*Os recuerdo que Yew significa Tejo, por lo que Yewbeam significa Semilla de Tejo
**Grajo es Crow y Raven es Cuervo
Charlie buceaba a través de la imagen como un nadador por
debajo del agua. Viajar por un reflejo era muy diferente a entrar en una
pintura o en una fotografía. El rostro de Amoret continuaba desapareciendo. Era
como si estuviera intentando enviarle de vuelta.
Pero Charlie no se iba a ir. Luchó por avanzar, aguantando
aquel pesado aire, pateando contra la corriente que lo enviaban de vuelta. Al
final, consiguió entrar de golpe en una habitación en la que una mujer se
encontraba agarrando dos niños. El príncipe Amadis se había ido y Amoret miraba
directamente a Charlie.
“Vete” gritó Amoret. “¡Seas quien seas, debes irte!”
Solo ahora, Charlie se había dado cuenta de los terribles
sonidos que provenían del exterior de la habitación. El choque de las rocas
contra una pesada puerta, el siseo de las flechas y los gritos y gemidos de la
batalla. Salió flotando al patio de armas, y en el medio de una multitud
atrapada por el pánico, vio a un pequeño niño con el pelo blanco y con un
cuervo en el hombro. El niño corrió hacia una almena y subió por su interior.
Al siguiente momento, las paredes del castillo estaban en llamas y Charlie se
vio rodeado por una muralla de fuego.
“¡Ayuda, ayuda!” gritó Charlie.
Algo lo arrastró hacia abajo. No podía escapar, no podía
respirar.
Hubo un ensordecedor crujido, seguido del sonido de cristal
rompiéndose. A Charlie le recordó a los accidentes del tío Paton, e
inmediatamente se tranquilizó ¿Estaba seguro en su hogar?
“¡Charlie! ¡Charlie, vuelve!” gritó una voz distante.
Charlie pestañeó y se encontró a sí mismo mirando un espejo
roto con luces bailando en cada pequeña fisura. Había cristal roto alrededor
suyo, brillando como si fuera oro.
“¿Charlie?” Billy estaba detrás de él, sosteniendo una vela.
“¿Estás de vuelta?”
Charlie volvió a parpadear y se abrazó a sí mismo. “Sí, he
vuelto.”
“El señor Tuccini tuvo que romper el cristal. Pensamos que
te habías quedado atrapado en la pared de la historia.”
“Parecía la única manera de sacarte de ahí” Albert Tuccini
bajó la mirada hasta Charlie. “Es algo extraño lo que haces, estos viajes. No
siempre salen bien, me temo.”
“No, no siempre” admitió Charlie. “Pero es que tenía que
entrar ahí, mi ancestro Amoret estaba ahí dentro también. Ella tiene que haber
estado en el castillo cuando fue prendido en llamas, antes de que se
convirtiera en cristal. Pero, ¿dónde estaban sus hijos?”
“No siempre es posible encontrar una respuesta” dijo Albert un poco triste.
“Ven. Has experimentado cosas horribles. Debes descansar.”
“La pared de la historia está rota, y es por mi culpa” se
lamentó Charlie, sintiéndose culpable.
“Solo la superficie” dijo Albert. “Las paredes son gruesas,
pueden soportar mucho más que mi viejo zapato.” El hombre alzó un zapato negro,
que procedió a ponerse en su pie izquierdo, atándolo firmemente antes de
acercarse a la escalera.
Cuando Charlie descendió a la habitación de Albert Tuccini,
la luz del amanecer estaba empezando a brillar a través de las paredes de
cristal. La tormenta se había ido y Albert anunció que haría un día precioso.
Si se iban pronto, la marea los llevaría a salvo hasta la bahía.
“Vendrá con nosotros, ¿no?” le rogó Charlie.
Albert extendió sus manos. “Me temo que no.”
“¿Pero por qué? Te mantendremos a salvo” declaró Charlie.
“Debes volver con nosotros – por mamá – y por todo.”
“¿Tengo una esposa?” Albert lucía asombrado.
“Por supuesto. ¿Cómo te crees que llegué yo aquí entonces?”
dijo Charlie indignado. Empezó a sentir un pánico que crecía por momentos.
Temía que su padre se quedara en un sitio en el que no volvería a verlo, si la
abuela Bone descubría la visita de Charlie a la isla, las Yewbeam moverían a su
padre a un lugar incluso más inaccesible.
Fue Billy el que convenció a Albert que tenía que venir con
ellos. “No podemos llevar el bote nosotros solos” dijo, con sus ojos
agrandándose por la ansiedad. “Le necesitamos, señor Tuccini. Charlie no es lo
suficientemente fuerte para remar todo el camino de vuelta.”
Albert mesó su rizado cabello. “Muy bien. Quizás es lo que
debo hacer.” Guió a los chicos fuera de la torre y cruzó el patio de armas
hasta una puerta situada en las paredes de cristal. Un empujón y el panel de
cristal se balanceó hasta abrirse. Cuando hubieron salido, Albert cerró el
panel. Ahora era completamente indistinguible del resto de la muralla. “Solo
puede ser abierta desde el interior” les contó Albert a los chicos. “Para
entrar uno debe usar el canal del vertedero.”
La visión de la tía Eustacia deslizándose por el vertedero apareció
en la cabeza de Charlie e hizo que sonriera para sí mismo.
Mientras caminaban de vuelta a la costa, Charlie le habló a
Billy sobre el niño de pelo blanco que había visto trepando en la torre. “Así
fue como sobrevivió” le dijo a Billy. “Trepó fuera después de que empezara el
fuego, de alguna manera llegó al continente y viajó hasta el centro de Europa
con su cuervo. De ahí proviene tu apellido. Y tu guardián, Christopher
Crowquill – su ancestro era el hermano de tu ancestro.”
“Quizás puedo vivir con Christopher Crowquill” dijo Billy
lleno de esperanza.
Charlie se mantuvo en silencio. El pobre Christopher estaba
en tanto peligro como Billy. Probablemente no podría cuidarlo. “Mi tío Paton
sabrá qué hacer” murmuró Charlie.
Albert Tuccini iba delante de los niños. Les dijo que solía
caminar hasta la costa todos los días. “Para hacer ejercicio, sabes” les gritó.
“Para llenar mis pulmones y mantener mis piernas en forma.”
Por suerte la tormenta había empujado el bote más hacia el
interior en vez de al mar. Albert y los niños remangaron sus pantalones y se
quitaron los calcetines y los zapatos. Empujaron el bote hasta el agua y
mientras Charlie y Billy se apretaron en un asiento, Albert se sentó en el
contrario y cogió los remos. Su espalda daba a los altos acantilados de tierra
firme, así que no pudo ver a las dos figuras que se encontraban en la distante
playa.
Charlie fue el que los vio primero. Su corazón dio un bote.
¿Eran las Yewbeam? Billy vio las figuras también y tiró de la manga de Charlie.
“Han venido a por mí” lloriqueó. “Debería haberme quedado en la isla.”
“No habrías estado seguro de todos modos” le dijo Charlie.
“Cálmate, puede que no sean ellas.”
Albert miró sobre su hombro. “Gente. ¿Puedes ver quiénes
son, Charlie? ¿Queréis volver al castillo?”
Charlie entrecerró los ojos y fijó su vista en la playa.
“No” dijo lentamente. “Creo – sí, sí, estoy seguro de que sé quién es.” Una de
las figuras se estaba empezando a distinguir claramente. Un hombre alto con
pelo y abrigo negro. “¡Sí!” gritó Charlie. “Es mi tío Paton. No sé quién es la
otra persona, pero es muy pequeño y está como encogido. No creo que sea
peligroso.”
La emoción de Charlie pudo con él, haciendo que diera
saltitos en su asiento, provocando que el bote se balanceara.
“¡Wow!” gritó Albert.
“¡Por poco nos hechas al agua, Charlie Bone!”
Ayudados por la marea que subía, se acercaban cada vez más
rápido a la playa. Charlie no podía esperar a ver la cara de su tío cuando
Albert pisara la arena, Lyell Bone había sido el mejor amigo del tío Paton, y
seguramente Paton podría ayudarle a recordarle quién era en verdad.
“¡Tío Paton!” gritó Charlie. “¡Adivina a quién he
encontrado!”
Paton agitó sus manos y exclamó. “Veo que tienes que Billy
Raven contigo. Y aquí está el señor Crowquill.”
“¡No, no! No lo entiendes.” Charlie no podía soportar el
suspense.
Albert volvió a mirar a la playa, pero el tío Paton no dio
signo alguno de haberlo reconocido. El bote chocó contra un banco de arena y
Albert y los chicos salieron de él, salpicando a través del agua poco profunda mientras tiraban del bote hasta la playa.
Charlie no pudo esperar más. “Mira tío Paton, he encontrado
a mi padre.”
El tío Paton le regaló a Albert un ceño fruncido. De pronto,
dijo “Charlie, este no es tu padre.”
Charlie estaba tan sorprendido que ni siquiera podía hablar.
“Me llaman Albert Tuccini” dijo Albert, extendiendo su mano.
“Estoy encantado de conoceros.”
El tío Paton se presentó a sí mismo y a Christopher y todos
se estrecharon las manos.
Charlie se sentía como si hubiera un enorme peso en su
pecho. Le causaba tanto dolor que no podía pensar, no podía moverse. La inmensa
nube de decepción convertía las voces a su alrededor en un sordo murmullo. Se
daba cuenta vagamente de que Christopher Crowquill estaba abrazando a Billy. Y
vio al tío Paton escuchando a Albert y alzando su mirada sobre el mar hasta el
Castillo de los Espejos. Su tío debía de haber persuadido a Albert para que no
volviera a la isla, porque al siguiente momento el feliz grupo estaba andando
por la playa.
“¿Charlie, estás bien?” El tío Paton volvió la mirada y
esperó a su sobrino.
“Yo…yo… sí” dijo Charlie miserablemente. Caminó hasta su
tío.
“Has sufrido una terrible decepción. Lo lamento tanto
Charlie” el tío Paton apretó su hombro.
“Está bien, estaba siendo un tonto. Sabía que no podía ser
realmente él.”
“Un día lo será” dijo el tío Paton.
Charlie observó a su tío y a Albert mientras empujaban el
bote para meterlo en la cueva. Y luego pronto estaban todos trepando las
paredes de roca hasta llegar a otra bahía en la que un estrecho camino subía hasta
lo alto de los acantilados.
Christopher Crowquill lideraba la marcha con Billy detrás de
él. Luego venía el tío Paton seguido por Charlie. Albert Tuccini cerraba la
marcha. Era una subida peligrosa, y cuando estaban a mitad de camino, el tío
Paton dijo “Deberíais habernos visto bajando, Charlie. La mitad del tiempo
estábamos de rodillas.”
Charlie se las arregló para sonreír levemente. Volvió su
mirada al Castillo de los Espejos, estaba sumergido en la niebla, pronto sería
invisible. Pero sus preciosos secretos continuarían ahí, escondidos en las
paredes de la historia y algún día Charlie volvería para encontrarlos.
Para cuando llegaron a lo alto del acantilado, la marea
había subido, y al mirar hacia abajo, Charlie vio las espumosas olas chocando
contra la barrera de melladas rocas negras.
Albert Tuccini había estado observando a Charlie
ansiosamente. Puso una mano en el brazo de Charlie y dijo “Lamento que yo no
sea tu padre.”
“Está bien” dijo Charlie sin
convicción.
Estaban caminando por lo alto del acantilado hacia la
carretera en la que el tío Paton había aparcado su coche. Mientras se alejaban
del mar, un pájaro dio un súbito graznido y se alejó volando por el cielo.
Girando para ver qué había asustado al pájaro, Charlie vio una silueta oscura
en el medio del sendero.
El tío Paton ando más lentamente. “Pero que…” sacudió la
cabeza. “Es un árbol” avanzó hasta adelantar a los demás.
Cuando se acercaron al árbol, vieron que era rechoncho y
curiosamente contrahecho. Sus torcidas ramas estaban pobladas de conjuntos de
finos agujeros, agujas ennegrecidas, y
la corteza de su nudoso tronco estaba hendido con cicatrices.
“Un tejo negro” la voz de Paton estaba teñida de horror.
Delante de sus ojos, una cara similar a la de un gnomo
apareció en la rugosa corteza. Las ramas se sacudieron, haciendo caer sus
agujas como una lluvia oscura, y el retorcido tronco lentamente asumió la forma
de un hombre alto. Era Tantalus Ebony. Observó al inmóvil grupo, sus delgados
labios se curvaron en una sonrisa maliciosa.
Charlie no podía creer lo que veían sus ojos. ¿Tantalus
Ebony era un cambiador de forma?
El hombre habló. “Nos encontramos de nuevo, Paton Yewbeam.”
“¿Qué…?” empezó Paton.
“Ven, ven Paton. No me digas que no has estado esperando
este momento. Te lo advertí, ¿no te acuerdas?, ¿no te acuerdas de que si le
hacías daño a mi Yolanda lo pagarías con tu vida?” Su voz era familiar, y
parecía provenir de lo más profundo de la tierra. “¡TÚ MATASTE A MI QUERIDA!”
rugió súbitamente el cambiador de forma.
“¡Yorath!” exclamó Paton lleno de miedo “Tu hija era un
monstruo.”
El cambiador de forma dio un grito de furia y cargó contra
el tío Paton. Charlie veía venir lo que iba a pasar. Sin importarle su propia
vida, Tantalus llevaría a su tío hasta el acantilado. Charlie se agarró
fieramente a Paton, pero su tío apartó sus manos y avanzó un paso.
En un súbito instante, un pequeño cuerpo voló hasta Tantalus. Por un momento, estaban luchando
juntos, y luego, asombrosamente, Christopher Crowquill estaba empujando con
todas sus fuerzas al cambiador de forma hacia el acantilado. Todo sucedió tan
deprisa que ningún grito, ningún movimiento fue lo suficientemente rápido para
parar su precipitada carrera hacia el borde del acantilado – ¡y sobre él!
Hubo un grito, un sollozo, y luego el silencio.
Paton corrió hasta el lugar por el que habían desaparecido
las dos figuras. Agitó sus brazos al ver que Charlie y Billy avanzaban hacia
él. “¡No!” les ordenó, forzándoles a que retrocedieran. Pero Charlie ya había
visto el mar burbujeante y las oscuras rocas. No había anda más, exceptuando un
pájaro negro flotando en las olas. ¿Un grajo?, ¿un cuervo?, ¿o un cambiador de
forma?
“El pobre hombre dio su vida por mí” dijo Paton roncamente.
“¿Por qué?” gimió Billy “¿Por qué lo ha hecho? Era mi único
pariente. Mi guardián. Ahora no queda nadie otra vez.”
“Nos tienes a nosotros” dijo Charlie.
“¿Por qué?, ¿por qué?” Paton negó con la cabeza. “No tiene
sentido.” Encuadró sus hombros y pareció como si tirara de sí mismo. “Debemos
irnos de aquí. Alertaré a los guardacostas cuando nos hayamos alejado un poco
de este terrible lugar. No podemos hacer nada más.”
En un silencio aturdido, continuaron caminando hasta que
llegaron al coche de Paton. Charlie y Billy se sentaron en el asiento trasero,
mientras que Albert se colocaba en el asiento del pasajero.
Mientras conducía, el tío Paton le explicó el ataque del
cambiador de forma al desconcertado Albert Tuccini. “Es tan viejo que no tiene
forma propia y tiene que tomarla prestada de otros seres, y a veces también
toma su mente. Su hija era igual de mala. Mató a mi madre y luego intentó
deshacerse de una persona muy querida por mí.”
Charlie susurró “¿La señorita Ingledew?”
Billy se alejó y se acurrucó en una esquina, era la viva
imagen de la miseria.
“Menudo demonio debe de ser esa Yolanda” dijo Albert.
“Era, la electrocuté” añadió Paton categóricamente.
Si Albert estaba asombrado, no lo mostró. Quizás alguno de
sus recuerdos estaba volviendo a él. Recuerdos que quizás eran tan malos, que
nada podía sorprenderle de nuevo.
Después de haber viajado un rato, pararon a un café al borde
de una pequeña ciudad. El día
era cálido y soleado y el tío Paton escogió sentarse en una de las mesas del
exterior. Le dio a Charlie una lista y suficiente dinero para pagar las cuatro
comidas. Billy, quien parecía haberse recobrado un poco, siguió a Charlie a una
habitación escasamente iluminada por muchas luces suaves.
“Que bien que tu tío no entró” dijo Billy, tirando del codo
de Charlie mientras este le leía la lista a una mujer con el pelo morado que
había al otro lado del mostrador.
Charlie le dedicó al pequeño niño una mirada de advertencia,
y Billy preguntó con tono culpable “No he dicho nada malo, ¿no?”
Charlie le sonrió a la mujer de pelo morado y ella le
devolvió la sonrisa con una mueca de sorpresa antes de desaparecer detrás de
una cortina hecha de semillas.
Cuando Charlie y Billy volvieron a su mesa, el tío Paton
estaba en un teléfono público al otro lado de la carretera.
“Le está contando a la policía lo del accidente” dijo
Albert. “Es una cosa terrible.”
“Una cosa mala y una cosa muy buena realmente” dijo Charlie
sin pensar.
Billy le dirigió una mirada de dolor. Albert no dijo nada.
Unos instantes después, una chica con un vestido negro muy corto apareció con
una bandeja con sándwiches, agua, zumo de naranja y café. El tío Paton volvió
de la cabina de teléfono, diciendo que había intentado explicar lo que había
pasado con todas sus fuerzas, pero la policía parecía creer que era un engaño.
“No sé qué más puedo hacer” el tío Paton lanzó una mirada inquieta
en la dirección de Billy. “Es por Alice, ¿cómo se lo voy a decir? Se le romperá
el corazón.”
“Como a mí” dijo Billy, con la mirada fija en un sándwich de
jamón que no podía comer.
“Billy, querido niño, no sé si esto te ayudará, pero tu
guardián se preocupaba mucho, mucho por ti. Hizo lo que hizo por una buena
razón. De hecho, creo que se sacrificó por ti. Durante siete largos años,
esperó para verte. No habría desperdiciado tan fácilmente una oportunidad para
estar contigo.”
Con una débil voz, Billy dijo
“Oh.”
Albert Tuccini se mantuvo callado durante la comida. Había
una extraña mirada distante en sus ojos, y parecía apenas consciente de los
demás. Cuando los sándwiches se terminaron (Charlie se comió el de Billy)
Albert anunció que se iba dentro para encontrar el cuarto de baño de hombres.
Muchos minutos pasaron. Cuando pasó un cuarto de hora y
Albert Tuccini todavía no había vuelto, el tío Paton empezó a ponerse ansioso y
envió a Charlie a mirar lo que pasaba en el cuarto de baño. No había nadie
dentro.
El tío Paton frunció el ceño cuando escuchó las noticias.
“¿Nadie?, ¿estás seguro?”
“Más o menos” dijo Charlie.
Paton se levantó. “Iré a echar un vistazo.”
“¿Crees que deberías? Hay muchas luces ahí dentro…” empezó
Charlie.
Pero su tío ya estaba atravesando la puerta del café.
Charlie rezó porque no hubiera un accidente. Unos momentos después, se escuchó
la voz de un hombre gritando “Sue, las luces del baño se han ido. Hay un
desastre tremendo aquí dentro, hay cristal por todas partes.”
El tío Paton salió apresuradamente. Estaba bastante
ruborizado. “¡Menuda molestia!” murmuró. “A pesar de todo, estoy seguro de que
nadie nos puede señalar.”
Había sido seguido por la mujer de pelo morado, quien
parecía extremadamente irritada. “¿Es usted el señor Paton Yewbeam?” le
preguntó.
“Eh… sí” respondió el tío Paton nerviosamente.
“Aquel hombre dejó una nota para usted” le pasó a Paton una
nota doblada y se alejó gruñendo que ya tenía suficiente trabajo como para
encima tener que llevar notas y limpiar cuartos de baño.
El tío Paton desdobló la nota. Su expresión se volvió muy
grave mientras la leía. “No puedo decir que esto me sorprenda. Pobre hombre.”
“¿Qué dice?” le rogó Charlie.
Su tío leyó la nota en voz alta.
“Querido señor
Yewbeam
He disfrutado mucho
al conocerle a usted, a Charlie y a Billy. Pero ahora, debemos tomar caminos
separados. No se preocupe por mí, se lo ruego, es mejor de esta manera. Quizás
nos volvamos a encontrar en tiempos mejores
Su humilde amigo
Albert Tuccini (así
llamado).”
“¿A dónde irá?” preguntó Charlie. “Si ni siquiera sabe quién
es.”
El tío Paton se encogió de hombros y guardó la nota en su
bolsillo. “Tengo entendido que es un magnífico pianista, Charlie. Debemos tener
la esperanza de que encontrará un lugar en el mundo.”
Caminaron de vuelta hasta el coche e iniciaron otro largo
viaje hacia el sur, hacia la calle Filbert y la Academia Bloor.
La súbita y espantosa partida de Christopher Crowquill había
trastocado todos los planes que maquinaba la mente de Charlie, pero ahora, el
recuerdo de su viaje con la reina Berenice volvió flotando y no sabía cómo se
le había olvidado contárselo a su tío.
“No me preguntaste cómo encontramos la isla” le dijo,
inclinándose sobre el asiento de Paton.
“Tu amigo Tancred me habló sobre el caballo blanco, si es
eso a lo que te refieres” dijo el tío Paton. “No conseguía que dejara el
teléfono, me lo contó todo: los juramentos y los ogros, los espíritus y la
tormenta. Y ese chico habría seguido hablando si no le hubiera parado. No
estaba interesado en ello. Vosotros dos ciertamente habéis pasado por el escurridor
durante estos días.”
“¿Escurridor?” preguntó Billy.
“Exprimidos,
destrozados, escurridos," explicó el tío Paton.
"Destrozados," dijo Billy en voz baja "Sí, me
siento destrozado.”
“Chicos, yo debería…” el tío Paton dudó, y luego añadió “Da
igual” Charlie se preguntó qué iba a decir su tío. En su voz había detectado
una nota de advertencia, pero quizás pensaba que ya habían pasado por
suficientes cosas por un día.
Hubo un largo silencio y luego Charlie dijo “La reina huyó
cuando vio la isla. Me pregunto a dónde se fue.”
Al mencionar a la reina, Billy se incorporó y una sonrisa
cruzó su rostro. “Ella dijo que no nos abandonaría. Creo que volveremos a
verla. De hecho, sé que volveremos a verla. Es como una especie de madre.”
Charlie estaba feliz por escuchar a Billy hablando de una
manera tan esperanzada. Deseó sentirse de la misma manera.
Un pequeño punto de luz brillante se trasladó a su manga, e
inclinándose hacia delante, Charlie dijo “Tío Paton, he encontrado mi varita. O
ella me encontró a mí. Se ha convertido en una polilla.”
“Estaré atento. ¿Qué será lo siguiente?”
La compañía de la polilla era reconfortante para Charlie,
que en esos momentos sentía grandes necesidades de apoyo. “No le dirás a mamá
lo que pensé, ¿no?” le preguntó a su tío. “¿Sobre mi padre?”
“No Charlie. Me guardaré eso para mí.”
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