Felix Gunn fue despedido de la Academia Bloor. A pesar de
ello, se las arregló para relatarles los siniestros eventos de la captura de
Billy a Fidelio y a Charlie antes de irse.
En la mitad de la noche, un lobo – o algo parecido a uno –
había saltado por la ventana abierta de una de las habitaciones. Los chicos
Gunn no se asustaban fácilmente, de hecho, eran valientes y formaban un grupo
audaz. Atacaron a la bestia con todo lo que tenían a mano. Cellos, atriles,
baquetas, e incluso un cuerno francés había sido utilizado para golpear la horrible
criatura, que les gruñía y se arrastraba.
Pero para cuando el señor y la señora Gunn habían acudido al
rescate de sus hijos, Billy Raven había salido huyendo por la puerta principal
– derecho a los brazos de Manfred Bloor.
“Lo sacaron fuera” dijo Fidelio “como a un pobre conejo.”
Tan pronto como habló Fidelio, apareció Manfred en el umbral
de la puerta del guardarropa azul, en la que Felix había relatado su espeluznante
historia.
“Felix Gunn, has sido despedido” dijo Manfred fríamente.
“Lo sé” Felix hizo un pequeño saludo. “Adiós chicos. Y buena
suerte, la necesitaréis.” Cogió su guitarra y cruzó el recibidor hasta llegar a
donde estaba el señor Weedon, quien se había visto obligado a abrir el cerrojo
las pesadas puertas.
“Vosotros dos, cerrar esas bocas, o se os meterán moscas
dentro” gruñó Manfred. “Iros a vuestras clases.”
Charlie y Fidelio obedecieron sin rechistar.
Billy no apareció por el
colegio. No fue visto hasta la tarde del viernes, cuando todo el mundo salía
apresuradamente para coger los autobuses del colegio. Charlie levantó la mirada
cuando pasaba al lado de la escalera, y ahí estaba, una pequeña figura de pie
en una sombra en la parte más alejada del rellano. Charlie alzó su mano, pero
antes de que Billy pudiera responder, Manfred empujó a Charlie por la puerta.
Cuando Charlie llegó a casa, la fiesta del té del viernes ya
estaba en marcha. La abuela Bone estaba ausente, así que la atmósfera era
considerablemente más relajada que la de la semana anterior. De todas formas,
Charlie vio al tío Paton mirando ligeramente pensativo entre bocado y bocado de
su helado de pistacho. Al final, su tío le explicó que había ido a ver a Alice
Angel. Cuando escuchó la narración del valiente sacrificio del señor Crowquill,
se había afligido extremadamente. Había cerrado su tienda, puesto su casa a la
venta y se estaba preparando para dejar la ciudad para siempre aquel fin de
semana.
“¡Pero no puede irse!” gritó Charlie, con una cucharada
llena de helado a medio camino hacia su boca. “Ella es la única que sabe cómo
salvarnos.”
“Me atrevería a decir que tú sabes a lo que te refieres pero
nosotros no” dijo el tío Paton secamente.
Charlie se había guardado los acontecimientos de aquella
horrible semana para disfrutar aquel momento, pero ahora se dio cuenta de que
tendría que explicarse.
Cuando la familia de Charlie escuchó la captura de Billy, la
deserción de Tancred y la habitación destrozada de la Cocinera, apartaron los
restos de la deliciosa comida de ellos, declarando que su apetito se había
evaporado.
Maisie pensaba que Charlie debía dejar la Academia
inmediatamente. Amy no para de murmurar “No, no, no, es demasiado.” El tío
Paton se puso de pie y caminó por la cocina, golpeando el puño de su mano
izquierda en la palma de su mano derecha. De pronto, se giró y dijo “¿Qué te
hace creer que Alice Angel puede ayudar?”
“Sabe sobre el don de alguien” dijo Charlie “Alguien que
quizás sea capaz de volver a dejar las cosas como estaban antes.”
“¿Quién?” demandó Paton.
“Creo que es Olivia, pero no estoy completamente seguro”
replicó Charlie.
“Entonces descúbrelo querido niño” ordenó Paton. “Mañana, lo
primero, o Alice estará fuera de tu alcance. ¿Qué planes tienes?”
Charlie admitió que no tenía ninguno.
“Humm” el tío Paton volvió a andar. Empezó a dictar instrucciones
mientras estaba en movimiento. “Esto es lo que debes hacer, Charlie. Mañana por
la mañana te encontrarás con Emma en la tienda de libros. Juntos, iréis a
visitar a la amiga de Emma, Olivia, y persuadiréis para que os acompañe a la
casa de Alice. Está a un tiro de piedra de la casa de los Vertigo según tengo
entendido.”
“¿Qué hay de Judía Corredora?” dijo Amy “Charlie siempre le
saca a dar un paseo los fines de semana.”
“Le diré al chico de los Gunn que lo haga” dijo el tío
Paton. “Llamaré a los Gunn después de que haya arreglado las cosas con Julia –
la señorita Ingledew. ¿Está todo claro, Charlie?”
Charlie asintió, luego bostezó. “Estoy listo para mañana.”
“¡Una polilla!” gritó Maisie, golpeando fuertemente el
hombro de Charlie.
“¡NO!” exclamaron Charlie y el tío Paton al unísono.
“Cielos” la mano de Maisie paró y cayó en su costado
“Menudos gritos por una polilla tan pequeña.”
“Es mi varita” dijo Charlie tranquilamente.
“Vaya, que boba soy, tendría que habérmelo imaginado” dijo
Maisie enrabietada. “¿Por qué no puede solucionar tus problemas, Charlie? Eso
es lo que se supone que hacen las varitas, ¿no?”
“Sí que me ayuda” Charlie se quitó gentilmente la polilla de
su hombro. “Pero no de una manera obvia. Tiene que escogerlo.”
“Perdóname por preguntar algo
tan tonto” dijo Maisie con una sonrisa.
En la mañana del sábado, Fidelio y Judía Corredora
aparecieron en el número nueve de la calle Filbert.
“No creo que esto estuviera en el plan del tío Paton” se dijo
Charlie mientras Fidelio y Judía Corredora entraban en la cocina.
Maisie estaba encantada de ver a su viejo amigo Judía. Se le
dio rápidamente una comida de restos, mientras Charlie y Fidelio comían huevos
duros.
La abuela Bone bajó las escaleras justo cuando los tres
estaban abandonando la casa. “No ese perro otra vez” gritó.
Judía Corredora se lanzó sobre los tobillos de la Abuela
Bone, y hubo una indignada pelea antes de que Charlie se las arreglara para
sacar al inmenso perrazo amarillo por la puerta delantera.
Emma estaba esperando a Charlie en la tienda de libros, así
que al menos esa parte del plan había salido como lo planearon. Pero por qué
Fidelio y Judía Corredora iban a unirse a ellos en su paseo hasta la casa de Olivia,
Charlie no estaba seguro.
“Somos el equipo de apoyo” dijo Fidelio antes de que Charlie
pudiera platear sus dudas “Y Judía Corredora puede oler todas las bestias
peludas y acechantes que nos espíen.”
Cuando los tres niños y el perro llegaron a la casa de
Olivia, la señora Vertigo lucía muy ansiosa. “Nunca hemos tenido un animal tan
grande en nuestra casa” dijo.
“Se portará bien, mamá” gritó Olivia desde lo alto de las
escaleras. “Déjale entrar.”
“Si tú lo dices Liv” la señora Vertigo se mantuvo en la
puerta mientras el grupo entraba en la casa y subía las escaleras hasta la
habitación de Olivia. Estaba bastante desordenada. La cama de Olivia, el suelo
y las sillas estaban cubiertos con ropas, zapatos, sobreros, cuentas y pelucas
de varios colores.
“Me he rendido con todas estas cosas” declaró Olivia. “Lo
voy a dar todo.”
“No puedes” dijo Charlie, rodeando una pila de ropas
coloridas. “Tú no eres tú – sin todos tus… tus…”
“¿Disfraces?” sugirió Fidelio.
“Ya no quiero ir disfrazada más” dijo Olivia “No soy una
actriz.”
“¡Claro que lo eres!” insistió Emma.
Olivia se encogió de hombros “¿Por qué estáis aquí chicos?”
Sus cuatro visitantes se sentaron en la cama y Charlie
explicó la situación en la Academia y porqué necesitaban saber si Olivia estaba
dotada.
Olivia se sentó en una silla y escuchó impávida a Charlie.
Solo cuando describió la desesperada situación de Billy Raven notó que su
expresión se suavizó y sintió un destello de esperanza.
“¿No podrías visitar simplemente a Alice Angel?” urgió
Charlie “¿Antes de que abandone la ciudad?”
“No te haría daño solo verla, Liv” dijo Emma.
Olivia frunció el ceño. Se puso de pie y miró por la
ventana. “Podría saltar por la muralla” dijo.
Antes de que tuviera tiempo para cambiar de opinión, los
otros la llevaron escaleras abajo y fuera al jardín. Olivia y Charlie subieron
la pared mientras Emma, Fidelio y Judía Corredora esperaban en el jardín de los
Vertigo.
Charlie llamó en la puerta trasera de Alice, pero no hubo
respuesta alguna. Miró por las ventanas, todas las habitaciones del piso de abajo
parecían estar vacías. Olivia fue a la parte de delante de la casa y llamó con
la campana. Nadie respondió en la puerta. Notó un cartel de SE VENDE en la puerta del jardín y
corrió de vuelta hasta Charlie.
“¡Se ha ido!” gritó Olivia. “Ahora nunca lo sabré.”
“Para un momento Liv, no puede haberse ido” Charlie estaba
mirando a través de una ventana que había a un lado de la casa. “Puedo ver dos
maletas en el salón. Y un chubasquero en el respaldo de una silla.”
“Así que todavía está en la ciudad, ¿pero dónde?” Olivia
ahora parecía estar desesperada por encontrar a Alice Angel. Corrió de vuelta a
la pared con Charlie detrás de ella y ambos treparon de vuelta al otro lado.
“¿Y bien?” dijo Fidelio mientras Judía Corredora ladraba
entusiásticamente.
“No está ahí” dijo Charlie.
“¿Cómo vamos a encontrarla?” Olivia retorció sus manos
dramáticamente.
“Su tienda ha sido cerrada, así que no estará ahí” dijo
Charlie.
“Tenemos que peinar la ciudad” dijo Fidelio.
“Es demasiado grande” objetó Charlie. “Podríamos buscarla durante
días y nunca la encontraríamos.”
“Creo que yo puedo ayudar” dijo Emma tranquilamente. “¿Cuál
es el aspecto de Alice Angel?”
Todos miraron a Emma y Olivia dijo, “Tiene un montón de pelo
blanco y es muy guapa.”
Charlie tuvo una inspiración y añadió, “Puede que lleve
algunas flores, blancas.”
“Me hago una idea” dijo Emma. “Ahora, ¿os importaría iros
adentro? Porque no me gusta hacer lo que voy a hacer en público.” Bajó la
mirada hasta sus dedos vendados. “Creo que Joshua hizo que Tancred dañara mis
dedos a propósito.”
“Para que no pudieras volar” Olivia estaba preocupada. “No
te hagas daño a ti misma, Em. Si es demasiado doloroso – simplemente no lo
hagas. Puedes caerte.”
Emma se despidió agitando la mano “Estaré bien.”
Entraron dentro de la casa y se
colocaron detrás de las ventanas francesas, intentando no mirar hacia el patio,
pero era imposible no echar un vistazo ocasional. Emma estaba escondida por un
arbusto, y solo cuando vieron a un pequeño pájaro marrón volar a través del
manzano supieron que estaba de camino. Vieron cómo se perdía el pequeño pájaro
en el cielo y Olivia dijo “Ahí va, si hay alguien que puede encontrar a Alice
Angel, esa es Emma Tolly.”
El borde de las alas de Emma le estaba empezando a dar
problemas. Aleteó llena de incertidumbre sobre la calle Filbert y finalmente
recuperó el equilibrio cuando planeó hacia una nube sobre la catedral. Tomando
ventaja de las cálidas temperaturas del otoño, voló a través de la ciudad
observándola con sus agudos ojos de pájaro y tomando cada detalle de los
ocupados ciudadanos caminando, deambulando y corriendo bajo ella. Incluso voló
sobre la Academia Bloor y la ruina. Vio a Billy Raven caminando por el patio
con Bendito detrás de él y le habría gustado parar y hablar con él, pero el
tiempo era escaso.
El pájaro, Emma, estaba a punto de alejarse volando de la
ruina cuando vio algo que hizo que perdiera la concentración, y empezó a caer
hacia la tierra.
En lo profundo de la ruina, unas altas murallas cubiertas de
hiedra rodeaban un verde patio secreto. En el centro había un árbol con las
hojas de un rojo brillante. Un sonido provenía del árbol, un tipo de música que
Emma nunca había escuchado. Aterrizando en una pared, vio a un caballo blanco pastando
al lado del árbol. Emma no tuvo ninguna dudad de que el árbol y caballo se
pertenecían el uno al otro y que eran parte de un mundo diferente al suyo.
El caballo levantó la mirada y vio al pájaro. “Niña” dijo.
“Mi niña.”
“Vuelo” dijo Emma.
“Que la suerte vaya contigo” dijo el caballo. Una suerte de
esperanza alzó a Emma hacia el cielo. Sus alas ya no le dolían más y se sentía
profundamente feliz. Con renovada energía continuó buscando por la ciudad,
hasta que llegó al parque al final de la calle Filbert. Bajo ella, una mujer de
pelo blanco se sentaba sola en un banco. Su cabeza estaba inclinada sobre un
ramo de flores blancas que había en su regazo.
Emma dio un agudo grito y la mujer levantó la vista. Tenía
un bello pero triste rostro. Emma giró y voló de vuelta hasta el jardín de
Olivia. Sus tres amigos todavía estaban detrás de la ventana cuando ella corrió
por el camino, niña otra vez, gritando “¡La he encontrado, la he encontrado!
Está en el parque.”
Los cuatro niños y el perro corrieron hacia el parque,
atravesaron las puertas y aceleraron por el césped hasta el banco en el que
Alice Angel estaba sentada sola. Cuando vio a Olivia, la cara triste de Alice
se transformó con una sonrisa. “Olivia, ¿has venido a despedirte?”
“He venido a pedirte perdón” espetó Olivia. “Lo siento
tanto, por todo, por no creerte y porque tu amigo se haya ido.”
Alice se llevó las flores blancas a su rostro y aspiró su
aroma. “Quería poner estas en su lápida, pero por supuesto, no tiene una. Pobre
Christopher.”
“Lo siento tanto, tanto” gimió Olivia, llena de
remordimiento.
“Has venido a verme, no es demasiado tarde” Alice se puso de
pie. “Y tú Charlie, ¿has sido tú la que la ha traído aquí?”
“Hemos sido todos nosotros” dijo Charlie. “Mi amigo Fidelio”
– Fidelio hizo un saludo – “pero principalmente ha sido Emma. Ella te encontró.”
“¡Ah!” Alice le dirigió a Emma una sabia mirada, luego
colocó cuidadosamente las flores en el banco y se giró hacia Olivia. “¿Así que
ya has aceptado tu legado?”
“Supongo que sí” dijo Olivia.
“¿Y a quién te gustaría enseñarle lo que puedes hacer?” le
preguntó Alice.
“A mis amigos por supuesto” replicó Olivia.
“¿A nadie más?” preguntó Alice gravemente. “Puedes escoger a
quién mostrarle tus revelaciones.”
“¿Puedo?” el rostro ansioso de Olivia empezó a ponerse serio.
Notó al ciclista que pedaleaba por el camino circular, a dos niños que jugaban
fútbol y a una mujer que paseaba a su perro. “Bueno, por ahora solo quiero que
mis amigos y tú veáis lo que puedo hacer – oh, y Judía Corredora, por
supuesto.”
“¡Muy bien! Piensa en algo, lo que sea. Piensa en ello con
todas tus fuerzas. Velo en tu mente, con cada detalle.”
“Espera un momento, no me voy a convertir en lo que veo,
¿verdad?” preguntó Olivia.
“No” replicó Alice.
“Está bien, aquí va” la frente de Olivia se frunció por la
concentración y un familiar y misterioso brillo apareció en sus ojos. Todo el
mundo se quedó muy quieto, incluso Judía Corredora, quien parecía haberse dado
cuenta de la gravedad de la situación. Después de un minuto de total silencio,
Alice dijo, “¡Ahora Olivia, mira detrás de ti!”
Olivia miró. Todo el mundo siguió su mirada. En el medio del
parque una gran nube turbia apareció. Gradualmente, asumió una forma indistinta
y temblorosa.
“No” dijo Alice “No lo has hecho bien, Olivia, ¡relájate! Lo
estás intentando con demasiada fuerza.”
Olivia sonrió y entrecerró sus ojos. La temblorosa forma se
transformó en algo horriblemente real.
Fidelio fue el primero en gritar, luego Judía Corredora dio
un primitivo y aterrador aullido. La mandíbula de Charlie cayó pero estaba
demasiado asustado para proferir un sonido. Sabía que lo que estaba viendo no
era real, pero parecía real, olía como si fuera real y sonaba real. Un enorme
dinosaurio, un Tiranosaurio Rex por su aspecto, estaba a unos pocos metros de
ellos. Su enorme boca estaba abierta, su
aliento era horrendo y su mandíbula sangrienta produjo un rugido que solo podía
ser escuchado en las peores pesadillas.
Todavía aullando, Judía Corredora fu el primero en moverse.
Se giró corriendo hacia las puertas del parque con los tres niños gritando
detrás de él. Cuando el ciclista los vio exclamó “¿Qué diablos…?” y terminó
cayendo de su bicicleta. Los dos niños cogieron su pelota y corrieron hacia los
árboles preguntando a gritos “¿Es un fantasma?” El pequeño perro se introdujo
en un cubo de basura que estaba volcado y su dueña proclamó que se habían
vuelto todos locos.
“¡Niños parar!” les gritó Alice “No puede haceros daño.”
Desde una distancia segura, se giraron y miraron a la
espantosa criatura. Las risas y las carcajadas llegaron hasta ellos a través
del parque mientras Olivia se bambaleaba hacia delante y hacia atrás, incapaz
de parar. Alice pasó su brazo sobre los hombros de la niña y le habló
suavemente.
Olivia asintió, paró de reír y miró por encima de sus
hombros. Detrás de ella, la horrenda imagen había perdido su forma. Poco a
poco, se desvaneció en una nube de partículas que flotaron en el cielo como una
ducha de hojas muertas.
Olivia aplaudió emocionada y realizó un par de pasos de
baile. Antes de que sus amigos se recuperaran de su primera ilusión, otra tomó
su lugar. Un festín servido con unos brillantes platos de plata apareció sobre
una larga mesa. Y ahí estaban el Sombrerero Loco, la Liebre de Marzo y el
pequeño Ratón Dormido, medio metido en una tetera.
Luego un arcoíris se extendió por todo el parque, y cuando
desapareció, un caballero de brillante armadura galopó por el césped con un
enorme caballo de batalla negro, con plumas en su brida y una capa escarlata bordada
con oro. Charlie podía oír el sonido de los cascos, el crujido del cuero y el sonido
de las espuelas.
Olivia bailó alrededor de Alice con los brazos abiertos y la
cabeza echada para atrás “Mirar lo que puedo hacer” gritó. “¡Mirar, mirar,
mirar!”
“Muy impresionante” le susurró Fidelio a Charlie. “No sé
ella, pero yo estoy exhausto.”
Judía Corredora se derrumbó sobre el suelo con un lamento y
cubrió sus ojos con su enorme pata.
Alice volvió a hablar con Olivia y cuando el caballero y su
caballo abandonaron la escena, la nada tomó su lugar. Olivia se tiró al césped.
“¡Vaya! Ha sido alucinante, ¿verdad?”
Alice le sonrió ampliamente. Los demás se le acercaron
cautelosamente pero Judía Corredora se mantuvo en donde estaba, con su pata
todavía cubriendo sus ojos.
Cuando estuvieron todos confortablemente sentados en el
banco e intentando volver a la realidad Olivia le preguntó a Alice porqué le
había costado tanto tiempo descubrir lo que podía hacer. “¿Y por qué tú sabías
sobre ello? ¿Y por qué la manzana?”
Alice miró las flores de su regazo. “Es difícil expresarlo
en palabras” dijo. “Siempre he sabido que algún día vería a alguien que
necesitaría de mi ayuda para encontrarse a sí mismo. Es un don extraño, podéis
pensar” miró a Charlie, que estaba sentado al lado de ella.
Charlie respondió “Son extraños, todos los dones.”
Alice le dedicó una sonrisa de agradecimiento. “Eso es
verdad. Para resumir, fui requerida para decorar una habitación para el bautizo
de cierta niña” miró a Olivia. “La madre de la niña quedó tan encantada con mis
flores que me invitó a que me uniera a la fiesta. Yo no tenía ni idea de que
aquel sería uno de los días más importantes de mi vida. Trajeron al bebé y todo
el mundo te rodeó, arrullándote, hablándote y llamándote Olivia.”
“¿Era un bebé bonito?” preguntó Olivia.
“Para ser sincera eras un poco rechoncha, pero” – miró severamente
a Fidelio y a Charlie, quienes no podían aguantar la risa – “pero tan pronto
como te vi, Olivia, mi corazón se detuvo. Me pregunté qué me estaba pasando.
Más tarde, te acostaron en una adorable cuna blanca, y cuando bajé la mirada
hacia ti, supe que eras especial. También supe que tardarías doce largos años
en aceptar tu legado.”
“¿Cómo lo supiste?” preguntó Olivia formalmente.
“Esto va a sonar realmente peculiar” dijo Alice.
“No nos importa” dijo Charlie “Todo es peculiar.”
“Bueno, hay un manzano al final de mi jardín. Es mío porque
crece ahí, pero también es tuyo, Olivia, porque una rama cuelga sobre tu
jardín. Había trece manzanas en la rama aquel día y… y…” Alice hizo una pausa,
y luego, en una voz tan suave que todos tuvieron que inclinarse hacia ella para
escucharla, continuó “una voz en mi cabeza me dijo “En el décimo tercer año del
manzano, aceptará su legado con gracia”.”
“¡Oh!” dijo Olivia, sacudida de golpe por un súbito
pensamiento. “Yo tenía doce al principio del semestre. Así que supongo que
estoy en mi décimo tercer año. Y las manzanas… no serían peladas hasta que yo
creyera, hasta que lo aceptara. ”
“Y eso es todo” añadió Alice. “Espero que estés feliz
Olivia.”
“Bueno, por supuesto que lo soy. Pero me siento un poco
rara, porque yo nunca he sido uno de ellos” le dedicó a Charlie una sonrisa arrepentida.
“Y ahora no sé qué voy a hacer con este talento bizarro.”
“Estoy segura de que tus amigos te ayudarán a descubrirlo”
Alice miró a Charlie.
Fidelio, quien había perdido su habitual sonrisa, preguntó
súbitamente “¿Es usted una bruja, señorita Angel?”
Alice rió. “Supongo que sí. Pero soy una bruja blanca” hizo
una pausa, tras lo cual añadió gravemente. “Niños, no quiero alarmaros, pero
deberíais saber que si hay una bruja blanca, siempre hay otra con una
naturaleza más oscura.”
“¿Y quién es?” preguntó Charlie.
“Me temo que no tengo ni idea” Alice se puso de pie. “Y
ahora, tengo que dejaros” dijo con tono profesional. “Tengo un tren que coger.”
“¿Te vas de verdad?” exclamó Olivia.
“Aquí ya he completado mi destino – al menos uno de ellos.”
Alice suspiró levemente. “Ahora tendrás que ir sola, Olivia. Pero estoy segura
de que lo harás muy bien.”
Olivia se inclinó y la abrazó con fuerza. “Gracias” le dijo.
“Gracias por ser mi ángel guardián.”
“Me has hecho tan feliz” replicó Alice.
Emma preguntó “Antes de que irse, ¿podría decirnos si la
otra bruja, la negra, la seguirá?”
Alice se encogió de hombros levemente “No tengo ni idea de
eso. Adiós queridos niños, por ahora.”
Observaron a Alice Angel alegarse y desaparecer por las
puertas del parque. Ella no miró a atrás, y su desaparición fue justo eso,
desvanecerse en el aire, como si nunca hubiera estado realmente ahí. Las flores
se quedaron donde ella las había dejado.
“Se las daré a mi madre” dijo Olivia “Adora las flores
blancas.”
La mente de Charlie ya había vuelto a los problemas en la
Academia Bloor, y estaba empezando a pensar un plan para Olivia. “Creo que
deberíamos mantener tu talento en secreto” le dijo “¿Estamos todos de acuerdo?”
Fidelio exclamó “¡Arma secreta!”
“¿Quieres decir que nadie debería saberlo excepto nosotros?”
preguntó Emma.
“Nadie” respondió Charlie.
“Por mí bien” dijo Olivia “¿Pero cómo voy a ayudar?”
“¿Has estado en el Salón del Rey por la tarde?” preguntó
Charlie.
“Muchas veces, cuando he estado castigada” replicó Olivia.
“Bien. Lo primero que tenemos que hacer es conseguir que
Joshua Tilpin tenga una apariencia repulsiva, tan repulsiva” continuó Charlie,
revelando lo que estaba planeando “que Tancred se verá repelido por él. De
hecho, estaría bastante bien que todos los dotados se vieran repelidos por él.”
“Yo tengo una idea” dijo Fidelio. “Todos sabemos qué es lo
que más teme Tancred.”
“Arañas” dijo Emma.
“Arañas” Charlie estuvo de acuerdo. “Lo segundo es asustar un
poco a Ezekiel Bloor. Tendré que trabajar en ese asunto.”
“¡Oh sí!” gritó Fidelio, golpeando el aire con su puño.
“Esto va a estar bien. Esto va a estar muy, muy bien.”
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