido y empezó a entrar en la habitación. El guerrero que iba encima suyo tuvo que agachar la cabeza para pasar por la puerta. Cuando se volvió a alzar, Ezekiel Bloor se desplomó hacia delante en un desmayo mortal.
Paton observó al caballero con armadura con admiración. Llevaba un gran yelmo plateado con una asombrosa visera y la parte inferior de su cara estaba cubierta con una espesa barba negra. Sus bastas mejillas estaban cubiertas con sangre, mientras que su traje era una brillante cota de malla. En su mano no llevaba una elegante espada, sino una enorme y muy sangrienta hacha.
¡HAAAAAA!” rugió el terrible guerrero, alzando su arma.
Billy emitió un chillido de terror, pero Paton, girándolo rápidamente, le guiñó el ojo.
El doctor Bloor, a punto de perder la conciencia, preguntó débilmente “¿Dónde tengo que firmar?”
Paton, sorprendido por la velocidad a la que se desarrollaban los eventos, sacó un bolígrafo y lo sujetó firmemente entre los dedos temblorosos del doctor Bloor. “Mejor firma dos veces. Tu abuelo parece estar fuera de batalla.”
Con  el rostro más blanco que una hoja de papel, el director se las arregló para firmar ambos documentos antes de dejar caer el bolígrafo y colapsar sobre la mesa.
“¡Ouch!” dijo Paton al ver que la cabeza del doctor Bloor golpeaba contra la mesa. “Gracias príncipe, ¡puedes irte ahora!” Se despidió agitando la mano a la horrible aparición y el guerrero y su caballo desaparecieron gentilmente.
“¿Qué…qué ha sido eso?” tartamudeó Billy.
“Un ilusión” susurró Paton. Palmeó la cabeza de Billy. “Nos vemos el viernes, Billy.”
Charlie estaba sentado en el recibidor cuando su tío volvió del ala oeste. Paton alzó los papeles sobre su cabeza. “Todo ha salido a la perfección” declaró triunfantemente “Ha funcionado.”
“¡Hurra!” exclamó Charlie haciendo caso omiso de las reglas. Después de todo, había tanto ruido en el edificio, ¿que quién se daría cuenta de unas pocas palabras dichas en el recibidor? “Tengo que encontrar a Billy y contarle las buenas noticias.”
“Ya las sabe, querido niño. Ya las sabe” dijo el tío Paton.

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