Charlie Bone & El Castillo de los Espejos

Charlie Bone - Jenny Nimmo
Esto es un trabajo de fans y para fans; todos los derechos están reservados a la autora del libro Jenny Nimmo. Cualquier intento de plagio será castigado con vudú.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Capítulo 1: Un estornudo fatal

En el centro de la ciudad la Academia Bloor se alza oscura y silenciosa bajo las estrellas. Mañana 300 niños volverán a subir los escalones entre las dos torres, cruzarán el vestíbulo y atravesarán las grandes puertas de roble. Pero por ahora, el viejo edificio está aparentemente desierto.

Y sin embargo, si estuvieras en el patio, en el otro lado del colegio, no podrías haber dejado de notar las extrañas luces que cada cierto tiempo aparecían en las ventanas de la buhardilla. Y si fuese capaz de mirar a través de alguna de esas ventanas, habrías visto a Ezekiel Bloor, un hombre muy viejo, maniobrando su antigua silla de ruedas en una habitación extraordinaria.

El laboratorio de Ezekiel, como a él le gustaba llamarlo, era una profunda buhardilla con suelos de madera y grandes vigas en el techo. Diversas mesas, llenas de botellas, libros, hierbas, huesos y armas, se encontraban apoyadas contra los muros, y debajo de ellas, pilas de cajas polvorientas que amenazaban con hacer tropezar a cualquiera que se cruzara en su camino.

Plantas secas y mustias colgaban de las repisas, y piezas de una armadura suspendidas de los amplios travesaños, que chocaban entre ellas, produciendo un inquietante sonido, como ahora, cuando Ezequiel se movía a través de la habitación.

El bisnieto del anciano hombre, Manfred, estaba de pie junto a una mesa de caballete en el centro de la habitación. Manfred había crecido durante las vacaciones de verano, y Ezekiel se sentía orgulloso de que este alto joven hubiera elegido trabajar con él en lugar de ir a la universidad, como los otros alumnos mayores. Eso sí, a pesar de su altura, Manfred tenía una apariencia delgada, con una cara angulosa y con acné.

En ese momento, su cara se tornó en una mueca de concentración mientras manejaba una pila de huesos que se encontraba en la mesa enfrente suyo. Por encima de él colgaban siete chorros de gas puestos en una rueda de hierro, cuyas llamas azuladas producían un tenue ronroneo. Cuando miró a su bisabuelo, Manfred puso una cara de irritación y exclamó, “Es superior a mí, odio los puzles.”

“No es un puzle” le espetó Ezekiel. “Son los huesos de Hamaran, un caballo de guerra de excepcional fuerza y coraje”.

“¿Y qué? ¿Cómo van a traer unos huesos podridos de vuelta a la vida a tu ancestro?” Manfred dirigió una mirada desdeñosa a Ezekiel quien inmediatamente bajó la mirada.
No quería ser hipnotizado por su propio bisnieto.

Manteniendo sus ojos fijos en los huesos, el viejo acercó su silla de ruedas a la mesa. Ezekiel Bloor tenía 101 años de edad, pero otro hombre de su edad se vería considerablemente mejor conservado. La cara de Ezekiel era poco más que un cráneo. Los pocos dientes que le quedaban estaban negros y rotos, y unos pocos mechones de pelo blanco colgaban por debajo de un gorro de terciopelo negro. Peros sus ojos todavía estaban llenos de vida; negros y brillantes, y miraban con una salvaje intensidad.

“Tenemos suficiente”, dijo el anciano, señalando los otros objetos de la mesa: una cota de malla, un casco, una capa de piel negra y un broche de oro. “Eran de Borlath. Mi abuelo los encontró en el castillo, envueltos en cuero dentro de la tumba. El esqueleto había desaparecido.” Acarició la piel negra casi con cariño.

Borlath había sido el héroe de Ezekiel desde que había escuchado de niño las historias de su violento ancestro, con el que había luchado en su imaginación, hasta el punto que empezó a creer que Borlath podía solucionar todos sus problemas. Más tarde había soñado que le podía levantar de su silla de ruedas y juntos ir a aterrorizar la ciudad mientras Charlie Bone y su detestable tío solo podían mirar.

“¿Qué pasa con la electricidad – ya sabes- para el momento de la resurrección? Aquí no hay nada”, dijo Manfred mirando los chorros de gas.

“Oh, ¡eso!” Ezekiel agitó su mano desestimándolo. Se giró hacia otra mesa y cogió una pequeña lata con dos astas en la parte de arriba. Giró una manivela en un lado de la lata y dos rayos azules aparecieron entre las astas. “¡Voilà! ¡Electricidad!” anunció alegremente. “Ahora ponte en ello. Los niños volverán mañana y no queremos que ninguno de ellos se meta en nuestro pequeño experimento”

“Especialmente Charlie Bone,” gruñó Manfred.

“¡Charlie Bone!” Ezekiel escupió su nombre. “Su abuela dijo que podría sernos de ayuda, pero ha sido todo lo contrario. Pensé que casi había conseguido que se pasar a nuestro lado el pasado semestre, pero tuvo que continuar indagando sobre su padre desaparecido y culpándome a mí.”

“No estaba equivocado en eso,” murmuró Manfred.

‘’Piensa en lo que podría hacer con un talento como el suyo’’ Ezekiel continuo
‘’Mira dentro de una imagen y, bingo, está ahí, hablando con gente que lleva mucho tiempo muerta. Lo que yo daría…’’ Ezekiel sacudió su cabeza. ‘’Además tiene la sangre de ese maldito mago galés. Y el don’’

‘’Tengo planes para eso’’, dijo suavemente Manfred ‘’Será mío pronto - solo espera’’.

‘’De todos modos’’ dijo Ezekiel. Empezó a impulsarse alrededor de la habitación mientras su bisnieto se concentraba en el delicado trabajo de unir los huesos.
Mientras Ezekiel se movía entre las oscuras sombras del lejano final de la habitación, sus pensamientos se dirigieron hacia Billy Raven, el huérfano de pelo blanco que solía espiar a Charlie Bone. Billy se había vuelto rebelde al final. Se negó a contrale a Ezekiel qué tramaban Charlie y sus amigos. Como resultado Ezekiel y los Bloors estaban en peligro de perder el control de todos los dotados del colegio. Había que hacer algo.

‘’Padres’’ Ezekiel murmuró para sí mismo ‘’ Tengo que hacer que Billy sea adoptado. Le prometí al huérfano unos padres y nunca se los di. Me está abandonando. Bueno, Billy tendrá a sus amables y ansiados padres’’.

‘’No demasiado amables’’, dijo Manfred que lo había escuchado todo.

‘’ No temas. Tengo la pareja perfecta. No sé por qué no pensé antes en ellos’’. Ezekiel giró su cabeza expectante ‘’ ¡Ah, estamos a punto de recibir ayuda!”.

Un distante sonido de pasos se dejo escuchar, y unos pocos segundos más tarde, la puerta se abrió y tres mujeres entraron en la habitación. La primera era la más vieja. Su pelo gris estaba recogido en un alto moño y sus ropas eran tan negras como sus ojos.

Lucretia Yewbeam era el ama del colegio y una de las tías abuelas de Charlie.” He traído a mis hermanas’’ le dijo a Ezekiel. ‘’ Dijiste que necesitabas ayuda’’.

‘’¿Dónde está la cuarta?’’ Preguntó Ezekiel.’’ ¿Dónde está Grizelda?’’.

"Es mejor dejarla fuera de esto por ahora," dijo Eustacia, la segunda hermana.

“Después de todo, ella debe de vivir en el mismo lugar que nuestro molesto hermano — y debe espiar al muchacho, accidentalmente por supuesto."

Eustacia, la clarividente, camino hacia la mesa. Su cabello gris aún tenía algunos mechones negros, pero en la mayoría de los aspectos recordaba al de su hermana mayor. Sus pequeños ojos negros recorrieron los objetos en la mesa y en su rostro se dibujo una sonrisa. "Entonces, ¿qué es lo que tramas, viejo demonio? ¿Quién es él?"

"Mi ancestro Borlath," respondió Ezekiel. "El mayor de los hijos del Rey Rojo. El más magnífico, poderoso, y sabio."

"El mas ruin y sanguinario seria más apropiado," dijo la tercera hermana, dejando sobre la mesa una larga bolsa de cuero. Su cabellera gris caía sobre sus hombros, y unas ojeras ribeteaban sus fríos ojos negros como el carbón. Comparada con sus hermanas, ella lucia desaliñada. Su abrigo era una talla más grande, y su blusa gris parecía necesitar un buen lavado. Nadie podría imaginar que esta desagradable criatura hubiese sido una orgullosa e inmaculadamente arreglada mujer.

"Venetia ha estado esperando por algo como esto," dijo Eustacia. "Desde que el odioso Charlie Bone incendio su casa."

"Yo pensaba que lo hizo tu hermano" masculló Manfred.

"Y lo hizo," Venetia gruñó, "pero Charlie es el responsable, ese pequeño gusano. Espero acabar con él. Hacerlo temblar de miedo — torturado, atormentado y muerto."

"Calma, Venetia." Ezekiel se acercó rápidamente a su lado. "Nosotros no buscamos deshacernos de él completamente."

"¿Por qué? ¿Qué uso puede tener? ¿Puedes imaginar cómo es perderlo todo?, ¿el ver tus posesiones — el trabajo de toda tu vida — convertirse en humo?".

Ezekiel golpeó la mesa con su bastón. "No seas patética, mujer. Charlie puede ser usado. Puedo obligarlo a que me lleve hacia el pasado. Puedo cambiar la historia ¡piensa en ello!".

"Tú no puedes cambiar la historia bisabuelo," dijo desafiantemente Manfred.

"¿Cómo lo sabes?" ladró Ezekiel. "Nadie lo ha intentado."

Se impuso un embarazoso silencio. Nadie se atrevió a sugerir que esto ya había sido intentado infinidad de veces, sin éxito. Venetia humedeció sus labios, mientras seguía pensando en vengarse. Ella podía esperar, pero un día encontraría la manera de acabar con Charlie Bone – para siempre.

"Porque yo tengo los huesos," chasqueo Ezekiel. "Su caballo, Hamaran" — se perdió en sus recuerdos — "Era una magnífica criatura, dicen todos los relatos. Y un hombre montado en un caballo puede ser muy amenazador, ¿no estás de acuerdo?".

Los otros asintieron.

"El chico será aterrorizado," Ezekiel se regocijó "Hará todo lo que le pidamos."
Venetia dijo “¿Y cómo harás para controlar a este fenómeno?".

Ezekiel esperaba que nadie le hiciera esa pregunta, debido a que no tenía una respuesta satisfactoria para dar. "Él es mi ancestro," dijo en tono confidencial.
"¿Por qué no iba a ayudarme? Pero primero, lo primero. Dejemos que se levante y corra. ¡Ha-ha!".

Mientras Lucretia estaba sentada en el brazo apolillado de una silla, sus hermanas desempaquetaron la bolsa de cuero. Frascos llenos de líquidos comenzaron a aparecer en la mesa; cucharas de plata, bolsas con hierbas; pequeñas, piezas de cuarzo brillante; una mano y su mortero de mármol negro; y cinco velas. Ezekiel observaba el proceso con ojos ansiosos.

Una hora después los huesos de las patas del caballo galopante habían sido colocados en la mesa. La cota de malla brillaba debido a un líquido asqueroso, y la capa de piel había sido cubierta con pequeñas semillas.

Las cinco velas proyectaban siniestras sombras sobre los muros. Una de ellas había sido puesta sobre el casco, otras dos al final de cada una de las mangas de la cota de malla, y las últimas dos descansaban en lugar de las inexistentes pezuñas delanteras del caballo.

Venetia disfrutaba del trabajo muy a su pesar. Era bueno para ella poder estar entrometida en algo destructivo de nuevo. Entonces acarició la capa negra, y pequeñas flamas chisporrotearon en las puntas de sus dedos. “¿Estamos listos?" preguntó.

"Aún no." con una sonrisa taimada, Ezekiel puso su mano debajo de la manta de su regazo extrayendo un estuche dorado. En el centro de la tapa enjoyada, una ostra de rubíes, con la forma de un corazón, iluminaba el oscuro cuarto con un brillo deslumbrante. "El corazón," dijo Ezekiel, su voz sonó como un profundo y estrangulado gorgoteo. "Asa el chico bestia lo encontró en la ruina. Estaba fuera escavando, es un mal habito suyo, y encontró una lápida con una ‘B' grabada. Escavó más profundo y encontró esto" — dijo golpeando ligeramente el estuche — "Enterrado mucho más abajo de la piedra."

Desde su silla entre la sombras, Lucretia pregunto, "¿Porqué no estaba esto en la tumba?"

"¿Por qué? ¿Por qué?" Ezekiel parecía sufrir un ataque de bronquitis. "Tal vez era un secreto. Pero le pertenecía. Lo sé. Borlath era el único de los hijos del Rey Rojo cuyo nombre empezaba con la letra 'B’." Abrió el estuche.

"Aaaaah!" Eustacia se alejó de la mesa, en el interior del estuche se encontraba una bolsita de cuero que parecía contener de verdad un corazón.

"¿Veis? un corazón," dijo triunfantemente Ezekiel "Ahora, vamos a ponerlo con esto." Tomando la bolsita del estuche, lo puso en el interior de la armadura, justo a la izquierda del centro, donde juzgó que el corazón se debería encontrar. Luego desenrolló un alambre de su caja eléctrica y enrolló la punta una, dos, tres veces alrededor de la bolsa.

Una calma expectante se instaló en la habitación mientras el anciano comenzaba a girar la manivela de la caja plateada. Más y más rápido. Su vieja mano de convirtió en una mancha borrosa, sus ojos negros ardieron con excitación. Una chispa saltó entre las astas de acero y bajaron hasta el corazón de Borlath. Ezekiel emitió un graznido de triunfo y su mano se quedó inmóvil.

Las tres hermanas estuvieron tentadas a exclamar con emoción, pero sabían que el silencio era esencial ese tipo de situaciones. Los huesos de Hamaran comenzaron a moverse.

Ezekiel y las Yewbeams se encontraban mirando la mesa tan intensamente que no se dieron cuenta de Manfred sacaba un pañuelo y lo presionaba contra su nariz. Su cara se puso roja mientras luchaba tratando de contener un estornudo. Pero no pudo.
“¡Achoo!"

Ezekiel retrocedió como si le hubieran golpeado. Cubrió sus orejas y chilló, "No," mientras Manfred trataba de contener otro estornudo. Las hermanas miraban horrorizadas al muchacho mientras se cubría de nuevo la cara y, “¡Achoo!"
Los huesos dejaron de moverse. Un desagradable vapor negro salía de la piel, y la cota de malla se retorcía dentro del líquido asqueroso.
“Achoo!"

Hubo un estallido ensordecedor, y una apestosa cortina de humo llenó el cuarto. Mientras los observadores estaban pasmados y farfullantes, una gran figura ascendió de la mesa y se desvaneció entre una oleada de nubes negras. Oculto bajo una de las mesas al final de la habitación, un enano y gordo perro temblaba con los ojos cerrados.

Por segunda vez un violento estallido sacudió toda la habitación, y Lucretia chilló

"¿Qué está pasando?"

"Ese idiota incompetente ha estornudado" chilló Ezekiel.

"Perdón, perdón, no he podido evitarlo," gimoteó Manfred. "Fue el polvo."

"No es suficiente," lo regañó Venetia. "Deberías sacar tu torcida nariz fuera de aquí. Todo arruinado. Una pérdida de tiempo."

"Tal vez no," Eustacia señaló. "Mirad la mesa. Los huesos se han ido."

El humo se dispersó rápidamente gracias a una repentina ráfaga de aire helado, y todos ellos pudieron ver que los huesos de Hamaran se habían desvanecido. Pero la armadura de Borlath, casco, capa, y broche dorado seguían ahí, solo una parte del hechizo había funcionado.

"¡Maldición!" chilló Ezekiel golpeando la mesa con sus puños, y las prendas quemadas se estremecieron. "No ha funcionado."

"Mi parte está hecha," anunció Manfred. "El caballo esta allá fuera." Dijo apuntando a un enorme agujero en la pared.

"¡Maldito!" chilló Ezekiel. "Mi laboratorio está destruido, y tenemos a un caballo de guerra suelto por ahí."

“Un caballo de guerra con el corazón de un tirano," dijo Venetia. "Mira, ¡se ha ido!"
Donde debería estar el corazón, ahora solo quedaba un enorme agujero negro en la quemada armadura.

“¿Qué significa esto?" preguntó Manfred en voz baja.

Ezekiel acarició su larga nariz. "Eso quiere decir que no está todo perdido. Pero voy a necesitar ayuda. Pienso que podría llamar a un amigo mío, alguien con una meta por lograr."

Todos se quedaron mirándolo, esperando un nombre, pero el anciano no estaba dispuesto a aclararlo.

Un caballo de guerra puede ser muy útil," dijo Venetia en voz alta "Si consigues a alguien que lo conduzca."

Todos observaban fijamente el espacio dejado por los huesos, tratando de decir algo, entonces Manfred dijo, "Billy Raven es bueno con los animales."

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En el enorme dormitorio tres pisos abajo de la buhardilla de Ezekiel, Billy Raven se despertó, un tanto asustado. Se giró hacia la ventana para dar un desconfiado vistazo a la luna — y vio un caballo blanco viajando a través de las nubes, para luego desaparecer.

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