Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Capítulo 17: El tejo negro


*Os recuerdo que Yew significa Tejo, por lo que Yewbeam significa Semilla de Tejo
**Grajo es Crow y Raven es Cuervo

Charlie buceaba a través de la imagen como un nadador por debajo del agua. Viajar por un reflejo era muy diferente a entrar en una pintura o en una fotografía. El rostro de Amoret continuaba desapareciendo. Era como si estuviera intentando enviarle de vuelta.
Pero Charlie no se iba a ir. Luchó por avanzar, aguantando aquel pesado aire, pateando contra la corriente que lo enviaban de vuelta. Al final, consiguió entrar de golpe en una habitación en la que una mujer se encontraba agarrando dos niños. El príncipe Amadis se había ido y Amoret miraba directamente a Charlie.
“Vete” gritó Amoret. “¡Seas quien seas, debes irte!”
Solo ahora, Charlie se había dado cuenta de los terribles sonidos que provenían del exterior de la habitación. El choque de las rocas contra una pesada puerta, el siseo de las flechas y los gritos y gemidos de la batalla. Salió flotando al patio de armas, y en el medio de una multitud atrapada por el pánico, vio a un pequeño niño con el pelo blanco y con un cuervo en el hombro. El niño corrió hacia una almena y subió por su interior. Al siguiente momento, las paredes del castillo estaban en llamas y Charlie se vio rodeado por una muralla de fuego.
“¡Ayuda, ayuda!” gritó Charlie.
Algo lo arrastró hacia abajo. No podía escapar, no podía respirar.
Hubo un ensordecedor crujido, seguido del sonido de cristal rompiéndose. A Charlie le recordó a los accidentes del tío Paton, e inmediatamente se tranquilizó ¿Estaba seguro en su hogar?
“¡Charlie! ¡Charlie, vuelve!” gritó una voz distante.
Charlie pestañeó y se encontró a sí mismo mirando un espejo roto con luces bailando en cada pequeña fisura. Había cristal roto alrededor suyo, brillando como si fuera oro.
“¿Charlie?” Billy estaba detrás de él, sosteniendo una vela. “¿Estás de vuelta?”
Charlie volvió a parpadear y se abrazó a sí mismo. “Sí, he vuelto.”
“El señor Tuccini tuvo que romper el cristal. Pensamos que te habías quedado atrapado en la pared de la historia.”
“Parecía la única manera de sacarte de ahí” Albert Tuccini bajó la mirada hasta Charlie. “Es algo extraño lo que haces, estos viajes. No siempre salen bien, me temo.”
“No, no siempre” admitió Charlie. “Pero es que tenía que entrar ahí, mi ancestro Amoret estaba ahí dentro también. Ella tiene que haber estado en el castillo cuando fue prendido en llamas, antes de que se convirtiera en cristal. Pero, ¿dónde estaban sus hijos?”
“No siempre es posible encontrar  una respuesta” dijo Albert un poco triste. “Ven. Has experimentado cosas horribles. Debes descansar.”
“La pared de la historia está rota, y es por mi culpa” se lamentó Charlie, sintiéndose culpable.
“Solo la superficie” dijo Albert. “Las paredes son gruesas, pueden soportar mucho más que mi viejo zapato.” El hombre alzó un zapato negro, que procedió a ponerse en su pie izquierdo, atándolo firmemente antes de acercarse a la escalera.
Cuando Charlie descendió a la habitación de Albert Tuccini, la luz del amanecer estaba empezando a brillar a través de las paredes de cristal. La tormenta se había ido y Albert anunció que haría un día precioso. Si se iban pronto, la marea los llevaría a salvo hasta la bahía.
“Vendrá con nosotros, ¿no?” le rogó Charlie.
Albert extendió sus manos. “Me temo que no.”
“¿Pero por qué? Te mantendremos a salvo” declaró Charlie. “Debes volver con nosotros – por mamá – y por todo.”
“¿Tengo una esposa?” Albert lucía asombrado.
“Por supuesto. ¿Cómo te crees que llegué yo aquí entonces?” dijo Charlie indignado. Empezó a sentir un pánico que crecía por momentos. Temía que su padre se quedara en un sitio en el que no volvería a verlo, si la abuela Bone descubría la visita de Charlie a la isla, las Yewbeam moverían a su padre a un lugar incluso más inaccesible.
Fue Billy el que convenció a Albert que tenía que venir con ellos. “No podemos llevar el bote nosotros solos” dijo, con sus ojos agrandándose por la ansiedad. “Le necesitamos, señor Tuccini. Charlie no es lo suficientemente fuerte para remar todo el camino de vuelta.”
Albert mesó su rizado cabello. “Muy bien. Quizás es lo que debo hacer.” Guió a los chicos fuera de la torre y cruzó el patio de armas hasta una puerta situada en las paredes de cristal. Un empujón y el panel de cristal se balanceó hasta abrirse. Cuando hubieron salido, Albert cerró el panel. Ahora era completamente indistinguible del resto de la muralla. “Solo puede ser abierta desde el interior” les contó Albert a los chicos. “Para entrar uno debe usar el canal del vertedero.”
La visión de la tía Eustacia deslizándose por el vertedero apareció en la cabeza de Charlie e hizo que sonriera para sí mismo.
Mientras caminaban de vuelta a la costa, Charlie le habló a Billy sobre el niño de pelo blanco que había visto trepando en la torre. “Así fue como sobrevivió” le dijo a Billy. “Trepó fuera después de que empezara el fuego, de alguna manera llegó al continente y viajó hasta el centro de Europa con su cuervo. De ahí proviene tu apellido. Y tu guardián, Christopher Crowquill – su ancestro era el hermano de tu ancestro.”
“Quizás puedo vivir con Christopher Crowquill” dijo Billy lleno de esperanza.
Charlie se mantuvo en silencio. El pobre Christopher estaba en tanto peligro como Billy. Probablemente no podría cuidarlo. “Mi tío Paton sabrá qué hacer” murmuró Charlie.
Albert Tuccini iba delante de los niños. Les dijo que solía caminar hasta la costa todos los días. “Para hacer ejercicio, sabes” les gritó. “Para llenar mis pulmones y mantener mis piernas en forma.”
Por suerte la tormenta había empujado el bote más hacia el interior en vez de al mar. Albert y los niños remangaron sus pantalones y se quitaron los calcetines y los zapatos. Empujaron el bote hasta el agua y mientras Charlie y Billy se apretaron en un asiento, Albert se sentó en el contrario y cogió los remos. Su espalda daba a los altos acantilados de tierra firme, así que no pudo ver a las dos figuras que se encontraban en la distante playa.
Charlie fue el que los vio primero. Su corazón dio un bote. ¿Eran las Yewbeam? Billy vio las figuras también y tiró de la manga de Charlie. “Han venido a por mí” lloriqueó. “Debería haberme quedado en la isla.”
“No habrías estado seguro de todos modos” le dijo Charlie. “Cálmate, puede que no sean ellas.”
Albert miró sobre su hombro. “Gente. ¿Puedes ver quiénes son, Charlie? ¿Queréis volver al castillo?”
Charlie entrecerró los ojos y fijó su vista en la playa. “No” dijo lentamente. “Creo – sí, sí, estoy seguro de que sé quién es.” Una de las figuras se estaba empezando a distinguir claramente. Un hombre alto con pelo y abrigo negro. “¡Sí!” gritó Charlie. “Es mi tío Paton. No sé quién es la otra persona, pero es muy pequeño y está como encogido. No creo que sea peligroso.”
La emoción de Charlie pudo con él, haciendo que diera saltitos en su asiento, provocando que el bote se balanceara.
“¡Wow!” gritó Albert.  “¡Por poco nos hechas al agua, Charlie Bone!”
Ayudados por la marea que subía, se acercaban cada vez más rápido a la playa. Charlie no podía esperar a ver la cara de su tío cuando Albert pisara la arena, Lyell Bone había sido el mejor amigo del tío Paton, y seguramente Paton podría ayudarle a recordarle quién era en verdad.
“¡Tío Paton!” gritó Charlie. “¡Adivina a quién he encontrado!”
Paton agitó sus manos y exclamó. “Veo que tienes que Billy Raven contigo. Y aquí está el señor Crowquill.”
“¡No, no! No lo entiendes.” Charlie no podía soportar el suspense.
Albert volvió a mirar a la playa, pero el tío Paton no dio signo alguno de haberlo reconocido. El bote chocó contra un banco de arena y Albert y los chicos salieron de él, salpicando a través del agua poco profunda mientras tiraban del bote hasta la playa.
Charlie no pudo esperar más. “Mira tío Paton, he encontrado a mi padre.”
El tío Paton le regaló a Albert un ceño fruncido. De pronto, dijo “Charlie, este no es tu padre.”
Charlie estaba tan sorprendido que ni siquiera podía hablar.
“Me llaman Albert Tuccini” dijo Albert, extendiendo su mano. “Estoy encantado de conoceros.”
El tío Paton se presentó a sí mismo y a Christopher y todos se estrecharon las manos.
Charlie se sentía como si hubiera un enorme peso en su pecho. Le causaba tanto dolor que no podía pensar, no podía moverse. La inmensa nube de decepción convertía las voces a su alrededor en un sordo murmullo. Se daba cuenta vagamente de que Christopher Crowquill estaba abrazando a Billy. Y vio al tío Paton escuchando a Albert y alzando su mirada sobre el mar hasta el Castillo de los Espejos. Su tío debía de haber persuadido a Albert para que no volviera a la isla, porque al siguiente momento el feliz grupo estaba andando por la playa.
“¿Charlie, estás bien?” El tío Paton volvió la mirada y esperó a su sobrino.
“Yo…yo… sí” dijo Charlie miserablemente. Caminó hasta su tío.
“Has sufrido una terrible decepción. Lo lamento tanto Charlie” el tío Paton apretó su hombro.
“Está bien, estaba siendo un tonto. Sabía que no podía ser realmente él.”
“Un día lo será” dijo el tío Paton.
Charlie observó a su tío y a Albert mientras empujaban el bote para meterlo en la cueva. Y luego pronto estaban todos trepando las paredes de roca hasta llegar a otra bahía en la que un estrecho camino subía hasta lo alto de los acantilados.
Christopher Crowquill lideraba la marcha con Billy detrás de él. Luego venía el tío Paton seguido por Charlie. Albert Tuccini cerraba la marcha. Era una subida peligrosa, y cuando estaban a mitad de camino, el tío Paton dijo “Deberíais habernos visto bajando, Charlie. La mitad del tiempo estábamos de rodillas.”
Charlie se las arregló para sonreír levemente. Volvió su mirada al Castillo de los Espejos, estaba sumergido en la niebla, pronto sería invisible. Pero sus preciosos secretos continuarían ahí, escondidos en las paredes de la historia y algún día Charlie volvería para encontrarlos.
Para cuando llegaron a lo alto del acantilado, la marea había subido, y al mirar hacia abajo, Charlie vio las espumosas olas chocando contra la barrera de melladas rocas negras.
Albert Tuccini había estado observando a Charlie ansiosamente. Puso una mano en el brazo de Charlie y dijo “Lamento que yo no sea tu padre.”
“Está bien” dijo Charlie sin convicción.
Estaban caminando por lo alto del acantilado hacia la carretera en la que el tío Paton había aparcado su coche. Mientras se alejaban del mar, un pájaro dio un súbito graznido y se alejó volando por el cielo. Girando para ver qué había asustado al pájaro, Charlie vio una silueta oscura en el medio del sendero.
El tío Paton ando más lentamente. “Pero que…” sacudió la cabeza. “Es un árbol” avanzó hasta adelantar a los demás.
Cuando se acercaron al árbol, vieron que era rechoncho y curiosamente contrahecho. Sus torcidas ramas estaban pobladas de conjuntos de finos agujeros, agujas ennegrecidas,  y la corteza de su nudoso tronco estaba hendido con cicatrices.
“Un tejo negro” la voz de Paton estaba teñida de horror.
Delante de sus ojos, una cara similar a la de un gnomo apareció en la rugosa corteza. Las ramas se sacudieron, haciendo caer sus agujas como una lluvia oscura, y el retorcido tronco lentamente asumió la forma de un hombre alto. Era Tantalus Ebony. Observó al inmóvil grupo, sus delgados labios se curvaron en una sonrisa maliciosa.
Charlie no podía creer lo que veían sus ojos. ¿Tantalus Ebony era un cambiador de forma?
El hombre habló. “Nos encontramos de nuevo, Paton Yewbeam.”
“¿Qué…?” empezó Paton.
“Ven, ven Paton. No me digas que no has estado esperando este momento. Te lo advertí, ¿no te acuerdas?, ¿no te acuerdas de que si le hacías daño a mi Yolanda lo pagarías con tu vida?” Su voz era familiar, y parecía provenir de lo más profundo de la tierra. “¡TÚ MATASTE A MI QUERIDA!” rugió súbitamente el cambiador de forma.
“¡Yorath!” exclamó Paton lleno de miedo “Tu hija era un monstruo.”
El cambiador de forma dio un grito de furia y cargó contra el tío Paton. Charlie veía venir lo que iba a pasar. Sin importarle su propia vida, Tantalus llevaría a su tío hasta el acantilado. Charlie se agarró fieramente a Paton, pero su tío apartó sus manos y avanzó un paso.
En un súbito instante, un pequeño cuerpo voló  hasta Tantalus. Por un momento, estaban luchando juntos, y luego, asombrosamente, Christopher Crowquill estaba empujando con todas sus fuerzas al cambiador de forma hacia el acantilado. Todo sucedió tan deprisa que ningún grito, ningún movimiento fue lo suficientemente rápido para parar su precipitada carrera hacia el borde del acantilado – ¡y sobre él!
Hubo un grito, un sollozo, y luego el silencio.
Paton corrió hasta el lugar por el que habían desaparecido las dos figuras. Agitó sus brazos al ver que Charlie y Billy avanzaban hacia él. “¡No!” les ordenó, forzándoles a que retrocedieran. Pero Charlie ya había visto el mar burbujeante y las oscuras rocas. No había anda más, exceptuando un pájaro negro flotando en las olas. ¿Un grajo?, ¿un cuervo?, ¿o un cambiador de forma?
“El pobre hombre dio su vida por mí” dijo Paton roncamente.
“¿Por qué?” gimió Billy “¿Por qué lo ha hecho? Era mi único pariente. Mi guardián. Ahora no queda nadie otra vez.”
“Nos tienes a nosotros” dijo Charlie.
“¿Por qué?, ¿por qué?” Paton negó con la cabeza. “No tiene sentido.” Encuadró sus hombros y pareció como si tirara de sí mismo. “Debemos irnos de aquí. Alertaré a los guardacostas cuando nos hayamos alejado un poco de este terrible lugar. No podemos hacer nada más.”
En un silencio aturdido, continuaron caminando hasta que llegaron al coche de Paton. Charlie y Billy se sentaron en el asiento trasero, mientras que Albert se colocaba en el asiento del pasajero.
Mientras conducía, el tío Paton le explicó el ataque del cambiador de forma al desconcertado Albert Tuccini. “Es tan viejo que no tiene forma propia y tiene que tomarla prestada de otros seres, y a veces también toma su mente. Su hija era igual de mala. Mató a mi madre y luego intentó deshacerse de una persona muy querida por mí.”
Charlie susurró “¿La señorita Ingledew?”
Billy se alejó y se acurrucó en una esquina, era la viva imagen de la miseria.
“Menudo demonio debe de ser esa Yolanda” dijo Albert.
“Era, la electrocuté” añadió Paton categóricamente.
Si Albert estaba asombrado, no lo mostró. Quizás alguno de sus recuerdos estaba volviendo a él. Recuerdos que quizás eran tan malos, que nada podía sorprenderle de nuevo.
Después de haber viajado un rato, pararon a un café al borde de una pequeña ciudad.              El día era cálido y soleado y el tío Paton escogió sentarse en una de las mesas del exterior. Le dio a Charlie una lista y suficiente dinero para pagar las cuatro comidas. Billy, quien parecía haberse recobrado un poco, siguió a Charlie a una habitación escasamente iluminada por muchas luces suaves.
“Que bien que tu tío no entró” dijo Billy, tirando del codo de Charlie mientras este le leía la lista a una mujer con el pelo morado que había al otro lado del mostrador.
Charlie le dedicó al pequeño niño una mirada de advertencia, y Billy preguntó con tono culpable “No he dicho nada malo, ¿no?”
Charlie le sonrió a la mujer de pelo morado y ella le devolvió la sonrisa con una mueca de sorpresa antes de desaparecer detrás de una cortina hecha de semillas.
Cuando Charlie y Billy volvieron a su mesa, el tío Paton estaba en un teléfono público al otro lado de la carretera.
“Le está contando a la policía lo del accidente” dijo Albert. “Es una cosa terrible.”
“Una cosa mala y una cosa muy buena realmente” dijo Charlie sin pensar.
Billy le dirigió una mirada de dolor. Albert no dijo nada. Unos instantes después, una chica con un vestido negro muy corto apareció con una bandeja con sándwiches, agua, zumo de naranja y café. El tío Paton volvió de la cabina de teléfono, diciendo que había intentado explicar lo que había pasado con todas sus fuerzas, pero la policía parecía creer que era un engaño.
“No sé qué más puedo hacer” el tío Paton lanzó una mirada inquieta en la dirección de Billy. “Es por Alice, ¿cómo se lo voy a decir? Se le romperá el corazón.”
“Como a mí” dijo Billy, con la mirada fija en un sándwich de jamón que no podía comer.
“Billy, querido niño, no sé si esto te ayudará, pero tu guardián se preocupaba mucho, mucho por ti. Hizo lo que hizo por una buena razón. De hecho, creo que se sacrificó por ti. Durante siete largos años, esperó para verte. No habría desperdiciado tan fácilmente una oportunidad para estar contigo.”
Con una débil voz, Billy dijo “Oh.”
Albert Tuccini se mantuvo callado durante la comida. Había una extraña mirada distante en sus ojos, y parecía apenas consciente de los demás. Cuando los sándwiches se terminaron (Charlie se comió el de Billy) Albert anunció que se iba dentro para encontrar el cuarto de baño de hombres.
Muchos minutos pasaron. Cuando pasó un cuarto de hora y Albert Tuccini todavía no había vuelto, el tío Paton empezó a ponerse ansioso y envió a Charlie a mirar lo que pasaba en el cuarto de baño. No había nadie dentro.
El tío Paton frunció el ceño cuando escuchó las noticias. “¿Nadie?, ¿estás seguro?”
“Más o menos” dijo Charlie.
Paton se levantó. “Iré a echar un vistazo.”
“¿Crees que deberías? Hay muchas luces ahí dentro…” empezó Charlie.
Pero su tío ya estaba atravesando la puerta del café. Charlie rezó porque no hubiera un accidente. Unos momentos después, se escuchó la voz de un hombre gritando “Sue, las luces del baño se han ido. Hay un desastre tremendo aquí dentro, hay cristal por todas partes.”
El tío Paton salió apresuradamente. Estaba bastante ruborizado. “¡Menuda molestia!” murmuró. “A pesar de todo, estoy seguro de que nadie nos puede señalar.”
Había sido seguido por la mujer de pelo morado, quien parecía extremadamente irritada. “¿Es usted el señor Paton Yewbeam?” le preguntó.
“Eh… sí” respondió el tío Paton nerviosamente.
“Aquel hombre dejó una nota para usted” le pasó a Paton una nota doblada y se alejó gruñendo que ya tenía suficiente trabajo como para encima tener que llevar notas y limpiar cuartos de baño.
El tío Paton desdobló la nota. Su expresión se volvió muy grave mientras la leía. “No puedo decir que esto me sorprenda. Pobre hombre.”
“¿Qué dice?” le rogó Charlie.
Su tío leyó la nota en voz alta.
Querido señor Yewbeam
He disfrutado mucho al conocerle a usted, a Charlie y a Billy. Pero ahora, debemos tomar caminos separados. No se preocupe por mí, se lo ruego, es mejor de esta manera. Quizás nos volvamos a encontrar en tiempos mejores
Su humilde amigo
Albert Tuccini (así llamado).
“¿A dónde irá?” preguntó Charlie. “Si ni siquiera sabe quién es.”
El tío Paton se encogió de hombros y guardó la nota en su bolsillo. “Tengo entendido que es un magnífico pianista, Charlie. Debemos tener la esperanza de que encontrará un lugar en el mundo.”
Caminaron de vuelta hasta el coche e iniciaron otro largo viaje hacia el sur, hacia la calle Filbert y la Academia Bloor.
La súbita y espantosa partida de Christopher Crowquill había trastocado todos los planes que maquinaba la mente de Charlie, pero ahora, el recuerdo de su viaje con la reina Berenice volvió flotando y no sabía cómo se le había olvidado contárselo a su tío.
“No me preguntaste cómo encontramos la isla” le dijo, inclinándose sobre el asiento de Paton.
“Tu amigo Tancred me habló sobre el caballo blanco, si es eso a lo que te refieres” dijo el tío Paton. “No conseguía que dejara el teléfono, me lo contó todo: los juramentos y los ogros, los espíritus y la tormenta. Y ese chico habría seguido hablando si no le hubiera parado. No estaba interesado en ello. Vosotros dos ciertamente habéis pasado por el escurridor durante estos días.”
“¿Escurridor?” preguntó Billy.
“Exprimidos, destrozados, escurridos," explicó el tío Paton.
"Destrozados," dijo Billy en voz baja "Sí, me siento destrozado.”
“Chicos, yo debería…” el tío Paton dudó, y luego añadió “Da igual” Charlie se preguntó qué iba a decir su tío. En su voz había detectado una nota de advertencia, pero quizás pensaba que ya habían pasado por suficientes cosas por un día.
Hubo un largo silencio y luego Charlie dijo “La reina huyó cuando vio la isla. Me pregunto a dónde se fue.”
Al mencionar a la reina, Billy se incorporó y una sonrisa cruzó su rostro. “Ella dijo que no nos abandonaría. Creo que volveremos a verla. De hecho, sé que volveremos a verla. Es como una especie de madre.”
Charlie estaba feliz por escuchar a Billy hablando de una manera tan esperanzada. Deseó sentirse de la misma manera.
Un pequeño punto de luz brillante se trasladó a su manga, e inclinándose hacia delante, Charlie dijo “Tío Paton, he encontrado mi varita. O ella me encontró a mí. Se ha convertido en una polilla.”
“Estaré atento. ¿Qué será lo siguiente?”
La compañía de la polilla era reconfortante para Charlie, que en esos momentos sentía grandes necesidades de apoyo. “No le dirás a mamá lo que pensé, ¿no?” le preguntó a su tío. “¿Sobre mi padre?”
“No Charlie. Me guardaré eso para mí.”

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