Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Capítulo 18: Perdiendo el equilibrio


Ya era tarde cuando llegaron a la ciudad. El tío Paton no condujo directamente a la calle Filbert, como esperaba Charlie. Aparcó, en cambio, al lado del familiar y extremadamente ruidoso edificio en el que vivía la familia de Fidelio. La casa Gunn.
“¿Qué estamos haciendo aquí?” preguntó Charlie.
El tío Paton se giró en su asiento. “Parece ser la mejor solución” dijo mirando a Billy.
Billy se había mantenido en silencio durante la mayor parte del viaje. Incluso había parado de preguntarse a dónde iría o dónde estaría a salvo. Quizás había esperado vivir en el número nueve, pero incluso aunque la abuela Bone no rondara por ahí, habría sido imposible esconderlo por mucho tiempo. Ahora, de pronto, Billy entendió lo que quería decir el tío Paton.
“¿Quiere decir que voy a vivir aquí?” dijo Billy.
“No se me ocurre un sitio mejor” respondió Paton “De hecho, el señor y la señora Gunn ya han aprobado el plan. Difícilmente serás advertido en una casa en la que ya hay siete niños. Fue una sugerencia  del señor Crowquill” la voz de Paton se suavizó. “Y una muy buena. Nunca estuviste fuera de sus pensamientos, Billy.”
Fue entonces cuando Charlie se dio cuenta de que Christopher Crowquill había salvado la vida de su tío Paton. Christopher ya estaba enfermo, cualquiera podía verlo. Era una víctima fácil para los Bloor. No era el caso del tío Paton, quien estaba dotado con un talento letal. Christopher había salvado a la única persona que podía proteger a Billy Raven.
Billy ya parecía más contento. “Sí, es una buena idea. Ya me he quedado con Fidelio antes.”
Tan pronto como se bajaron del coche, el ruido desde la casa de los Gunn llegó volando hacia ellos. Instrumentos musicales de todo tipo y condición estaban siendo aporreados, soplados, rasgados y golpeados. La potente voz de bajo del señor Gunn y un la voz de contralto de la señora Gunn competían con los instrumentos de sus hijos, y el edificio entero se sacudía por la música.
“Al menos la casa está alejada” dijo el tío Paton. Golpeó la puerta con la aldaba.
Inmediatamente una voz previamente grabada gritó “¡PUERTA! ¡PUERTA! ¡PUERTA!” Obviamente, un timbre nunca habría sido escuchado sobre semejante bullicio.
El hermano mayor de Fidelio, Felix, abrió la puerta, “¡Charlie Bone!” exclamó al verlo. “Fidelio ha estado muy preocupado por ti, ¿dónde has estado?”
“Es una larga historia” Charlie entró en la casa, seguido muy de cerca por Billy.
“¡Billy Raven! Así que estabais juntos todo el tiempo” dijo Felix, cerrando la puerta de un portazo.
“¡Espera!” dijo Charlie. “Mi tío todavía está ahí fuera. ¿Te importaría apagar las luces?”
“¡Oh Dios mío! ¡Señor Yewbeam!” Felix apagó rápidamente todas las luces del recibidor. “¡Papá! ¡Las luces!” gritó. “¡El señor Yewbeam está aquí!” abrió la puerta del recibidor y el tío Paton entró en el oscuro recibidor.
El señor y la señora Gunn continuaron con sus asuntos, mientras Felix continuaba gritando, “¡Las luces papá! ¡Las luces! Paton, el que eleva la tensión, está aquí.”
Charlie no podía ver la cara de su tío Paton, pero sabía que su tío se estaba ruborizando por la manera por la que se aclaraba la garganta.
Todavía cantando, la señora Gunn asomó su cabeza por la puerta de la cocina. “¿Qué, qué, qué, qué, qué, qué, qué, qué?” preguntó en la escala de D mayor.
“¡EL SEÑOR YEWBEAM MAMÁ!” gritó Felix. “Está el señor Yewbeam, apaga las luces.”
“¡Cielos!” cantó la señora Gunn, apagando las luces de la cocina.
Esto provocó un musical grito en el señor Gunn cuando pisó la gata sorda, y un gemido por parte de la gata, cuya cola había sido pisada.
“Así que Billy ha sido encontrado” dijo la señora Gunn cuando le vio entrar cautamente en la cocina. “Bienvenido Billy, estarás seguro aquí querido. Tantos niños, tanta música. Estarás bien escondido.”
Los tres visitantes se sentaron en la mesa de la cocina, y mientras comían una selección de los exóticos sándwiches de la señora Gunn, Felix les comunicó las noticias de la Academia Bloor. Felix había obtenido el grado de música recientemente y estaba a punto de embarcarse en un tour mundial con su grupo cuando había sido llamado por la Academia para ocupar el puesto que un profesor de música había dejado vacante al desaparecer misteriosamente. “Se llamaba Ebony” dijo Felix.
“Lo sabemos” dijo Charlie.
“No pude resistir la oferta” añadió Felix. “La paga es realmente buena.”
“Seguramente” dijo el tío Paton. “Así que, ¿qué más ha pasado?”
“¿Qué no ha pasado?” dijo Felix dramáticamente. “Gabriel Silk está en coma. Ha dejado el colegio.”
“¿Qué?” exclamó Charlie “¿Cómo pasó?”
“No lo sé, escuché algo sobre una capa” dijo Felix. “Pero tu otro amigo, el de las tormentas…”
“¿Tancred?, ¿qué ha pasado con él?” Charlie dejó caer su sándwich y el gato se abalanzó sobre él.
“Se le ha ido la olla” dijo Felix. “No para de llover sobre sus amigos. Fidelio se ha quedado empapado varias veces, al igual que Lysander, y esa chica, Emma Tolly pasó un rato muy malo. Un rayo le dio en los dedos.”
“¡No en sus dedos!” Charlie apenas podía creerlo. ¿Qué podía haberle pasado a Tancred para que desatara tormentas sobre sus amigos de esa manera? Charlie había estado pensando en tomarse unas pequeñas vacaciones y faltar al colegio durante el resto de la semana, pero eso estaba fuera de cuestión ahora. Tenía que descubrir qué estaba pasando en la Academia Bloor. Las palabras de la Cocinera brotaron en su mente. “Yo soy la piedra angular Charlie, yo mantengo el equilibrio. Si se va, estamos perdidos.”
Entonces, ¿qué había pasado con la Cocinera?
“Tres contra seis” dijo para sí mismo Charlie. “Siete si contáis a Manfred.”
“¿Qué pasa Charlie?” preguntó el tío Paton.
Charlie levantó la mirada “Tengo que volver a la Academia Bloor.”
“No esta noche, querido niño” dijo su tío. “Las luces estarán apagadas. Probablemente ni siquiera te abrirán la puerta.”
“Mañana entonces” dijo Charlie. “Tan pronto como sea posible. Iría andando si fuera necesario.”
“No te preocupes” dijo Felix. “Yo te llevaré.”
Cuando Charlie y el tío Paton se levantaron para irse, hubo un desagradable ruido bajo la mesa y el señor Gunn cantó. “¡Pusskins se ha comido una chirivía otra vez!”
Charlie se quedó aliviado al ver que Billy se unía a las risas. Estaba definitivamente en el lugar adecuado – al menos por ahora.
Tan pronto como Charlie entró en el número nueve y apagó las luces del recibidor, la abuela Bone le gritó desde el salón. “No te molestes en decirme dónde has estado.  Ya lo sé niño estúpido.”
“Cállate Grizelda” gruñó Paton.
Charlie fue atrapado por Maisie, quien lo arrastró a la cocina iluminada por velas y le dio un enorme abrazo de oso. Su madre se unió al abrazo, y cuando Charlie ya había sido lo suficientemente sofocado, le permitieron sentarse a la mesa y beber un vaso de coca cola.
Naturalmente, Amy y Maisie querían saber todo lo que había sucedido, pero el tío Paton insistió en que Charlie debía irse a la cama mientras él les hablaba sobre el Castillo de los Espejos.
Los ojos de Charlie se cerraban mientras se subía a al cama. La última cosa que vio antes de caer dormido, fue el suave brillo de la polilla blanca cuando esta se posó en su mesilla de noche.
Felix Gunn cumplió su palabra y apareció con un pequeño coche de marca francesa, que aparcó fuera de la casa justo cuando Charlie terminó el desayuno.
“¿Quién es ese?” demandó la abuela Bone, mientras Felix llevaba a Charlie a la Academia Bloor.
“Nadie que te incumba” dijo Maisie.
Pero por supuesto, la abuela Bone estaba dispuesta a descubrir lo que pasaba. Si fue la visita de Felix lo que dirigió su atención  hacia los Gunn, Charlie nunca lo supo. Quizás los Bloor nunca habían considerado a la familia Gunn como unos aliados serios de Charlie hasta que el hermano de Fidelio llegó al número nueve. Pero una vez que los Bloor empezaran a interesarse en la casa Gunn, las consecuencias serían desastrosas.
Charlie podía sentir la tensión en el aire tan pronto como entró en la asamblea. Fidelio le apoyó haciéndole una señal con los pulgares levantados desde el escenario, pero todos los demás le observaban sospechosamente. Sintió como si tuviera monos en la cabeza o algo así “Y solo he estado fuera dos días” se dijo a sí mismo.
Charlie finalmente consiguió llegar hasta Fidelio durante el primer recreo.
“No sé quién ha estado expandiendo los rumores, pero han estado rondando unas historias salvajes sobre tú y Billy” dijo Fidelio mientras caminaban por el césped juntos. “La gente decía que habíais sido expulsados.”
“Será mejor que te cuenta la verdad” dijo Charlie.
Fidelio sugirió que siguieran caminando ya que había fisgones por todas partes. Unos pocos minutos después, Lysander se unió a ellos. Charlie nunca le había visto tan cabizbajo. Había sido él el que había encontrado a Gabriel sin sentido debajo de la capa azul.
“Estaba preocupado cuando subí a la sala de música” el contó Lysander a Charlie. “Especialmente porque Fido había visto a Dorcas Loom llevando una capa a la torre. Tan pronto como encontré a Gabriel, se lo conté al doctor Saltweather. Él llamó a la ambulancia.”
“Se lo contaste a la persona correcta” dijo Fidelio gravemente. “Si se lo hubieras contado a la ama de llaves, el pobre Gabriel probablemente nunca habría llegado al hospital.”
Era un pensamiento aterrador.
“Hubo una especia de terremoto esa noche” añadió Fidelio después de una pausa. “Un gran redoble bajo tierra. Pero por la mañana todo parecía normal.”
“¿Bajo tierra?” preguntó Charlie frunciendo el ceño.
“Y ahora mira a Tancred” Lysander apuntó al otro lado del campo. “Tancred y esa pequeña sabandija.”
Charlie vio a Tancred y a Joshua riendo junto a Dorcas y el resto de la gente. El jersey de Joshua estaba plagado de hojas secas.
“¿Pero cómo…?” empezó Charlie.
“¡Magnetismo!” masculló Lysander entre dientes.
“¿Joshua?” Charlie estaba incrédulo.
“No deberías sorprenderte” dijo Lysander sombríamente. “Mi madre sabe todo sobre ello. No tienes que ser fuerte, o guapo, ni siquiera inteligente. Algunas personas simplemente lo tienen. Pueden retorcerte entre sus pequeños dedos.”
“Pero Tancred” dijo Charlie incrédulo. “Estaba ayudándonos. ¿Cómo pudo volvernos la espalda – así de fácil? Digo, a ti no te ha pasado.”
“Yo estaba preparado” dijo Lysander. “Pero el magnetismo es un don poderoso. Tienes que haberlo sentido, Charlie. Cuando Joshua te sonríe, hay una especie de corriente que te hace desear ser su amigo, sin importar lo que pienses o creas.”
“He sentido algo” admitió Charlie. “Pero no le permitiré que me atrape.”
Lysander asintió y en un tono sabio y pensativo añadió. “Al igual que Emma.”
“Emma es más fuerte de lo que parece” dijo Charlie. “Pero Tancred. ¿Cómo puede ser Tancred – tan fácil de atrapar?”
Lysander suspiró. “Tancred es un buen tío, pero es un poco vanidoso. Joshua se aprovechó de ello. Y ahora Tancred está en sus manos.”
“No puedo creerlo” dijo Charlie. Al otro lado del patio, alguien gritó. Una de las niñas del primer curso había sido golpeada por un gran tronco. Idith e Inez estaban sonriendo a unos pocos metros más allá.
“Han sido ellas” dijo Lysander. “Son malvadas, esas dos.”
Olivia y Emma habían visto a los chicos y se estaban acercando a ellos cuando una nube explotó justo encima de las cabezas de las chicas. Cuando corrían hacia los chicos, la lluvia se movía con ellas, por lo que los tres chicos se giraron y corrieron hacia los árboles. Charlie tuvo la fugaz imagen de la cara sonriente de Tancred y a Joshua Tilpin temblando de risa.
“Lo ha hecho a propósito” gritó Olivia mientras corría a ponerse a cubierto. “Me alegro de que estés de vuelta Charlie. Quizás puedes hacer algo con respecto a Tancred.”
Charlie no sabía qué podía hacer. Giró observando el círculo de caras. Se sentía bien saber que todavía tenía amigos en los que podía confiar. Y luego se dio cuenta de las manos de Emma. La punta de cada dedo estaba vendada. Solo sus pulgares se habían salvado del rayo, o lo que fuera que la hubiera dañado.
“¿Fue realmente Tancred?” preguntó Charlie con la mirada fija en los vendajes.
“No lo sé” dijo Emma. “Un momento estaba al lado de la gran pila, hablando con Liv y al siguiente instante hubo un traqueteo de truenos, un flash y todo el mundo gritó y corrió hacia el interior. Sentí una especie de escozor en mis dedos…”
“Y yo miré sus manos” dijo Olivia, señalando los dedos de Emma “Y estaban de un rojo brillante.”
“Están mejor ahora” Emma flexionó sus dedos. “Y no puedo probar que fue Tancred.”
“Fue él” insistió Olivia. “¡Tienes que hacer algo, Charlie!”
“¿Yo?” dijo Charlie mientras todo el mundo le miraba.
“Puedes empezar por contarnos dónde has estado” dijo Lysander.
“Está bien.”
Charlie les ofreció a sus amigos una amplia descripción de su jornada en la playa de conchas y luego el extraordinario Castillo de los Espejos. Hubo un grito de horror cuando les habló sobre Tantalus Ebony y Christopher Crowquill. Nadie sabía qué decir hasta que Fidelio produjo un pequeño gruñido y dijo “¿Así de simple? Es demasiado horrible.”
Charlie no les contó que había creído que Albert Tuccini era su padre. Su decepción era todavía demasiado dolorosa.
“Es horrible, está bien” dijo Lysander. “Pero también es muy posible. Todos conocemos a Albert Tuccini, ¿no? Vino a darnos un recital de piano durante el semestre de primavera. ¿No os acordáis?”
El recuerdo vino flotando hacia ellos. “Por supuesto” dijo Charlie lenta y tristemente. “Y la cara en la ventana de mi tía abuela, y el piano en lo alto, después del fuego. Era Albert Tuccini todo el rato, no…no alguien más.”
“¡Esas tías tuyas, las Yewbeam!” Lysander alzó sus grandes ojos marrones al cielo.
“Son criminales Charlie. Han estado sacando beneficio del pobre pianista, pretendiendo ayudarle pero todo el tiempo han ganado dinero con sus conciertos. Que puñado de espantos.”
“Y que lo digas” dijo Charlie con una mueca.
La misteriosa ducha de Tancred había parado para el final del recreo y los cinco amigos pudieron correr de vuelta al colegio sin empaparse más.
Charlie decidió que tenía que encontrar a la Cocinera. Solo ella era lo suficientemente sabia para aconsejarle. Pero no apareció a la hora de la comida y Charlie temió que incluso la Cocinera hubiera caído presa de las siniestras fuerzas que habían estado rondando por la Academia Bloor.
La hora de la merienda era la única oportunidad de introducirse en la cocina, así que mientras que Fidelio vigilaba, Charlie saltó el mostrador y entró en la ruidosa cocina.
“¿Qué es lo que quieres jovencito?” le preguntó una de las asistentes de la Cocinera, una delgada joven con la cara roja y pelo esponjoso.
“Estoy buscando a la Cocinera” dijo Charlie.
“No se ha estado encontrado bien, querido. Se fue a acostar.”
“Oh” Charlie no estaba seguro de qué hacer ahora. Las habitaciones secretas de la Cocinera estaban detrás de un insignificante armario de escobas. Ninguno de los miembros del personal de la cocina sabía de su existencia. Quizás la Cocinera estaba escaleras arribas en la fría habitación en la que los Bloor pensaban que dormía. Charlie tenía un fuerte presentimiento de que se había ido a su acogedor apartamento bajo tierra.
“Gracias” le dijo a la ayudante. Se fue hacia la puerta de la cafetería, pero tan pronto como la mujer se dio la vuelta, se giró y se introdujo rápidamente detrás de uno de los mostradores. Tuvo que esperar hasta que otro asistente se fuera a los fregaderos; luego avanzó hacia el armario de escobas, abrió la puerta y se inclinó hacia dentro, cerrando la puerta detrás de él.
Una pequeña clavija al fondo del armario servía como pomo de la puerta, y cuando Charlie la giró, una puerta se abrió revelando un pasadizo, Charlie cerró la segunda puerta. Ahora estaba rodeado por una absoluta oscuridad. La Cocinera  solía dejar una suave luz ardiendo en el pasadizo, pero no aquel día. La inquietud de Charlie se transformó en un mal presentimiento.
Continuando su camino pegado a la pared, bajó dos escalones y luego siguió caminando hasta que sintió un pequeño armario. Abrió la puerta y entró en lo que anteriormente había sido una acogedora sala de estar. Aquel día estaba irreconocible. Para empezar, el suelo resbalaba alarmantemente. Todos los muebles estaban tirados por el suelo y hechos un desastre, apilados al final de la habitación.
La débil luz de una lámpara volcada le mostró a Charlie una figura yaciendo flácida en el suelo frente de la fría estufa negra. El perro, Bendito, estaba sentado a su lado.
“¡Cocinera!” gritó Charlie.
Bendito le dirigió una mirada lúgubre a Charlie mientras avanzaba hacia él.
La Cocinera tenía un aspecto terrible. Su pelo gris se había vuelto completamente blanco. Su usualmente sonrosado rostro ahora estaba pálido y sin color y parecía haber perdido gran parte de su peso.
“Charlie” gimió la Cocinera. “Has vuelto.”
“¿Qué ha pasado Cocinera?” gimió Charlie.
“El equilibrio se ha ido. Te lo dije, ¿no? Debemos mantener el equilibrio.”
“Pero yo pensaba que tú mantenías el equilibrio. Dijiste que eras la piedra angular” dijo Charlie enfadado.
“No puedo mantenerlo si tú no estás aquí, ¿no crees?” la Cocinera habló con una suave y resentida voz. “Tú y Billy, los dos desaparecidos, y ese espantoso niño del magnetismo, tomando el control.”
“Lo siento” murmuró Charlie. “Llevé a Billy al Castillo de los Espejos.”
“Eso escuché. Alice Angel me lo contó todo. Ese pobre señor Crowquill. Te lo creas o no, sabía que había algo raro sobre Tantalus Ebony. Ayúdame a levantarme, Charlie.”
Mientras Charlie la ayudaba a ponerse de pie, la Cocinera dijo “Me estaba sintiendo tan mal que decidí echarme una siesta. La estufa se salió y luego todo sucedió” – indicó el revoltijo de muebles al final de la habitación – “y no la pude volver a meter en su sitio.”
El suelo resbalaba de semejante manera que Charlie tenía dificultades para mantener el equilibrio, intentar ayudar a la Cocinera a ponerse de pie era impensable. Mientras ella se aferraba a la repisa de la chimenea, Charlie rápidamente cogió una silla y empujó algunos periódicos debajo de las patas delanteras. Cuando la silla estaba razonablemente estable, Charlie ayudó a la Cocinera a sentarse.
Ella se sentó, hundiéndose en ella, y acarició su barbilla. “¡Aah! Esto está mejor” Bendito arrastró los pies hasta colocarse cerca de su silla. “Este viejo perro me ha hecho compañía, bendito sea” acarició la cabeza arrugada del perro.
“¿Cuándo pasó todo esto?” preguntó Charlie.
“La noche  del lunes. Después de que encontraran al pobre Gabriel. Y no puedo decir que me sorprendiera, contigo fuera y el chico Torsson portándose mal.”
“Pensaba que estaba haciendo lo correcto, llevándome a Billy al Castillo de los Espejos” dijo Charlie.
“No digas eso, Charlie Bone” dijo la Cocinera enfadada. “No estabas pensando en Billy. Te creíste que encontrarías a tu padre. Tiraste la razón y el control por la borda, ¿no crees? Una vez más, te fuiste por ahí sin pensar en nadie más.”
Charlie suspiró profundamente. “Yo quería ayudar a Billy, enserio. Es solo que…bueno, también quería encontrar a mi padre.”
La Cocinera fijó su mirada en él. “No puedo culparte, Charlie” dijo gentilmente. “Lamento que no hayas encontrado a tu padre.”
Charlie esquivó los ojos de la Cocinera y miró sus pies. “Así que, ¿qué puedo hacer ahora?”
“Sinceramente, no lo sé. Necesitamos otro niño dotado. Alguien que puedo poner la amistad antes de sus propios intereses. Alguien que trabaje con nosotros. Quizás entonces, las cosas se equilibrarán.”
“Creo que sé de alguien que quizás tenga un don” dijo Charlie. “Pero ellos no lo admitirán.”
“Bueno, independientemente de si lo está, necesitaremos un talento sumamente poderoso para restablecer el equilibrio está vez” la Cocinera se puso de pie y estiró su arrugado delantal. “Será mejor que vuelvas a hora, Charlie. Bendito y yo te seguiremos a un paso más lento.”
Cuando Charlie finalmente se las ingenió para salir por la puerta de la cocina, encontró a Fidelio sentado solo, mientras la asistente del pelo esponjoso limpiaba las mesas vacías. “¿Y de dónde sales tú?” le ladró a Charlie.
“Fue a buscar un trapo” dijo Fidelio, quien había hecho un desagradable charco de migas y zumo de naranja en su mesa.
“Niños” gruñó la mujer. “Mis hijas no hacen esa clase de desastres.”
“Me alegro de escucharlo señora” dijo Fidelio. “Buenas tardes” y luego arrastró a Charlie, quien estaba sin palabras, fuera de la cafetería.
“Así que, ¿qué está pasando?” le preguntó Fidelio en voz baja mientras los dos chicos se alejaban por el pasillo de los retratos.
“La Cocinera está mal” dijo Charlie sombríamente. “Y tengo que encontrar a alguien que pueda darle la vuelta a todo esto.”
“Es una tarea imposible” gruñó Fidelio.
Los niños casi habían llegado al recibidor, y al ver a Manfred bajando por las escaleras, Charlie susurró “Quizás no.”
Hacer los deberes en el Salón del Rey aquella noche fue incluso más desagradable de lo que Charlie había esperado.
“Me alegro de que hayas vuelto con nosotros, Bone” dijo Manfred cuando Charlie entró.
Charlie tomó asiento al lado de Emma mientras seis rostros poco amigables le observaban desde el otro lado de la mesa. Tancred se sentaba solo, notó Charlie, así que todavía cabía la esperanza de que Joshua no lo controlara por completo. Al otro lado de Emma, Lysander se mantenía con la cabeza baja. Se ocupaba de su trabajo, reusando mirar a nadie más.
Las gemelas empezaron los problemas: los libros de Charlie fueron enviados volando lejos de la mesa y Emma fue golpeada por un estuche de lápices. Cuando el libro de ejercicios de Lysander fue rasgado por la mitad y lanzado hacia el techo, el chico perdió la paciencia.
“¡Parar de una vez, basura!” le gritó a las gemelas, arrojando un libro en su dirección.
Las gemelas se agacharon juntas. No lloraron, ni siquiera fruncieron el ceño. Sus rostros se mantuvieron completamente vacíos.
Manfred ladró “La próxima vez que abras la boca te ganarás un castigo, Sage.”
Lysander produjo un sonido ambiguo y se sentó.
Joshua le sonrió a Tancred, y durante los siguientes minutos, Charlie, Emma y Lysander fueron víctimas de una ligera llovizna que empapó su pelo y su trabajo. Sorprendentemente, Manfred vino a su rescate.
“Para eso sabelotodo” le ladró a Tancred.
De alguna manera, Charlie sobrevivió a aquella noche y también todo el día siguiente. Pero la noche del jueves estuvo despierto, hasta mucho después de que se apagaran las luces, intentando decidir cuál sería su siguiente movimiento.
Se escuchó la puerta de un coche cerrarse de golpe. Hubo pasos apagados en el patio de abajo. Charlie corrió hacia la ventana y miró hacia abajo. Manfred y Weedon estaban arrastrando a un pequeño niño de pelo blanco hasta las puertas principales.
Billy había sido encontrado.

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